¿Sera seguro esto?

 Por Juan Corvalán
¿Alguna vez se te ocurrió mirar el estado de los bulones que sostienen las chapas que mosquetoneás?
¿Nó...? Bueno, quizás antes de hacerlo te venga bien tener en cuenta algunos datos interesantes para saber si es conveniente entrar en pánico o no. Para empezar hay que aceptar dos verdades irrefutables; primero, el enemigo número uno de los puntos de fijación para escalada en roca es la corrosión, la cual, como el cáncer, muy posiblemente carcoma con el tiempo todos los elementos de metal del anclaje hasta destruirlos; y segundo, el grado de seguridad de cualquier fijación es directamente proporcional a la dureza de la roca en la que se la emplaza, en otras palabras por lo general cuanto más dura es la piedra, más seguro es el anclaje.
Sabido esto, pasemos a recordar la gama de anclajes disponibles para conocer en poco acerca de sus prestaciones y grados de seguridad (cabe aclarar que aquí se revisarán en forma general los puntos de fijación a la venta en el mercado para los tipos de roca más comunes en los circuitos de escalada de Córdoba y Bariloche en Argentina). El primero en la lista es el clásico "spit" (taco autoperforante); este cilindrito de acero con un extremo dentado que viene con una balita cónica. El spit es relativamente barato y viene en varias medidas, aunque las más usadas en la escalada son los de 5/16 y 3/8 de pulgada, que corresponden al bulón que en él se enrosca. La vida útil de este sistema de fijación oscila alrededor de los 4 años; pasando este término deja de ser del todo fiable, debido a que la corrosión puede haber comenzado a carcomer el taco. A pesar de ser casi obsoletos a consecuencia de la llegada de otros métodos de fijación más eficaces y seguros, bien colocados (es decir el taco está perpendicular al plano de la roca y que su extremo visible está al ras de la superficie rocosa, que la balita expasora se ve en el interior del taco inmediatamente al final de la rosca, y que el taco no se fisuró al ser fijado), el 3/8, en rocas semiduras como el granito de los Gigantes o de la Ola (Cba.), y el 5/16, en rocas duras como el granito del Frey (Bar.) o metamórficas de mediano y alto grado como la del Barranco, el Horno o la Mesada (Cba.), siguen siendo anclajes medianamente decentes, aguantando alrededor de 2200 kg y 1600 kg respectivamente (en las pruebas en Hormigón la falla del primero es debida a la rotura del concreto y la del segundo a la rotura del bulón).
Siempre se debe recordar que el spit trabaja mejor en una placa vertical que en un extraplomo o en un techo, en donde no son nada aconsejables. De cualquier manera, en la mayoría de los casos es en el bulón donde se pone a prueba la resistencia del anclaje. Hay que tener en cuenta que un bulón niquelado (que brilla con un tono medio amarillento) comienza a dar indicios de corrosión a los 18 meses de su colocación, ni hablemos de los bulones de acero sin ningún tratamiento anticorrosivo (esos que son negros), los cuales comienzan a herrumbrarse a las pocas horas. Es decir que si encontramos un bulón brillante es muy posible que sea seguro; ahora bien, si lo que vemos que sostiene la chapa se asemeja a una especie de mancha de color marrón oscuro (claramente víctima de la corrosión) que apenas da indicio de que alguna vez tuvo forma exagonal y que parece que podría desintegrarse si se intenta ajustarla o aflojarla con una llave, quiere decir que el óxido bien puede haber transformado ese punto de fijación en una ruleta rusa, en donde nadie podría con certeza cuanto puede llegar a aguantar. Debido a esto, el bulón debe de ser siempre de acero inoxidable (plateado y brillante) para impedir que la corrosión le "coma" la resistenciaEn segundo lugar se encuentra el muy querido y, desde hace algunos años, muy popular parabolt; este perno de acero de unos 10 cm de largo aproximadamente (aunque vienen otros más largos también) que tiene un extremo roscado con una tuerca y una arandela y otro que termina en forma cónica rodeado de unas uñas de metal.
Este anclaje es un poco más costoso, fue descubierto más recientemente para la escalada y su presencia, ya sea en una reunión o cuando se está primereando un largo, infunde una sensación de seguridad muy confortable. En rocas duras, el parabolt es bastante más resiste que el spit (entre 2500 kg y 3000 kg en el hormigón) siendo muy seguros en rutas extraplomadas e incluso en techos (en donde, sin embargo, disminuye un poco su valor a la resistencia). Tiene varias medidas y las más utilizadas en la escalada son 10 mm y 12 mm (aunque la última no es tan común). Sin embargo, lo que lo hace particularmente confiable y por ende, el más aconsejable es que es posible determinar con un mayor grado de certeza si está en buenas condiciones o no cuando se lo emplaza. Debido a que para su colocación primero se hace el agujero con un taladro eléctrico o manual, y no es necesario golpearlo con gran fuerza para introducirlo en aquel agujero, no nos preocupan la fisuras debidas a los impactos. Además, cuanto más se ajusta la tuerca, más empotrado queda el perno. Con una vida útil entre 5 y 8 años aproximadamente, es un chiche de la escalada segura (ojo! A pesar de todo, si rompemos la rosca al ajustarlo demasiado o si la roca no es lo suficientemente dura como para que se encastren las uñas y queda más de 1,5/2 cm de perno afuera una vez ajustada la tuerca, la fijación puede no ser tan segura). Un primo cercano del anterior es el clavo de autoexpansión. Este cosiste en un vástago cilíndrico alargado de acero (preferiblemente el de 8 cm o 12 cm de longitud) que contiene en uno de sus extremos una pieza cónica con un agujero roscado por el cual pasa un bulón que si utiliza. Su sistema de expansión lo convierte en un excelente anclaje para rocas duras y semiduras. Al igual que el parabolt, este anclaje también nos informa acerca de su estado al momento de la colocación. Y a pesar de que el bulónqeu se utiliza en él es un 5/16 (inoxidable, por supuesto), el clavo de autoexpansión tiene una ventaja sobre todos los demás anclajes: puede extraerse del hueco en el que fue colocado y renovarse de ser necesario. Además su relación seguridad-costo es óptima. Finalmente, nos encontramos con el químico. Este sistema de fijación es ideal para cualquier tipo de roca, especialmente rocas blandas (en donde ni un spit, ni un parabolt, y ni siquiera un clavo de autoexpansión resultarían seguros). El químico consiste en un perno doblado (en forma de anillo o de herradura) de acero inoxidable de 10 mm o 14 mm que se coloca en un agujero previamente perforado en la roca, en donde se introduce antes una ampolla que contiene una sustancia química adhesiva. Al introducir la pieza de metal en el agujero, al ampolla se rompe uniendo así el perno con la roca. Este anclaje es una de los más caros y demanda además un conocimiento y cuidado casi profesionales para ser colocado, ya que, por ejemplo, hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los cambios de temperatura que pueda sufrir el químico durante el secado. A pesar de esto, si se realiza un buen trabajo, la sustancia se filtra por los poros de la superficie rocosa que toca. De manera que este anclaje puede terminar siendo tan resistente como la roca misma y puede llegar a aguantar 2500 kg (10 mm) y 4300 kg (14 mm).

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