Iguazú
Este Parque Nacional constituye uno de los mayores escenarios silvestres de la Argentina. Si bien sus famosas cataratas resultan la atracción más popular, sus tupidas selvas resguardan para los visitantes con mayores inquietudes una rica diversidad de plantas y animales salvajes cuyo encuentro se torna una interesante alternativa.

 Por Daniel Gómez y Eduardo Haene

Foto: Cristian Ostrosky


La historia del Parque Nacional Iguazú está íntimamente ligada al nacimiento del actual sistema de áreas protegidas de la Argentina, ya que fue el primero del norte del país y el segundo en la historia de nuestros Parques Nacionales.
El famoso arquitecto paisajista de origen francés que residía en Argentina, Carlos Thays, fue enviado a la región en 1902 por el Gobernador del entonces Territorio de Misiones y el Ministerio del Interior, a fin de trazar un plano de las ya conocidas Cataratas del Iguazú. Thays debía proyectar las obras que permitirían el acceso de los visitantes a los saltos y las que aseguraran la permanencia de los mismos en ese hermoso paraje.
Una extensión de tierras de unas 75.000 ha de superficie, que incluían a las Cataratas, fueron adquiridas en 1907 por Domingo Ayarragaray. Posteriormente, en 1909, por ley nacional, se realizaron las reservas de tierra en torno a las Cataratas, a fin de establecer en ellas un Parque Nacional.
Es por ello que en 1928 el Gobierno Nacional adquirió las tierras pertenecientes a la sucesión Ayarragaray. Unas 55.000 ha fueron destinadas al futuro Parque Nacional y otras 20.000 las cedió al Ejército. Estas últimas fueron anexadas a las primeras en 1934.
Esto significa que el Parque Nacional Iguazú como tal fue planificado con anterioridad a su creación definitiva, que recién tomará forma a partir de 1934 con la creación de la Dirección de Parques Nacionales. El artífice y pionero de este proceso fue Thays, quien realizó el primer proyecto de creación y ordenamiento de un Parque Nacional en la Argentina.

Una selva majestuosa

El Parque Nacional Iguazú está enmarcado en una de las regiones naturales de mayor riqueza faunística y florística de la Argentina: la Selva Misionera o Selva Paranaense. 
Teniendo como límite natural al norte el río Iguazú, el Parque es mundialmente conocido por la belleza y majestuosidad de las Cataratas del río homónimo. Pero esta característica de su paisaje constituye una pequeña parte de la enorme importancia biológica de esta área natural.
Los saltos de agua albergan una vegetación especialmente adaptada a esa constante humedad y al golpe terrible de las aguas. Aves como el Vencejo de Cascada nidifica y reposa sobre los verticales paredones rocosos junto o detrás de las caídas de agua, mientras que las enormes bandadas de Jotes de Cabeza Negra revolotean sobre las Cataratas aprovechando el empuje de las masas de aire ascendente desplazadas por el agua en constante movimiento. Animales de hábitos acuáticos como el Yacaré Overo o de Hocico Ancho o el ya casi desaparecido Lobo Gargantilla habitan los cursos de ríos y riachos.
Seguramente nos llamará la atención la gran cantidad de islas que pueblan el curso superior del río Iguazú, inmediatamente por encima de los saltos de agua. Estas islas están totalmente cubiertas por un tipo de selva diferente a la del resto del área. Allí se crea un ambiente propicio para el desarrollo de plantas que son exclusivas de estos sitios y no se encuentran en otros lugares del país. No resulta llamativo entonces el hecho de encontrar especies de anfibios y aún de aves estrechamente ligadas a este ambiente. Tierra adentro encontramos la máxima expresión de la selva misionera . La gran cantidad de estratos de vegetación que posee, ofrece una gran gama de recursos alimentarios, refugios, etc..

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Foto: Cristian Ostrosky

Esto permite la convivencia de una enorme cantidad de especies animales que se distribuyen por los "departamentos" de los distintos pisos de un "edificio" imaginario. Con un poco de atención podremos observar a los animales que se mueven en el "techo" de la selva, a unos 20 metros de altura, los que recorren los troncos de los árboles, los que viven en los cañaverales y los esencialmente terrestres que habitan el suelo de la selva.

El mundo vegetal
La riqueza florística de la Selva Misionera sorprende hasta al lego en la materia. Se conocen unas 2.000 especies de plantas vasculares, entre las que se hallan unas 90 de árboles de gran porte, y alrededor de 150 especies arbóreas menores y arbustivas. Por definición, una selva está compuesta por numerosos estratos de vegetación, cada uno caracterizado por un grupo particular de especies, tanto animales como vegetales. El llamado dosel o techo de la selva está situado entre los 10 y 20 metros de altura, y lo conforman especies arbóreas de gran porte como el Guatambú Blanco, el Laurel Negro y la Cancharana. Los acompañan dos Palmeras: la Pindó y el Palmito, junto al Aguay, el Laurel Amarillo y el Peteribí. 

