Recuerdos, anécdotas y utopías
Reportaje de Santiago Storni
Colaboró Ariel Belmonte
Cuando en febrero de 2002 se realizó la primer versión de "El Desafío de los Andes", Daniel Rodríguez, más conocido como "Danielón" fue el responsable local de diseñar el recorrido. Por primera vez una de estas competencias se aproximaba a la cota de los 4.000 m.s.n.m, y todo salió bien. Terminado el evento, en el comedor del Hotel Portillo se da una buena ocasión para charlar de montañas. Y Daniel tiene mucho por decir y quiere hablar sin empacho, de sus experiencias, de sus opiniones y de lo que ve ahora y a futuro.

¿En qué años estuviste en Patagonia como guardarques del Parque Nacional Los Glaciares?
Del ‘78 al ‘79. Y años después volví, a escalar.

¿Dónde?
Fui a hacer el Fitz Roy, pero tuvimos mal tiempo. Estuvimos un mes y medio. Hicimos la este de la Guillaumet; después la oeste, la de Founrouge, y se nos acabó la guita, la comida y nos cansamos de comer hongos fritos, asados y crudos.

¿Con quién ibas?
Con Alejandro Randis, el Alberto Tarditti, el "Poli" Tarditti, el Guille Raynié... toda la banda fuerte del interior.
Yo te comentaba que cuando aparece la plata, se pone todo más denso: la relación entre los escaladores, los andinistas, los guías, y se pierde el espíritu que yo he conocido. 
Entonces mucha gente se plantea, y a veces me lo planteo yo también, si separarnos un poco del ambiente comercial para seguir gozando...

¿Del espíritu original?


Daniel Rodríguez

Exacto. Y por ejemplo, cuando volví a El Chaltén, en realidad fui a pasear pero hice un curso de escalada en hielo con el Alberto (Del Castillo), y en el curso me llamó la atención charlando con los chicos de Santa Cruz que habían ido, que no tuvieran cultura de montaña. Digamos, que no supieran quién era Andreas Madsen, o Standhardt; quiénes eran los Alborcen, o cómo se murió Poincenot, cuáles eran las historias, y que no supieran qué queda en Río Blanco o que hay detrás de Piedra del Fraile.

¿Los hermanos Alborcen...?
Eran hijos de los fundadores, según me contaron. Así como Madsen fundó la estancia "Fitz Roy", los Alborcen vivían en la estancia "La Quinta" (donde tenían verduras y frutas) y en la estancia "Túnel". Eran dos hermanos gringos, de la misma edad que el hijo de Andreas Madsen, Fitz Roy Madsen, que fue el primer guardaparques del Fitz Roy. Madsen le puso el nombre por el cerro. Y eran todos unos borrachos; andaban todo el día de correrías. En esa época el Río de las Vueltas tenía como puente dos rieles, y así cruzaban el camión los Alborcen. Con ese camioncito ellos salían a hacer las compras para todos y sacaban la lana de las estancias. La arrimaban con bueyes hasta donde hoy está el puente, que en esa época eran las vías esas que calzaban en la trocha del camión, y así cruzaban. Se murieron jóvenes. La madre vivía y los hijos se estaban muriendo. Eran unos gringos grandotes y con muchas anécdotas. Andaban con armas como todos en la Patagonia de ésa época. Estando yo en el año 1979 todavía todos andaban armados, y hay muchas historias de muertes por armas. Y un día andando en el camión, todos borrachos, se les disparó un tiro. Tenían el Winchester en el asiento y Roy al subirse al camión se le disparó, y se pegó un tiro en el culo! Y así, hay muchas historias. Y hay gente que vive allí que ni las conoce.
Yo lo que vi son muchos "chalones": gente que fue de las grandes ciudades a El Chaltén a cumplir sus sueños, su historieta, que al final termina siendo comercial y competitiva; y también un montón de gente de la Patagonia que le da lo mismo vivir en Trelew, Esquel o Caleta Olivia que en El Chaltén. El tema es que se puede hacer plata, pero me sorprendió notar eso que te cuento. Entonces alrededor de esta nueva ciudad andina no hay una cultura de montaña. Hay dos o tres guías que saben, pero hay muchos itinerantes.

Y es un tema manejar un área protegida como es el Parque Los Glaciares, junto a un pueblo, porque va a pasar lo mismo que en La Angostura: va a crecer y va a invadir el Parque. La costumbre de cocinar con leña, por ejemplo, hoy todavía es real, y es terrible eso.

