Bosques Petrificados
Enclavo en el corazón de la estepa patagónica del norte de Santa Cruz, el Parque Nacional Bosques Petrificados resulta una singular atracción en el medio de este desierto. 
Por Daniel Gómez  y Eduardo Haene
Foto: Eduardo Haene

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Foto: Eduardo Haene

El aspecto del paisaje es inhóspito. La vegetación apenas cubre el suelo. 
En un pequeño sector, vecino a la Seccional de Guardaparque, se encuentra la mayor concentración de troncos petrificados, algunos de los cuales llegan a medir 35 m de longitud y 3 m de diámetro.

Este yacimiento, el más grande de nuestro país, se formó hace 150 millones de años cuando reinaba un clima cálido y húmedo, momento en el cual la acción volcánica sepultó bajo una densa capa de cenizas los extensos bosques de coníferas que ocupaban la Patagonia. 
A lo largo de milenios, los minerales fueron reemplazando paulatinamente la materia orgánica, que mantuvo su aspecto exterior. 
Este proceso se conoce como "petrificación".

El relieve del área es suavemente ondulado y está rodeado por altas mesetas. 
Al sudoeste se destaca nítidamente, dominando el paisaje, el cerro Madre e Hija. 
Sus 403 metros de altura, están conformados por columnas basálticas de singular aspecto, presentando la figura de un morro.

En la parte más baja del área se encuentra la Laguna Grande. 
Este cuerpo de agua, de escasa profundidad, no es permanente ya que el agua que se acumula durante las torrenciales pero escasas lluvias, se evapora muy rápidamente debido a la fuerte exposición a agentes desecantes como el sol y el continuo viento. 
El área fue declarada originalmente Monumento Natural con una superficie de 15.000 hectáreas. 
Pero recientemente se le incorporaron dos estancias vecinas totalizando ahora unas 44.000 hectáreas. 
El conjunto resultante está en proceso de creación formal como Parque Nacional.

La flora y fauna actual
En la estepa la escasa humedad y los fuertes vientos determinan la existencia de una flora adaptada a estas condiciones climáticas. Las plantas forman matas bajas y compactas, sus hojas aparecen plegadas y cubiertas con una espesa cutina que atenúa el proceso de evaporación. 
Las especies que conviven allí son los Molles, Matas Negras, Algarrobos Patagónicos, Duraznillos, Colapiches, Coirones Amargos, Calafates, etc.. Los Juncos, se encuentran puntualmente en los ambientes con humedad permanente, como los mallines o vegas.

La flora del Monumento en general pasa inadvertida al ojo del visitante común, siendo su período de esplendor durante la primavera o bien entre los meses de agosto a noviembre. Esto ocurre solo si el invierno fue húmedo (con abundantes precipitaciones de nieve o lluvia) llegando a cubrirse el suelo de flores de extraordinaria belleza. 
Si en cambio el invierno fue seco, el proceso es inverso, observándose una incipiente germinación y rebrote de los vegetales.

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Foto: Eduardo Haene

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Foto: Eduardo Haene

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Foto: Eduardo Haene

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Foto: Eduardo Haene


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