ANSILTA VESTIDA DE INVIERNO
Primer ascenso invernal al Pico 4
Por Gabriel Fava
Julio ‘2005

"Los Andes en Invierno, es lo más parecido
a un ochomil"
(A. Maturano)

La Cordillera de los Andes en invierno, toda una mística por las personas que ya fueron, nosotros ahora con ganas y muchas de partir llegamos a Barreal, último pueblo, con mucha cultura e historias de montaña, de la mejor vista a los Andes Centrales, de los mejores amigos que nos despiden con los últimos mates en mano.
Qué mejor que estar ya caminando un sueño, el de no sólo a Ansilta invernal, si no a lo que este lleva, a apuntar a sueños que terminan donde empieza otro, a esta persecución sin destino que despliega el montañismo, a todos esos lugares llenos de alturas para que las neuronas funcionen con menos ganas y así mas fácil entender al mundo y sus increíbles lugares, con las pocas neuronas que quedan más que suficiente, sólo basta aislarse de la sociedad y convivir con la montaña, con lo cotidiano de esta que nunca deja de asombrarnos, con su nuevo vestido color blanco hostil, ese que le cambia toda una personalidad del verano al invierno.
De a poco nos adentramos en la gran pampa de Ansilta hasta llegar a la Estancia de los Arroyos, lugar de cóndores y esos raros lenguajes de montañas que de a poco se amigan con una que otra conversación con mate amargo y chachacoma, los arrieros, y una estancia perdida al pie de una pampa en cordillera, lugar donde empezamos la marcha a pie, para acampar por el frío y la noche a solo dos horas de la estancia, justo al pie de un gran sauce, vegas y mucha leña.
Al día siguiente retomamos el Arroyo Fiero que nos lleva más al norte, y entre cuevas y restos indígenas vamos ganando de a poco altura hasta que el frío topa y nos golpea la cara diciendo invierno, justo en el instante en que el sol nos deja, para una noche mas larga que antes, armamos la carpa a 3.750 msnm de altura y con suerte un poco de agua aflora del arroyo congelado.

Después de un día de aclimatación y jugar con el nuevo escenario, salimos temprano por la mañana en busca de la cumbre del Pico 4 de Ansilta, quizás él mas olvidado por ser el mas pequeños de los siete, pero que no deja de ser uno de los mas lindos, por su cumbre terminada en punta y la hermosa vista del acercamiento en que el cerro en medio de la quebrada grita: “¡Estamos acá!” Y cuántas más cosas se nos cruzan por la cabeza, siempre parado con mirada soberbia y señoril. Después de cuatro horas por la de avanzar por la quebrada y su nuevo look, el de ahora un viento blanco que aparece en ráfagas y soplan con muchas ganas, y mas también, hasta el punto que nos obligan a anclarnos a la nieve para seguir cuando estas calman, con un cierto miedo de hasta que tan fuerte puede llegar a ser, imagines que nunca se irán de mi minutos nunca perdidos, de mi cabeza cansada de tanto increíble, y así mas adelante trepamos por una canaleta de unos 200 metros para luego seguir pasos arriba, siempre pasos mas cansados luego de superar los 5.000 msmn, la cumbre esta cerca. El reloj dice ser las cuatro y cuarto de la tarde y nos encontramos con Waldo pisando la cumbre de 5.190 m sobre el nivel del mar, con una vista increíble y el oeste mas nevado, el valle de Calingasta al este... Quizás halla que subir estos resaltes llamados montañas para sentirte estar pisando el contorno del mundo, para entender que somos tan chiquitos y no creer tanta inmensidad que caben en nuestros ojos. Estamos sólo unos minutos en la cumbre hasta que el frío nos obliga a iniciar el descenso. Franco no puede llegare a la cumbre, sabe entenderlo, mas allá el campamento y la noche, encontramos gente nueva, también del C.A.M; Nestor y Huguito nos esperan con té para tres y la comida casi lista.

El día siguiente pasamos recuperando fuerzas para intentar el Pico 5, cantando unas letras que se pierden en el tiempo y el viento y una que otra charla filosofal acerca de la vida y el porque subir montañas, el pasar frío y hambre, quizás es el camino a entender este lenguaje tan raro que de apoco se va dando a conocer, que de apoco me fue atrapando hasta hacerme feliz, el de las montañas con gusto a vuelo de uno que otro cóndor volando morrillos, a trepar de guanaco, con mates y mas mates recuperamos de a poco, con una mano abrazada a la yerba mate y la otra dentro de la bolsa.
De nuevo de noche y con estrellas salimos a buscar ahora el “5”. A Franco le duele el tobillo por la bota que le molesta; decido continuar sólo con la idea de conocer, empiezo a subir por una pared de hielo de unos 40 grados, mas arriba se complica, la pendiente aumenta considerablemente y decido bajar para algún otro día volver con más ganas a la gran pared del “5” de Ansilta.

Al día siguiente empezamos a desarmar el campamento, pasando por morrillos y con un frío muy intenso que lo sienten los huesos, la nieve recién caída nos tapa resbalones que no dejamos de dar en el hielo escondido tras los suaves y perfectos copos de seis puntas, llegamos de noche al río de Los Patos, enfrente esta Barreal, pero el frío río y el cansancio nos dejan de este lado del río, con mas sabor a montaña con mas pecho caliente y espalda fría que recuerdan una que otra historia de fogón, y esta a punto de sumarse a esta expedición que huele a pocas ganas de terminar, a mas fogones amigos de algunas tardes y mil noches, de mates y muchos y por que no mas también, de historias que dicen saludar una despedida para siempre volver a una montaña, para mañana cruzar el río y llegar a Barreal, gran pueblo hecho de amigos, del calor de un hogar de la familia Bugallos, los Sánchez, y de nuevas expediciones.