Foto: Eduardo Haene

El nuevo 
desafio del tontal

El accionar de las motos todo terreno en la Reserva Natural Estricta El Leoncito generó una serie de conflictos al crearse esta área protegida. La solución puesta en práctica es una experiencia interesante de cómo se puede armonizar la conservación de la naturaleza y algunas actividades deportivas en lugares silvestres.

Por Eduardo Haene

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Foto: Eduardo Haene

En la actualidad la necesidad de cuidar el planeta ha llegado a un grado de comprensión nunca visto en el mundo, y menos aún en la Argentina. Sin embargo, vivimos bombardeados de noticias que nos hablan de una problemática ambiental que por momentos parece insolucionable, como si no fuera posible ser optimista frente a tantos excesos cometidos por el hombre sobre la naturaleza. Por suerte, si prestamos atención, hallaremos sabrosas excepciones. A continuación detallaremos una de esas buenas noticias que no podemos dejar pasar.

Un comienzo conflictivo
Cuando se constituye una nueva área natural protegida, se inicia un trabajo que tiene claramente dos frentes. Por un lado, facilitar su reconocimiento y valoración por parte de la comunidad regional. Por el otro, acondicionar internamente el lugar para cumplir con los fines para los cuales fue creada.
Los primeros pasos son esenciales para evidenciar los cambios operados en el área. Sin embargo, no siempre se cuenta con el tiempo suficiente. Así, a principios de abril de 1994, a tan sólo tres meses de haber sido declarada formalmente la Reserva Natural Estricta El Leoncito, la primera unidad efectiva del sistema de parques nacionales en la provincia de San Juan, se publicitaba en los medios de todo el país una competencia de motos todo terreno o "enduro" que la atravesaría. Sería la primera manifestación de un conflicto que en menos de un año se pudo encauzar convenientemente.

El paraíso de los astrónomos
La Reserva El Leoncito, ubicada en el sudoeste sanjuanino, tiene una superficie aproximada de 76.000 hectáreas. Sus principales objetivos conservacionistas son la protección de muestras de las unidades biogeográficas locales (monte, puna y altoandina) y el hábitat de especies en peligro, como el suri cordillerano, y otras raras, por ejemplo varias plantas endémicas de las montañas de la región.
El área protegida ocupa un gradiente ambiental que va desde los 1.900 m, en el valle de Calingasta, a los 4.200 m de altura, sobre el sector de la Precordillera conocido como Sierra de Tontal. 
Dentro de un clima netamente árido, la vegetación es achaparrada y rala, con una buena proporción del suelo descubierto. Al igual que los campos de la zona, el lugar carecía de alambrado periférico.
Con estas condiciones naturales de la región, los motociclistas pueden recorrer libremente todo el lugar; sólo ofrecen obstáculos de consideración las pendientes más abruptas sobre el filo del Tontal. El paso de las motos deja una huella que tarda mucho tiempo en desaparecer. Cuando utilizan repetidas veces un mismo recorrido, se forma un surco que tiende a profundizarse con el escurrimiento del agua de lluvia y de los deshielos. La erosión del suelo se agrava en los sectores de mayores pendientes.
En síntesis, como resultado del pasaje de las motos por la zona se aprecian numerosas huellas, cuevas de animales destruidas y plantas aplastadas, todo lo cual facilita procesos erosivos y la voladura del suelo. Esto último es un detalle a tener muy en cuenta, pues dadas las magníficas condiciones atmosféricas locales el sitio fue elegido para instalar dos importantes observatorios astronómicos.
Para mantener esta situación tan particular, con anterioridad a la integración del Leoncito al sistema de parques nacionales, se la había declarado "reserva de cielo protegido". Se buscaba impedir así la presencia de materiales en suspensión  que desmejoren la calidad del lugar para los estudios del cosmos.
Sin embargo, esta categoría de "cielo protegido" nunca se hizo efectiva. La creación de la reserva natural estricta resultó una alternativa concreta para instrumentar el cuidado del entorno de los observatorios.

La imagen del descontrol
Si bien el aporte de basura de los motociclistas es por ahora escaso (latas de gaseosas y embaces de repuestos del vehículo, por ejemplo), su recolección insume un gran esfuerzo. La contaminación sonora, en cambio, es muy evidente en estos paisajes espectaculares donde reina un profundo silencio.
Uno de los aspectos más preocupantes que plantea esta problemática, es la dificultad de controlar el ingreso ilícito de estos vehículos. En el caso del Leoncito, se complica por su gran extensión, el relieve escarpado y la falta de caminos.
Con tantos frentes por cubrir con los primeros guardaparques destinados al lugar, resulta conflictivo tener que invertir tiempo y esfuerzo en el control de motociclistas. A los ojos de los pobladores y visitantes, la presencia de motos en la reserva se constituye en un símbolo notable de descontrol e ineficacia.

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