Esqui de Montaña

Nos encontrábamos en el Parque Nacional “Yerba Loca” en Chile. Ese día había sido agotador, habíamos caminado durante horas y veníamos mal dormidos por un largo viaje previo.
Antes de quedarnos sin luz armamos la carpa y cuando nos quisimos acordar ya estábamos durmiendo. No recuerdo qué hora era, pero estaba muy incómodo, parecía que la carpa se hubiera achicado… Por ratos duermo, por otros permanezco despierto. ¡Qué mala noche! Viento, nieve... ¿Cuando llegará el nuevo día?
Y al fin empieza a clarear. Ya hay suficiente luz como para salir a ver qué tal pinta el día. La presión está baja igual que ayer, mal síntoma.
Quiero salir de la carpa y no puedo; parece que nevó más de lo que yo creía. La puerta de la carpa está casi sellada por nieve y debo patear con las botas dobles puestas para poder sacar la pared que se ha formado. Cuando logro salir veo que ha nevado varios centímetros, quizás 30. Al pisar fuera de la carpa, me hundo hasta el muslo. Les aviso a mis compañeros de cómo está el día y lo que ha nevado. Entonces comprendemos por qué parecía que la carpa se hubiera achicado: se había comprimido por la misma nieve que casi la cubre por completo.
Evaluamos la situación, consideramos la presión y decidimos que no da para más: bajaremos.
Inmediatamente pienso “¡Menos mal que tenemos esquíes..!”
Esta anécdota es real, nos sucedió hace apenas unos días. Quizás sea intrascendente o no. Sencillamente quiero resaltar la importancia de tener la capacidad de poder desplazarse en terreno nevado, al contrario del peligro que encierra no poder hacerlo.
El esquí es sin duda un deporte muy divertido, que automáticamente se asocia con cierto estándar de vida. Por lo menos esa es la percepción más común en nuestro país, aunque también es cierto que es la percepción más limitada. El esquí es mucho más, pero principalmente es el medio más eficiente para moverse en montaña nevada. Por ende quien tenga la capacidad de desplazarse en estas condiciones no deberá sufrir una agotadora y torturante jornada hundiéndose a cada paso hasta la cintura.

Diferentes disciplinas
Determinada la importancia que tiene el esquí en la montaña, como medio para alcanzar un objetivo o para huir, aclaremos un par de conceptos.
El esquí de travesía o de montaña nada tiene que ver con el esquí de fondo o nórdico, que tiene dos variantes: la técnica clásica y el patinado o skating. Para la técnica clásica se utiliza un esquí sin cantos, mucho más angosto que el esquí común de alpino, y escamado en una porción de la parte central de la base, de manera que al apoyar el peso sobre la tabla el escamado permita traccionar y avanzar. Ambos esquíes siempre están paralelos dentro de dos huellas previamente trazadas sobre un circuito.
El skating se caracteriza porque los esquíes tampoco tienen cantos ni escamado. Se esquía en un circuito que puede tener bajadas, subidas y tramos llanos. Tiene pasos específicos para esquiar en subida, en bajada, para doblar y para los tramos sin pendiente.
Aparte de estas modalidades, tenemos el esquí alpino o de descenso, también el telemark, técnica poco difundida en Argentina y el que más nos interesa: el esquí de travesía o de montaña.

