Las cumbres más altas En mayo de 1953, hace justo 50 años, fue la primer conquista comprobada de la cumbre del Everest. Desde entonces muchos otros la han alcanzado, pero sólo dos argentinos se posaron en ella. Y uno sólo lo hizo sin oxígeno, por la cara norte y sin porteadores...
Reportaje a Heber Orona, realizado en octubre de 2001 por Santiago Storni. Colaboró Alicia Pacheco. Fotos: Heber Orona

Comienzos

¿ Cómo empezaste?
A mí me criaron mis abuelos en un pueblo de montaña, en Polvaredas, a 150 km de la ciudad de Mendoza, desde los tres hasta los diez años. Me gustaba la montaña y la tranquilidad. Comencé el secundario y conocí a un compañero que tenía las misma ideas que yo, y empezamos a salir a distintas montañas y nos empezamos a informar. Así conocimos algunos miembros de clubes y empecé a interiorizarme más. Hice todos los cursos que había por entonces: de socorro, de rescate... Soy Instructor Nacional de Montañismo, Guía de Alta Montaña titulado, todo lo que corresponde. Y también empecé con el tema de Aconcagua todos los veranos.

Guiabas en Aconcagua...
Sí, para empresas de afuera y nacionales. Y recién ahora estoy tratando de montar algo propio, que sean grupos míos. Desde el ‘92 creé Heber Orona Expediciones donde combinaba lo propio con lo de otras compañías, pero a partir de este año trabajo con las expediciones propias creando así Heber Orona Expediciones & Aconcagua Expediciones.

Aconcagua

¿Cuándo subiste por primera vez a la cumbre del Aconcagua?
El 24 de Enero de 1991.

¿Cuántas veces llegaste?

Hasta ahora cuento solamente con 21 cumbres. He ido muchas más, pero no siempre llegás con la gente, a veces por el estado físico de ellos, o por el clima.

No fueron todas por la misma ruta...
No, de esas 21 la mayoría son de guiar, pero también hay una pequeña parte deportiva. Ascensiones relámpago en el día: del campamento base a la cumbre y volver rápido. Tres veces así, relámpago. Lo más rápido fueron siete horas. Pero las tres veces no fue porque me propusiera bajar tiempos, sino por cuestión de trabajos. Esos tiempos se pueden bajar estando uno especialmente entrenado. Como los italianos que vinieron e hicieron un tiempo excepcional: 3 h 40´ 10’’ de subida, 1 h 12´14" de bajada. En total: 4 h 52´14", (Favio Meraldi, Jean Pellisier, Bruno Brunod).
También tengo hecho el Falso Polacos, el Glaciar de Los Polacos y Pared Sur (tercera mendocina, y la primera mendocina en hacer la ruta Messner completa hasta la cumbre).

¿Con quién fuiste?
Fui con un chico que falleció el mismo año. Se llamaba Roberto Villa, más conocido como Leroy.

¿Cómo falleció?
Intentando otra pared sur, del cerro Plata. Nunca se supo realmente qué fue lo que les pasó; si cayeron a una grieta, o una avalancha... Nunca se supo nada de ellos.

Cumbre del Aconcagua

¿Alguna vez te sentiste cerca de la muerte en la montaña?
Sí, he estado en algunas situaciones criticas, principalmente en la Pared Sur. Estás todos los días peleando contra lo natural, lo que vos no podés manejar. Uno puede minimizar riesgos, pero a veces hay que arriesgar un poquito para concretar algunos objetivos, si no nunca lograrías una Pared Sur. Caen avalanchas permanentemente, de día y de noche.

¿Cuántas noches pasaste en la pared?
Estuvimos seis noches, porque se nos complicó bastante el tema. Nos habían asesorado mal y llevamos equipo que no hacía falta. Así estuvimos en una forma muy pesada cuando podía hacerse muy ligera y muy rápida. Eso nos obligó hasta a abandonar parte de equipamiento para, ya en los últimos días, salir de la pared, en el final de la Pala Messner. Es una de las partes más complicadas, especialmente en el mixto Messner para llegar a la Pala. Yo creo que es la llave de la pared; si pasás eso has hecho la Pared Sur.

¿Eso fue antes del proyecto Siete Cumbres, no?
Sí, el 26 de Febrero de 1996.

