Lanín
Colosales bosques de Pehuenes, la araucaria de la Patagonia, lagos de 
aguas cristalinas y la figura de un volcán cubierto de nieve son el sello inconfundible del Parque Nacional Lanín. Su riqueza biológica y la 
belleza de sus paisajes convierten a este lugar en uno de los epicentros del ecoturismo argentino y extranjero que busca encontrarse con los encantos del bosque patagónico en todo su esplendor silvestre.
Por Daniel Gómez y Eduardo Haene

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Foto: Marcos Babarskas

El Parque Nacional Lanín toma su nombre de un volcán extinto de 3.777 metros de altura que, al sobrepasar todos los otros picos de la zona, domina el panorama montañoso en estas latitudes desde cualquier ángulo. 
Aparte de las bellezas escénicas, Lanín tiene una variedad de comunidades vegetales únicas en el sistema de parques nacionales argentino. 
Una sucesión de cuencas lacustres se hallan protegidas, cada una conteniendo comunidades vegetales propias, preservada aquí de la actividad maderera. 
A su vez, estos bosques conservan el suelo de las nacientes de importantes cursos fluviales con obras hidroeléctricas en su curso, como El Chocón.
La mitad norte del Parque, entre el Lago Ñorquinco y el Huechulafquen, es dominio del Pehuén o Araucaria, que ocupa los valles y laderas occidentales. En el norte y sudoeste del Parque, encontramos el escaso Roble Pellín, a veces junto al Coihue y otras con el también raro Raulí.
Las cercanías del lago Tromen, en la vertiente septentrional del Lanín, ofrece agrupaciones de Pehuenes precedidas, por el lado este, de ambientes transicionales con la estepa patagónica. 
La otra ladera del volcán Lanín preside la unión del alargado lago Huechulafquen y el Paimún. 
Un poco más al oeste, el lago Epulafquen, abrazado al sur por el Currué Grande, posee las renombradas fuentes termales de Lahuén-Co, que atraen al turismo, tanto nacional como internacional.
La selva valdiviana, ambiente boscoso que ocupa las áreas de mayor humedad, es otra de las características de este Parque, en ella se pueden encontrar una gran variedad de especies endémicas de esta formación exclusiva de Argentina y Chile.
El Parque alberga 53 comunidades indígenas pertenecientes a la cultura Mapuche, englobadas en las reservaciones de Rucachoroi y Curruhuinca. 
La cría de ganado, la agricultura, la elaboración de tejidos y otras artesanías componen la economía básica de estos pobladores.

El reino del Pehuen
Uno de los árboles más característicos de la región es el Pehuén, también conocido como Araucaria. Esta magnífica conífera eleva su tronco recto y columnar hasta 45 metros y de su extremo surge una aparasolada copa, con sus ramas levemente inclinadas hacia abajo. 
Las concentraciones más densas aparecen entre los 900 y 1800 m sobre el nivel del mar, en sitios húmedos y fríos. 
Los troncos alcanzan los 2 metros de diámetro, y los grandes individuos pueden llegar a edades cercanas a un milenio. En ciertos lugares crecen asociados con la Lenga y un sotobosque de Caña Colihue, o aislados. 
Sus grandes semillas son comestibles, sirviendo de alimento tanto a la fauna silvestre como a los pobladores locales.
El Ciprés de la Cordillera es una especie típica del ambiente de transición con la estepa patagónica. Compactos bosques forma esta conífera de hasta 20 metros de altura, que crece en las laderas más secas y expuestas al norte. 
El Maitén suele acompañar al ciprés en los sectores de transición, formando bosquecillos puros.
Junto al Maitén, el Chacay desarrolla galerías a orillas de los ríos que ingresan a la estepa. Entre los arbustos tenemos al Espino Negro, el Radal, que en sitios de mayor humedad adquiere un porte arbóreo; y el Notro cuyas llamativas flores compiten con las de Mutisias, Virreinas y Amancays o Liutos.
Existen también árboles de hojas caducas, como la Lenga y el Ñire que constituyen un bosque particular. El Ñire es propio de orillas de mallines y turbales, siendo una especie pionera que coloniza luego de incendios. La Lenga, en cambio, si bien alcanza proporciones arbóreas, a partir de grandes alturas crece en forma achaparrada.
El distrito valdiviano se presenta donde el promedio anual de lluvias supera 1500 milímetros, adquiriendo su máxima expresión sobre las laderas chilenas. 
El Coihue es la especie dominante y el avance por estos bosques se hace difícil debido a la densidad del sotobosque de Caña Colihue, que puede medrar varios metros hacia lo alto, no dejando prácticamente claros. 
Hay arbustos acompañantes como el Michay, el Vinagrillo, la Violeta y las Topa-topa, entre otras.
En este Parque hallamos dos vegetales que no están presentes en ninguna otra área protegida patagónica. Se trata de dos árboles notables por su gran tamaño: el Roble Pellín y el Raulí, que alcanzan los 30 m. de altura. 
A veces mezclados con el Coihue, forman concentraciones mixtas en la zona comprendida entre los Lagos Quillén, Nonthué y Lácar. 
Ambas especies son de hojas caedizas, característica que le da a estos bosques una belleza sobresaliente en otoño. La excelente calidad de su madera, las ha hecho muy buscadas, siendo las especies arbóreas más perseguidas, amenazadas y escasas de la Patagonia andina.

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Foto: Carolina Marull

 

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Foto: Carolina Marull


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