Maurice Herzog 
en Buenos Aires

Por Santiago Storni 

El 3 de junio de 1950 el hombre llegó por primera vez a la cima de un ochomil, el Annapurna de 8.091 m. Aquella mítica expedición fue dirigida por Maurice Herzog, quien junto a otros miembros del Club Alpino Francés realizaron este histórico logro, entre ellos Lionel Terray (1ª cumbre del Fitz Roy). De aquél grupo Herzog es el único que está vivo para contarlo, y el viernes 29 de agosto dio una charla y proyectó la película de aquella expedición, con la convocatoria de la revista Tiempo de AVENTURA y en el auditorio de la Alianza Francesa.

Entre los presentes estuvieron algunos de los argentinos con ascensos en los Himalayas: Tomy Heinrich (1er argentino en la cumbre del Everest), Marcos Couch (cumbre del Xixa Pangma), Héctor Cuiñas (varias expediciones). 
También montañistas expertos como Alberto del Castillo y otros, profesionales y aficionados. Coincidentemente Heber Orona (1er argentino en el Everest sin oxígeno) daba una charla en el CENARD casi en el mismo horario.
Maurice Herzog, a quien le fueron amputados los dedos de las manos y los pies por congelaciones en aquella expedición, desplegó cordialidad y simpatía en la charla previa a la proyección de la película. Cercano a los ochenta años, contó recuerdos y anécdotas de cuando vino a la Argentina en los años ’50 durante la presidencia de Perón, quien dio apoyo oficial a los montañistas franceses en nuestro país.
Luego Herzog explicó el contexto en el que se hizo la expedicón al Annapurna y la conformación del grupo: "En marzo de 1950 partimos nueve integrantes: seis de equipo de asalto, un médico, un cineasta y un diplomático..." Por ser los primeros occidentales que entraban a Nepal podía ir a cualquier montaña y elegir cualquiera de los siete ochomiles que se encuentran en Nepal.

Maurice Herzog hoy

Los mapas no eran buenos, se utilizaba la triangulación geodésica, las cumbres estaban bien ubicadas pero encontraban murallas donde figuraban pasos, lo que dio al comienzo de la expedición un carácter de exploración y relevamiento de datos que luego fueron aprovechados por emprendimientos posteriores. Para entonces John Hunt ya había sido designado jefe de la expedición inglesa al Everest. 

Los británicos habían estado asediando al monte desde 1921, por eso en un pacto de caballeros Herzog acordó con su amigo Hunt que no irían al Everest, salvo que los ingleses fracasaran en su intento; pero tres años después el neocelandés Edmund Hillary y Tenzing Norgay lograban la histórica cumbre... "aprovechando varios conocimientos nuestros" dijo Herzog, "como el nylon, la olla a presión y nuestros equipos de oxígeno, mucho mejores que los de ellos."

La película proyectada, hecha hace 53 años, fue el primer documental de expedición en colores. Herzog le hizo bajar el volumen y él mismo la fue explicando con la ayuda de una intérprete.

Muchos sherpas fueron convocados como porteadores, y Herzog comentó que los invitó a acompañarlos a las alturas del Annapurna, pero el jefe de ellos de buen grado le explicó: "El Annapurna es una montaña sagrada, es la diosa de la fecundidad.

Maurice Herzog - 1950

 Soy budista, no puedo ni tengo la intención de violar eso. Vaya usted, yo no me voy a molestar. Le deseo suerte."
La película mostró el ascenso, los sucesivos campamentos, imágenes de la cumbre y del doloroso y complicado descenso. El equipo de cumbre (Maurice Herzog y Louis Lachenal)

habiendo soportado bajísimas temperaturas volvió con congelaciones en los dedos de manos y pies, y debieron ser ayudados para desplazarse, arrastrados en camillas sobre esquíes por la nieve y a lomo de los porteadores en la jungla. En las paradas el médico los examinaba y amputaba sin anestesia las partes necrosadas de sus dedos.

"¿Volvería a hacerlo?" fue una de las primeras preguntas formuladas cuando se apagó el proyector. Él mostró sus manos, la derecha sin dedos y la izquierda sólo con el pulgar y las terceras falanges, y expresó: "Quedé un poco disminuído en lo físico, pero gracias al Annapurna llevo una existencia mucho más rica. El ser humano se adapta. Miren lo que me quedó, no mucho. Sin embargo juego golf, no soy campeón pero tengo 24 de handicap, y así piloteé todo tipo de aviones. Uno llega a hacer todo. O casi todo, pero no me ataco si algo no lo puedo hacer. Y en sus casas traten de bajar una escalera solamente con los talones... Hay una técnica, pero es secreto de estado; quizás algún día la patente!" concluyó sonriendo.

Annapurna


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