Makalu

¿Primero fue el Everest?
Primero que nada, creo que en la mente de la mayoría de los montañistas está el poder ir, aunque sea una vez, a los Himalayas. Yo quería estar en cualquier montaña que sobrepasara los ocho mil. Entonces cuando en el ’98 vino la primera posibilidad de Makalu, no lo dudé. Allí no había estado ningún argentino, ni siquiera intentándolo. Vendí mi auto, vendí hasta lo que no tenía para ir. Y llegué hasta los 8.400 m. Fui con un compañero mejicano, que estaba mal. Me quedaban sesenta metros para llegar a la cumbre, que los podía hacer en cuarenta minutos, pero nunca me iba a perdonar si le pasaba algo o si él hubiese querido bajar estando mal. Entonces me dije: "Ya está. Lo que vale acá es la experiencia".

Pegaste la vuelta porque estaba tu amigo mal...
Pero después me jugó en contra, porque por la ambición... Todo lo que yo hice, dijo que él lo hizo, y que había hecho cumbre en el Makalu. Yo cuando vine dije que nunca hice cumbre, sino que llegué a la cumbre secundaria, lo cual no la tomo por cumbre. Para mí la cumbre termina en la propia cumbre, en el punto más elevado.

¿Ha habido casos de montañistas, que se sintieron presionados por un contrato?
Hay gente que está presionada, más que nada por el tema del dinero.

¿Si no hacen cumbre cobran menos o no cobran?
Si no hacen cumbre no cobran nada, o no lo auspician en las próximas. Por eso pasa. Yo creo que mi compañero mejicano en esa oportunidad fue algo así.

¿A quien admirás?
Me gustan algunos estilos como el de Loretan, un suizo.

¿Cómo es su estilo?
Es rápido, altura, y las rutas convencionales las ha hecho de otra forma. Ochomiles en invernales, por vías distintas, y es el tercero o cuarto que hizo los catorce ochomil. Pero yo no tengo a nadie como ídolo. Sí tengo aprecio, por muchas personas. Un caso es Lito Sánchez (Primer argentino en coronar un ochomil: Cho Oyu en 1993). Con él estamos trabajando juntos ahora. Pero más allá de lo montañístico, es lo humano; él tiene carisma y humildad. Trabajaría siempre con gente como él, más allá de sus logros.

Everest

Cuando fui al Everest tuvimos problemas porque faltó comida, y hubo discordia. Se disolvió el grupo y con el ecuatoriano dijimos: "Nosotros somos nuestro propio grupo. Somos los únicos que lo queremos hacer sin oxígeno y que no tenemos porteadores. ¡A trabajar juntos!". Nos animábamos uno al otro.

¿ El Everest vino a continuación del Makalu?
Sí. Makalú me permitió conocerme a mí mismo, aprender mucho; y conocí a estos rusos que fueron los que después me invitaron. Porque Everest suelen ser expediciones comerciales, pero en este caso formaron una netamente de escaladores de distintos países. Eso hizo que los costos fueran muy bajos, y además no era la vía normal sino la Norte. Todo esto me permitió participar.

¿Ellos ya estaban planeando después del Makalu ir al Everest?
Fue al año siguiente, pero yo nunca imaginé que lo estaban planeando. De repente me llegó la invitación. Desde arriba del Makalu contemplé el Everest, pero ni me imaginaba que meses después iba a estar en él. Bueno cosas de la vida; y se dio. En Everest los campamentos son, el base a 5.200 m, luego viene un Base Avanzado a 6.400 m y los campamentos de altura: a 7.100 m el C1, el C2 a 7.800 m y el último C3 a 8.300 m.

Cara norte del Everest

Una vez aclimatados e instalados los campamentos decidimos con mi compañero Iván Vallejo, obviar el C1. Así que en el ascenso final hicimos Campamento Base Avanzado hasta el C2 a 7.800 m. En una sola jornada superamos 1.400 m de desnivel en siete horas. Al día siguiente fuimos al C3 a 8.300 m. Mucha gente nos recomendó vigilarnos y turnarnos en la noche por las dificultades de la altura, más si no llevábamos oxígeno. Nos sentíamos tan bien que no hizo falta, así que pusimos el despertador para salir a la 1:00 AM. A pesar de que dormíamos prácticamente más alto que muchas de las montañas que superan los 8.000 metros (estábamos durmiendo 100 metros por encima de Monte Cho Oyu de 8.201 m, sexta montaña más alta del planeta). 

