INTENTAR EL FITZ
Por Miguel Florián Kvarta - Rosario, marzo de 2007
Fotos:Nicolas Cantini y Miguel Florián Kvarta

El valor propio de un intento, de todo lo que se puede aprender aunque no se alcance la cumbre, y cuando pegar la vuelta es lo acertado, queda expresado en este relato que nos pone en primera persona en los primeros tramos del Fitz Roy por la Franco-argentina, como si estuviésemos ahí. Además de comentar algunos los mitos y verdades de la escalada en Patagonia.
(Las notas del editor aclaran tecnicismos que los entendidos pueden obviar).


Integrantes:
Nicolás Cantini
Ramiro Villanueva
Miguel Florián Kvarta.
(Grupo Rosarino de
Actividades de Montaña. )
www.gram.com.ar


El propósito

Compromiso. Esa es la palabra que resume al Fitz para mí.
El Fitz me encantó, casi como una dulce melodía cuando lo vi en una foto hace diez años que me diera Daniel Pizarro (1).
Recuerdo que aquella vez le dije algo así como: "¿Qué hay que hacer para subirlo?", y me contestó: "Hay que vivir unas cuantas temporadas de Patagonia". Y no estaba errado, como tampoco cuando dijo que para escalar de a tres, el tercero debe tener muy claro el jumareo... "Practíquenlo muy bien" (2).
Yo atesoré aquella foto del Fitz hasta que en el 2001 pude sacarle mis propias fotos.
Finalmente pasaron tres temporadas patagónicas y seis años para que pudiéramos pensar en el cerro con seriedad.
Antes de salir para Patagonia y estando por Uspallata pasé de nuevo por lo del "Maestro Pizarro", y esa vez me dijo: "Miguel te voy a dar un solo consejo: hagan la de ustedes. No se embarquen en la locura del resto; vivan 'su' montaña, siéntanse pioneros porque eso es lo que son." Hacer montaña desde Rosario no es fácil; todas son primeras rosarinas, porque esto de la escalada alpina recién nace por esta ciudad. La idea era hacerle un intento serio y aprender.

Los escaladores

Me gustaría llamar definitivamente Chaltén al Fitz Roy pero a veces se confunde con el pueblo del mismo nombre.
En el pueblo de El Chaltén y alrededores existe un ambiente extraño. Se mira al cielo y se frunce la jeta. Nada de alentar; nada de "¡Ché, qué bien! Vienen de Rosario al Fitz! Métanle huevo, dénlo todo; vamos que se puede!" Más bien dicen "Y... hace cincuenta días que llueve, esta temporada es una cagada. Tengan cuidado porque la vía es grossa, hay otras posibilidades..."
Decir "Vamos al Fitz" es casi mala palabra. Entonces cuando te preguntan qué piensan hacer, decís "Y... no seee, vereeemos..." Y pensás: "Nos vamos a meter al Fitz a fondo viejaaaaaa!" Y todo el mundo lo sabe, pero no se dice abiertamente. Y si lo decís se siente como culpa. Eso es muy loco. Pareciera que hay objetivos vedados para algunos. Además de que hay mucha gente que no puede evitar opinar de lo que no sabe; eso fue siempre así, desde la primera vez que estuve.
