Una aventura en
 los hielos patagonicos
 Por Santiago Valinoti Loza & Luis A. Rocchietti


Dos días después de la Navidad y en medio de un pandemónium de pesadas mochilas, cajas con víveres, bolsas con equipos de escalada y mucha ansiedad y alegría por la partida, nos encontrábamos abordando sobre la hora el micro que desde la Terminal de Omnibus de Córdoba nos llevaría por 48 horas de interminable viaje hasta Río Gallegos y desde allí, previo 2 transbordos hasta El Chalten al pie de la Cordillera Austral, allá en el confín de la Patagonia.
Nuestro objetivo era una travesía por el Hielo Continental, como bautismo de fuego al culminar el Curso de Escalada en Roca y Alta Montaña realizado entre los meses de Agosto y Setiembre en Los Gigantes (Sierras de Córdoba).
Atrás quedaban meses de dura preparación física, de agotadoras marchas por los Gigantes, la Pampa de Achala y las escalinatas del Coniferal en el Parque Sarmiento. También de intensas gestiones buscando apoyo económico y moral a esta intención colectiva de descubrir un país casi desconocido, lejano y misterioso. 

Este tamizador había reducido a 11 los integrantes de esta expedición que se proponía recorrer un gélido pedazo de nuestra patria con la voluntad y el amor por la montaña como único motor. Con las ultimas luces del día vimos dibujarse en el horizonte cordillerano la impactante silueta del Cerro Chalten que se fundía en un cielo manchado de vivos colores cual paleta de pintor. Así llegamos a acampar en el pueblito del mismo nombre e inmediatamente nos derrumbamos en nuestras carpas a descansar. Despertar en El Chalten tiene un significado especial, uno abre los ojos y se encuentra reducido al tamaño de una hormiga rodeado de montañas
que se alzan majestuosas por encima de verdes bosques rasgando el cielo con sus verticales paredes de granito y cascos de hielo.El día 29 transcurrió entre preparar todos los equipos para la larga caminata que nos esperaba y visitar lugares aledaños como también la Oficina de Guardaparques donde debíamos registrarnos e informar el plan a seguir y la fecha estimada de regreso.A las 9:30 hs y en un día soleado y calmo partimos con todo el entusiasmo ascendiendo por un sendero que se habría paso por tupidos bosques de lengas y ñires, acompañados por el taladrar de carpinteros y el zumbido de insistentes tábanos.

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Cerro Chalten

Paso a paso fuimos subiendo hasta llegar a la Loma del Pliegue Tumbado desde donde contemplamos el Valle del Río Túnel, enmarcado por hermosas montañas de cumbres nevadas y laderas boscosas. Frente nuestro, imponente se alza el Cerro Huemul y en lo profundo del valle se divisan el Lago Toro, el Glaciar Túnel y más atrás se elevan hacia el cielo los cerros del Cordón Adela, puerta de ingreso al Hielo Continental enclavada en los 1500 m. de altura. Dos durisimas jornadas de 12 hs. de extenuante marcha por pantanos, acarreos de piedras en las escarpadas laderas de los cerros, cruce de las heladas aguas del Río Túnel hasta llegar a Paso del Viento, un verdadero balcón desde donde pudimos extasiarnos con la magnificencia del mar de hielo con el Cordón Mariano Moreno hacia el oeste. Acompañados por los últimos rayos del sol bajamos por una empinada ladera de piedras sueltas hasta llegar al borde del Glaciar Viedma, lengua del Hielo Continental que se desprende bajando hacia el lago del mismo nombre. Este fue el campamento de Año Nuevo donde al llegar las 12 brindamos con una insólita botella de champaña fruto del esfuerzo de Adrián mi compañero de carpa mientras unos débiles vivas se perdían en el gélido silencio de la noche.
El 1º, comenzamos la travesía por el Hielo propiamente dicho, en un día que se presento con nevisca que con el correr de las horas fue aumentando en intensidad hasta obligarnos a hacer campamento en una hondonada y protegidos por un peñón de los vientos que pasan rugientes como locomotoras. Allí permanecimos dentro de las carpas inmovilizados por 3 largos días, consumiendo provisiones y paciencia. Al fin un claro en el cielo nos anuncio una mejoría en el tiempo, por lo que nos aprestamos a continuar con la marcha. Nuevamente en el Hielo nos encolumnamos, encordados en grupos de a tres para prevenir caídas en las grietas, calzados con las botas plásticas con grampones y repitiendo cada paso del compañero de adelante para ahorrar esfuerzo, ya que con la nieve fresca y nuestro peso nos hundíamos casi 30 cm. 











