Mirando atrás,
hacia el futuro

ES NORMAL que cada generación sienta que su importancia histórica resulta mayor que la de las generaciones precedentes. Particularmente porque según transcurre el tiempo, cambian los parámetros de valoración, y con ellos cambia la percepción de la realidad.


Rolando Garibotti, reflexiona sobre la importancia del estilo en las montañas de Patagonia.

La sociedad actual, más preocupada por la adquisición de bienes materiales y de logros cuantificables, tiende a ignorar todo aquello que no pueda ser medido. De este modo muchas de las sutilezas y riquezas del pasado quedan olvidadas bajo la sombra de un supuesto progreso "cuantificable". Desde mi punto de vista, un buen síntoma de todo ello es la historia del alpinismo en general, y en particular la del macizo de los cerros Fitz Roy y Torre.

Fonrouge y Bonatti

En 1965 dos jóvenes escaladores argentinos, Carlos Comesaña y José Luis Fonrouge, llegaron hasta el pie de una de las paredes más largas del cerro Fitz Roy, y en dos días y medio concretaron, en el más puro estilo alpino, la segunda ascensión de esta montaña, por una vía nueva comúnmente conocida como la Supercanaleta. Y sintieron que "esta montaña ideal produce una suerte de encanto sobre el escalador y merece sin duda sus mejores esfuerzos" (AAJ 1966, pág. 75). Treinta y seis años más tarde, esta vía, abierta por estos escaladores argentinos, sigue siendo la única de la montaña cuya primera ascensión ha sido realizada en estilo alpino.
Cuesta entender como un mensaje tan fuerte pudo haber sido ignorado. ¿Hacia dónde ha evolucionado el alpinismo? Sin duda se han hecho avances enormes desde un punto de vista técnico, pero éstos parecen ir de la mano con un deseo cada vez mayor de éxito. Todo ello se traduce en el uso de incontables medios para concretar los proyectos. Metros de cuerdas fijas, taladros y enormes cantidades de material parecen haber opacado la belleza y el sentido de equidad que implica aceptar y seguir el hilo conductor de la naturaleza.

Aguja de la Medialuna  Foto: M. Fayer

La ascensión de la Supercanaleta no fue la única vez en la que Fonrouge abrió camino con fantasía visionaria. Pocos años después, en 1968, de nuevo puso el listón alto para quienes vinieran detrás. Su ascenso, junto con Alfredo Rosasco, de la pared suroeste de la Aguja Poincenot es un buen ejemplo de juego limpio. Con un saco de dormir, sin hornillo y muy poca comida Fonrouge y Rosasco abrieron, en cuatro días, una vía que hasta hoy sólo ha sido escalada otra vez. El italiano Ermanno Salvaterra fue quien la repitió y los honró escribiendo: "Me impresionó mucho la ruta. Fonrouge fue un verdadero precursor. El estilo con que concebía sus ascensiones lamentablemente no es muy común hoy. Tenemos que admitir que, en comparación, no hemos progresado mucho". (Alp nº 111, pág. 18).

Diez años antes, en 1958, los italianos Walter Bonatti y Carlo Mauri ya habían dado otro buen ejemplo de lo que era posible hacer. Después de un intento fallido a la cara oeste del Cerro Torre realizaron, en un solo día, una impresionante travesía cruzando el macizo del Cerro Adela escalando seis montañas, tres de las cuales eran vírgenes hasta entonces. El único equipo de que disponían era una cuerda corta y un par de crampones y un piolet para cada uno. Bonatti escribió: "Como el equipo que tenían los viejos montañeros", y continuó: "No es sólo con medios artificiales que el hombre puede sobrellevar las grandes dificultades que presentan estos filos de hielo. Necesita otra cosa, más grande y dentro de sí mismo, que vale mucho más." (On the Heights, pág. 166).Pocos han sido los escaladores que intentaron emular estos ejemplos de juego limpio, y la comunidad de escaladores aún parece incapaz de entender su importancia. Es común, para la mayoría de los alpinistas actuales, en su búsqueda de logros mayores y de líneas vírgenes, utilizar enormes cantidades de equipo y tiempo en sus ascensiones,a lo cual Messner alude sarcásticamente: "No hay apuro, ya que la montaña no puede escapar y tampoco defenderse" ("Murder of the Imposible", Mountain 15/1971).

