Historia del Montañismo XV
Desarrollo del andinismo en la Argentina, 2ª parte.
Por Jorge González

Seguimos publicando en capítulos este trabajo de investigación y recopilación realizado por Jorge González. Esta sección está abierta a recibir opiniones, comentarios y aportes de todos aquellos que quieran sumar material, fotos, topos, relatos, observaciones, etc. enviándolos al autor, con copia al editor: georgmallo@yahoo.com c/c santiagostorni@infovia.com.ar.
Los temas restantes son: la evolución del equipamiento, las publicaciones, los libros, las polémicas, biografías, y en elaboración, argentinos en la Antártida.

En la década del ’50, el Himalaya atrae al mundo alpinístico. Tras el ascenso del Annapurna por los franceses en 1950, el primer "8 mil" vencido por el hombre; en tan solo diez años, son escaladas trece de las catorce cumbres más altas del globo; sólo restaba Shishapangma en la China. No es extraño entonces que los grupos más fuertes pusieran los ojos en nuevos desafíos y que los encontraran en las hermosas y vírgenes paredes de los lejanos Andes. En 1952 Magnone y Terray escalaron el Fitz Roy y, en 1954, Berardini, Dagory, Devies, Poulet, Pragot y Leseur la pared Sur del Aconcagua. En 1959 fue la polemizada expedición de Maestri al Torre, alcanzando el punto más alto logrado hasta esa fecha. El incipiente alpinismo argentino recibió esta influencia confrontando súbitamente con la mecanización de los métodos de escalada. La década del ‘50 al ‘60, se caracterizó por una serie de expediciones que exploraron y ascendieron cumbres vírgenes y por una generación que técnicamente comenzó a formarse para logros mayores. Hubo una suerte de “explosión” de la actividad. Con la formación del Centro Andino Buenos Aires (1950) y del Club Andino Córdoba (1954), la escalada tuvo una expansión y ya no quedó solamente concentrada en Bariloche.
Los franceses motivaron que los argentinos Carlos Sontag, Francisco Ibáñez y Alfredo Magnani, asistieran a un curso en Chamonix, del que se graduaron como guías. Nació la Federación Argentina de Sky y Andinismo (F.A.S.A.), que desarrolló el primer curso nacional en Bariloche, en 1958. Pero, esa búsqueda de nuevos objetivos, hizo que muchos exageraran en el empleo de todo tipo de artificios para lograr una conquista y esto llevó a los más reflexivos a un análisis sobre la pureza de estilos.
Vojko Arko alertó sobre esto en 1957: “La sobrevaloración de las técnicas artificiales provoca un alejamiento de la naturaleza, que es la verdadera razón de ser de este deporte”.
Así se expresaba Evelio Echevarría “El monte Chomolungma o Everest, techo del mundo, había sido ascendido al fin. La clásica fotografía del Sherpa Tenzing, una mano sobre una rodilla y la otra sosteniendo en alto las banderas de las Naciones Unidas, tuvo un impacto que nadie podía anticipar. Significaba que el montañismo, que había sido la excentricidad de unos pocos, en adelante pasaba a ser la actividad de muchos. La época precursora, casi heroica, había llegado a su fin y se imponía ahora la era del desarrollo, de la popularización y, aún, la de la comercialización del deporte.”
En su libro George Sonnier hace la siguiente reflexión sobre el tema: “Aquí tendría que iniciarse otro libro, pero prefiero quedarme en una época en que el hombre no estaba aún enteramente dominado por su técnica y que, incapaz de hacerlo y conquistarlo todo, le quedaba en cambio, frente a la virginidad de las cosas, el recurso del asombro. Los hombres aventureros habían sido atraídos hacia la montaña por la promesa de un mundo nuevo, totalmente entregado a la soledad. Pero ¿Qué se ha hecho de aquella soledad en la época en que el gigantismo moderno multiplica los refugios de gran capacidad y lanza teleféricos cada vez más audaces hasta las cimas? Muchos itinerarios de alta montaña son algunos días avenidas frecuentadas y la cumbre es demasiado reducida para recibir a todos esos precarios "vencedores".. Para el alpinista, la más bella victoria ¿No es acaso la conquista de su soledad?¿Hay que deplorar que sean hoy tantos quienes la conozcan? Semejante sentimiento sería egoísta. Pero, ¿Qué sería ella y qué seríamos nosotros si el exceso de ese número la despojase de todo lo que nos había cautivado y seducido? En la montaña, nada hay menos real -y en todo caso, menos importante- que su presencia física: la montaña existe, ante todo, por sus sortilegios”.
