Solo
Fitz Roy - Torre - Fitz Roy

En los informes patagonia, si uno lee con atención Dean Potter figuraba en tres ocasiones distintas, y todas ellas en solitario y en tiempos asombrosamente rápidos.

Por Dean Potter
Traducción: Laura Moraña
Editor y Co-Traductor: Santiago Storni


Es que así fue: el 17 de enero firmó la primera ascensión en solo integral de la Supercanaleta en 06.29 h; luego el 23 de enero subió en tiempo record el Torre por la vía del compresor (3º asc. solo) en 11 h. desde la rimaya de la base a la cumbre, asegurándose únicamente en el largo de Bridwell (8 h desde el Col de la Paciencia) y, ya que estaba el 5 de febrero partiendo desde el camp. Los Polacos a las 04.20 h volvió al Fitz por el couloir Bianchi-Frassón (escalando por sus laterales para minimizar la exposición al amenazante sérac ) y a las 14.30 h alcanzó la cumbre completa y completo la 4º ascensión en solo de la Vía California probablemente 1º ascensión en libre y sin encordarse (el mencionado couloir o canal se abre paso entre las agujas Desmochadas y de la Silla en la vertiente oeste, y entre las agujas Kakito y Poincemot en su vertiente este que permite alcanzar la Silla y la base de la cara sur del Fitz Roy). Bajando por la Franco-Argentina  una caída de piedras le lesiono la pierna; con dificultad llego a las 22.00 h a Paso Superior y como no había nadie siguió y llego a las 5.00 h a Río Blanco.
Lo que sigue no es el informe técnico sino el relato escrito por él en primera persona de esas experiencias. Con expresa autorización de Dean Potter para "al borde".

La presión está en ascenso. Cielos despejados se mueven desde el sur y sobre mí aparecen estrellas muy brillantes. En menos de tres semanas en Patagonia he hecho en solo el Fitz Roy y el Torre. He superado ampliamente mis expectativas y, sin embargo, sigo en la búsqueda de algo más en estas montañas.

Mi primer y único objetivo era hacer en solo el Fitz Roy. Llegué a la base y esperé tres días hasta que las condiciones para el ascenso fueron las ideales. Descansé, mientras guardaba energía y ganaba confianza, obsesionándome irracionalmente con la luz ideal para el ascenso. Dejé casi todo mi equipo de escalar y ropa de abrigo y llevé nada más que un cuarto litro de agua y nada para bivaquear (1). 

Dos horas antes del amanecer estaba frente a la Súpercanaleta (VI 5.10 WI 4), y me sentí desnudo al observar su cara de 1.830 metros. Mi cuerpo se estremeció y mi subconsciente se entregó por completo. Totalmente sugestionado por el hecho de que cualquier error podía significar mi muerte, hundí mis herramientas de hielo con tal fuerza que apenas noté que mi propia sangre inundaba mis mitones dejando manchas en el hielo. 
La vista (ante mí) me elevó a un estado de supervivencia tranquila y decisiva y me desplacé como en un ensueño escalando en solo integral a través de capas delgadas de hielo y granito alpino armoniosamente distribuídos. 
Un poco antes de que se cumplieran las seis horas y media, a las 10.14 hs desperté de ese ensueño en la cumbre, llorando y riendo a la vez, y gritando sin parar "¡Fitz Roy!" una y otra vez.

Dean Potter en Yosemite

Cinco días después desperté otra vez. Moviéndome en posición fetal, exhausto y congelado, permanecí envuelto en una manta térmica de aluminio unas horas después del atardecer, en el Col de la Paciencia, a 300 metros de la cumbre más formidable de la Patagonia: el Cerro Torre. Acababa de hacer en solo la Ruta del Compresor (VI 5.11a A2, WI 4) coronada por su formación de hongo de hielo, en ocho horas y media ida y vuelta desde esta cueva natural de hielo, donde ahora espero. Me incorporo para meditar y pruebo la técnica yoga de respiración calórica. Me concentro para respirar en el bajo vientre haciendo resistencia en la parte trasera de mi garganta, imaginando que mi corazón bombea con fuerza para permitir que sangre caliente llegue a mis extremidades. Mi cuerpo se entibia un poco y mantengo la posición por unas horas, pero la fatiga y la presencia de cuatro escaladores rusos, debidamente equipados y roncando en equipo, me desconcentra.