También hay "mutantes", personajes famosos que son el comentario. Pero yo pienso que uno tiene que ser su propio Jim Donini, su propio Kurt Albert, y no estar como drogado pensando y hablando constantemente de estos personajes, que en realidad laburan de alpinistas. Uno tiene que sentirse a pleno con la montaña, hacer la de uno, evaluar el terreno y decidir, sin verse influenciado por nadie. Porque nadie te lleva, nadie te equipa los largos ni te fija cuerda, ni te explica nada. Nadie te dice lo que es La Silla, y cada metro ganado es un mundo nuevo que se abre a los ojos. El topo (croquis de la ruta) no sirve para nada realmente, porque vas a algo que nunca antes pisaste, ni viste ni sentiste. Es como ir a la luna. Y qué lindo es sentirse así. Y aprendés mucho inevitablemente.
El escalador patagónico se compone de físico, mente y técnica. La mente es la punta de lanza, lo más importante. Mucho antes de estar ahí colgado, mucho antes, en tu casa mientras mirás tele. La técnica y el estado físico no sirven de nada sin una cabeza que sepa qué querés y tenga muy en claro a dónde te vas a meter. Si no, ante el mínimo contratiempo te vas a pegar la vuelta, por más que seas un animal físicamente. La Patagonia te exige lo máximo mentalmente. No se parece a nada. Y te pone a prueba no sólo a vos, sino a toda la cordada.
El Fitz es una gran montaña. Uno empieza a jugar a otra cosa, con otras reglas. Se siente el peso del lugar en la cabeza todo el tiempo, y sin embargo no deja de ser de lo más simple que puede intentarse, en un lugar plagado de atletas y "mutantes de las montañas" que vienen de todo el mundo y nos hacen parecer unos aficionados casi patéticos.
Y Nico trae siempre innovaciones increíbles. Una vez fue la goma de bici. Para una polaina rota o un grampón que se sale, te amoricillás con una par de vueltas de goma de bici bien ajustada con un nudo, y listo. Encima la goma se congela, así que después no podés sacártelo hasta El Calafate! Esto me pareció algo realmente útil, porque el fantasma del grampón que se sale es preocupante.
Pero esta vez trajo otra, que según dijo, parece que fue usada por Salvaterra en el Torre, y se trata de... los guantes cloaqueros! Sí, no más goretex, no más mi-tones expedition que se les mete el agua y la nieve, que no tienen selladas las cos-turas y uno está siempre con la mano mojada. Ahora la onda es el guante de los cloaqueros. Los que andan con el camión atmosférico y manejan los caños de caca. Genial, guantes cloaqueros para subir el Torre por el "Arca de los vientos"; lo máximo! Son unos guantes de goma largos y gruesos, totalmente impermeables. Vienen en azul y en rojo, a gusto. Valen diez mangos. Debajo te ponés un guante de lana o un interior abrigado, y con eso se escala por mixtos, hielo, etc. Parece que anda bien, aunque yo no lo he probado todavía.

