El día que 
limpiamos el Aconcagua

Por Jaime Suárez


En la Comisión de Ecología de la UPAME (Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo y Escalada) habíamos considerado en una reunión general la situación de la basura existente en las zonas de montaña, tomando al Aconcagua como símbolo. Durante casi 100 años y desde la primera ascensión hasta la última realizada se habían depositado en sus senderos, laderas y campamentos, varias toneladas de basura, la que alcanzaba preocupantes niveles de acumulación.
El Parque Provincial Aconcagua, cuya superficie ronda las 71.000 has se puede visitar, teniendo en cuenta las reglamentaciones que lo rigen, tanto para paseos como para trekkings y ascensiones.Pero fue en el año 1883, mucho antes que el parque existiera, cuando se hizo el primer intento de ascensión al Aconcagua, lográndose la primera 

Foto: Alejandro Larghi

coronación de cumbre, por parte de Matías Zurbriggen, recién en enero de 1897.

Posteriormente y desde el comienzo del nuevo siglo se suceden varias expediciones. Primeramente con lapsos de años entre una y otra. Luego año tras año. Y a medida que el tiempo pasaba la cantidad de expediciones y la cantidad de sus integrantes se fue incrementando en forma notoria.

Así desde esas iniciales ascensiones, llegamos hasta la temporada de Noviembre 1990 a Marzo de 1991 en la que ingresaron al parque Aconcagua 1.243 visitantes. Con ellas también ingresaban personas que querían subir y bajar con bicicletas, motos, alas delta, parapentes, con perros, niños y un sinfín de cosas más, imposibles de detallar. Lamentablemente y garantizado por la falta de controles, tanto los montañistas extranjeros –que no guardaban los hábitos de limpieza de los que hacen gala en su país de origen- como los locales, que tampoco nos caracterizábamos por dar ejemplo, el problema se agravaba constantemente. Aparte había que considerar el incremento año tras año de visitantes interesados en ascender esta cumbre y no tan sólo en el aspecto de la mayor cantidad de basura que se produciría, sino en el de las futuras actitudes de los montañistas hacia el ecosistema. Evaluando todo ello se resolvió realizar una expedición de limpieza en la temporada del año siguiente. Se planificó el proyecto y se cursaron invitaciones a todas las federaciones de montañismo del continente. Todos sabíamos el trabajo que ello representaba, ya que aparte de estar diseminada por kilómetros la basura no se podría enterrar ni quemar.

En enero de 1991, y luego de la asistencia a un congreso de ecología que se realizó en Penitentes, partió hacia la montaña un entusiasta grupo de 120 andinistas provenientes de diversos países de América, con un objetivo claro y definido: Limpiar el Aconcagua. Se recolectaron y embolsaron durante varios días nueve toneladas y media de basura a través de todo el parque y hasta el campamento Berlín, que posteriormente bajaron prestadores de servicios, arrieros y helicópteros hasta Horcones, para ser trasladadas después a un basurero público.

Foto: Jaime Suarez

Fue un el ejemplo de estos montañistas de diversas edades y procedencias, que fueron invitados para trabajar sin retribución alguna, limpiaron una montaña que ellos no habían ensuciado y que no estaba en la mayoría de los casos en su país. Demostraron que cuando aparecen objetivos dignos y valiosos hay siempre gente dispuesta a cumplirlos. El único afán que los impulsó fue la satisfacción de realizarlos sabiendo que dejaban un rédito para el planeta.

Con posterioridad a esta campaña se aplicaron políticas para el control de residuos, y actualmente a cada persona que ingresa se le informa el sistema de limpieza y las normas del parque, entregándosele una bolsa numerada para la evacuación de residuos, que deben entregar a su regreso.

Tres años más tarde, en la temporada finalizada en 1994, casi se había duplicado la cantidad de visitantes, la que llegó a 2.275 personas. Y en la de 1999/2000 se rondó las 4.000 personas y se bajaron más de 2.000 bolsas de basura.


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