Recuerdos de la expedición de 1993
Xixa Pangma
Reportaje de Santiago Storni a Marcos Couch, Pablo Schlogl y Héctor Cuiñas realizado el 1º de octubre del 2000. Fotos: Marcos Couch.




Desde 1954 seis expediciones argentinas habían fracasado en intentos por coronar una cumbre de 8.000 metros...


"¡Xixa Pangma: La expedición más heterogénea e improvisada que jamás me tocó vivir, y que por eso salió bien !"
                     Nico de la Cruz
                                                                                                                   

UNA NOCHE, DESPUÉS DE ALGUNOS WHISKIES Y CHOCOLATES ...

Una expedición a cualquier cumbre del Himalaya comienza bastante antes ...
Marcos:
Una expedición al Himalaya son dos expediciones en sí: una es llegar hasta allá, y después hay que hacer la cumbre. Yo puedo agradecerles, y ha sido un placer, que tanto Pablo (Schlolgl) como Héctor (Cuiñas) se hayan ocupado principalmente de ese gran dolor de cabeza que es llegar hasta Katmandú. Y así poder concentrarnos después exclusivamente en subir a la cumbre. Fue un lujo, tanto para Nicolás como para mí, como para todos los andinistas que participamos de esta expedición. Si no hubiera sido por el esfuerzo de pasillos caminados, de puertas tocadas, de posibilidades abiertas para que con lo mínimo, pudiéramos ir hasta allá, nunca hubiera arrancado esta expedición, y tanto Pablo como Héctor fueron los principales protagonistas de eso, sin duda.

¿Cómo fueron las etapas que fueron pasando?
Pablo:
Esto nació en el año ’87. Estábamos, me acuerdo, en un fogón en Tronador, en uno de estos famosos Cursos de hielo del C.A.B.A. (Centro Andino Buenos Aires) que se hacen en enero. Una noche después de algunos whiskies y chocolates, y ante la ausencia de la Argentina en el Himalaya donde hacía seis años que no iba una expedición... Nosotros lo que buscamos fue que fuera una expedición netamente argentina. Ahí nació la idea y la empezamos a trabajar. Y gracias un poco a la gente que había en San Juan en ese momento, se consiguieron los primeros dinerillos como para sacar el permiso de ascensión.

¿Dinero de particulares o de estatales?
La mayor parte de esta expedición fue subvencionada con fondos municipales, provinciales y del estado nacional. Pero esto a fuerza de un desgaste, de tocar tantas puertas como decía Marcos. Y no por un convencimiento político deportivo, ni dentro de un programa de la nación o la provincia. Con tal de no verte más la cara, el funcionario terminaba diciendo: "¡Bueno hermano ¿Qué querés?!"

Después iniciaron los contactos con la gente de allá ...
Sí, los primeros contactos nacen a través de Peter Bruchhausen, un argentino que vive en New York, andinista, socio del C.A.B.A. y a través de él empezamos a contactar a la Asociación China de Montaña.
Mientras, vivimos los vaivenes económicos del país de los años ’87 al ’89. Por la desestabilización económica que hubo se fue postergando la expedición. Pero siempre manteníamos el permiso abierto. Empezamos con Alfonsín y terminamos con Menem, porque recién en el ’93 pudimos concretar lo básico para una expedición. Fue la expedición más pobretona de todas, con un gran grado de locura encima. Por ejemplo, no llevar una cámara hiperbárica, porque su costo equivalía a la comida de una semana.
Marcos: Pablo, Sergio Noguera y yo fuimos a Alemania a hacer compras y, viendo el presupuesto que nos quedaba compramos solo siete (alimentos) liofilizados. Así fue como luego tuvimos que recurrir a soluciones típicamente argentinas, como subir una pata de cordero a 6.200 m de altura y comerla ahí, frente a los pobres americanos que, mucho más organizados y con carpas nuevas, comían sus liofilizados. Pero el olorcito a pata de cordero azada ... a 6.200 m, la verdad ... Creó fama!
La Secretaría de Deportes nos dio un apoyo sin el cual no hubiéramos podido ir. Estamos muy agradecidos y también contentos de poder decir que pudimos retribuirlo, porque la publicidad que se le dio a nuestra expedición a la vuelta, sirvió también como publicidad para la Secretaría de Deportes; así que entendemos que fue un trabajo en equipo entre ellos y nosotros.

