Aconcagua 
el centinela de piedra
Reportaje de Santiago Storni: Esta nota la hicimos en 
septiembre del ’99. Ahora, ya transcurrió la temporada, cambiaron algunas autoridades, y en este verano demasiadas veces el Aconcagua ocupó titulares en los diarios. Pero eso no le quitó ninguna vigencia a lo que charláramos en aquella entrevista...


"Ir al Aconcagua es emprender un desafío. Lo importante es que cada persona vaya en pos de su propia cumbre. Y la alegría de lograrlo va a ser exclusivamente tuya. El Guía tiene la alegría de acompañarte"

¿Tu clientela es mayormente extranjera?
En su origen lo fue. Pero ahora es de argentinos. Así me he orientado, porque creo que el gran valor agregado de nuestro oficio o profesión es las relaciones que uno establece con la gente. Con los extranjeros las relaciones son breves y se diluyen en el tiempo; en cambio con argentinos he logrado relaciones y amistades de gran valor. Y eso es lo que me motiva a seguir trabajando como Guía.

O sea que fue intencionado ese giro hacia el cliente argentino..?
Sí, porque con los extranjeros tenemos barreras idiomáticas y de idiosincrasia, y con el argentino no. Entonces mostrarle mi casa a vecinos, me ha gratificado mucho, y me sigue gratificando.

¿Cómo fue que empezaste a guiar?
Tuve todo un desarrollo deportivo primero. Estuve más de diez años subiendo montañas con amigos. Y dando cursos; pero no como Guía. Cuando cerré mi ciclo deportivo en el Aconcagua, habiéndolo subido
por la ruta normal, por el Glaciar de los Polacos y por la Pared Sur, consideré que tenía el manejo del oficio para ponerme a guiar. Entonces orienté todo mi esfuerzo a trabajar en eso. Antes hacía por ejemplo limpieza de ventanas, pintura de altura, en torres, etc. Entonces me orienté a trabajar exclusivamente de Guía, y fortalecí el aspecto docente, que cada vez me da más satisfacciones. Actualmente los egresados de la Escuela de Guías salen con un título terciario bajo el brazo, reconocido. Y eso a mí me llena de alegría. Cuando yo empecé a trabajar de esto, tenía solo el título de la Asociación de Guías de Bariloche.

¿Hay una Asociación de Guías de Mendoza?
Sí, pero no tiene fines académicos. La Escuela te da un título terciario, después de un curso de dos años. Y la Asociación nuclea a los Guías. En Mendoza hay muchos jóvenes con el título que están guiando en el Aconcagua.

Y también hay Guías en Aconcagua que vienen del exterior...
Hay buenos y malos Guías que vienen del exterior. Lo que nos preocupa es que los Guías sean buenos, no importa de dónde sean.


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Habiendo tantos Guías en la misma montaña ¿Cómo son las relaciones?
Los que estamos desde hace mucho tiempo... Te cuento una experiencia propia como ejemplo:
Este año (’99) tuve, desde el año ’86, mi primer pasajero que sufrió un daño. En la travesía que está debajo de la canaleta, se cayó resbalando 250 mts por un planchón de nieve, y se heló los dedos de una mano gravemente. Hicimos un rescate desde allí arriba hasta abajo. Todos los Guías que había en el lugar asignaron recursos para ayudarme a mí en la evacuación de esta persona. Tanto Guías mendocinos, como Diego (Magaldi) y otros que ni sé el nombre, nos prestaron algún ayudante o de alguna manera colaboraron. Muchas otras veces yo participé en la otra cara de la moneda. En esta yo fui el beneficiario de esta solidaridad de los Guías. Y realmente me llenó de alegría.

¿Haría falta un helicóptero?
Personalmente creo que habría que poner un helicóptero en el Aconcagua. Habría que discutirlo y consensuarlo con mucha gente. Lo que pasa es que no es rentable. Quizás la Provincia a quien le conviene que venga tanta gente, podría brindar ese servicio, como lo hace Estados Unidos en sus montañas significativas.
Eso se opone a un principio bastante aceptado: que para proteger un lugar hay que restringir el acceso...
Pero no es así. Porque vos podés tener diez turistas "bestias" que te tiran litio en el Parque (refiriéndose al contenido de las pilas), como podés tener un millón de turistas educados que lo cuidan. Acá el impacto no se basa en lo cuantitativo si no en lo cualitativo.