Cerro Mocho via Salvatierra Foto M. Fayer

Estilo y objetivo
En Patagonia, cuando se trata de objetivos mayores, tales como el Cerro Torre, la Torre Egger, el Fitz Roy o las paredes oeste y noroeste del Cerro Pier Giorgio, se han utilizado cuerdas fijas para realizar casi todas las primeras, salvo en raras excepciones. Estas excepciones incluyen la travesía de la Aguja Standhardt a la Punta Herron vía el Spigolo dei Bimbi por los italianos Cavallaro, Salvaterra y Vidi en 1991; la conclusión de dos vías parcialmente terminadas en el Cerro Fitz Roy: Chimichurri y tortas fritas, por Lindblade y Whimp en 1993, y Tehuelche por Byerly y un compañero en 1996. Se podría mencionar la primera ascensión de la llamada Vía del compresor al Cerro Torre por Brewer y Bridwell, aunque esto no hubiese sido posible sin el previo asedio y colocación de innumerables espits por parte de Maestri.

Igual de relevantes son la ascensión, casi en estilo alpino, del Pilar noroeste del Cerro Fitz Roy por parte de los franceses Abert, Afanasieffs y Fabre en 1979; el intento en estilo cápsula a la pared noroeste del Cerro Torre por los italianos Giarolli, Orlandi y Ravizza en 1994; la ascensión en ese mismo estilo de La Gioconda hasta la cumbre de un pilar secundario de la Punta Herron por los italianos Giovanazzi y Salvaterra en 1998; y los intentos, llenos de coraje, de los austriacos Bonapace y Ponholzer a la norte del Cerro Torre durante la década de los 90. En agujas de menor magnitud, el estilo alpino es un poco más popular, pero todavía está lejos de ser el más utilizado. La lista de primeras ascensiones en estilo alpino, si se excluyen torres de menor magnitud tales como El Mocho, De L’ S y la Guillaumet, es de algo más de doce. Entre ellas se encuentran la vía Carrington/Rouse en la cara Oeste de la Aguja Poincenot realizada en 1977; la vía Otra vez en la cara oeste de la Standhardt realizada en 1989 por Giarolli, Orlandi y Salvaterra; la ascensión por Bresba y Luthi de la cara Norte de la Aguja Bífida en 1989; el intento de Chaverri y Plaza en la cara este del Cerro Standhardt en 1993; la vía Old smugglers en la Aguja Poincenot por Crouch y Donini en 1996, y la vía de los norteamericanos Martin y O’Neill’s en la pared norte de la Standhardt en 2000.

Saint Exupery  Foto: M. Fayer

En la repetición de vías más clásicas de moderada dificultad, se observa un uso más habitual de las tácticas del estilo alpino. Vías tales como la Francoargentina y la Supercanaleta al Fitz Roy, el Pilar Sureste y la cara oeste del Cerro Torre, la vía Whillans en la Aguja Poincenot y la Aguja Guillaumet son escaladas normalmente en buen estilo.
Es necesario señalar también otro hecho importante, que consiste en que algunos escaladores consideran la vía terminada al llegar al final de las dificultades técnicas en roca, obviando la parte superior de las rutas, que en muchos casos presenta formaciones muy particulares de hielo y nieve. Al obviar estas secciones, frecuentemente muy difíciles no sólo desde el punto de vista técnico, el escalador además de perder la hermosa vista desde la cumbre, pierde el significado que la cumbre tiene en sí misma como punto de culminación lógica y definitiva de cualquier ascensión.