¿Cuándo vieron que sí la hacían?
Pablo:
Recién cuando estuvimos en Nepal. Porque con Marcos y Sergio salimos de Buenos Aires adelantados, quince días antes, y Héctor seguía en Buenos Aires haciendo gestiones. Y a tres días de la partida nos decía que no podían salir, que habían retenido una parte de los fondos prometidos... Se decidió salir como estábamos y una vez allá veríamos; pero la expedición ya había partido. Nos manejamos con un gran grado de austeridad: por ejemplo en Frankfurt dormimos tres noches tirados en el aeropuerto en vez de parar en un hotel; nos iban echando de un piso a otro.
Otra cosa a destacar: el mayor de la expedición, Ulises Vitale , en ese momento tenía 61 años, y el más chico 19, en un grupo de once ... Entonces, con esas diferencias de edades y con la situaciones que luego uno vive, yo creo que para nosotros fue otro éxito esa convivencia que hubo entre todos los participantes.

Entonces llegan allá ...
... Y a la semana ya nos juntamos todos en Katmandú (Nepal) y empezamos con los preparativos, cada uno en su área. Era toda gente con muchos años de experiencia, y eso ayudó mucho a que la expedición no tuviese obstáculos y se fuera desarrollando normalmente. Encontramos algunas trabas burocráticas cuando tuvimos que pasar de Nepal a Tibet (China), y eso fue bastante complejo. Pero lo superamos. Hubo algunos "rounds" con el oficial de enlace pero después terminamos bien.

Se encontraron con Mauricio Fernández y Daniel Alessio ...
Sí, ellos regresaban del Cho-Oyu, al que habían ido con una expedición inglesa.

¿Se encontraron en Katmandú?
Sí.
Marcos: Fue encontrarnos y decirnos "¡¿Vos, qué hacés acá?!"
Pablo: Y fue un gran aliento verlos a ellos dos, y comprobar que... ¡Se puede!
De ahí podés llegar en vehículo hasta los +5.000 m. Armamos un (campamento) base. Tiempo de aclimatación tratando de comer lo nuestro, lo que habíamos llevado desde Argentina y lo que habíamos comprado en Nepal para completar. Hoy en día en Nepal conseguís todos los productos necesarios.

¿Todos los que fueron volvieron juntos? O alguno se tuvo que volver antes?
Solamente volvieron Jorge Garcés y Gabriel Ruiz, pero por sus trabajos.

¿No por problemas de salud..?
No. Los problemas de salud fueron leves. Pero cuando entramos al Tibet hubo una descompostura general; no sé si por los alimentos, el agua...
Marcos: Pero de todas formas nos sirvió como una aclimatación intermedia; porque una ventaja que tiene el Xixa Pangma (+8.045 m) es que llegás a los +5.000 m en vehículo, y una desventaja es ... que llegás a los +5.000 m en vehículo! O sea, que no hay ninguna aclimatación. Paramos en Nyalam, a +3.400 m y estuvimos justo con una tormenta de nieve, cuatro o cinco días ahí, lo que nos permitió una aclimatación más gradual. Katmandú está a 1.200 m de altura, y subir a +5.000 de un saque hubiese sido demasiado. Estoy completamente de acuerdo con Pablo en que quizás es novedoso pero, en materia de expediciones argentinas al Himalaya esta fue la primera, según lo que he escuchado, en la que el nivel de convivencia fue espectacular, y pienso que una de las claves principales del éxito fue eso. A pesar de haber sido un grupo muy ecléctico, lo pasamos bien hasta el final. Fue mucho trabajo ir armando distintos campamentos, pero el éxito fue también porque había un trabajo en equipo.
Nos comunicábamos por radio (unas radios que hoy no puedo creer que hayamos llevado eso. Tuvimos que agregarles pilas a cada una para que funcionaran) pero sabíamos qué faltaba y qué había en cada campamento. Habiendo tres campamentos la logística del equipo es fundamental para que los que están arriba estén abastecidos todo el tiempo, no se estén "quemando" allá arriba y puedan, en el momento en que haya buen tiempo, pegar un intento a la cumbre. Fueron tres intentos, y entre medio hay toda una logística que resolver que es bastante intensa.