¿No se les da una charla a los que van a subir?
Nosotros siempre hemos propuesto que a la gente no hay que restringirle el subir, sino obligarla a que primero recorra un centro de interpretación de lo que es el Parque. Eso es la clave. Que cada visitante esté unos 30 minutos enterándose de lo que queremos decirle.

¿Eso se está haciendo?
No. Los privados lo hacemos con nuestros clientes, pero el estado no lo hace. Hubo un año que
diseñamos un folleto de 40 páginas, que era un verdadero manual de primeros auxilios y de prevención. Y la gente solamente tenía que firmar que lo había recibido y que lo iba a leer. Creo que fue útil, y que se debería seguir con eso.

¿Y no se sigue?
No. Ahora te dan una hojita con puntos de GPS, cuando el 95% de la gente no usa GPS. No está el test de Lake Louis del mal agudo de montaña, que es importante saberlo. Se podrían evitar muchas muertes siguiendo ese test. Es muy conocido. Pero el Parque debería darlo en un folleto. Y los Guardaparques necesitan una legislación que los respalde, porque al que está haciendo daño, solamente pueden sacarlo del Parque.
Hace falta un trabajo que potencie lo que hacemos los Guías, Guardaparques, Prestadores, siempre apuntando a conservar el recurso y a ofrecerle mejores cosas a la gente que visita el Parque. Algo se hace, pero en forma aislada, no conjunta. Y el que debería generar esa sinergia es el estado, por ser la autoridad del Parque. Es importantísimo para una administración priorizar qué quiere hacer con el Parque. Si quiere que en un marco de autosustentablidad genere riquezas para la provincia, que me parece muy válido, tiene que generar las políticas para lograr eso. Y no políticas restrictivas ni penalizadoras. La autosustentabilidad es fundamental. Y eso lo tiene que lograr el estado a través de la Dirección de Recursos Renovables. Y tan fácil que sería mejorar las cosas! (NOTA del entrevistado (marzo ‘2000): Las actuales autoridades están en el "buen camino". Han escuchado a los expertos.)

¿Llevás la cuenta de tus ascensiones?
21 veces he ido a la cumbre.

¿Por distintas rutas?
Sí; y un par de ascensiones en el día. Una hasta la cumbre Norte ida y vuelta en el día por la normal. Debo haber sido el primero o el segundo argentino en hacerlo. Y fui el primero que hizo las dos cumbres, Sur y Norte y en el día volví a Plaza de Mulas. También hemos hecho la primera ascensión local de la pared Sur, los mendocinos en el ’86. Son pequeños localismos, importantes en su momento. Con el paso del tiempo ya casi no me importan. Hoy otras cosas me importan.
Trabajar con un grupo de gente en la ruta normal me genera una tensión que me motiva mucho más que una escalada de mi juventud. Porque entiendo que lo que estoy gestionando en eso, es muchísimo más difícil: soy un cerebro con (digamos) veinte cuerpos, en un escenario inestable, altamente peligroso, que tiene que entrar y salir elegantemente de ahí. Es un gran desafío cada vez que lo hago. Y muchas veces me preguntan si no me aburre hacer tantas veces la ruta normal, porque es la cumbre número 21, pero a la ruta normal ya no sé cuántas veces la hice. Y no me aburre, porque es siempre distinto, y siempre la sensación de incertidumbre es grandísima. Entonces mi cerebro y mi organismo funciona y segrega endorfinas y adrenalina como cuando escalaba.