Tablas: Existen esquíes de travesía propiamente dicho, pero con el fin de armarnos nuestro equipo a bajo costo, podremos optar por un esquí alpino clásico. Es importante el largo de la tabla. Hay quienes dicen que prefieren un esquí de 1,30 m por su comodidad para llevarlo en los portaesquíes de la mochila y su reducido peso. Esto es cierto, pero el problema aparece cuando la nieve es muy honda: debido a la poca superficie de las tablas terminaremos hundiéndonos mucho, lo que nos ocasionará un excesivo desgaste.
A mi juicio lo ideal es una tabla aproximadamente de nuestra altura o un poco más corta. Si medimos 1,70 m, funcionará una tabla de 1,60 a 1,70. El otro componente fundamental es la fijación.
Fijaciones: Aquí no ahorraría recursos. La clásica Silvretta 404 por ejemplo, es estupenda, de metal, robusta y sencilla. Este modelo tiene sus años. Hoy se están comercializando algunas fijaciones más livianas y enfocadas a la competición. Hay que tener cuidado con estos modelos porque varias están diseñadas para una bota específica, impidiendo el calce de cualquier bota de otra marca. Este punto es importante y está íntimamente relacionado con la bota de esquí que vayamos a usar. 
Botas: En cuanto botas tenemos dos opciones, usar una bota de esquí de travesía o usar la bota doble propósito que se usará para escalar en hielo, como puede ser una Koflach o la Asolo. Aquí nuevamente debemos elegir y priorizar la actividad que vayamos a desarrollar. Si haremos una travesía con esquíes, funcionará mejor una bota de travesía, la cual nos otorgará mayor seguridad debido a su mayor rigidez, aunque también significará más peso. Si nuestro objetivo es escalar y el esquí será el medio para llegar al objetivo, entonces, sin duda optaría por la bota doble que luego usaré para escalar. Finalmente están las pieles de foca.
Pieles de foca: Fundamentales para subir una pendiente pero también importantes a la hora de bajar, ya que frenarán el deslizamiento de los esquíes. Cada uno será consciente de su nivel técnico y de las condiciones de la pendiente y de la nieve, pero como sea, el hecho de bajar con una bota mucho más flexible que la bota de esquí común y con el peso de la mochila, cambia diametralmente la dificultad, por lo que es recomendable bajar en forma controlada y tranquila. Ni qué hablar de lo que cuesta pararse luego de una caída.
Además: Hasta aquí los componentes principales del equipo. No nos vendrá mal, llevar una pinza del tipo Leatherman o una Victorinox para ajustar alguna fijación o para arreglarla y tampoco debemos descartar una buena pala. Ella será de gran ayuda para cualquier actividad en terreno nevado, inclusive para salvarnos la vida en determinada situación.
Debemos tener en cuenta también que la nieve iguala las características del terreno. Es decir, el manto blanco tiende a borrar las diferencias y características propias de un lugar. Si a eso sumamos que no será fuera de lo común soportar una tormenta de nieve o fuertes vientos, entonces el factor orientación se vuelve realmente importante. Cualquiera que planifique una travesía con esquíes debe conocer más que unas nociones de orientación, de lectura de cartografía y de uso del GPS. Deberá ser capaz de interpretar el grado de una pendiente a través de una carta topográfica a fin de no encontrarse con la decepcionante sorpresa de una pendiente inaccesible con esquíes. Esto nos ahorrará tiempo y más de un susto.
Todo lo mencionado es un esbozo de lo que necesitamos, en general, para realizar una travesía. Obviamente, nuestro equipo estará sujeto a la ruta que hayamos elegido. Por lo que probablemente debamos llevar grampones, estacas de nieve, algún tornillo, piqueta, etc, etc
Avalanchas: Dejando de lado el equipo, pero tan necesario e importante como éste o más, es el tema “Avalanchas”
Yo era de los que pensaba que las avalanchas se daban en dos lugares: en Discovery Channel y en alguna montaña remota ubicada en el corazón de la Cordillera. Pensaba así, hasta que una avalancha se encargó de enseñarme que estaba muy equivocado. Gracias a Dios, este conocimiento que gentilmente me brindó la montaña, fue prácticamente gratis, sin costos ni secuelas.
Pero bueno, este será el tema de alguna otra nota. Solo pretendo decir que todos podemos ser víctimas de una avalancha. Sin duda es el gran tema que debemos conocer todos aquellos que pretendamos salir con esquíes


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