Las funciones de cada uno, quién se queda en el campamento, quién ataca la cumbre, quién cocina, etc... ¿se establecen allá, o se preveen desde acá?
Fue bastante flexible. Como los niveles de aclimatación van variando, el día que alguien se siente mal más vale que se quede donde está; entonces la estrategia tiene que ir cambiándose todo el tiempo. Quien estaba arriba a veces tenía que bajar porque no estaba bien, y lo suplantaba otro. Así se fueron formando equipos de trabajo, pero espontáneamente, que permitieron, sin un esquema rígido que el que estuviera mejor pudiera dar lo mejor en su momento y el que estuviese mal pudiera bajar a recuperarse.

¿Imprevistos..? Tormentas..?
Tormentas sí, entre los tres intentos. Algunos pasamos doce días a 7.000 m de altura...

(Se suma Héctor Cuiñas a la charla)
Continúa Marcos:
No solo el hecho de que Pablo y Héctor hayan generado la posibilidad de ir al Himalaya fue importante, sino que una vez estando en la montaña el tipo de consejos que recibimos de alguien que había ido al Himalaya varias veces, fueron consejos muy pertinentes que nos permitieron ir tomando las decisiones correctas para llegar a la cumbre. Héctor tiene un estilo muy abierto y ameno que permitió que la convivencia fuera también muy abierta.
Se han conocido jefes de expediciones con actitudes completamente autoritarias y rígidas, que no han permitido que la comunicación fluyera. En este caso Héctor fue una honrosa y feliz diferencia.
Héctor: Conseguimos el suficiente apoyo para ir, pero no había más que lo justo. Por esta razón, porque elegimos tener un espíritu lo más simple posible, no usamos ni sherpas ni oxígeno, cosa que no siempre se aclara. Teníamos un tubo de oxígeno para caso de emergencia, pero que quedó en el campamento base, y volvimos con dos tubos de oxígeno de arriba; por dos razones: somos ecológicos entonces tratamos de dejar la montaña lo más limpia posible y, como no teníamos un mango en el bolsillo, teníamos idea de venderlos en Katmandú, por los que nos dieron $ 150 !

¿Uno se encuentra con mucha basura? Tubos, cuerdas o carpas abandonadas?
Marcos:
Entiendo que en el Everest se encuentra mucho más que lo que encontramos ahí. En el Xixa no había tanto, por suerte. No es tan popular.

¿Cómo siguió? Cómo decidieron el tercer intento?
En el tercer intento había presiones del jefe de enlace local que quería volverse a su casa. Entonces aprovechamos que teníamos una radio de calidad dudosa para hacernos los tontos, y contestarle: "¡No! Que qué...?" y así quedarnos unos días más.
Llegamos a la cumbre el 23 de mayo. Estábamos realmente sobre el límite de tiempo que teníamos.

¿Para qué lo ponen al jefe de enlace? Control? Espía?
(En tono irónico) Es una muy buena pregunta... (Marcos tuvo las mayores discusiones con el jefe de enlace)
Héctor: Controla las acciones de las expediciones, que no deterioren el medio ambiente... No se sabe exactamente bien cuál es su función. Es una tradición desde hace muchísimos años que viene de las expediciones de Nepal y se trasladó al Tibet también, pero en Tibet son chinos los oficiales de enlace. De esto te puede hablar Pablo que fue quien viajó a Pekín para organizar toda esa parte.

(A Héctor) ¿También estabas en aquél asado donde se les ocurrió la idea de ir?
Sí.


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