El cerro
Penitentes

Texti y fotos: Santiago Storni 
Imagen aérea: Javier Rovello
Consult: Glauco y J.M. Alvarado

La respiración se agita, la cara se acerca a las piedras del suelo de esta empinada pendiente, los bastones acortados ayudan, seguir subiendo...

Estamos ascendiendo al cerro Penitentes. Es otoño. Anoche estuvo fresco en la base, pero hoy el día está muy soleado...


El Cerro Penitentes, de 4.351 msnm es un buen terreno para empezar a hacer ascensiones en altura, y también como entrenamiento para el Aconcagua.
Cercano a la ruta que va a Puente del Inca y al Parque Aconcagua, la aproximación no tiene mayores dificultades y la ascención puede hacerse aún si uno cuenta con pocos días. En tres días se hace tranquilamente y en dos con un mayor esfuerzo y rapidez.

Aproximación
Veamos. La villa Los Penitentes se encuentra a 2.600 msnm al pie del centro de esquí, cuyas pistas no se desarrollan en las laderas del cerro homónimo sino en el Cruz de Caña. Pasando la villa 2,5 km (y 3 km antes de Puente del Inca), junto a una pintoresca estación abandonada del tren que circulaba junto a la ruta, hay un precario puente colgante sobre el río Cuevas, inicio de la senda.
El puente se debe pasar de a uno por vez (foto de tapa). Así, partiendo de la cota + 2.650 nos iremos adentrando en la Quebrada de Vargas, siguiendo siempre en dirección norte-sur o suroeste, el curso del arroyo Vargas, al que tendremos que cruzar unas cinco veces. Según la época del año varía el caudal de agua y la dificultad de esos vadeos. Un par de bastones ayudan a mantenerse equilibrado con la mochila al pasar de piedra en piedra por el torrente. Si bien en otoño nos resultó fácil, en épocas de deshielo es inevitable mojar el calzado y hasta los pantalones. Llevar recambio.
Al inicio se supera un empinado talud por la izquierda. La senda por la quebrada es muy linda, y un estrechamiento que presenta en su parte central la hace muy pintoresca.
Internarse por allí en invierno implica usar raquetas o esquíes de travesía, y tener cierta experiencia en el tema. Incluso hay un sector expuesto a posibles avalanchas de nieve provenientes de los conos de deyección y laderas inferiores del cerro Penitentes.
Su nombre se debe a sus formaciones, pero no por los "penitentes" de hielo, como los pináculos que el viento forma en los glaciares del Aconcagua, sino por sus figuras rocosas: arriba una enorme "construcción" de piedra marrón, de líneas verticales que aluden a una monumental catedral gótica y, delante, más bajos, peñascos negros sobre una suave ladera verde, menhires agrupados como monjes penitentes llegando a la catedral.


Campamento Base Refugio

Después de unas horas de caminata sin pendientes demasiado abruptas, habremos llegado al lugar elegido para acampar: el refugio de Grajales (construido por quien fuera uno de sus arrieros: Heber Palacios) a +3.100 m. El refugio es un cuartito chico en el que pueden entrar unas dos o tres personas durmiendo sobre su piso de cemento. Pero tratándose de un lugar concurrido en ciertas épocas, siempre conviene llevar carpa y a lo sumo usar el refugio para comer si nos toca mal tiempo. Dormir en esa área no sólo nos servirá para un buen descanso previo a la ascensión al cerro sino también muy especialmente para la aclimatación necesaria para nuestro organismo. Según cada uno y cómo hayamos llegado hasta allí algunos pueden sentir unos síntomas leves por la altura.
La Quebrada de Vargas independientemente del cerro, es en sí misma un interesante destino para recorrer. Y al día siguiente podríamos optar por seguir andando adentrándonos en ella, lo que nos llevará a una bifurcación: siguiendo el curso natural de la quebrada se llega al Portezuelo Cerrata, a unos + 3.700 m, camino obligado al valle del Río Blanco superior y los Portezuelos Alto y Bajo del Plomo. Hacia la derecha (oeste) se abre el brazo Laguna Seca, menos pintoresco. 

Este sí es un típico valle glaciar que aunque termina cerrado por el mismo macizo de Los Gemelos, no permite el ascenso directo de estos cerros. 
Por un portezuelo, utilizado por Federicho Reichert, puede pasarse hacia el fondo de la Quebrada Blanca. Ninguna de estas quebradas permite el acceso directo a cincomiles. 
Pero si vamos hasta el Río Blanco, es posible seguir su curso hacia el oeste (izq.) hasta encontrar el Río Tupungato, que si lo seguimos hacia el norte completaremos un circuito que nos vuelve a dejar en la Ruta 7, en Punta de Vacas. Hay dos lugares de acampe sobre el Río Blanco, uno en sus nacientes y otro en la mitad, y un refugio (M.O.P.) al encontrarse con el Río Tupungato.
Pero si vamos a subir al Cerro Penitentes salgamos relativamente temprano, que nos espera un día largo e intenso.
La montaña. La caminata del día anterior hasta el campamento nos ha dejado detrás (al sur) de la montaña, que de este lado muestra una cara más accesible. En la mochila pondremos suficiente cantidad de agua para casi todo el día, algo para comer y abrigo, porque arriba sopla, especialmente cuando nos asomemos al filo.
Dejamos el campamento a + 3.350 m y nos alejamos del arroyo subiendo por una ladera de piedra y pasto, ganando altura. No hay mucho misterio: hay que darle para arriba. Las carpas se ven chiquitas, se abren el paisaje y las vistas, y en un determinado momento veremos al norte la majestuosa mole del Aconcagua, con su helada e imponente cara sur y su cumbre frecuentemente escondida entre nubes.

