CERRO PENITENTES INVERNAL

Texto y fotos: Luis Olea

El Cerro Penitentes es una interesante montaña para quienes desean iniciarse en el trekking de altura. En verano puede realizarse en tres jornadas (dos andando rápido). También es muy interesante el trekking por la Quebrada de Vargas, en la cual se tiene la posibilidad de realizar diversas travesías hacia otras quebradas (Q. Blanca, por ejemplo) o pasar por distintos portezuelos hasta llegar por el Río Tupungato hasta la ruta 7 nuevamente. En invierno, para realizar estas actividades, es necesario utilizar raquetas o esquíes de travesía, y poseer experiencia o contratar un Guía de Montaña que conozca la zona.

Día 1: Llegada. 26/07/05.
En la terminal de Mendoza me esperaba Juan Pedro Vilche, guía de montaña, responsable de esta salida, junto a Karina y Dominique, ambas integrantes de la salida al igual que yo. Los cuatro embarcamos en el colectivo local (previo desayuno) hasta la villa Los Penitentes, el centro de esquí sobre la ruta 7. Pasamos Uspallata y cerca de Punta de Vacas comenzamos a ver las primeras montañas nevadas junto a la ruta. Este año (2005) la nieve llegó temprano y abundante, y revistió todas las montañas de la zona de un manto blanco, irresistiblemente atractivo para nuestra imaginación... (escalar aquel corredor o esquiar esas pendientes..!).
En el refugio Cruz de Caña, en la villa, nos juntamos con los integrantes que faltaban: Eduardo y Soledad. Luego de almorzar, Juan Pedro, reunió al grupo para hacer las presentaciones formales de los integrantes y del plan de actividades diagramado para esta salida. También revisamos el equipo, la indumentaria, repartimos las viandas, las carpas, y nos dio algunas recomendaciones. Una salida invernal y requiere de ciertos cuidados especiales. El resto del día fue para armar las mochilas, practicar caminar con las raquetas (una novedad para algunos de nosotros), cenar y dormir.

Día 2: Aproximación 1
El primero en salir es Pedro “Tuta” Torres, el porteador que nos llevaría comida hasta el refugio de Grajales, en la base del cerro. Lleva esquíes con fijaciones de travesía y pieles de foca (un lujo), lo que le va a permitir realizar el recorrido ida y vuelta en el día.
A media mañana salimos nosotros en camioneta por la ruta hasta frente de la Quebrada de Vargas, bajamos y luego de dar los primeros pasos advertimos la utilidad de haber llevado raquetas para nieve. El cerro se ve imponente al fondo con sus verticales paredones de roca arenisca.
Cruzamos el río Cuevas por un puente colgante (en muy mal estado), hecho de tirantes de madera atados con alambre, y nos dirigimos a las empinadas cuestas que nos dan la bienvenida al ingreso de la quebrada. El sol del medio día mantenía una temperatura agradable para caminar con sólo los interiores. Superadas las pendientes del comienzo el camino sigue en un continuo pero leve ascenso, siempre por la margen izquierda del arroyo Laguna Seca, casi totalmente oculto debajo de mucha cantidad de nieve. Un zorro nos mira pasar con indiferencia, pero unos cóndores se muestran curiosos con nuestro avance por estos parajes en esta época del año.
Cerca de las 17.00 hs. instalamos lo que llamamos Campamento Intermedio a casi 3.100 msnm. Pasamos una noche muy fría, pero también muy estrellada.

Día 3: Aproximación 2
Seguimos en ascenso leve pero ahora por la parte más estrecha de la quebrada, buscando siempre el mejor lugar para caminar, ya sea a la izquierda, derecha o sobre el mismo arroyo cubierto de nieve. Hacia ambos lados se elevan atractivos corredores de nieve y desafiantes cascadas de hielo a la espera de escaladores armados de herramientas y coraje. En un momento nos llamó la atención la cantidad de cóndores planeando a baja altura. No era para menos, un guanaco muerto era el festín de unos once cóndores.
Llegamos al refugio de Grajales, nuestro Campamento Base, ubicado a unos 3300 msnm temprano en la tarde. Armamos y anclamos muy bien las carpas porque comenzaban a soplar ráfagas de viento y el cielo fue tornándose más gris poco a poco. Nos metimos en el pequeño refugio a beber infusiones calientes y reponer energías (comer) durante el resto del día. La noche fue menos fría, pero más nublada que la anterior.

