Gustos son gustos


El poncho es una prenda excelente para abrigarse cuando se anda a caballo. Sobre todo porque calienta las rodillas. Creo que no es superado por ningún otro abrigo. La cosa cambia totalmente cuando nos bajamos del caballo. 
Por mi trabajo y porque me gustan, tenia en ese momento cuatro ponchos. Uno de vicuña, heredado de mi abuelo, uno de llama que es el que más uso porque es pesado y dos de oveja rústicos, un nogalado y otro salteño. Pero,... por la condición de hombre, animal insatisfecho constantemente, quería tener un poncho de guanaco. En general, el poncho de guanaco no es común porque tiene su lana mezclada con pelo, es de hebra corta e hilar esta lana da mucho trabajo. Es decir, da más trabajo que la llama y que la lana de oveja. 
Estas mismas dificultades lo hacen apetecible y durante 8 años busque alguien que me haga un poncho de guanaco. Tenia otras exigencias extras. Quería que se hile bien finito y que en el telar se garrote bien con la pala para que quede apretado y de esta forma resulta casi impermeable. Un día, sin esperarlo, me trajeron un poncho de guanaco con todas mis pretensiones tal cual lo había soñado durante tanto tiempo. 
Por un momento pensé que me lo enviaba el Señor, pero cuando me dijeron su precio, me di cuenta que era en realidad, el señor artesano que quería cobrar como corresponde su trabajo y que me lo había traído pues se había enterado por otras personas de mi interés por esta prenda. Curiosamente (?) mi situación económica de ese momento, como la de todos los momentos de mi vida, no era la mejor y por esta desgracia de la "responsabilidad", "las prioridades", "los impuestos impagos", "las actividades económicas", "el monotributo", "la obra social", "el gas", "la luz", ...... mi "quinto poncho", tuve que decir NO. 
Como el poncho no se podía perder porque era realmente excelente se lo hice comprar a un amigo que lo disfruta y lo luce como corresponde. Pero aquí no termina el cuento, en realidad recién empieza porque no me podía resignar a quedarme sin el poncho de guanaco que tanto años soñé. En una oportunidad conocí un "linyera" de la montaña que nunca bajaba al pueblo y conversando con él le pregunte, entre otras cosas, que comía. Me comento que cazaba un guanaco por mes y con este comentario se reactivo mi viejo interés. Durante un año le compre 12 cueros El precio lo ponía él y el sobreprecio fue siempre coca y alcohol más una caja de balas calibre 22. 
Un día conocí su arma. No tenia guión de mira, atada con alambre la culata,... en fin, creo que para hacer blanco no podía disparar a una distancia superior a los 15 metros. Luego tuve el problema del hilado para lo cual trate con Antonia, una pastora de San Bernardo de las Zorras reconocida por su técnica y prolijidad en los trabajos de hilado. No fue fácil la negociación porque el trabajo encargado era mucho y complejo, con muchas exigencias de mi parte lo que hacia complicada su cotización. No obstante llegamos a un acuerdo muy simple. Tomaríamos el tiempo que le llevaría hilar la lana de guanaco. En igualdad de tiempos estimábamos los que se hubiese hilado en lana de oveja y se pagarían los kilos como si fuese lana de oveja. Los 4 kilos de lana de guanaco resultaron algo así como 4oo kilos de lana de oveja pero la perfección del trabajo bien valía la pena. Ya tenia la lana hilada como yo quería. Faltaba el tejido. 
En las averiguaciones previas me comentan de una catamarqueña con mucha experiencia y reconocida por su calidad de Rosario de Lerma a quien fui a ver y en poco tiempo nos pusimos de acuerdo. 15 días más tarde me entregaba un poncho, más una bufanda que hizo con la lana que sobro, de excelente confección. Realmente un lujo y es así que hoy tengo aquel poncho que tantos años soñé. 
Este poncho, además de toda la historia comentada desde sus orígenes tiene otra historia que vale la pena que se las comente. Durante una cabalgata con europeos, mi poncho se lucia como el mejor y cuento la historia que les acabo de relatar. 
En ese momento un señor importante escribe un papelito, me lo entrega y me dice: quiero ese poncho". El papelito que me entrego era un cheque sin importe que me llamo la atención y antes que reaccionara me dijo: "ponele vos el importe que quieras.". Mi reacción fue la que nació de mi corazón, de mi interior. Rompí el cheque en cuatro pedazos y se lo devolví diciendo: "este poncho es parte de mi vida y se morirá conmigo"... no les cuento la cantidad de veces que me arrepentí!


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