Cuerdas fijas y espits
No sólo se han utilizado cuerdas fijas para "conquistar", en el mejor sentido de la palabra, vías nuevas. A mediados de los 90, el viejo truco de Maestri –el compresor– volvió a la escena, esta vez en forma de un taladro, más liviano y mucho mas eficiente. Vías como Pilar rojo en la cara este de la Mermoz, Condorito en el flanco sur de la Saint Exupery y Royal flush en la pared este del Fitz Roy, fueron todas "hechas" utilizando mucha cuerda fija y con un uso intensivo de espits.
Más de 100 espits han sido colocados en dos de estas rutas, la mayor parte de ellos en lugares donde hay protección natural disponible. En palabras de Kurt Albert, responsable de la primera ascensión de estas rutas, el objetivo era "abrir vías decentes con relevos confortables y con protección que hace la escalada, en buenas condiciones, placentera". Él mismo continúa explicando: "Muchas de las mejores líneas del mundo no son repetidas ya que no tienen protección, o la que tienen es mala" (AAJ 1996, pág. 236). Con confort y placer como objetivos, hay que preguntarse: ¿dónde pararemos?, ¿cómo trazaremos la línea para no concluir en que cada montaña tenga una cabina teleférica hasta la cumbre? ¿Por qué vendría alguien a la Patagonia a buscar "confort" cuando el clima, las condiciones y la severidad del área prevén claramente otro tipo de experiencia? Los caminos del progreso ya han aplanado mucho terreno dejándonos con poco territorio salvaje, con poco espacio de aventura, proveyéndonos en cambio con las amenidades asépticas y bien planeadas del mundo moderno. Michel Piola, responsable de varias rutas nuevas en la Patagonia se preguntó: "¿Queremos transformar el mundo en un gran Luna Park, en el cual el ser humano es sólo un peón sin personalidad ni iniciativa?" (Vertical 32, pág. 37).

Montañas sin defensa
En alpinismo, el terreno virgen es un ingrediente muy importante, ya que incluso el simple paso de un ser humano deja una huella eterna, que borra en gran parte el enigma, la magia y la complejidad que presenta la naturaleza intocada. Las montañas son un recurso muy limitado, y por lo tanto creo que es nuestra responsabilidad hacer un uso consciente y mesurado de ellas como terreno de aventura, para asegurarnos poder conservarlas como tal. Considero que no tenemos derecho a utilizar todos los medios y equipo a nuestra disposición, como cuerdas fijas, sacos de izaje (petates) por docenas y taladros, ya que al hacerlo no sólo destruimos lo imposible sino que también robamos el terreno de aventura a las generaciones futuras. Esta premisa la trajo a la luz Messner en 1971, criticando la ascensión de las "direttissimas" que utilizaban incontables espits para seguir las líneas más directas. Hoy, esto es aplicable a ciertos aspectos de las ascensiones en estilo big wall, como también al uso descarado de las cuerdas fijas.

Cerro Torre

Ya que las montañas no pueden defenderse a sí mismas, creo que debemos adoptar un tipo de alpinismo honesto, que ponga el valor del estilo sobre el del objetivo. Si aquello que se busca es una rica experiencia humana, algo más grande dentro de nosotros mismos, tal como lo describe Bonatti, lo encontraremos con mayor facilidad en la simplicidad, que utilizando todo el material y la tecnología a nuestro alcance. Sin embargo, si la ambición o la profesión crean el deseo de conquistar una montaña o pared a cualquier costo, usando todos los medios disponibles, creo que pierde sentido mirar hacia las montañas.
Hay muchos y muy sutiles compromisos. Uno podría decir que el uso de los friends o incluso de las zapatillas de escalada altera nuestra habilidad de relacionarnos con la naturaleza en sus propios términos. Sin embargo, sin llegar a esos extremos, es evidente que la manera histórica de escalar es una cordada, que carga con su propio equipo sobre sus espaldas, independiente de ayuda exterior, que comienza a escalar al pie de una montaña o pared y que termina en la conclusión natural que en la mayoría de los casos es la cumbre. ¿No es esta idea, de aceptar y seguir el hilo conductor de la naturaleza, el mensaje que Bonatti, Mauri, Fonrouge, Comesaña y muchos otros están intentando transmitirnos?
La aventura está al alcance de cada uno de nosotros; su riqueza depende solamente de nuestra actitud. Las montañas son un espacio de libertad, creatividad y expresión, un vehículo a través del cual podemos alcanzar un ámbito más infinito, aquel que tenemos dentro de nosotros mismos. Sin embargo no debemos olvidarnos que la atracción y el poder, presente y futuro, de todo camino depende solamente de la manera en que lo transitamos.


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