Por la vía normal se duerme entre los 7.900 y 8.000 msnm pero la jornada es más corta y sencilla, en cambio por nuestro lado la jornada es más larga debido a que debíamos transitar varias horas por una larga arista que va entre los 8.500 y los 8.850 m con dos dificultades, una a 8.500 m y la otra a 8.600 m. Dos escalones rocosos sobre la arista cimera. 
En el segundo, más difícil, permanece la escalera de aluminio que dejaron los chinos en 1960 en la primer conquista comprobable de esta ruta. 
Aún se baraja la posibilidad de que los primeros pudieron ser Irvine y Mallory en 924. Junto a la nuestra estuvo la expedición norteamericana liderada por Eric Simonson que lograron encontrar el cuerpo de Mallory y muchos objetos, pero aún no develan la verdadera respuesta.
Una vez superados esos dos escalones nos quedaba una larga arista con pequeñas dificultades hasta la cumbre. Llegué a las 10:50 hs. Permanecí dos horas en la cumbre. Pude hacer muchas fotos y una filmación.

En la cumbre del Everest

 El tiempo era excelente y estuve sin guantes; no lo podía creer. Sólo algunas nubes cubrían de a ratos la cumbre, pero se movían tan despacio que el clima allí era el más propicio para el replanteo de muchas cosas. Las sensaciones son innumerables.
Algunas se pueden explicar pero las más internas no. Se puede explicar la satisfacción, el orgullo, el esfuerzo recompensado, el sacrificio de llegar a ese punto...

¿Cuándo fue?
El 27 de mayo del ’99 hice cumbre. Primer argentino sin oxígeno, cara norte, y sin porteadores.

¿El ecuatoriano no llegó?
Sí. Y también uno de los rusos. Además de una mejicana y dos finlandeses que estaban con nosotros.

Siete Cumbres

¿Hasta que subiste al Everest no habías pensado en el proyecto Siete Cumbres?
No. Pero habiendo hecho Everest que era el más alto y uno de los más complicados, quise hacer un proyecto a largo plazo. Consideré que los catorce ochomiles no iba a dar resultado, porque es muy largo y es mucho dinero. Entonces ¿Por qué no Siete Cumbres, que es actual y más factible? Me contacté con gente de Buenos Aires, con un portal de aventura y empezamos a darle forma. Y así fue que encaramos ir a Mckinley, en América del Norte.
Porque primero fue Everest, en Asia, después fue Mckinley en América del Norte, después fue Elbrus en Europa, Carstensz en Oceanía y ahí fui a Aconcagua (América del Sur). Cuando no pude ir al Vinson fui a Aconcagua para no amargarme, y después fui al Kilimanjaro en África.

Mckinley

¿Y las montañas que más te gustaron?
Mckinley me gustó mucho. Fui en junio de 2000. Me pareció una montaña muy bonita. El lugar, la preparación y la organización me parecieron espectaculares. Deberíamos tomar el ejemplo de ellos: seguridad, residuos, y la prevención en la misma montaña. Mejor organización que la de ahí no la he visto en ninguna otra montaña.

¿Lo decís pensando en Aconcagua?
Aconcagua el problema mayor que tiene es la falta de información a la gente. En Mckinley tres meses antes te hacen contratar por internet o te llega una guía, en español en nuestro caso, y te explica todo. Entonces vos ves si lo que pensabas llevar está bien y qué te hace falta. Llegás allá, pagás el resto, te explican con power point todo el proceso de llegar a la montaña, las prevenciones y a la vez mientras, te van preguntando: qué calentador llevás, si es adecuado o no, si vas con Guía quién es, quién es el responsable, si llevás cuerda, etc. Te van investigando y a la vez te van asesorando. Si eso mismo se hiciera en Aconcagua se prevendrían muchas cosas, más que nada el tema de la basura.
Y cuando volví de Alaska con el éxito se crearon más expectativas para los próximos, y pasé un momento favorable para que me apoyaran.

¿Quién te acompañó al Mckinley?
En ese momento fue otro guía mendocino. Y con apoyo económico programé ir a Europa y Oceanía en el mismo viaje. Entonces me fui a España con un colega español con quien que escalamos muchas montañas.

Elbrus

Mckinley - Campamento Base

Nos fuimos a Rusia e hicimos el Elbrus. Es una montaña sencilla. Sólo unas pequeñas complicaciones porque habíamos ido en otoño. Es la cumbre más alta del continente europeo. Volví a España, recibí el dinero para continuar a Oceanía y con parte de ese dinero comprar el equipo que me habían robado en Rusia, necesario para hacer las comunicaciones vía Internet.

¿Cuándo te robaron en Rusia?
Antes de subir. Y como tenia la notebook y el teléfono...

¿Te arreglaste así?
Lo que tuve que hacer fue bajar al último pueblo, recargar todo y después volver a subir lo más rápido posible para que aguanten las baterías. El día que hice cumbre volví al refugio, y justo para ese día estaba planeado un chat. Pero fue de casualidad, ya estaba fija esa fecha y cuando volví no sólo transmití toda la información sino que además hice el chat, hasta que se acabó la batería. Y salió bien porque entró mucha gente, pude hacerlo ese mismo día que había hecho cumbre.

