Escalada 
 en hielo

Esas cosas de la vida que hacen que cada uno sienta cosas parecidas a lo que siente otra persona que ni siquiera conocemos pero que tiene en común las mismas inquietudes.
Durante los cursos de escalada, los instructores de turno tenemos oportunidad de conocer personajes que no llegan por las casualidades de la vida, pretendiendo que uno le transmita una historia, una película, y porque no un sentimiento. 

  Por Sebastián de la Cruz




Transmitir un estilo de vivir la montaña, con todo lo que eso representa.
Es una gran responsabilidad desde el punto de vista del instructor hacerse cargo de esta enseñanza. Los individuos deberán luego estar cara a cara con su propia realidad, en un medio natural como lo es la montaña. A veces salvaje en demasía y otras veces mansa y domesticada. El hecho de que los cursos en general sean o no sean un éxito no dependen fundamentalmente de las condiciones climáticas ni de las circunstancias del aprendizaje.
Como los guijarros en el tamiz, lo que queda en el recuerdo de cada alumno debe ser: Conocer sus propias limitaciones y actuar en consecuencia, saber hacia donde continua el camino eterno del aprendizaje, perder el misticismo bárbaro que a veces se tiene de cierta gente, lugar o actividad. Tener almacenada en la memoria psicomitriz ciertas técnicas de progresión, ciertos mecanismos de raciocinio para aplicar en ciertas circunstancias, algún atisbo de criterio y sentido común, y finalmente un buen recuerdo de unas vacaciones pasadas escalando con nuevos amigos.
La excusa de todo esto es hacer un curso tipo de "desenchufe" que no es sino un enchufe en temas realmente ajenos a las ondas de las grandes ciudades. Realmente es un tema atemporal y totalmente en una realidad aparte de los que se vive comúnmente en la Argentina en 1998.


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