Viento del Desierto
Expedición al Volcan San Francisco (6000) 
Catamarca

Por Jorge Gonzalez
Colaboran: Anahí Pomponio y Rodrigo Esmella

La elección del lugar y el objetivo fue hecha sobre la base del atractivo que nos despertaba esta zona aislada, y la posibilidad de hacer una experiencia de altura a favor de objetivos futuros. En particular el San francisco, porque ofrece un acceso rápido y sus 6000 metros, una dimensión accesible a nuestro grupo y experiencia promedio. Los preparativos comenzaron algunos meses atrás y al día fijado como de partida, el 21 de noviembre del 2003, llegamos ansiosos y con todo listo. Quienes vivimos en las sierras de Córdoba, partimos desde la capital de la provincia en la empresa Robledo a las diez de la noche y directamente hasta Tinogasta.
A las 7 de la mañana me despierto en Aimogasta y es lindo lo que veo al paso: las mujeres regando los patios de tierra. A Tinogasta llegamos una hora y media más tarde. Los bultos y nosotros en la estación tranquila. El calor también se apoya en la pared y tiene una virtud: obliga a pensar solamente en lo que sucede. En todo caso, en las olas del mar y una cerveza. Nada importa demasiado. Ya es bueno el solo hecho de estar.


San Francisco

Desde Belén, hay una encomienda para la expedición. Katy, la maestra de Palo Blanco, nos traslada al Club Santa Rosa, a unos 2 km de la ciudad para poder acampar y aguardar al resto que viene en una camioneta desde Buenos Aires. Cuando comienza la noche, una brisa caliente refresca el aire. Todos juntos nos vamos a cenar a Tinogasta. El encuentro ha puesto en marcha esta aventura y da gusto recorrer las caras de todos.
Daniel Villarruel, querido amigo con el que me unen muchos viajes como Iruya, Sierra de la Ventana, Trenque Lauquen, Lago O’ Higgins, volcán Lanín y la fiel costumbre de una carta, de una palabra, de un brindis, un sueño, una mano tendida sin esconder más que los trazos que el tiempo marcó en la piel. Félix Memelsdorff y la alegría inmensa de un reencuentro después de tantos vientos y senderos, glaciares, alturas y miedos. 

Thierry Marschall, venido desde París y amigo desde el tiempo en que los ríos cruzaron nuestras vidas. Anahí Pomponio, mi compañera y mi abrazo. A pesar de que es un presente y parece más fácil de imaginar este momento, me hace inmensamente feliz que ella esté aquí en la noche calurosa de Tinogasta a punto de compartir esta aventura tantas veces imaginada. Julio Guevara, negrito lleno de instinto que ya junta horas de sueños comunes. Rodrigo Esmella, sonrisa joven, ojos levantados a muchas cumbres futuras buscando cielos limpios. Me gusta verlo acá con nosotros.Los vinos y buenos deseos estiran la noche. Regresamos a nuestro camping y ya comienzo a delinear los primeros pasos. Nos tiramos con lo puesto sobre las colchonetas bajo el cielo estrellado hasta que la madrugada nos recuerda que el rocío sigue siendo fresco aún en Catamarca. Las primeras emociones tienen un sentimiento común: nos agrada la forma en que preparamos nuestra incursión a los volcanes de esta cordillera y nos sorprende gratamente recibir el modo con que la gente nos trata, nos habla, nos dispensa su atención abierta, sencilla, amistosa. 


Jorge Gonzalez

A las 7 de la mañana el sol ya se adueñó de todo. Es domingo 23 de noviembre. Iremos en dos viajes a Cortaderas, a unos 150 km de Tinogasta y donde hay otra dependencia de la Gendarmnería Nacional. Finalmente eso hicimos y acampamos al lado del río de fuerte olor a azufre. Aquí hay buenas truchas y vimos refugios al costado de la hermosa ruta que entre otros, son usados por los pescadores. Cortaderas está a 3000 m de altura. Al día siguiente, nos fuimos hasta Las Grutas, dependencia fronteriza de la Gendarmería y campamento de Vialidad Nacional. Allí se alcanzan los 4000 m de altura y a 2 km a la izquierda, están las lagunas y las tres construcciones de piedra que pueden servir de refugio para quedarse. En el camino, se encuentra una "pileta" de agua termal protegida bajo un techo de chapa. La respiración se entrecorta, los burros silvestres rebuznan como si estuvieran en peligro, el viento no cesa. Nadie durmió bien esa noche.


