Ojos al cielo

Texto y fotos: Herman Sachse. Editó: Santiago Storni



Integrantes: Eduardo Fernandez , Gustavo Weiss, Alejandro Schiappapietra, Diego Astiz, Daniel Azzarri, José Fernández, Herman Sachse.

Sabíamos que la puna y la aridez serían las dificultades a vencer, y permanentemente tratamos de "hacernos amigos" de esas desagradables sensaciones durante los once días del mes de noviembre de 2000 que duró la expedición. 
A principios de ese año nos habíamos planteado nuestro objetivo: llegar a la cumbre del volcán más alto del mundo de 6.882 m.s.n.m. Ojos del salado, de sólo 80 m menos que el Aconcagua, está disputando el segundo lugar con su par el Pisis. 
De lo que estábamos totalmente seguros era que el objetivo no daba lugar a cometer errores en aquellos remotos parajes de la puna catamarqueña. Con todos estos antecedentes se fue armando durante ese año un grupo que luego denominamos "Buenaventura".


Hernán Sachse

Los miembros, un total de siete provenientes de diferentes puntos del país, nos unimos en la ciudad de Fiambalá para dar comienzo a la que fue sin dudas una aventura inolvidable. Daniel y Diego de Bariloche con su Land Rover, Pepe de Mendoza, y Gustavo, Eduardo, "Chapa" y Herman de Adrogué, Pcia. de Bs. As.


Base Ojos del Salado

Aclimatación
Las hermosas termas de Fiambalá fueron nuestra primera e inevitable parada. Fue allí donde el baqueano Rubén Perea nos dio abundante alimentación y consejos únicos de alguien que conoce muy bien la región. Luego la posta fue en Las Grutas donde realizamos una pausa de tres días, a 4.000 m. Allí en el puesto de Vialidad Nacional el grupo comenzó a sentir los primeros síntomas del apunaniento. Se presentaron los primeros mareos, náuseas y vómitos, aunque el grupo con muy buen humor soportó esos malestares típicos. La paciencia fue nuestra mejor arma para combatir estas sensaciones además de no descuidar la constante hidratación necesaria de casi cuatro litros de agua por día. Cada uno a su tiempo, paulatinamente mejorábamos. Y con largas caminatas por el salar San Francisco, al pie del volcán Incahuasi de 6.630 m.s.n.m fuimos nivelando presiones corporales.

Los días se presentaron claros, despejados y con poco viento lo que nos dio la seguridad necesaria para seguir subiendo. Dos de nosotros nunca terminaron de adaptarse y fue Gustavo quien con inteligencia decidió que la expedición para él terminara allí.


Cumbre Quitapenas 5100 metros

El grupo se aclimataba; prueba de ello fue la ascensión que hicimos a un cerro que no figuraba en nuestros mapas, de 4.550 m que bautizamos "Quita pena" por el modo con que el grupo llamaba al vino.

La partida hacia el paso San francisco se realizó muy temprano. Teníamos por delante 200 Km. de excelente ruta hasta el paso a 4.800 m.s.n.m. Contábamos con el equipo adecuado, alimento necesario para varios días y 170 litros de agua distribuidos en bidones y botellas para facilitar su posterior traslado en la montaña. A unos veinte kilómetros del límite con Chile en el puesto de Carabineros, sobre la paradisíaca Laguna Verde presentamos el permiso de ascenso que gestionamos desde Bs. As. en la Dirección Nacional de Fronteras y Límites del Estado de Chile.
Desde allí pusimos rumbo a un viejo parador distante a unos 20 Km. denominado Murray, donde se puede dormir cómodamente. Con mucha expectativa nuestro Defender se las arregló para sortear los 25 Km. que nos separaban del campamento base del Ojos del Salado, que ya se recortaba imponente en el horizonte. En un paisaje lunar fuimos sorteando lechos de ríos, arenales y penitentes que atestiguaban nuestro permanente ascenso. Llegamos así al primer refugio a 5.250 m.s.n.m.

Ascensión
La desolación y la aridez de allí en más es increíble. La escasa vegetación desaparece por completo y ya no se encuentra agua para consumo por ningún sitio. Además habíamos recibido comentarios de que el agua de la zona podía tener sales muy peligrosas como el cianuro. Con el correr de los días comenzamos a notar que Daniel presentaba claros síntomas de M.A.M. (mal agudo de montaña) y lo que parecía también un principio de edema pulmonar, por lo que sin dudar se resolvió descenderlo a menor altura, aprovechando que otros tres andinistas regresaban de intentar la cumbre el día anterior.