Día 3: A la cumbre
Eran las 5.30; había que vestirse, armar la mochila, desayunar y salir. Nos esperaban un poco más de 1.000 metros de desnivel.
A las 7.00 dábamos los primeros pasos con las raquetas y las linternas frontales. El cielo estaba oscuro y completamente nublado. La pendiente empinada y, como en una escalera sin descansos, el esfuerzo era continuo.
Ya de día, un día muy nublado, a casi 3.800 m, Eduardo y Soledad deciden no continuar el ascenso. Se quedan a la espera de nuestro regreso en el reparo de una cueva formada en un resalte rocoso. Seguimos los otros cuatro ascendiendo. La pendiente y la nieve no dan respiro. Carina comienza a necesitar más descansos, no se siente bien. Juan Pedro nos permite a Dominique y a mí adelantarnos en las últimas pendientes antes del filo cumbrero, mientras él acompaña a Carina.
Del valle comenzaron a subir fuertes ráfagas de viento levantando nieve polvo; como si siguiesen nuestros pasos, nos pegaban por la espalda. La última pendiente al filo es un acarreo semi-congelado (por fin nos sacamos las raquetas), lo que hacia difícil hacer buen pie, así que subimos hasta el filo a fuerza de clavar las puntas de las botas. Más abajo lo veo a Juan Pedro y a Carina; con un gesto nos da el OK para que sigamos.
15.30 hs. (tarde) pero lo logramos, Dominique y yo alcanzamos los 4.351 msnm. ¡Qué alegría! Recuerdo la primera vez que estuve allí hace ya unos años. El paisaje es imponente. Pese a que está nublado se puede ver a los 360 grados, un mundo de montañas nevadas: Aconcagua, Tolosa, Tupungato, Gemelos, etc.
El viento, el frío y la hora nos permitió tomar sólo un par de fotos y rápidamente comenzamos el descenso. En el acarreo final vemos a Juan Pedro y Carina que nos estaban esperando (una lástima; les faltaba tan poco!). Las ráfagas eran más continuas y ahora en el descenso nos daban de lleno en la cara. Como pequeñas agujas las partículas de nieve se clavaban en nuestro rostro, y el frío ya había congelado el agua del camel-back.
Nuevamente Juan Pedro nos permite a Dominique y a mí adelantarnos en el descenso, mientras él acompaña a Carina que baja un poco más lenta.
Nuestra bajada hasta la cueva donde nos esperaba Eduardo y Soledad fue rápida, sin raquetas, taloneando y canteando en la nieve dura, y enterrándonos en la nieve blanda. Esperábamos el fin de cada ráfaga para salir como disparados hacia abajo, hasta el encuentro de la próxima.
En la cueva nos juntamos nuevamente los seis antes de encarar las últimas pendientes del descenso. El cansancio y el frío se hacían sentir en todos, y para entonces fue cayendo la noche; se endureció la nieve y todo se hizo más lento. A las 12.00 de la noche llegamos al Campamento Base, después de una intensa jornada, más dura de lo planeado.
Cenamos y brindamos (con vino) porque estábamos todos sanos y salvos, por haber compartido esta experiencia con muy buenas personas, y por la cumbre.

Día 4: Regreso
Cansados como estábamos, desayunamos, desarmamos el campamento y caminamos unas seis horas de bajada hasta la ruta, donde nos esperaba el vehículo que nos llevaría a Los Penitentes, primero para comer y más tarde hasta la ciudad de Mendoza.

“Huellas de los Andes” es un emprendimiento de Juan Pedro Vilche que tuve la suerte de conocer en esta salida; gente muy profesional y con un abanico de actividades para ofrecer para distintos niveles de experiencia, tanto dentro del Parque Provincial Aconcagua como en montañas y cordones cercanos.
Más info www.huellasdelosandes.com, info@huelladelosandes.com.



Inicio.


Por la quebrada.


Ascendiendo.


Ascendiendo.


Cumbre.


Atardece.