Circo de 
los 
Altares
(foto: Lali Gavinia)

Felizmente una calma casi total y un brillante sol nos permiten disfrutar de un panorama sobrecogedor: el inmaculado horizonte se interrumpe por las lejanas siluetas de los cordones montañosos, así progresamos por este blanco mar de hielo hasta que al atardecer y como regalo de la naturaleza aparece ante nuestros ojos el Circo de los Altares, un anfiteatro de hielo y nieve enmarcado por los graníticos picos que se alzan con sus puntiagudas paredes. La emoción del momento le hace gritar a David: disfruten de este lugar, que somos los únicos 11 en el mundo que estamos aquí!, Una frase que aunque obvia encierra una gran significación, ya que estamos pisando un territorio declarado Patrimonio de la Humanidad por su belleza. El día siguiente se nos presenta con un telón de nubes que tiñen el cielo de gris y una amenazadora bruma se levanta por el Oeste, es una mala señal ya que indica que a la brevedad estaremos nuevamente dentro de una tormenta de nieve y vientos que nos hacen perder de vista toda referencia en el horizonte. Marchamos hacia el Paso Marconi internándonos cada vez más en una fuerte tormenta que nos cubre de nieve y por momentos no podemos ver la cabeza de la columna. Comenzamos a descender por la empinada lengua del Glaciar Marconi, el fuerte viento derriba algunos compañeros y se hace dificultosa la marcha a la vez que tenemos que esquivar las amenazadoras grietas que se abren a nuestro paso. Una distracción me hace comprobar en carne propia la sensación de caer en una de ellas, pero la rápida reacción de Eduardo, mi compañero de cordada tensando la cuerda evita consecuencias mayores. Al llegar a un montículo de roca en medio del glaciar y dado que hemos marchado prácticamente sin comer ni descansar por 12 horas decidimos instalar el campamento. Alcanzamos a entrar a las carpas cuando comienza un terrible viento que con ráfagas de una fuerza inusitada nos obliga a pasar toda la noche aferrados a los parantes sin poder secarnos, comer ni dormir y que por momentos nos aplastaba contra el piso. Diego y Eduardo son literalmente levantados por una ráfaga que se cuela por debajo de su carpa, obligados a abandonarla y a refugiarse en otra. Todo lo que ha quedado a merced de Eolo vuela como hojas, así desaparecen ollas, bolsas, pantalones y el cubretecho de la carpa de Diego y Eduardo que es arrancado de la misma. Así transcurren angustiosas horas hasta el amanecer en que el sol aparece en el horizonte infundiéndonos animo para continuar. Lo que sigue es el descenso por la zona más peligrosa del glaciar porque el hielo tiene una marcada inclinación, anchas y profundas grietas y desde el Cerro Marconi que se alza hacia el sur del paso, cuelgan amenazadores Seracs (barrancas de hielo) que se desprenden tronando constantemente sobre el paso. Felizmente bajamos sin novedades hasta el frente del glaciar, pero nos encontramos con que el Río Eléctrico que nace del deshielo baja como un torrente por un cañón de rocas y para cruzarlo debemos instalar una tirolina (aparejo de cuerdas). Al cabo de 3 hs. de acrobacias pasamos todos hacia la orilla opuesta por donde un sendero en las laderas de los cerros nos conduce hacia el ansiado refugio de Los Troncos. Marchamos ya de noche bordeando la orilla sur del Lago Eléctrico, la luz de las estrellas apenas nos permite distinguir el paso atraves de las piedras. A la 1 de la madrugada llegamos a orillas del Río Pollone que baja hacia el lago desde el Glaciar del mismo nombre. Dado la hora y agotados por una jornada de 14 hs. decidimos acampar; la cena se compone de polenta con sal, es todo lo que conseguimos sacudiendo las mochilas en busca de algo comestible. Al despuntar el día 8 y sabiendo que estamos a unas 3 hs. de un reparador desayuno en Los Troncos encaramos el cruce del Río Pollone que este ida baja torrentoso y zambulle en sus heladas aguas a 5 compañeros con todo su equipo. Felizmente el sol sale a socorrernos y junto con el calor de la marcha nos vamos secando. A las 12 hs. del día 8 llegamos por fin a este paraíso enclavado en un hermoso bosque. El tibio sol se cuela entre los frondosos arboles y en un claro de césped nos desparramamos a descansar, es momento de felicitarnos y abrazarnos por la satisfacción del logro obtenido. Un grupo de turistas europeos nos ven llegar con aspecto imagino lamentable pero sospechan acertadamente que se trata del final de una hazaña.
Previo al regreso a casa y de vuelta en El Chalten se impone un increíble baño de agua caliente, desconocido durante 15 sudorosas jornadas y un asado de cordero a las llamas para festejar. Además cumplimos con el ritual de llenar un par de paginas con nuestra historia en el "libro de los visitantes" de la Oficina de Parques, un catalogo de aventuras vividas en estas milenarias e increíbles montañas.

Primera Expedición Escuela a los Hielos Continentales:  
Chalten - Paso del Viento - Paso Marconi - Chalten
26 de Diciembre de 1997 al 13 de Enero de 1998
Integraron esta Expedición: Santiago Valinoti. David Albert - Fabiana Molina  
Diego Hoffman - Eduardo Liendo -
Adrián Mediavilla - Claudia Oberto - Luis Rocchietti  Alejandra Tamborini - Ruben Vrech

 

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