Es una lástima porque siendo fundado en el año ’85, se podría haber aprendido de errores de otras ciudades de montaña para ésta hacerla bien, aprovechando que era un pueblo nuevo.
Claro, pero se fundó más por una decisión política. Bueno, para mi a sido un shock volver a El Chaltén. 
Yo volví a Fitz Roy después de quince años a ver mi casa de guardaparques, donde yo vivía, que ahí era el final de camino. Primero volví a los cinco años pero todavía no había puente sobre el río Fitz Roy, y todos los escaladores decíamos: "El día que hagan el puente se pudre todo". Hicieron el puente y el pueblo, y se pudrió todo.


En Aconcagua Foto: Daniel Rodríguez

¿Hubo una pasarela colgante primero?
No, no había nada. Tenías que cruzar a pata y corrías el riesgo de ahogarte o de caerte. Entonces ése era un límite natural para los "cochinones", como les llamábamos. La historia viene de los dibujos de Disney, de una historia del Pato Donald: empieza la película y va con los sobrinos de vacaciones a un parque nacional en los Estados Unidos; y el relator decía que todos los años miles y miles de cochinones van a los parques nacionales. Los cochinones son los que traen basura, quieren consumir, corretean los animales, no entienden.
Gino Buscaini y Silvia Metzeltin también habían advertido de lo que pasaría cuando construyeran el puente de hormigón...
Somos amigos y hemos estado en la Patagonia juntos. Lo que pasa es que yo creo que en el fondo la Patagonia es una utopía, un sueño; cada uno tiene su Patagonia. Yo registré la mía, la de los salvajes. El "Pepe Luis" Founrouge, la suya, y así otros...

¿Lo conociste?
Si, éramos amigotes. Yo lo quería mucho. Y si bien no escalamos nunca, hablamos e hicimos muchísimas cosas de montaña.

Contame lo de los cuadernos de guardaparques...
Yo era escalador, y cuando me hice guardaparques era guardaparques-escalador. Entonces miraba el área a mi cargo con ojos de escalador, como un tesoro. Y me daba cuenta de que en la oficina había papelitos tirado por todos lados, con el relato de Leo Dickinson de la travesía o Alan Rouse y Ralph Carrington cuado hicieron la primera a la Poincenot (cara oeste-sur oeste), etc. Entonces yo hice lo que haría cualquier escalador: me puse a juntar toda la información, la ordené, y después a cada escalador... a Jim Bridwell por ejemplo, le pedía: "Vení Jim, sentémonos, hagamos un dibujo, un topograma..." Y charlábamos, y así se fue armando un libro de escaladas y expediciones. Llené un libro, después otro, y cuando me fuí dejé los dos en esa seccional. Después otros guardaparques tuvieron la buena onda de seguirlo, y eso creo yo, es una base documental. Yo me emocioné mucho el año pasado (2001) cuando fui y abrí en la seccional el libro que yo inicié, que lo tiene la guardaparques Graciela (Querio) y los otros guardaparques. Está todo ahí y creo que todos hubiéramos hecho lo mismo.

Es como un "incunable"...
Sí, porque tiene los papelitos originales.

¿Uno se había perdido?
Si creo que el número dos se perdió.
El Rolo Garibotti ha hecho un buen relevamiento y sigue haciéndolo. También creo que Héctor Vieytes tenia topogramas en su taller, de rutas de escalada y relatos de ascensiones; porque los gringos pasaban por la casa de él y anotaban. No sé a dónde han ido a parar. Sería bueno preguntarle a la mujer si están guardados, porque son historia también.

¿No había también un cuaderno con anotaciones en el bar La Senyera?
No existía La Senyera. Eso nace después, con el pueblo. No había nada. Hay relatos orales que se pasan de guardaparque en guardaparque, o de gente que desde Gallegos apoyó expediciones. Pero en realidad la historia de la Patagonia está escrita en libros en otros idiomas: italiano, francés...

¿Qué recuerdos tenés más vivos de esa época en la Patagonia?
Me hice muy amigo de Renato Casarotto y su mujer, cuando hizo la primera al Pilastro Goretta (que era su mujer) en solitario; y de Jim Bridwell. Me pareció una gran persona, un tipo espectacular; es lo que es. Leí una biografía de él que un español hizo en la Desnivel, y es tal cual. Ha sido LA figura para muchísimos, para lo que es hoy la escalada de paredes. Era un tipo con un cuerpo espectacular, cara de anciano y conducta de niño; tierno, inocente... Y mucha gente en Yosemite le tiene miedo; piensa que es un pesado, un falopero más. Ojalá lo hubiéramos podido conocer mejor los escaladores argentinos. El llegó con John Baccar y Mike Graham quienes después de dos transportes al Río Blanco abandonaron la partida. Eran las nuevas estrellas del Yosemite y arrugaron. Lo dejaron solo a Jim quien finalmente se juntó y escaló el Torre con un californiano raro y desconocido que llegó un día por allí: Steve Brewer.


