Travesías 
por lugares peligrosos
Existen diferentes tipos de peligro. En este caso no me voy a referir a los riesgos naturales que afronta alguien que practica deportes extremos, sino al riesgo que afronta el ciclista aventurero al transitar por lugares donde el animal humano es el peor o el único capaz de resultar malo
Por Mariano Lorefice

Delincuentes, criminales, guerrilleros, etc., son una realidad habitual y a la orden del día en muchos países, ciudades, fronteras y lugares del mundo, donde de nada serviría ir armados y en donde nuestras posibilidades de defensa serían nulas. En mis alforjas no incluyo ningún filoso cuchillo ya que al no comer carne no me sería de utilidad...
Hay montones de lugares que se presumen peligrosos, si nos dejamos llevar por las subjetivas presunciones de la gente probablemente no saldríamos de nuestra casa. Puede resultar muy desalentador que alguien que habla un idioma extraño al tuyo señale la frontera del siguiente país y haga un gesto de que te van a cortar el cogote.
En mi primer travesía por América, los bolivianos me hablaban mal de los peruanos, los peruanos de los ecuatorianos y los ecuatorianos hablaban pestes de los colombianos. Siempre se pasaban la pelota y casualmente los "chicos malos" venían del otro país o de la ciudad siguiente. Hay opiniones objetivas y subjetivas que se pueden juzgar como ciertas o inciertas, lo importante es buscar una fuente confiable. Una vez que tenemos determinado el peligro concreto del lugar que vamos a visitar, lo mejor es resignarse, relajarse y estar atentos. Si viajas solo y no tenés un compañero con quien repartir la atención, lo mejor es inventar un "fantasma" que nos tranquilice y ayude a mantener el autocontrol.
En 1992 los atentados de "Sendero Luminoso" dejaron a Lima sin luz y casi a diario estallaban bombas. Para no ser asaltado me recomendaron evitar los caminos en el trayecto de Juliaca a Urcos. Casi todo el tiempo fui por un sendero bordeando las vías del ferrocarril y una noche llegando a Ayaviri, los militares asustados en la entrada del pueblo ¡casi me tiran a mí!.
A partir de ese día opté por asegurarme llegar temprano a los pueblos y ciudades de ese país para evitar a militares y policías peligrosamente tensionados. Antes de emprender ese viaje me entrevisté con un matrimonio de franceses que recorrió en bicicleta toda América con su hija a la que llevaban en un trailer. Esta curiosa pareja no había sido asaltada en todo el trayecto por otros países, pero los peruanos no se compadecieron ni de la nena y en 3 meses los robaron 3 veces. En Perú estuve todo el tiempo atento, y eso sumado a mi inexperiencia me generó mucho stress. Al cruzar nuevamente Perú en 1995 la situación fue diferente, con varios miles de kilómetros encima y un país más tranquilo, pude relajarme un poco.
Sin problema pasé dos veces por los países de Centroamérica. La guerrilla resultó ser indiferente a mi paso pero los verdaderamente molestos eran los habitantes del Salvador, Nicaragua y Guatemala, que se divertían gritándome "Gringo, gringo" y "Hey, mister" en forma despectiva. A veces paraba y les mostraba mi bandera argentina, a la que no reconocían hasta que les nombraba al Che Guevara como mi compatriota.
Es destacable la buena fortuna que tuve al transitar por las rutas de América: jamás me han asaltado. No quiero hacer alarde porque sé que es perfectamente posible; a la mala suerte la he tenido con el tránsito: en las rutas de Argentina, y como consecuencia de algunos accidentes, fractura de cráneo, tobillo, dos veces la muñeca y dos costillas


ir a CICLOTURISMO

ir a HOME

CONTINUA !!!