Un baile fatal
Foto: Federico Norte


Añales ha, cuando la provincia de Salta fue golpeada por el cólera y más duramente por los políticos que hicieron uso de ésta desgracia para beneficio personal con una pésima información, el perjuicio a la provincia fue general y en muchísimos frentes.
En lo que se refiere al turismo concretamente el daño fue enorme.
En mi actividad, el año pintaba muy bueno con varias cabalgatas importantes por la cantidad de participantes y por la cantidad de días de cada programa, pero los europeos se fueron borrando en función a las noticias que llegaban sobre el problema con el cólera.
Fue así que me quede con dos medias cabalgatas. Un grupo alemán con doce participantes en su origen, se redujo a cinco y un grupo argentino, de ocho participantes, quedaron al final solamente a cuatro.
Me costo bastante decidirme si hacía dos cabalgatas diferentes con muy poca gente cada una, o juntaba los dos medios grupos en uno solo.
El grupo de los argentinos, todos amigos entre sí y muy simpáticos, eran totalmente distintos al grupo de los alemanes muy serios, parcos y de pocas palabras.
El juntar dos grupos tan heterogéneos era un riesgo importante que me tenía preocupado.
La decisión final fue hacer un solo grupo. El resultado fue muy bueno y original porque los alemanes se "simpatizaron" y manifestaron su alegría sin fruncirse y los argentinos se ordenaron y respetaron algunas normas elementales.
Una integrante del grupo alemán era una chica de unos 30 años, que no pesaría más de 40 Kg., tenia que comer cada dos horas, de una estatura media, pero que su principal característica era la total falta de expresión en su mirada, en su rostro, en su cuerpo, en su voz, en sus actitudes.
Si la mirábamos y le hacíamos una sonrisa, la respuesta era nula.
Si algo se le caía y gentilmente se lo recogíamos y entregábamos te miraba sin ninguna mueca de agradecimiento.
Si le acomodábamos la montura, su rostro seguía imperturbable.
Si la ayudábamos con su equipo personal, la respuesta era NADA.
Realmente llamaba la atención, no solo a nosotros los argentinos de sangre caliente, sino también a los alemanes, colocándonos a todos en una situación rara, difícil, incomoda.
Conversamos en varias oportunidades con los integrantes varones del grupo, argentinos y alemanes, sobre esta persona y cual sería el punto de su cuerpo o de su espíritu donde tocar para cambiarle este estado de "momia caminante", ... o mejor dicho cabalgante.
Fue así que decidimos improvisar un baile para moverla, tocarla, sacudirla, ... y no faltó la maldad propia del ser humano, ... lo hagamos a 3.200 m.s.n.m !!!, ... para que se apune y ver si en su desgracia física, afloja.
En este programa perverso era muy importante la coordinación entre los hombres para que luego de bailar 30 segundos debíamos reemplazarnos permanentemente para no apunarnos nosotros.
... y así llegamos al puesto más alto de la cabalgata.
Comimos liviano para estar en óptimas condiciones físicas, dispusimos los lugares para sentarnos de manera de tener una pista de baile apropiada, ... y cuando todo estaba listo, empezó la música.
Como cuando era joven, la invité a bailar y lo hice formalmente como me correspondía por ser "el jefe".
A los 30 segundos como estaba previsto me reemplazó un alemán más joven y el ritmo fue más movido. A los 30 segundos siguientes fue un argentino y la gringa ya volaba de un lado para otro y así sucesivamente.
Con asombro y estupor veía que la gringa no se cansaba y mucho menos se apunaba, entonces sobre la marcha, sin ningún descanso, inicié una segunda vuelta y todos me siguieron según el orden establecido.
Esta situación se repitió por tercera vez y el resultado fue lamentable y vergonzoso.
Los cinco varones quedamos tendidos en el suelo con la boca abierta y las narices funcionado a pleno, totalmente alelados .
Lo único que queríamos era un tubo de oxigeno o un pulmotor mientras la gringa nos miraba con su sonrisa nula, su mirada sin muecas, su rostro imperturbable, y sin decir NADA.
Después de éste BAILE FATAL, tuvimos que aceptarla como era.


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