Mburucuya
Una conjunción de montes y esteros en el noroeste correntino brindan uno de los paisajes más pintorescos del Litoral. Este flamante parque nacional resguarda una muestra en muy buen estado de conservación que fue cuidada celosamente por el  botánico Myndel Pedersen durante más de 40 años, quien la donaría para su conservación a perpetuidad a parques nacionales.
Texto: D. Gómez y E. Haene - Fotos: Daniel Gómez

Las primeras noticias sobre la región corresponden a la crónica del naturalista de francés Alcides d'Orbigny, quien cruzó los palmares de Mburucuyá en 1827, durante su visita a la provincia de Corrientes. 
Quedó maravillado por la belleza del paisaje.
Pasaron los años y esa parte de la provincia fue densamente poblada por poseer tierras muy fértiles aptas para el cultivo, buenas pasturas naturales y bosques de maderas duras. 
El paisaje se fue transformando, los campos se alambraron, los bosques y palmares dejaron lugar a los cultivos y la fauna silvestre fue desplazada por los animales domésticos.

Entre los numerosos pobladores se destacó uno de origen europeo, que había recibido de su padre un campo en la entonces lejana y remota América del Sur. 
Era un joven abogado aficionado a la botánica que recorría el mundo estudiando plantas. 
Con el tiempo se convirtió en una autoridad mundial en la materia. 
Decidió instalarse en su campo de Corrientes, donde siguió con su vocación, sin dejar
de viajar a su Dinamarca natal varias veces por año, para cumplir con numerosos compromisos académicos.

En 1988 el doctor Troels Myndel Pedersen, protagonista de esta historia, iniciaba sus primeras gestiones para legar a las futuras generaciones sus Estancias Santa Teresa y Santa María. 
La creación de un parque nacional resultaba la mejor alternativa.
A pesar de haber sido un establecimiento agropecuario, Pedersen siempre se preocupó de mantener en buen estado los ambientes naturales dentro de su propiedad. 
Los campos soportaban pocas cabezas de ganado, los cultivos eran escasos, no se modificaron los bosques nativos ni los bellos palmares, y se preocupaba de no realizar ni permitir la caza de la fauna silvestre.
En noviembre de 1991 se formalizó la donación a la Nación de las tierras pertenecientes a Pedersen, bajo la expresa condición de que fueran destinadas a la instalación de un parque nacional.

La donación que hace Pedersen es la segunda realizada por un particular a la Nación, contribuyendo a incrementar el número de áreas protegidas de Argentina. 
La primera fue la de Francisco Moreno, en 1903, hecho que diera nacimiento al Parque Nacional Nahuel Huapi y al sistema actual de parques nacionales del país.

Una gran diversidad ambiental
El relevamiento de la flora llevado a cabo por Pedersen a lo largo de 40 años de permanencia en el área permitió detectar la presencia de 1.300 especies de plantas vasculares. 
También se confeccionó un herbario que figura entre los más completos de la región nordeste del país. Es más, algunas de ellas no eran conocidas para la ciencia y fueron descubiertas por el ilustre botánico. 
Este avance notable en el conocimiento de la flora hace figurar al parque entre los pocos privilegiados que cuentan con un completo listado de su riqueza florística.
La principal característica del parque es su variedad de ambientes, estando presentes elementos florísticos de la Selva Misionera, el Espinal y el Chaco Oriental.


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