Primer intento. La Brecha.

En Paso Superior todos te preguntan "¿A qué hora salen?". Y dan ganas de contestar "¿Y a vos qué te importa?". Siempre preguntan lo mismo. Además, obviamente todo el mundo miente en la hora de salida, porque todos quieren adelantarse al resto.
En aquel primer intento, decidimos ir a La Brecha un día tipo diez de la mañana. A mí no se me hubiera ocurrido, pero el clima era tan bueno que parecía atinado. Además me entusiasmaba la idea de escalar La Brecha de día para hacer buenas fotos y entenderla mejor, porque la última temporada transcurrió de noche y sólo entendía lo que iluminaba mi linterna. Además de la ventaja de adelantarnos a todos y escalarla sin nadie arriba.
No es que el Fitz sean catorce largos de roca. Es una ruta (la más corta) que consiste en veinte largos, de los cuales seis son mixtos. Además hay dos tramos que no se tienen en cuenta: uno en La Silla, que son 150 m de desnivel de un mixto fácil con tramos de hielo glaciar y algún largo de 4º grado en roca; además del filo cumbrero que son otros 150 m de un mixto fácil. Cada uno de estos tramos, que no se mencionan, demanda por lo menos una hora.
La Brecha de los italianos es el tramo más peligroso del Fitz Roy. Llegando desde abajo hay un nevé triangular y luego se arman canales de hielo muy estrechos conectados por rampas de nieve cortas. Ha muerto gente allí, cordadas enteras han caído, amigos han tenido fracturas por impacto de piedras, de hielos o de piquetas. Hay rapeles viejos, cuerdas fijas y reuniones por todos lados (3), clavos en las paredes laterales de la época en que el nevé era más grande. Las piedras suelen estar pegadas por el hielo y hubo ocasiones en que rapelando se han arrancado enormes bloques arrastrando gente al glaciar. Sumado a esto es un lugar en donde no hay posibilidad de desplazamientos laterales, entonces uno escala sobre el resto. A mí me preocupaba mucho la idea de tener que escalar por ahí, debajo de otras cordadas. Por suerte las tres veces que la hice fue siempre solos.
Increíblemente parece que hay gente que no siente nada, inmunes a la avalancha de emociones que generan estos lugares. Pasan y llegan a pie de vía como si fuera una pavada. Yo la primera vez que escalé de noche parte de La Brecha en el 2003, tenía el culo lleno de preguntas, y todavía faltaba lo mejor: La Silla (4).
La primer estrategia era ir a vivaquear al col de La Brecha con todo, y al día si-guiente entrar a la roca. Las mochilas estaban bastante pesadas, unos 15 kg cada uno, y escalar con ese peso es algo muy desagradable, sobretodo en los primeros metros verticales. Después uno se resigna. Así La Brecha nos demandó unas cinco horas.
Apenas se llega a un lugar y un momento así pasan muchas cosas por la cabeza. Uno se siente desnudo y expuesto, a merced de la naturaleza más salvaje. Es un lugar bello, hermoso para cualquiera, es el sueño de cualquier andinista, pero a la vez es desolador, no tiene vida ni la permite y uno siente eso de forma casi ancestral. Se extraña la familia, pensás en tu casa, en tu cama calientita... Pero eso dura un rato, porque instintivamente uno se da cuenta de que ahí no se vive, se sobrevive. Que todo es tan bello que es de cuidado. Como un encanto al que siempre querrás volver porque es hermoso, y es lo que a uno le gusta de la montaña, pero en el que si no estas al 100% simplemente te podés morir. Si ocurre algo fuera de lo común, si perdés un grampón ó si te doblás un tobillo, es muy poco lo que puede hacer tu compañero por vos, y esto hablando de condiciones normales, con sol y buen clima.
El viento en el col era terrible. Por suerte el lugar de vivac es muy reparado y nos dimos el gusto de tomarnos unos mates ahí, mirando la sombra del Fitz en el valle. El lugar de vivac es para dos, así que a mi me tocó dormir en una chimenea a un lado. El viento helado que subía del magnífico valle del Torre a 70 km/h, trazaba sobre nuestras cabezas un plano blanco de nieve volada. La energía del viento es enorme; el zumbido también.
Estábamos en La Brecha vivaqueando desde la tarde, y a las 3 a.m. aparecieron siete linternitas desesperadas. Después estuvieron cuatro horas sentados en el hielo esperando a que amanezca..!
Teníamos fe en que amanecería sin viento... pero no fue así. Amaneció todo despejado pero muy ventoso. El día era magnífico pero el viento no nos permitía seguir.
Éramos diez en el vivac. Es increíble lo que sucede en los campamentos altos de Patagonia. Todos esperan a ver qué hace el resto. Si uno sale, todos salen. Esa mañana y yo ya había decidido dejar a todos pasar. No quería tener gente abajo presionándome en un lugar así. Se hicieron las 8 a.m. y todos estaban mirándose las caras mientras se oía como zumbaba el viento en el filo. Nadie movió.
El Fitz tiene muchas vías, sin embargo van todos a la Franco, tanto los "changas" como nosotros, como los "grossos". Entonces siempre hay que lidiar con gente en la vía, y eso es un problema. No me gusta; da para accidentes, y es estresante. Unos van más rápido que otros, entonces en algún momento uno sube equipando mezclado con otra gente que baja rapelando, y las cordadas se entreveran. Por eso, y ya con esta experiencia, no volvería al Fitz por esta misma vía. Creo que el pilar Goretta de Casarotto es una vía más montañera.

Segundo intento. La Silla.