Juan y Karen inicio

De una pendiente más suave de pasto pasamos al pedrero... Empinado e interminable, creo que si conviene entrenarse antes de venir es para este sector de la montaña. Estado físico, especialmente piernas y pulmones, y un par de bastones regulables, serán de gran ayuda para esta pronunciada pendiente de escombros.
Vale la pena. Sin duda. Desde enfrente nos acompaña durante el ascenso un bellísmo cerro, con un gran abanico cóncavo y un glaciar colgante: es el Gemelos. Bastante poco frecuentado, debe su nombre a las dos cumbres negras e iguales.
Al alcanzar el filo la vista se abre por más de 180º. Vemos el agudo y siempre nevado Tolosa y el Cerro Plomo al oeste y cumbres chilenas como el Juncal. Más al sur los picos Bonito y Santi, el Tupungato y el Negro Pabellón.


Cumbre Herman Sacse

Desde allí a la cumbre (+4.356 m) puede tomar casi una hora más, y al ver en todas direcciones agregaremos la vista hacia nuestro punto de partida del día anterior: la ruta, la vía, la Villa los Penitentes, y los Cerros Banderita, Cruz de Caña, y por supuesto al fondo, siempre imponente, el más alto: el Aconcagua.
De allí sólo queda descender. Bajar un pedrero como ese, ya se imaginan cómo es: a veces trancos largos, a veces como esquiando en seco, bastoneando, hundiendo los talones, derrapando... 

Las rocas sueltas y filosas ruedan y castigan nuestro calzado. Levantando polvareda bajamos y bajamos; mil metros de desnivel en dos o tres horas. Luego el pasto, la pendiente más suave, las carpas, el arroyo... y el descanso. Según la hora y el plan, o se carga todo para seguir hasta la ruta o, más descansados, pernoctamos ahí para hacer a la mañana siguiente el tramo hasta la ruta, y emprender el regreso.

Gente de Montaña. Personalmente tuve la suerte de hacer este cerro con Juan Pedro Vilche y Karen Minasi, guías muy experimentados, muy profesionales, muy cordiales y muy respetuosos. 
Acostumbrados a guiar en la zona del Aconcagua a extranjeros y argentinos, se ocupan con cuidado y responsabilidad de que uno se sienta bien y disfrute de la experiencia. Atienden el refugio Cruz de Caña en la Villa Los Penitentes donde se vive la calidez de un refugio y el intercambio de experiencias con montañistas de todas partes que lo usan como base previa al Aconcagua y sus alrededores. 
El protagonismo del Aconcagua eclipsa un poco muchos otros posibles destinos en los alrededores, de diversos grados de dificultad, dentro y fuera del Parque Provincial.
Además de los tradicionales trekkings a Plaza de Mulas y Plaza Francia, hay varios cerros que son interesantes alternativas para recorrer. En verano caminatas por los cerros Banderita o Cruz de Caña y en invierno paseos con raquetas, son variantes posibles para quienes quieran recorridos de un día. Además de otras activiades como el rafting o el "puenting" desde el puente de hierro del ferrocarril que ya no pasa...

Desde ell filo Juan y Karen


Puenting
Por Sebastián Donato.
Juan Manuel insistió bastante para que el domingo, de vuelta de nuestra fugaz visita a las morrenas de Plaza Francia, fuésemos al puente del ferrocarril a hacer puenting. El duro hielo "fósil" no había permitido demasiado, pero algo de técnica de escalada en hielo se había podido practicar.

El río Las Cuevas corría caudaloso 40 metros por debajo nuestro. Hasta ese momento no vislumbraba nada emocionante. Sí, me parecía interesante el armado del "polipasto" y del sistema para absorber la fuerza de choque de la doble cuerda, pero no entendía el entusiasmo de mi amigo cordobés.

Llevó un tiempo la verificación de los nudos, mosquetones y montaje del sistema completo que es fundamental como norma de seguridad. Tres son las cuerdas que a uno los vinculan con el puente: la cuerda doble dinámica que soporta la tensión y una tercera, también dinámica, que sirve para subir a la persona una vez que dejó de pendular (y es con la que a uno lo bajan hasta el suelo). Además esta cuerda es un reaseguro más ante cualquier remota eventualidad con las otras dos.

monta110f4.jpg (1719609 bytes)

Doble clic para ver mas grande
(imagen muy pesada 1.680 Kb.)

Pero esta descripción técnica es para el lado izquierdo de nuestro cerebro. Lo que no se puede transmitir es la sensación que se experimenta al animarse a saltar...
Era eso lo que me andaba faltando dentro de mí; no algo racional sino mucho más primitivo de lo que sin darnos cuenta vamos perdiendo en la urbanización nuestra de cada día.
Menos mal que Juan Manuel insistió...


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