Febrero 2010    

 

CABALGATA
en la inmensidad

Por Juan Pablo Baliña, texto y fotos.

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Ochenta jinetes llegaron a la estancia Menelik, en el centro de la provincia de Santa Cruz, para emprender una cabalgata hacia la cordillera. Aunque había participantes de Australia y Holanda, la mayoría eran amigos excompañeros de colegio de la provincia de Buenos Aires, algunos de los cuales viajaron con sus hijos.
Hugo Vereertbrugghen llegó de Bariloche para ponerse al frente de la organización de los caballos. Tras aguardar el permiso del clima, los paisanos de la estancia buscaron la tropilla y empezaron a ensillar los caballos. Detrás de su sonrisa, el gringo Bolke corría con sus boinita colorada para atender el contingente de viajeros que  al rato avanzaba en fila india, esquivando coirones en la inmensidad. Más lejos, iban los caballos “pilcheros” repletos de bagajes.
A medida que subíamos, la vegetación se achaparraba y quedábamos expuestos al latigazo del viento. Tras ocho horas de cordillera llegamos al llamado campamento “del Chonche”.De a poco íbamos comprendiendo el espíritu de la cabalgata. No se trataba de un servicio turístico, sino de un viaje donde se iba encontrar lo que no se puede pagar: solidaridad y respeto, por los demás, por la naturaleza y por la historia.
La cabalgata se fue construyendo con pequeños gestos: buscar agua en el río, pelar las papas, levantar las carpas,  lavar los platos de todos, ajustar la cincha del compañero...
El cuarto día los caballos amanecieron en la alta cordillera. Como si fuera una tarea sencilla encontrarlos en cualquier lugar de la montaña, salieron los baqueanos a campearlos y al rato los trajeron al galope. El objetivo de ese día era llegar a la veranada de Jones, un campo de pastoreo en la cordillera. Avanzábamos vadeando arroyos por el valle, los pedreros se iban transformado en húmedos pastizales y se podían ver glaciares y neveros.
Repechamos las montañas, vadeamos arroyos y desandamos pedreros. Todo sirvió de excusa para mantener un intenso diálogo con la naturaleza, con la gente del lugar y con uno mismo.