En los ‘60 se insinúa en nuestro país una generación con estilo propio que comienza a desafiar objetivos de dificultad y que se consolida en el ‘70 con logros importantes. En esos años se logra la cumbre del Fitz Roy abriendo una nueva ruta, el Aconcagua por su pared Sur y objetivos de dificultad en la cordillera Real de Bolivia y Blanca del Perú, incluso se realiza una expedición al monte Everest.
También se da entre los clubes el fenómeno de cierta rivalidad producto de los localismos. La montaña en todo caso era una expresión más del regionalismo que hace a nuestro folklore. De todos modos esto no ha afectado a los grandes procesos y poco a poco la geografía de práctica se amplía y ya no está concentrada en socios de Bariloche o Buenos Aires. La formación en roca de los miembros del Club Andino Córdoba y la de altura técnica de los mendocinos, inician una nueva etapa. De allí en más, se produce un aumento de gente que se acerca a la práctica de la escalada, de expediciones, de fabricantes de equipo nacionales y de la especialidad de la escalada deportiva. Localmente hay grandes escaladores que sientan las bases de una concepción más nueva y más técnica en sus ámbitos: Mendoza, Córdoba, Salta. Ya se puede hablar de un “nivel nacional” y el tiempo que sigue, aún con cierta pérdida de identidad, pondrá de nuevo en evidencia el proceso de quienes buscan las fuentes y la escalada pura como vehículo a la formación del carácter, dándole a la montaña otra vez el significado de ser el motivo de un desafío.
Hacia los ’90 se produce definitivamente un cambio en la escala de dificultades y algunas montañas con las cuales una generación culminaba su carrera, resultan el inicio de los más preparados en estos años. Se instala el mercado del guía profesional explotando la vertiente del turismo de aventura concentrado en lo que hace al montañismo en Aconcagua y los Hielos Continentales. Crecen las escuelas y propuestas privadas de cursos de formación desplazando un poco o compartiendo al menos el terreno que era tradicionalmente de los clubes. Se instala la escalada deportiva con personalidad propia y un circuito puntable de competición. Hay mejores y más equipo al alcance del iniciado, hay más información y estructura de acceso; pero los Andes, todavía lejanos, siguen ofreciendo un terreno amplísimo para la aventura y el desafío. Los accidentes no aumentan ni decrecen pero podría decirse que incorporan a una nueva figura: la de clientes o gente inexperta en montañas que antes sólo eran intentadas por andinistas más formados. Hasta que se dé una nueva camada que supere la etapa de la simple sensación de un rappel y se salga de la crisis económica del país, no se verá un andinismo de exploración y conquistas importantes. Los principales referentes se han unido para tratar aspectos que hacen al ordenamiento del trabajo profesional logrando lo que en el ‘90 se consolidó como la Asociación Argentina de Guías de Montaña.
Sonnier es un observador del fenómeno de la masificación del deporte en un territorio menos extenso que nuestros Andes y su pensamiento parece justificarse: “La fabulosa moda del esquí y sólo ella, después de la última guerra mundial ha abierto y ha entregado la montaña a una multitud que la invade, la rodea a menudo sin verla y permanece extraña a ella. Hay que ver claro que la moda actual de la montaña no es una consecuencia, ni mucho menos un apogeo, del alpinismo. Es precisamente lo contrario. Se trata de un fenómeno ciudadano y colectivo. El esquiador lleva consigo a la montaña su espíritu y sus hábitos propios y no concibe ni por un instante que hayan de plegarse a la naturaleza”.
Aún está pendiente lo que respecta a medidas de protección y preservación de los ambientes de montaña, aún de aquellos que se encuentran dentro de Parques Nacionales. El establecimiento de centros de esquí con gran infraestructura explica su desarrollo y que haya entrado en el común de la gente que no tenía tradición al respecto. A partir de inviernos poco nevadores y en consecuencia de malas temporadas, esos centros se abrieron en verano con las propuestas de turismo alternativo en la montaña. Se pone al descubierto que durante el conflicto con Chile muchas franjas limítrofes del norte andino fueron minadas y no se puede acceder a las montañas por el Oeste. En el altiplano las montañas interesan como santuarios de altura y el hallazgo de momias incas en el Llullaillaco las coloca en el plano internacional pero, como parte del fenómeno negativo extendido en todo el mundo, yo digo que empezó la época en que las montañas, que para nosotros siempre han tenido un valor, ahora empiezan a tener un precio...