Foto: Hernan Rodriguez Goñi

Superando esta densa capa se encuentra el estrato de los emergentes (los gigantes de la selva) formado por el Palo Rosa, el Incienso, el Ibirá-pitá, el Rabo Molle, el Alecrín y el Timbó. El estrato intermedio está constituido por todos los renovales de las especie mencionadas, por árboles de menor porte, y por los llamativos Helechos Arborescentes, vestigios vivientes de épocas prehistóricas.
 Por debajo de este estrato hallaremos el arbustivo, dominado entre otras numerosas especies, por las bambúseas (parientes de la caña Bambú) como la gigantesca Caña Tacuaruzú, las menores como la Yatevó y Tacuapí y la trepadora Tacuarembó. Estas especies forman frecuentemente cañaverales impenetrables. El estrato herbáceo, está compuesto principalmente por gramíneas (pastos) y se encuentra tapizado por materia orgánica en descomposición, sobre la cual proliferan infinidad de líquenes, musgos y hongos (esta microcomunidad forma el llamado estrato muscinal).
Una enorme variedad de plantas que se aferran a troncos y ramas constituyen el estrato de las epifitas. Finalmente, y conectando esta multitud vegetal se encuentran las lianas y enredaderas creciendo sobre las ramas de los árboles más altos.

Foto: Daniel Gomez

Una multitud de animales

Uno de los grupos animales más numerosos es el de las Aves, que cuenta con unas 448 especies citadas hasta el momento para el área, según el inventario realizado por naturalistas de la Asociación Ornitológica del Plata. Tengamos en cuenta que en la provincia de Misiones se han registrado unas 548 especies, como consta en el reciente trabajo de J. C. Chebez ("Fauna Misionera"), y en la Argentina unas 1000, cifras que evidencian la enorme biodiversidad que sostiene este ecosistema. Existe todo un grupo de especies de hábitos especialmente terrícolas, con poca capacidad de vuelo, que recorren el suelo de la selva.Ejemplo de ello son los inuambúes, el mayor de los cuales es el Macuco. En el dosel selvático, en cambio, veremos aves principalmente frugívoras, como el Tucán Grande, el Tucán Rojo y Amarillo, el Arasarí Fajado y una enorme variedad de pequeñas aves multicolores como los Tangaráes y Fruteros.

Foto: Hernan Rodriguez Goñi

 Por encima del techo vegetal las grandes rapaces como el Aguila Harpía, el Aguila Monera, y las Aguilas Crestudas utilizan como atalayas las gigantescas copas de los árboles emergentes, vigilando los movimientos de monos y otras especies arborícolas que constituyen su alimento.
Otra gran variedad de especies de hábitos acuáticos ocupan los innumerables riachos y el mismo río Iguazú. Entre los reptiles se destaca el Yacaré Overo, que suele vérselo asoleándose sobre las costas barrosas, a veces junto a Tortugas de río.

Muchas especies de mamíferos están adaptados a condiciones semiacuáticas de vida. Ejemplo de esto es la curiosa Cuica de Agua, de la familia de las comadrejas, el Lobito de Río y el ya escasísimo Lobo Gargantilla. Esta última especie, que llega a tener 2 metros de longitud, encuentra en este lugar el último refugio conocido en la actualidad en la Argentina.
Entre los vertebrados de tierra firme figuran el Tapir o Anta, el Oso Hormiguero Grande, las Corzuelas, de las cuales hallamos dos especies: la Enana y la Colorada, el Pecarí Labiado, la Paca y el Agutí. Un grupo particularmente diverso es el de los carnívoros, liderado por el de mayor porte: el Yaguareté o Tigre americano, y secundado por el Puma, el Ocelote, los gatos menores como el Chiví, Margay y Yaguarundí, el Hurón Mayor, el Mayuato, el Perro o Zorro Vinagre, entre otros.

Foto: Eduardo Haene

 Las especies de hábitos arborícolas forman otro grupo aparte, como el Oso Melero o Tamanduá, el Coatí, el Coendú, y el Mono Caí.

En todos los estratos selváticos están presentes los anfibios, los reptiles (culebras y víboras) algunos de los cuales son muy venenosos como la Yararacusú. El grupo de los peces está también muy diversificado. Se encuentran bien diferenciados en dos grupos: los que habitan aguas arriba de las cataratas y los de aguas abajo. Esa formidable barrera natural ha permitido la diferenciación de especies exclusivas del curso superior del río Iguazú, ya que hasta allí no llegan los grandes peces carnívoros del Paraná, como el Dorado.
El elenco faunístico se completa con una cantidad aún no determinada de insectos. Miles de especies pueblan los ríos, la selva y el suelo.
La familia más vistosa es sin duda la de las mariposas; algunas sorprenden al visitante por su tamaño, otras por su gran variedad de colores y formas.

Foto:  Hernan Rodriguez Goñi


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