Cumbre del Elbrus

¿Cómo te sentís vos cuando estas con la mente en lograr la cumbre, y a la vez teniendo que conectarte a Internet?
Eso pasa siempre. Y todos los días tenía que transmitir. O sea, estar cada día sabiendo que aunque haya hecho cumbre, o un gran esfuerzo, o haya habido mal tiempo, tenés que transmitir. Y entonces a veces es un compromiso grande, más que nada con la gente, que siempre espera ese informe a ver qué es lo que hiciste ese día. Sí, te mantiene la mente un poco inquieta. En cada uno de los viajes siempre hubo algún contratiempo con algo. O la máquina de fotos, o la computadora, o las conexiones, o la batería; siempre algo.

Y el peso...
Y obviamente el peso. Imaginate que no solamente estás llevando, todo tu equipo de montaña personal para una expedición a otro país, sino que además hay de 20 a 30 kg solamente de equipo electrónico. Tenés que cargar una notebook, las cámaras, la digital y la de video. Todos los cargadores de esas máquinas, las baterías de acumulación, los paneles solares para las baterías. Y la mayoría de las cosas las llevo en la espalda porque no se deben romper. Y después el compromiso de que funcione todo y se cumpla la transmisión.
Una vez se me congeló la mother board de la computadora. En otro viaje, la tarjeta de la máquina de fotos también se inutilizó por el frío. Cuando llegué a la cumbre del Mackinley se me congelaron todas las cámaras excepto una, con la que tomamos la foto. A 30º bajo cero todas esas cosas se complican.

Carstenzs

Entonces después fue el Carstensz en Oceanía...
Y a partir de ahí quedaba ir a la Antártida. En el Carstensz estuve en noviembre de 2000. Estuve en la ex Papúa Nueva Guinea, que es Irian Jaya. Allí los papúanos aún están reclamando tierras usurpadas por los indonesios y siempre hay problemas de guerrillas tribales. Cuando nosotros fuimos los papúanos habían matado a lanzazos a unos indonesios. 

Eso había sido filmado por un norteamericano que después quiso vender las imágenes y se armó un revuelo bastante grande. Y para trasladarnos dentro del país teníamos que pedir permiso, lo que complicaba todo.Normalmente para subir el Carstensz, se entra por una mina de Oro Norteamericana muy grande llamada Free Port Mine. Desde allí contratás un 4 x 4 y en un día llegás hasta un lugar que hay una laguna; luego caminás dos horas y estás en el campamento base. Pero al haber restringido todo, no nos dejaron entrar de ninguna forma. Tuvimos que salir de esa isla para volver a entrar pero por otro lugar. De ahí caminamos seis días por la selva para llegar al mismo campamento base que por el otro lado llegabas en pocas horas. Bueno toda una aventura. 

Carstensz

Además, tenés que caerle muy bien al jefe de la tribu para que te deje pasar, contratar la mayor cantidad de porteadores; era el precio que teníamos que pagar. Sumale a eso la lluvia, los pantanos, en un mismo día cruzar once veces el mismo río, y los bichos más extraños, que no sabés cuándo se te van a meter a la bolsa. Por eso cuando entramos al sector de montaña me sentí más aliviado.
La ascensión se hace en un solo día. Es muy sencilla. Se escala en roca en IVº y Vº grado. Después hay partes con extraplomo, con cuerdas fijas. Así que se jumarea hasta una arista bastante peligrosa, y después se accede a la cumbre. En el mismo lugar hay varios sectores para rapeles. Casi siempre te acompaña la lluvia. El mismo día pudimos bajar hasta donde estaba la mina. Para entrar tuvimos que coimear a unos tipo y nos dejaron pasar.

Fuiste el primer argentino allí.
Hasta ahora soy el primero y único. Mi compañero argentino Walter Nessi se quedó a 50 m de la cumbre, en un paso muy complicado. Yo estaba en la cumbre y nos veíamos, y nos gritábamos y todo. Me apenó mucho que no llegara, aunque también estaba contento por haber cumplido el objetivo.

¿El siguiente paso?
Volví a Argentina en diciembre de 2000 con la idea de ir a la Antártida, pero no se pudo reunir el dinero y entonces, todo quedo ahí. No pasó nada.

Fuiste al Aconcagua...
Me fui al Aconcagua, como para completar ese paso. Por más que he hecho cumbre varias veces, la idea era poder transmitir online a la gente la sensación de estar en la cumbre más alta del continente americano. Y a partir de eso, después preparé África.