Suiza. Foto Thomas Urlich.


Don Vidal Pérez en oportunidad de la primera ascensión invernal al Vn. Lanín con P. Cavagnero y J. Richter entre otros, en junio de 1976.


Zechner 1939.
Los equipos realmente eran precarios.


En la cumbre del Fitz Roy, José Luis Fonrouge. (Foto Gentileza J. A. Fonrouge).


Jim Bridwell.


Reinhold Messner entrevistado por Jorge González.


En los Alpes.
Foto Thomas Ulrich.


Los ’80 evocados por expertos


La revista española "Desnivel" con motivo de la edición de su número 100 (en noviembre de 1994) consultó a los principales referentes del alpinismo mundial sobre lo que pensaban del proceso que había corrido desde 1980 a ese año, 1994. Creo interesante un resumen de las opiniones vertidas ya que se trata de una mirada sobre la geografia donde se da cita lo más
competitivo del deporte.
Michel Piolá considera que hubo una "formidable evolución" y dice que es un peridodo en el que se generalizó el uso de los clavos de expansión como aseguramiento pero en el que hubo también un reconocimiento al hecho de abrir vías desde abajo en itinerarios de alta montaña. "Espero -agrega- que este sinónimo de calidad, se extienda igualmente al dominio de la media montaña, un paraíso a punto de ser devorado por la lepra de la explotación industrial de las paredes...". Para Piolá, la responsabilidad de esa "explotación" recae en el apoyo masivo que reciben de los sponsors algunos escaladores. Las generaciones futuras irán a cielos no europeos para poder vivir sus deseos de aventura. Por último señala que uno de los aspectos destacados de esa décda, fue la evolución de la escalada femenina aunque todavía con pocas exponentes.
Kurt Diemberger, es positivo y lo que más destaca es "la toma de conciencia respecto al problema del medio ambiente".
Erhard Loretan cree que hubo logros deportivos fantásticos en todo el mundo y que se conservó el estilo bastante puro hasta que "los medios de comunicación se convirtieron para la mayoría de los alpinistas en una motivación para la hazaña. Actualmente este deporte declina y entra en la triste categoría de los deportes de masa perdiendo su identidad.
Los alpinistas deben probar sus realizaciones, la confianza se ha perdido, los sueños en grandes hazañas han sido reemplazados por clavos en las vías clásicas y robos de material en los refugios”, dice y agrega "La montaña ha heredado el infierno de las ciudades con todos sus problemas, el alpinismo ha perdido el sentido de la ética que daba fuerza espiritual a este deporte. Filmando en el Everest, construyendo un gran hotel muy cerca del monasterio de Rongbuk se sigue ‘deshonrando el territorio de los dioses’, sube gente gracias a los sherpas pero no lo dicen para no restarse mérito, debería prohibirse el uso de oxígeno artificial para dejar de contaminar con los tubos que se abandonan. Que se enfrente a la montaña aquel que es capaz de ello...” Para Loretan, la escalada deportiva es una alternativa que reduce el número de personas que acude a la alta montaña que se ha convertido en un centro de expediciones costosas, y concluye: "Hasta principios de los '80 estaba orgulloso de pertenecer a esta gran familia que reunía a los alpinistas pero, actualmente, casi siento vergüenza".
Reinhold Messner hace una revisión de las motivaciones que inspiraron antes a las expediciones de altura hasta llegar a los años '80 donde a su juicio ya no importa la calidad o el estilo sino la cantidad. Para él, los estilos puros se han perido y la tendencia de los años '90 se marca por los guías de montaña que llevan a un cliente a la cumbre en expediciones comerciales extraídas del catálogo de una agencia.
Galen Rowell, expresa : "La escalada ha cambiado tanto en los últimos años, que dudo que me hubiera convertido en escalador si hubiera nacido en el mundo actual. Hace cuarenta años experimentar el mundo vertical, era la esencia del deporte. Y era mejor realizar una escalada estética que otra que fuera simplemente difícil. Se quitaban los clavos de forma que cada cordada pudiera vivir el reto de encontrar y emplear su propia protección en la roca
natural. La gente que lo hacía con la cuerda desde arriba no eran tomados en serio porque ellos mismos con esa actitud no se comprometían seriamente. En los 70 y los 80 el estilo de vida de la escalada quedó en segundo plano frente a los objetivos medidos en números. Practican escalada deportiva y a los dos dias no recuerdan la ruta, y los recuerdos son todo lo que a uno le queda de una escalada, por eso son tan importantes. En el pasado, lo supiéramos o no, escalábamos para adquirir recuerdos...".
Ricardo Cassin considera el desarrollo de la escalada deportiva como lo más sobresaliente de la década aunque considera que esa actividad no es un alpinismo verdadero, completo en su esencia. Para Cassin estos tiempos han puesto la mirada sobre las grandes paredes del Himalaya a las que cuesta mucho menos llegar...
Jean Baptiste Tribout ve lo más espectacular de la década en los muros artificiales que han permitido que se acerque el gran público al deporte.
Por último otro representante de la nueva generación, Serge Casteran, entiende que lo revolucionario está en los "spits", los que permitieron que él mismo empezara en el '80 con vías que le exigían toda su habilidad y en el '90 llevara a los nuevos a esas mismas rutas. "El spit, convirtió una actividad de riesgo en un deporte con una dosis de adrenalina de vez en cuando. No soy un nostálgico, pero no cedería mi lugar a nadie a la hora de revivir aquellos años".