El plan de los rusos era estar a medio camino hacia la cumbre, dejándome el equipo más pesado y que yo los esperara para descender el glaciar juntos, más seguros. Una repentina tormenta los detuvo y por prudencia decidieron esperar; entonces solo me quedaba la opción de bivaquear a la intemperie o descender el glaciar sin cuerda. Me asaltan pensamientos de pánico, pierdo el control de mi meditación y comienzo a hablar conmigo mismo: "Dean, no querrás arriesgarte a perder tus dedos. No podés atravesar el glaciar a solas, así es como mueren los escaladores solitarios. A las grietas no les importa si escalás bien o mal... Comida, calor, sueño... ME ESTOY CONGELANDO". Me río cínicamente recordando el contraste entre esta situación y el calor que sentía por la mañana cuando me cubría el sol, al empezar la escalada en roca desde aquí.Realizo toda la escalada sin cuerda, excepto en el largo de Bridwell; estoy conectado sólo por unos milímetros de goma adherente y tomas de media yema de dedo, mientras atravieso las fisuras en libre.

Agustín Inchausti

  La imagen perturbada de mi propio ser a merced del viento en esa tormenta anticipada, antes de los interminables clavos de expansión de Maestri, reaparece en mi mente. Mis piernas cramponean pateando a través de las torres de hielo y de altos escalones entre cada eslinga sobre cientos de clavos de expansión. Horas más tarde, con la tormenta encima nuestro, estoy mucho más congelado que antes y me desplomo. Apostando a mi suerte, junto mi equipo congelado y me alejo de los rusos. Rappelo a ciegas en una oscuridad entre nubes. Al final de los rappeles, me doy cuenta de que es el momento más frío del día y que los puentes de hielo están lo más congelados que podrían estar. Empiezo a caminar y a los pocos pasos mi pierna derecha queda atrapada en un agujero de aire y debo esforzarme para no caer dentro. Atento a todos mis sentidos, avanzo deliberadamente a través del glaciar empujado por el viento; llego a mi refugio debajo de una roca y me desmayo.

Diez días después estoy de vuelta en el Fitz Roy, esta vez con confianza en mí mismo, en el campamento base Polacos, justo debajo de una línea obvia de la cara sudoeste. Esta canaleta fue intentada por unos argentinos en 1970, quienes siguieron la Ruta Californiana, abierta en 1967, pero no hicieron cumbre. Muchas veces se ha intentado llegar por esta ruta que recibe el nombre de uno de los cuatro que murieron allí, "La Pippo Frasón". Lamento mucho por los que se han ido y agradezco, consciente de que estoy "parado sobre sus hombros". Mirando hacia el imponente sérac y los 2.160 metros de elevación, es fácil entender por qué todavía nadie la ha completado. Me concentro y abro mi alma para que llegue a mí la energía de la montaña. Necesito estar seguro de cuál es mi búsqueda al entrar al mundo de la escalada alpina en solitario. Ayer me pregunté a mí mismo la razón y no me pude contestar con palabras. Esta mañana, sentado a la una y media de la madrugada, totalmente alerta, conectado con mis emociones e intuiciones y sintiendo cada parte de mi cuerpo vibrar como nunca lo había hecho antes, me doy cuenta de que al final son las consecuencias de la muerte lo único que me aproxima a mi potencial energía. Hago todo mi esfuerzo para ponerme en movimiento y comienzo. Abro la boca y doy un grito penetrante que me concentra en mi respiración externa, una técnica usada en artes marciales, en lucha letal.Mi mente se vacía y asciendo sin errores los 1.400 metros de sistemas de fisuras, rampas y placas lisas, a cada lado del canal que marca mi rumbo.Me veo forzado a embarrarme a través de sectores sin tomas de más de 5.10+ para poder quedar fuera de la línea directa de caída.