El segundo intento fue con otra estrategia, y le pegamos desde Paso Superior sin parar y sin dormir la noche anterior, y eso fue muy desgastante.
Recuerdo que llegué a la rimaya y vi la pared de quince metros verticales de hielo, que da al nevé de unos 45°, y me hervía la cabeza. Ahí hay una cuerda fija a la cual uno puede auto asegurarse, pero no la creí necesaria. Serían las 02:30 a.m. Habíamos llegado en una hora desde Paso Superior y la noche era es-pléndida. No se oía la "turbina", y por lo tanto era atinado subir La Brecha (normalmente el viento del oeste zumba en La Silla, y subir La Brecha con el zumbido allá arriba no tiene sentido porque se llega y hay que volverse, porque no se puede escalar la vía con semejante viento).
La Brecha tiene una rimaya y un nevé que se estrecha en el primer canal de hielo cristal; son como dos largos que se hacen en solitario, y esto acelera las cosas notablemente. Ahí muchas reglas cambian: no existen cuerdas gemelas, ni dobles, ni simples; es todo lo mismo. Existe la cuerda, nada más. A veces la gemela se usa en simple y el primero equipa mientras el tercero sube jumareando. Por eso el equipo debe ser polivalente. Los tipos de cuerdas son cuestiones, como el Factor 2, para el laboratorio (5).
Ajusto las dragoneras (6) y despierto las piquetas que dormían hacía meses, alegres ellas, y yo escalo por una mezcla de hielo y nieve espectacular que deja meter la hoja a fondo y es muy seguro. El terreno es muy vertical y cuando uno está llegando a la salida de la rimaya y alumbra para abajo se da cuenta, casi como un tarado, que si se cae se hace torta, porque la nieve de abajo si bien es nieve, a esta hora parece roca. "Mmmm, hubiera sido más sensato auto asegurarme a la cuerda fija", pensé. Pero también que si uno no pasa eso en solitario es que no está a la altura del objetivo. Igual ya saliendo y con los gemelos un poco apaleados, intenté sin éxito meter el jumar en la cuerda: imposible, estaba atascada en el hielo del borde. "Bueno, ahora lo voy a tener que dar todo a puro huevo!" pensé. "¿Querés jugar? Acá tenés juego papá!" Entonces hay que apretar, soplar los malos pensamientos y darle masa para salir a terreno más fácil. Es hermoso sentir el sonido metálico de las piquetas que se ahoga en el hielo: un "¡Zuk-chac-chac!", otro "¡Zuk-zuk!" de las piquetas, y otro ¡Chac-chac!" de los grampones. Hermoso. Ese sonido es mágico; equivale a montaña.
El silencio, la noche, las estrellas que rodean el lugar, las luces lejanas del pueblo y la linterna que ilumina y hace brillar miles de luciérnagas de hielo que van cayendo como gotas de cristal, ese sonido a cristales que caen en una noche calma... y me envuelven... y... y caen sobre mi amigo que esta más abajo..! Y me insulta con razón, con la parka llena de nieve. Una puteada me saca del ensueño.
Se va cerrando el nevé y armamos el primer relevo. Ahorramos casi dos largos de cuerda haciéndolos en solo.
Durante toda La Brecha se aprende a escalar en roca con los grampones puestos y a usar la piqueta de todas las formas posibles. En un mixto no faltan los chispazos, ó ver iluminarse el hielo cuando uno tira el piquetazo y la punta del piolet da contra la roca debajo. Uno nunca se saca los grampones, ni en los tramos de 4º grado en roca (7); y es perfecto porque el potencial de los grampones es enorme.
Logramos subir la Brecha en tres horas y media. Cuando uno ya conoce el terreno sabe qué va a encontrar, conoce cada canal, le toma el ritmo al hielo y va para arriba muy rápido.
La escalada alpina en este tipo de terrenos tiene una gran cuota de improvisación, y si bien la seguridad es fundamental, la velocidad es lo primero. Es raro armar un relevo de acuerdo a las "reglas del arte", como usar triángulo de fuerzas, etc (8). Se tardaría tanto que no se iría a ningún lado, y acá lo fundamental es ir rápido. Además, no podés volarte en un terreno así, porque posiblemente se arranque todo. Si bien el terreno es duro, sigue siendo técnicamente sencillo. En este tipo de escalada velocidad es igual a seguridad.
Uno llega a un relevo posible, evalúa rápidamente cómo está, que tenga varios clavos y estén aparentemente bien, mira los cordines, lo mejora lo más rápido que puede, y ya le está recuperando las cuerdas a los segundos. La velocidad se logra con experiencia y subiendo las partes sencillas en solitario. Para eso hay que tener un cierto nivel técnico. No se pueden asegurar los 300 m de brecha "a reglamento" porque no se terminaría más. De a tres, el mecanismo que usamos fue: el primero equipa el largo y los se-gundos suben en simultáneo escalando cada uno con una de las cuerdas.
Es muy loca la escalada. Llegados a un punto todo vale y uno empieza a jugar con las herramientas, y a tirar pasos de roca en hielo, escala con piquetas por la roca..! Pero acá todo es demencia y de a ratos me doy cuenta de eso. El objetivo mismo es una demencia, La Brecha es una demencia y nosotros somos unos dementes que vinimos derechito a la de-mencia, y nos encontramos con un pu-ñado de dementes como nosotros que piensan que están sanos, pero estamos locos. Pero lo disfrutamos, y es genial, y volvería cien veces... Es un juego muy raro.