Kilimanjaro

Estuve en mayo y junio de 2001. Es una montaña muy sencilla. Igual le busqué una vía distinta, para hacer algo más alternativo, una de las vías más bonitas que tiene. La hace mucha gente que no quiere ir por la vía normal. Y de esa misma vía le hice otra vía con uno de los Guías de ahí. Es una exigencia del mismo parque contratar un Guía y alguna empresa para que te haga toda la logística.

¿Hicieron una variante nueva?
No es nueva. Es una variante que no va casi nadie, porque va por todo un corredor rocoso con mixto, muy bonito; no es muy técnico. Un poco expuesto en algunos lugares, pero van todos por la otra, que es un poco más difícil que la normal, pero como es muy comercial es muy sencilla también.
Para ir al Kilimanjaro aporté todo lo que yo tenía, y gracias al Sr. Vigil de la revista Tiempo de Aventura que me ayudó, pude concretarlo, para que me quede una: el Vinson en la Antártida. Y hay que ver si puedo conseguir los medios; todavía no he conseguido nada.

¿El proyecto inicial era el hacerlo en un plazo determinado?

Cumbre del Kilimanjaro

Sí. Cuando comencé, mi idea era hacerlo en un año. Cuando estuve en Alaska estuve con un inglés que había empezado prácticamente igual y tenía la misma idea que yo. Y bueno; él lo concretó en febrero (de 2001). Si yo hubiera ido al Vinson en diciembre del ‘2000, podría haber ido a África antes y haber terminado en un año; en once meses. Pero no se dio. Él sí lo terminó.

Reflexiones

Hablamos de que en Argentina hay proyectos que se pueden hacer si uno se lo propone, que no hay que esperar que las cosas mejoren para emprenderlos...
Sí, en realidad Argentina nunca estuvo bien. Lo que pasa es que ahora estamos pasando momentos más difíciles.

Son cosas que se logran, más por un esfuerzo personal que por un programa nacional.
Yo no he visto un solo programa nacional en estos temas. Todo ese tipo de cosas se han armado y han salido con éxito en los peores momentos y más a nivel personal. Y eso porque cada uno tiene convicción, y cuando uno quiere llegar a algo no va a parar hasta conseguirlo. Y si no, hará o dará lo máximo hasta que llegue a un punto en el que diga "Bueno, listo; hasta acá llegué, esto es lo más que pude".

¿Estos logros te están incluyendo en un cierto ambiente, en una cierta élite?
No, porque en otros lugares esto es profesional y lo nuestro es amateur. A ellos les pagan; tienen más posibilidades de hacer expediciones y cosas así, entonces siempre están progresando. Yo lo único que he hecho es subir estas montañas. Casi ni salgo a otras; no tengo continuidad.

A la vez estás de operador, guiando por ejemplo el Cerro Penitentes...
Es una cuestión de supervivencia. Yo también tengo una familia, tengo una madre y una hermana que son mi familia.

¿Tu curriculum afuera...
Es poco. Si bien es reconocido pero a la vez es poco comparado con el profesionalismo que hay afuera. Volvemos a lo de antes. El mismo español que está haciendo Siete Cumbres, vive haciendo otras cosas durante el mismo año: se va a Patagonia, se va para acá, para allá, permanentemente. Ahí esta la diferencia. Yo tengo que hacer salidas al cerro Penitentes, o al cerro Alumbre y otros para poder sobrevivir y mantenerme en lo personal mas allá del proyecto.

Vos apareciste cortándote solo, y cuando uno se quería dar cuenta ya habías hecho seis de las siete cumbres.
Siempre que he encarado un proyecto he puesto todo. Algunos de estos proyectos los intenté hacer con otros escaladores y siempre era yo el que ponía más ganas y más energía. Entonces, si me cuesta conseguir dinero para mí, imaginate para dos o tres! Pero fijate que en la mayoría también me han acompañado otros. Nunca le niego a nadie que tenga la posibilidad de ir, pero vamos iguales, parejos. Yo tengo que confiar plenamente en el otro y el otro lo mismo conmigo.

Cuando fui por primera vez al Himalaya vendí mi auto, que me había costado un montón de trabajar en Aconcagua varias temporadas. Y aposté, hice el sacrificio. Otros deben hacer lo mismo si quieren estar en las mismas condiciones.

¿Qué reflexión querés hacer para otros montañistas?
Ser lo que uno quiere ser, y no lo que la sociedad quiere llevarnos a ser. Ser transparentes y humildes nos hará ser mejores montañistas y personas.


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