Diferentes rutas...
Sí, creo que cuando el Parque se maneje como corresponde, la autoridad tiene que asignar diferentes rutas a los diferentes expedicionarios. Se pueden hacer alternativas paralelas dentro de la misma ruta normal, que transcurren por lugares de igual dificultad técnica, pero separados unos de otros.
En el ’94, hicimos una ruta paralela a la normal, que la llamamos "La ruta de los Guías mendocinos". Así se apuntaba, con una ruta equivalente, a la descongestión de la normal.
Yo creo que con el tiempo eso va a ser de máxima prioridad. La normal reúne el 70% de la gente que va. Por la otra transitás un itinerario en el que no hay gente. Yo creo que en el futuro, según la fecha y la gente que haya, se les debe asignar qué ruta hacer. Así no va a haber congestión en los campamentos ni vas a tener tanta gente. Y se va a impactar menos cada ruta.
Y lo otro que se impone a corto plazo es bajar la materia fecal de los campamentos de altura. Magaldi lo empezó a hacer. El Parque debe proveer los envases, y obligar sobre ese tema. Y así como pagan mulas para portear carga, que también las usen para bajar la propia materia fecal, de la propia expedición. No hay vuelta: los baños químicos, las letrinas, etc. Todo eso colapsa. Y que alguien le baje la caca a todos los demás, tampoco funciona. Pero que cada uno se baje lo suyo, es muy posible.

¿El Mercedario?
No hice cumbre, pero he estado. Y creo que en los próximos años va a ser una alternativa para aquellos que hayan concretado su expectativa con el Aconcagua. El Mercedario y el "Ojos del Salado" (2ª cumbre andina), son montañas muy salvajes, y muy vírgenes desde el punto de vista comercial y turístico.

¿No hay ningún refugio?
En el "Ojos del Salado", por el lado chileno hay un refugio y un camino minero, y por el lado argentino, la aproximación es muy larga, pero pasa por lugares muy bonitos. Son alternativas comerciales futuras. Por ahora el Aconcagua seguirá atrayendo masivamente al menos por cinco años más.

En Plaza de Mulas hay un hotel... medio polémico...
Desde el punto de vista del impacto, con un extranjero ni lo discuto; porque ellos a veces cuidan sus montañas pero hacen daño en otras partes. Si lo hablamos entre argentinos, te diría que fue un gran negociado, como tantos que se han hecho en este país; sin estudio de impacto ambiental, sin estudio de rentabilidad...

¿Es privado?
Sí, pero también es mío en parte, como de todos los mendocinos. Porque respondió a una serie de créditos fáciles, donde la única garantía era el mismo emprendimiento. Nunca jamás pagaron un peso. Se hicieron varios hoteles de montaña. El de Aconcagua es solo uno de los más conocidos.
Mi crítica no es al concesionario del hotel. El negocio fue el préstamo. El hotel no es rentable y se está deteriorando. Costó U$S 4.000.000.- Un par de piedras, o algún fierro, o un vidrio, es mío, igual que de todos los demás mendocinos.

¿Qué le dirías a quien esta pensando en ir al Aconcagua?
Ir al Aconcagua es emprender un desafío. Ese desafío puede implicar alcanzar la cumbre o no. Pero eso no es tan importante. Lo importante es que cada persona, tenga o no tenga experiencia, vaya en pos de su propia cumbre. Que esa cumbre personal sea alcanzada con elegancia. Eso es lo importante. Si esa cumbre interior coincide con la del Aconcagua, bien (lo mismo para cualquier montaña). Si no coincide, lo importante es llegar a esa cumbre interior y salir elegantemente. El Guía te puede ayudar a concretarlo, pero el desafío responde exclusivamente a tu motivación, a tu esfuerzo y a tu capacidad de entrega. Y la alegría de lograrlo va a ser exclusivamente tuya. El Guía tiene la alegría de acompañarte.

Alejandro Randis. Mendocino, se dedica a la montaña hace más de 25 años, a enseñar hace más de 20 años y como Guía desde 1986. Actualmente es el Encargado de Trabajos Prácticos de la Escuela Provincial de Guías de Alta Montaña de la que fue rector hasta 1998. En 1992 escribió "Aconcagua, el centinela de piedra" que está agotando la 2ª edición. "Está dirigido a todo aquél que quiera subir al Aconcagua. Y tiene un 20% de contenido subjetivo, que le pone un poco de color".


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