Fitz Roy Foto CABA

Al campamento base le cambiaron el nombre por Padre De Agostini.
No sabía. Historias. Y ese campamento que llamábamos Jim Bridwell no es el campamento original del Torre; no es el campamento de Maestri. El original está en la otra ladera de la montaña, la norte, escondido en el bosque y más arriba en la morena.

Quedó un refugio medio destartalado.
Exacto. Ese el refugio original de la Laguna Torre. Yo creo que habría que juntar toda la historia, y difundirla. Me asombró que los chicos de Santa Cruz no supieran la historia de El Chaltén, y del Fitz Roy, y que no tengan valores de montaña ni una visión alpina de la vida. Por eso creo que una escuela de Guías de Montaña sería muy importante que se hiciera en El Chaltén. Yo se lo he propuesto al gobierno de Santa Cruz. Yo he sido el Director Fundador de la Escuela de Guías de Mendoza Valentín Ugarte, y he visto cómo eso cambió la historia y la cultura de las actividades en la naturaleza en Mendoza. El boom de los últimos diez años creo que se debe a esa acción, donde han trabajado muchos guías también. Ha marcado el horizonte para mucha gente, desde un aspecto comercial y de vida. Gente de todo el país que viene a estudiar a la escuela nuestra, y que está haciendo su vida en la naturaleza. Yo creo que Santa Cruz, como una provincia salvaje de un país joven, necesita un foco de desarrollo de la cultura. No una cultura de negocio, sino una cultura de montaña. Que encuentren los valores que tiene la montaña para la sociedad y para la familia. En El Chaltén están dadas las condiciones para radicarse, tener familia, tener hijos, y hacer actividades de montaña, laboralmente, deportivamente y recreativamente, cosa que es mucho más difícil en otros lugares. Por ejemplo, es realmente una paradoja ser porteño y ser andinista. Es una paradoja ser porteño y no ser marinero. La negación del río y del mar por parte de los porteños mirando a Bariloche o Salta... ¿Qué es lo que hay? ¿Una búsqueda de una utopía, de un ideal o de un modelo? No sé. Yo creo que es una remembranza infantil, el volver a la naturaleza. Lo mismo que sentís cuando lees El señor de los anillos y te rebota adentro como los primeros recuerdos de la infancia. Yo creo que eso es un poco lo que lleva a mucha gente de ciudades alejadas de la naturaleza a ir a buscarla, y luego a querer hacerse profesionales. Yo creo que el drama de esta paradoja, si hay alguno, es meter muchos valores que no sirven de la ciudad en las actividades de la naturaleza, sean comerciales o deportivas. La competencia feroz o el deseo de figuración, sobre los valores humanos y de fraternidad que tiene que haber entre la gente de montaña.

¿Después estuviste en otras regiones trabajando no como guardaparques?
De guía en el Aconcagua; y escalando. Tuve el gusto de hacer cinco rutas diferentes en el Aconcagua. Creo que soy el único que vive que ha hecho cinco rutas.

¿Cuáles?
La de los Guías Mendocinos, la Normal, Polacos, La Sur y la primera de la pared oeste: la Tapia del Felipe.

La Sur la subimos con Alejandro Randis, Lito Sánchez... Fue la primera escalada mendocina. Conozco bien el Aconcagua, pero en los últimos años estoy un poco decepcionado con lo que pasa, todo esto que te comento y que veo que pasa en otros lados. Entonces se pierde un poco "la pureza de las cofradías", o de las "tribus" que teníamos los escaladores. Antes nos juntábamos una vez al año en el Catedral u otro año en Córdoba, o en el Aconcagua o en la Patagonia. Había amistad, nadie iba a hacer problema por un jumar o por prestarte la carpa o invitarte a comer. Hoy los flacos se andan mirando para cobrarse algo, para vender algún servicio, y finalmente terminan cada uno en su tienda hablando de las otras empresas en vez de compartir. En algo en lo que nadie se hace rico y son temporadas cortas, de dos o tres meses en el verano. Porque Argentina no tiene una cultura de montaña con una sociedad que consuma servicios de montaña como en Chamonix, donde los guías tienen trabajo todo el año.
Es distinto ser guía en Aconcagua, Bariloche, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Salta o en las sierras. Son distintos terrenos y hay que tener distintas aptitudes. En una tenés más glaciares, en otra tenés más altura, etc. ¿Qué pensás del título del guía en esos casos?
Partamos de una base: un guía es una persona que trabaja con gente y da un servicio que es el de conducir grupos humanos en la naturaleza con seguridad y eficiencia. Y eso es una cosa distinta a ser un escalador, o a ser un deportista recreativo o deportista extremo. Son cosas distintas, y yo creo que hacen falta muchos guías en Argentina que sean buenos e idóneos en cualquier terreno.
En algunos sitios empiezan a plantear una especie de "reválida regional".
Es complicarla mucho. Si vos te recibís de médico sos médico en todo el país.