Me pongo las botas de cuero y los crampones y mi mundo se torna vertical, mientras suavemente tomo el camino hacia arriba treinta metros, noventa grados, una capa de hielo de unos ocho centímetros de espesor. Entre el hielo y la roca brota agua de deshielo y cada uno o dos minutos me salpica con fuerza como una ducha. Sumerjo mis herramientas y mantengo el brazo extendido hasta que no cae más nada y tranquilamente retomo mi camino por el inconstante torrente. Escalo en mixto otros 350 metros hacia el Col Italiano.
Traveseo hasta el inicio de la Ruta Californiana y continúo escalando en solo integral, llevando únicamente lo esencial para rappelar: cien metros de cuerda de 6 mm, stoppers, excéntricos, un tornillo de hielo, un abalakov (2), tres pequeños camalots (3), unas cintas, cuatro mosquetones con seguro, ocho neutrinos (4) y mi equipo para escalada en hielo.

Thomas Ullrich

En la pendiente cumbrera pierdo control de mi respiración, se aceleran mis latidos y comienzo a sentirme mareado y con náuseas. Mis pensamientos cambian, me pregunto: "¿Es ésta la principal?" Sin poder recomponerme me detengo, como lo que me queda, bebo un poco de agua y devoro tres aspirinas. "Me esforcé demasiado" pienso, pero aún tambaleándome sigo hacia la cumbre. Casi gateando, llego a la cumbre y completo el primer ascenso integral de la "Ruleta Californiana" (VI 5.10+WI 5).

Luego de una hora de descansar en la cumbre, desciendo hacia el filo cumbrero y comienzo a rappelar. Dos relevos más abajo tiro de mi cuerda y, cegado por el sol, sólo escucho que algo cae. Un bloque del tamaño de un tostador golpea mi pierna y mi mundo se oscurece por completo. Reacciono por el ruido de mi propio grito. Mis pantalones están raídos y cubiertos de sangre y mi pierna se ha inflamado y se endurece instantáneamente. En estado de shock, sigo con la pierna entablillada por otros treinta rappeles más, y voy tambaleándome a través de la margen este del glaciar, pasando varios puentes de hielo, frágiles y deshelándose, arrastrándome sobre mi estómago porque no puedo saltar.

Llego a las cuevas de nieve de Paso Superior al anochecer y deseo que haya alguien para ayudarme, pero todos se han ido. El instinto de supervivencia me impulsa a seguir hasta que con el movimiento logro entrar en calor; luego me tiendo y duermo, y repito este ciclo toda la noche hasta que llego al campamento Río Blanco a las cuatro de la madrugada, justo 24 horas después de mi partida. Me quedo dormido en uno de los refugios de troncos y pronto me despiertan unos amigos que se ocupan de mí. A pesar de las heridas, disfruto el extraño momento de sentirme contento haciendo nada y disfrutando cada minuto, por el sólo hecho de estar vivo.


Vivaquear: Pernoctar a la intemperie.
Abalakov: Dispositivo que forma un mini-puente de hielo, con un tornillo de hielo y haciendo dos agujeros que se encuentran en forma de "V" sobre la superficie del hielo, y pasando un cordín por dentro de la "V". Lleva el nombre del ruso que lo inventó. (Fuente R. Garibotti)
Camalot: Friend (modelo de empotrador con levas).
Neutrinos: Mosquetones muy livianos Black Diamond (Fuente R. Garibotti).
WI: (Waterfall Ice) Sigla que se antepone a la indicación de la dificultad en hielo.


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