Ruta de ascenso por el NW

El martes 25, partimos hacia el paso de San Francisco, donde hay un pequeño refugio a 22 km de Las Grutas sobre la ruta y a 4700 m de altura, exactamente donde se ingresa a Chile y enfrentando la mole del San Francisco. Es su cara Oeste. Quizá una de sus rutas más escarpadas, pero "ahicito nomás". Nos quedamos Julio, Rodrigo, Anahí, Thierry y yo y al día siguiente hicimos un transporte a 5000 por un largo playón y luego por un pedrero de lajas volcánicas que sube de manera constante. Thierry volvió a Las Grutas y nosotros nos quedamos soportando el efecto de la puna, el frío almacenado en las paredes de chapa y el viento que allí corre a sus anchas. Subimos para quedarnos en el sitio del depósito y claramente se confirmó que Julio y yo estábamos al menos a dos horas de diferencia de Rodrigo y Anahí por lo que pensé que era bueno que partamos con él a las cinco de la mañana y ellos dos horas más tarde. Si estábamos en marcha hacia la cumbre íbamos a seguir juntos si no...estaríamos como apoyo. No pudo ser. Los vómitos de Julio y los 15º bajo cero nos obligaron a buscar reparo y una condición más benigna. A las 8 y media salimos los cuatro para arriba y poco a poco a Rodrigo y Anahí los perdimos de vista...

Cuando alcancé los 5400, fue tal la visión de la mole del San Francisco, que estaba convencido que Rodrigo y Anahí no habían encarado el ascenso de los 600 m finales. Julio dejó la mochila y buscó a la derecha indicios de nuestros compañeros. Regresó y me dijo "¡Allá, debajo del manchón de nieve, en el sendero que corta la montaña en diagonal, allá están...!". No lo podía creer!. Era algo tan fuerte ver esos diminutos puntos moverse que rompimos a llorar. Seguimos con la mirada todo el ascenso y a Rodrigo buscar en la parte final la última "loma" cimera. Eran las 2 de la tarde del viernes 28. Volvieron a reunirse para el descenso que hicieron en forma asombrosamente rápida y salimos al encuentro con un abrazo profundo y que solo esa condición puede explicar en su intensidad y alcance. Después de desarmar el campamento de altura a las 5 de la tarde bajábamos por el "playón" final hacia el refugio donde ya esperaban Thierry y Félix. La noche en el campamento de Vialidad Nacional en Las Grutas trajo el descanso de los músculos, las emociones llevándose por delante, los momentos vividos y el reparo del frío y seco viento del desierto.

El sábado pasamos el día en las termas de Fiambalá y el domingo emprendimos el regreso a los hogares por diferentes caminos. Félix y Daniel llevando a Julio y Rodrigo que se bajaron en Dean Funes y José Treu con su mujer Elizabeth que había ido a unirse a nosotros en Las Grutas, cargó con Thierry que desde La Rioja siguió a Mendoza y con Anahí y yo que tomamos rumbo a las sierras. Quedó detrás la inolvidable visión del valle de Huaco y esa fuerte y única dimensión de los corredores de lajas volcánicas. Distante y aislada, castigada por el sol y el frío, la cordillera de Catamarca y sus volcanes, fijaron la visión de un horizonte azul siempre más alto, el abrazo y la dimensión diferente y, a pesar de lo hostil del terreno, la nostalgia de saber que nada de lo cotidiano nos va a conectar como ellos tan intensamente con la vida.


Anahí Jorge, Rodrigo y Julio

Intento de cumbre
Por
Anahí Pomponio
Viernes 28 de Noviembre de 2003
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Nuestro campamento estaba ubicado a 5000 metros. Faltaban 1000 metros para alcanzar la cima, lo más duro. Julio, Rodrigo, Jorge y yo. Nuestras carpitas insignificantes en tanta inmensidad, color amarillo intenso, nos protegieron del fuerte viento y la temperatura que adentro alcanzó a las 4 de la mañana, los 8 grados bajo cero. Esa noche con mi compañero y jefe de expedición, Jorge, comimos algo liviano; estábamos cansados y con el dolor de cabeza que a esa altura se manifiesta cada vez más fuerte. Apenas oscureció decidimos dormirnos. Recuerdo que en un momento desperté y el techo de la carpa, que era bastante bajo, rozó mi cara, sentí algo frío y mojado, cuando pasé la mano me di cuenta que la condensación de la humedad se había transformado en una capa de hielo que cubría todo el techo. A los pocos minutos escuché la voz de Julio, que estaba en la otra carpa con Rodrigo, gritándole a Jorge que ya eran las 4 de la mañana, hora de partir para ellos dos hacia la cumbre. Rodrigo y yo saldríamos 2 horas más tarde porque nos encontrábamos con más resto físico. Finalmente, debido a la rigurosidad del clima y algunos malestares físicos decidieron que saldríamos los 4 juntos y que llegarían hasta donde pudiesen. Descansamos un rato más, que fue muy bueno para todos, y a las 7 de la mañana cuando los rayos del sol comenzaron a iluminar y calentar esa fría ladera donde dormimos, preparamos nuestro equipo, mochila pequeña, bastante agua y unos caramelos ácidos. Bebimos té caliente y a las 8.30 horas partimos todos hacia la meta. Me encontré muy tranquila, era mi primera experiencia en altura y tenía claro que lo importante era estar ahí y disfrutar cada momento, no me perturbaba llegar a la cumbre. Además nunca olvido algo que me enseñó Jorge González, que la montaña termina abajo.... Por suerte el dolor de cabeza había pasado, me sentía fuerte y animada.