Refugio

Ese día y el siguiente realizamos algunas caminatas livianas y un porteo de alimentos, agua y equipo al siguiente refugio a 5.800 m. Allí existe un magnífico lugar con buenas comodidades para ocho personas denominado "Atacama". Este refugio está dedicado a la memoria de el geólogo George Murray que murió en un accidente aéreo en 1984. Los restos de su helicóptero aún se los puede ver cerca de la cumbre.
Muy lentamente los cinco fuimos instalándonos con todo lo necesario. Esa noche previa a la cumbre, ninguno pudo dormir ya que todo tipo de sensaciones corrían por nuestros cuerpos, además de los -25º C que debimos soportar dentro del refugio. Era increíble ver cómo en cuestión de minutos se nos congelaba el agua preparada para el día siguiente, por lo que tuvimos que introducirla en nuestras bolsas de dormir para evitarlo.
Por la mañana, con mucha expectativa y lentamente, comenzamos lo que sería la jornada más larga y agotadora. Los interminables acarreos fueron consumiendo poco a poco nuestras energías. La falta de oxígeno se hacía cada vez mas notoria y la cumbre que parecía estar al alcance de la mano no llegaba. Fueron ocho horas en las que físicamente se llega verdaderamente al límite. Dando un último esfuerzo nos encontramos en el cráter principal del volcán, de unos 300 m de diámetro y a 6.800 m.s.n.m. Entonces fue cuando se presentó, sobre una arista, la cumbre. De frente a nosotros al final de una pared de unos 80 m de desnivel y con una dificultad de 4º grado, que a esa altura nos pareció el Cerro Torre.
Pepe, Diego y Eduardo, viendo lo avanzado de la hora y agotadas sus energías, decidieron que allí estaba su cima.

Cumbre
Con mucha paciencia Herman primero y luego "Chapa" encararon la pared final. Los pasos eran cada vez mas cortos pero nos dábamos cuenta de que todo era cuestión de minutos. La montaña era nuestra, nos decíamos mentalmente. Y así fue. Luego de nueve horas de gran esfuerzo, la cumbre.
Nos confundimos entonces en un abrazo lleno de lágrimas y emoción, sintiendo que los siete estábamos allí. Que la montaña estaba abriéndonos sus puertas y que al regresar a nuestras casas ya no seríamos los mismos que cuando partimos once días atrás.


Herman en la Cumbre

El sol comenzaba a descender en el horizonte, y con algo de viento en la cara lo contemplamos por un rato, momento único e inolvidable. Como todos los vividos esos días en aquellos remotos lugares de la puna catamarqueña.
Ya en nuestras casas y volviendo mentalmente a cada instante a esas alturas, son muchas las cosas que vienen a nuestras mentes. Uno piensa que cuando alguien realmente desea algo, el universo todo conspira para que pueda realizar su sueño. Sólo debe aprender a escuchar lo que le dice el corazón.
La aventura es un compromiso de todo nuestro ser y sabe buscar en nuestro interior todo lo que nos queda de bueno y de humano  Siempre hay lugar para el juego, el entusiasmo del éxito o la duda del fracaso.
A la publicación de esta nota, inicio del ‘2003, el autor termina de regresar del cerro Tronador, donde estuvo intentando el Pico Internacional por el glaciar Río Blanco, del lado chileno. Dentro del solitario refugio Tronador, al que no accedía nadie desde abril ’02, soportaron con su compañero una tormenta durante cuatro días con vientos de 120 Km./h y temperaturas de -20º C, comunicándose a través del handy con el guardaparques como único contacto con el mundo. No disponiendo de más días regresaron.
El ascenso al Pico Internacional se ha complicado por la reducción y erosión de su casquete de hielo. Por el lado argentino se hace imposible en verano por el mal estado de la roca, y por el lado chileno el glaciar Río Blanco ya no es el que viera Reichert en sus tiempos, sino que está todo fragmentado y con muchas grietas imposibles de rodear, que obligan a hacer sucesivos rappeles y agotadores ascensos para sortearlas. Pero ese desafío queda pendiente para una próxima nota...


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