Pero a veces que hay recelos: "Ahí viene uno de aquella zona que ni conoce ésta".
Claro que hay recelos. El desarrollo económico en la naturaleza genera localismos y regionalismos. Como el derecho de la pertenencia. Y nosotros vivimos en un país en donde la Constitución dice que tenemos derecho de transitar y de trabajar en todo el territorio. O sea que yo puedo ir a guiar a Bariloche con un título, que es aprobado por el Ministerio de Educación de la Nación, y es el único titulo de Guía de Alta Montaña que hay en el país. Todos los demás son diplomas o certificados de alguna asociación.

 Yo soy miembro honorario de la Asociación Argentina de Guías, fundador local de la Regional Mendoza. Sin embargo ellos se quedaron en el tiempo y no evolucionaron a un organismo académico. Formar una escuela significa sudor y lágrimas para los profesores, pensando en una tarea que es formar gente, abrir el camino a otros. Dar cursos es otra cosa. Tomar exámenes es otra cosa. Extender diplomas es otra cosa.
Si querés formar guías hace una escuela. El sol sale para todos en Argentina; es un país libre. Y si querés hacer una escuela, que te la apruebe el Ministerio de Educación, como debe ser. Por ahí sobrevuela la idea que para ser guía hay que ser un doctor en escalada. ¿Y sabés qué es lo que hacen los grandes maestros de escalada de Argentina? Son refugieros, o guían cabalgatas. Entonces acá hay un contraste: estás hablando de ser Master en roca para ser guía, y sos refugiero. Si acá no hay laburo para guiar en la (aguja) Guillaumet! Creo que en esa aguja ha habido dos guiadas en toda la historia. ¿Quién va a guiar en el Fitz Roy o en el Torre? ¿Sabés dónde se guía? En el Río Blanco, en Río Las Cuevas; ascensiones al Aconcagua, al Piscis, al Ojos del Salado. A montañas donde haya clientes en Argentina que puedan hacerlo, que puedan consumir ese servicio. Entonces poner fronteras técnicas elevadas para los guías, es armar unos sectarismos que no tienen nada que ver con armar un buen rappel, manejar bien un grupo, evacuar una persona de una situación de emergencia, armar una camilla con cuerdas, instalar un seguro, sacar a un tipo de una pared colgado de una camilla, etc. Eso es mi opinión y creo que es el camino de evolución para el tema de los guías. No hablo del tema deportivo que en nuestro país casi no existe federativamente. No hay clubes por todo el territorio y por lo tanto no hay asociaciones ni federaciones vivas y verdaderas. La razón de ser de los clubes casi se ha ido. Existen más las organizaciones espontáneas horizontales como los grupos de escaladores de palestras indoor o de escalada en áreas naturales equipadas, que en general no les interesa ser socios de clubes.


Foto: Agustín Inchausti

La historia nos marca, y hay que pegar un salto. Porque la historia de la fundación de los clubes en Argentina estuvo marcada por la gente que inmigró de Europa a fines de la primera y segunda guerra mundial. Gente que traía ideales fascistas, de la época, vinculados con la montaña (la sublimación de la persona, del cuerpo en post de un ideal; y así era normal pasar los limites, congelarse, morirse; el fin justificaba el sacrificio). Entonces en los clubes existía el Jefe de Expedición, que daba órdenes; se formaban patrullas de rescate, instructores (???) y así todo con un lenguaje casi militar y prepotente, con grandes personajes en cada club, seres míticos de la montaña. Bhaaaaa!

Daniel Rodríguez fue en enero el Guía responsable argentino de guiar y armar la logística técnica de filmación hasta la cumbre para la producción de la televisión catalana de "El CIM", evento en el que por primera vez se transmitió en vivo el ascenso y la llegada a la cumbre del Aconcagua. danielon@supernet.com.ar  www.expedicionaconcagua.com
"Esta nota se la dedico a Manito, el diariero de Río Gallegos, que ha seguido lo que su corazón le dice y hoy es un escalador de paredes en El Chaltén."

"A largo plazo la única solución es la educación, que tiene que pasar por el conocimiento y el amor a la naturaleza; y para llegar a eso quizás tengamos que aceptar que se pisen unas flores o se dañe un poco algo. Pero por suerte las flores vuelven a brotar, los árboles siguen creciendo y los papeles se pueden recoger. Pero solo esa gente que ha vivido la naturaleza libre, tiene un amor que la va a llevar a saberla conservar y a saberla tratar."

Silvia Metzeltin


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