Poco a poco fuimos tomando la delantera con Rodrigo, con un paso lento pero constante. Lo que me impresionó en ese momento fue la inmensidad, la soledad y la rigurosidad del lugar. El viento nos pegaba muy fuerte. Caminamos casi una hora por una especie de pampa de altura cubierta de piedra volcánica hasta que alcanzamos el filo. Cuando levantamos la cabeza vimos que apareció majestuosa la imagen del San Francisco en toda su expresión. 
Era una mole gigantesca de acarreo, con manchones de nieve dispersos en toda su superficie. Nos miramos con Rodrigo y sin perder un minuto surgió la estrategia para poder subirlo.

Rodrigo pudo observar una supuesta huella que cortaba al volcán transversalmente, pero por falta de experiencia teníamos miedo que al pisar ese terreno se desmoronara. Miré a la izquierda de la mole, caía un filo con una pendiente moderada que nos llevaría seguro hacia la cumbre y decidimos alcanzarlo. 
Recuerdo que este tramo fue durísimo, el acarreo era cada vez más fino y al pisar no sólo nos enterrábamos unos centímetros sino que retrocedíamos por lo menos 20. Error, a medida que nos "acercábamos" al filo veíamos que para alcanzarlo faltaba muchísimo, por lo cual lo encaramos de frente tratando de faldear para que sea menos costosoLa pendiente se había vuelto muy pronunciada y el suelo cansador. 
En un momento miré hacia el valle, ya en tierra chilena se podía admirar la Laguna Verde, color turquesa profundo que resaltaba del resto del paisaje, además de una gran cantidad de conos volcánicos que rondarían los 6000 metros. .  Por un instante una sensación de miedo me invadió el cuerpo, no podía creer donde estaba parada, pero la fuerza de ese lugar y la imagen constante en mi cabeza de que antiguos caciques indígenas habían pisado ese suelo me contuvieron y pude seguir.


Anahí camino a la cumbre

En un momento nos topamos con el camino que venía desde abajo cortando diagonalmente al San Francisco, era la huella que habíamos visto. 
Decidimos tomarla, estaba muy deteriorado y sobre todo expuesta a peligrosas caídas. Encontramos 2 apachetas lo que indicaba aún más que era el camino que nos conduciría a destino.

 Caminamos casi media hora y apareció a nuestra derecha una quebradita por donde corría una lengua de hielo entre piedras grandes y firmes que hizo más seguro nuestro andar. Se notaba que teníamos la cumbre en nuestras manos, faltaba tan poco... En ese instante pude vivir la experiencia de lo que se siente tener la cima tan cerca. Mis piernas empezaron a fallar, pero lo que me hizo decidir que hasta ahí llegaría fue el sentirme muy feliz por estar en ese lugar y haber logrado superarme en un ambiente tan hostil, pero sobre todo sabía que debía regresar íntegra abajo, donde termina la montaña...

Relato del último tramo a la cumbre
Por
Rodrigo Esmella
Muerte

... y cuando hayáis alcanzado la cima de la montaña, es cuando iniciaréis la ascensión, y cuando la tierra reclame vuestros miembros, es cuando bailaréis de verdad.

Khalil Gibran

Parados ya en la última pendiente o ladera, al menos "última" para nuestros ojos, Anahí me expresa su estado de cansancio y decide no seguir con la ascensión. A partir de aquí caminé sólo hasta alcanzar el filo de esta ladera. Una vez arriba visualizo una bajada de unos 50 m que daban comienzo en su final, a otra pendiente de unos 150 m. Al concretar este paso se interpuso otra nueva ladera de iguales condiciones que la anterior. Seguí ascendiendo hasta que el viento golpeó mi cara y me anunció que ya estaba en la cima. Ya ninguna ladera se anteponía a mí.

 


Rodrigo en la cumbre

Sobre mi derecha, un gran cráter. Estaba cerrado y se presentaba en suaves y ondulantes laderas de rocas negras y amarronadas que descendían hacia el centro del volcán.
Desde arriba se contempla un paisaje indescriptiblemente bello. Miles de sensaciones y emociones me invadieron en un solo instante. No había nada más, solo la inmensidad y una pregunta: ¿Y después de esto qué?.
Comencé el descenso, luego de haber sacado un par de fotos, abrumado por el momento vivido. Al ver a lo lejos a Anahí, luego de unos 40 minutos aproximadamente desde el último momento en que nos vimos, empecé a agitar los bastones en el aire haciéndole entender que había llegado a la cumbre.
Después solo quedó bajar, enterrando los talones en esas laderas de imponentes pendientes de acarreo volcánico, rápido, excitados por la victoria, sellando ese momento con abrazos, llantos de emoción y con la certeza de que ya no volveríamos a ser los mismos, algo había cambiado dentro de nosotros: "Espíritus engrandecidos por una nueva experiencia".

Agradecimientos: Municipalidad de capilla del Monte-Radio FM Astral-Visión Color TV-Cap.del Mte.-Casa de fotografía "Diagonal Color"-Supermercados Lot.

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