ANSILTA
PRIMER ENCADENAMIENTO DE LOS SIETE PICOS
Por Alfredo Cevallos
Expedición de Alfredo Cevallos y Federico Sacchi
integrantes del Club Andino Mercedario
Diciembre de 2005

La cordillera de Ansilta está ubicada en el sudoeste de la provincia de San Juan, directamente frente al pueblo de Barreal desde donde se la puede apreciar en toda su magnitud y belleza. Se compone por siete cumbres que van desde los 5.123 hasta los 5.886 msnm.
La expedición Cruce de Ansilta es el primer encadenamiento de los siete picos de la Cordillera de Ansilta. 27 kilómetros, 6.105 metros de ascenso acumulado, 5.800 metros de descenso acumulado en 3 días y 18 horas, desde el campo base al pie del “7” hasta cumbre del “1”. Se realizó el primer ascenso de la cara sur del “5” y del “6”, tercer ascenso del Glaciar Schiller, se ascendieron cinco glaciares de entre 40° y 55° de pendiente y dos neveros de 35°.

A principios de los ‘90, Humberto, un amigo del club, contó que tenía pensado encadenar las siete cumbres de la Cordillera de Ansilta. En ese momento, sin conocer demasiado de aquel cordón, no significó mucho para mí. Nunca supe por qué razón Humberto no concretó el proyecto, tampoco volví a escuchar de alguien que estuviera interesado en él.
En marzo del 2001 estaba en un excelente momento de entrenamiento y aclimatación, había logrado esa especial conjunción sin un objetivo claro, más bien por cuestiones de trabajo. Fue así como pensé en la Cordillera de Ansilta, me di cuenta que aquel proyecto en el que no había reparado, ahora me resultaba interesante. Finalmente en aquel marzo una lesión en la rodilla y otros fuertes hechos, que no vale la pena mencionar, hicieron que la oportunidad pasara de largo.
La idea quedó en mi cabeza dando vueltas, dejé pasar el tiempo hasta sentir otra vez la motivación necesaria.
Así pasó en el 2005, lo sentí fuerte, por eso me puse de cabeza a planear la travesía. Busqué amigos a los que inmediatamente les motivó la idea. Busqué información y como lo mío está muy relacionado con la cartografía eso abundó, aunque cualquiera puede encontrar mucho en el Google Earth.

En julio comenzamos seriamente con el entrenamiento. Cada uno como pudo, uno nadando y pedaleando, el otro corriendo y con algunas escapadas ocasionales a la cordillera, por último yo subiendo cerros de una hora a 4.000 metros y trotando a 3.800; mi trabajo me lo permite.
Muchas veces me imaginaba caminando un filo o subiendo un glaciar, por momentos parecía una obsesión pues las imágenes aparecían en mi mente en cualquier momento del día.

Con el pasar de los meses revisamos una y otra vez los detalles. Me encargué de la logística, Javier de la alimentación y Federico de lo que mejor le sale: pasarla bien y las compras de último momento. Al fin y al cabo es sabido que por más ajustada que sea la planificación, habrá que tener flexibilidad y astucia para no caer prisionero de tu propio plan, adaptándose sobre la marcha y resolviendo los problemas que se presenten en el camino, persiguiendo así el objetivo buscado. Es parte del juego, no se puede predecirlo todo, está claro, y contrariamente a lo que piensen algunos, la incertidumbre lo hace más atractivo y desafiante.

Acordamos la fecha según las obligaciones, esas fechas nunca suelen ser las más convenientes, pero no hubo más opciones. Básicamente el plan era comenzar desde el Sur hacia el Norte, de manera de ascender las vías interesantes y descender las fáciles.
Federico y Javier partieron el 17 de diciembre, dos días después partí yo. Tuvimos que llegar al pie del glaciar Schiller del “7” de Ansilta, extremo Sur del cordón, siguiendo un recorrido para nada lógico. El acceso lógico es recorriendo el río Blanco y luego el arroyo Colorado hasta el pie del glaciar, sin embargo, acceso y caminos fueron destruidos un mes antes por una creciente (alud de agua, lodo y rocas), al colapsar una laguna en plena cordillera aguas arriba del río Blanco.
Para salvar el problema partimos desde la estancia de los Arroyos a lomo de mula, traslomamos cruzando algunas quebradas secundarias que bajan del “7” de Ansilta y la quebrada del glaciar de la Fría. Con las mulas alcanzamos el filo que limita por el Este la quebrada del arroyo Colorado. Desde allí continuamos a pie hasta el campo base. A pesar de todo llegamos al campo base en el día desde San Juan, luego de cinco horas en camioneta, seis horas de mulas y unas cuatro caminando.
Ya los tres en el campo base tomamos dos días de descanso-aclimatación. La adaptación de Javier a la altura evolucionaba demasiado lenta, leve dolor de cabeza y pulsaciones demasiado altas.

Esos días de ocio realmente los disfruté intensamente, instalado en un campamento al pie del espolón que divide al glaciar en una escalonada cascada de seracs y una pendiente de 45°/ 50°. La morrena que surge a los pies del Schiller está enclavada entre abrutas laderas, siendo la del norte un flanco dominado por pilares que delimitan canales de hielo y nieve que se descuelgan desde el plateau del glaciar de la Fría.