Tomando mates en La Silla, el turbinero todavía dormido; eso es bueno. Son casi las 06.00 a.m. y nos hierve la sangre. Hoy entraremos por fin al mundo prohibido de La Silla. Me asomo al oeste y veo el Torre en penumbras. Amanece muy lentamente. No veo linternas en ningún lado. Nos hemos colado sin que el cerro se dé cuenta. Estamos increíblemente solos en el Fitz. Nadie escala hoy. Parece que es un regalo. No tendremos la presión de nadie en la vía, y eso me entusiasma. Desde aquí en adelante cada metro subido será desconocido para nosotros y no puedo esperar descubrirlos. Amanece, y una mezcla de rojizos, azules, naranjas y amarillos inunda el horizonte; mucha belleza. Sopla una brisa suave y fría desde el valle del Torre. Íbamos a desayunar algo caliente en el col de La Silla pero estamos algo retrasados; ya tendríamos que estar llegando al pie de vía de roca. Vamos para arriba.
El Fitz exige un estado físico superior, una resistencia desarrollada para aguantar treinta horas y seguir fuertes, y concentrados para la bajada. Es algo para lo que hay que prepararse seriamente. Como dice Mark Twight, "Tenés que en-trenar para ser lo mas indestructible que puedas". En este tipo de montañas no podés darte el lujo de estar agotado físicamente porque la podés quedar si las condiciones empeoran repentinamente. Además del físico, que es cuestión de entrenar, hay otro tema fundamental y es la cabeza, la mente.
Los lugares como La Silla, si bien en ningún relato se destaca nada importante, es un lugar que te quita energía mental. Muy expuestos, siniestro, y preocupa cuando uno piensa en el regreso. La única manera de estar preparado para esto es tener experiencia.
Esta vez me alegró haber detectado in-mediatamente el primer eslabón de la cadena de errores que lleva al accidente (9). Por alguna razón, vaya a saber en qué estábamos pensando cuando decidimos dejar atrás y bajar de Paso Superior las estacas y tornillos de hielo después de la primera escalada de La Brecha. Como no hicieron falta ni se podían co-locar en ningún lado y además había que alivianar peso, nos pareció atinado.
En ese filo de la muerte de La Silla yo pensaba para qué lado me caería, oeste o este, mientras luchaba para que el grampón del lado oeste muerda mejor en el hielo, y trataba de no pisar demasiado el del este con nieve volada a 70°, con el temor de que se fuese toda una placa (10). Unos minutos antes habíamos llegado a la poco feliz decisión de que si alguien se caía, el resto se tiraba al lado opuesto del filo. Pero siendo tres no parecía muy sensato porque había un desbalance, así que era algo extremo. Caminábamos como viejitos que se habían hecho encima, esa era la imagen, porque uno va medio agachado con los cubre pantalones anchos, tratando de ver por qué mierda el grampón trata de patinarse en el hielo y no muerde... Claro, si habíamos estado arrancándole chispas toda la noche por las piedras (11).
Y volviendo al eslabón, me pregunté cómo podía ser que no tuviésemos un par de tornillos de hielo, no para usarlos en ese momento, sino para cuando volviéramos cansados. Serían muy importantes, tanto para rapelar del principio de vía como para asegurar el descenso, quizás haciendo un ensamble usándolos. Ahora no soplaba pero... ¿Y si so-plaba al regreso? Sería imposible volver por ese filo con viento, porque se camina al borde de un balcón que da al este. Además, muy posiblemente volviésemos de madrugada, así que era más que preocupante el tema. Sin duda con la turbina soplando íbamos a tener que pasar en travesía por el tobogán de hielo azul más abajo (12), y hacer eso sin tornillos sería la demencia misma. Ahí supe que no tener tornillos era el primer error en la cadena que lleva a la gran cagada. Y enseguida pensé que, tarde o temprano nos tendríamos que volver.
Nos habían contado de una cordada que tuvo que travesear la silla cuerpo a tierra agarrándose a piquetazos del hielo para no volarse del filo. Así sopla la turbina, no es broma. Hace poco y ojeando el libro Patagonia de Metzeltin-Buscaini, llama a La Silla "Ese horrendo lugar".

Un largo en la vía franco-argentina
Caminando por La Silla del Fitz mirando ese entorno tan bello y a la vez tan terriblemente abrumador, se siente que el cerro te tiene bien agarrado por las pelotas, pero bien agarrado. Por momentos se vive un surrealismo mágico, y a la vez un respeto enorme por los grandes escaladores patagónicos, empezando por Lionel Terray. Pensé en lo duros que debieron ser.
En La Silla sopla, aunque sea un día excelente, como en todo filo patagónico. Y cuando sopla en serio se vuelan las piedras. Zumba el viento como una turbina y lo escuchan desde Paso Superior. Se ve el granito maltratado por el viento.
El filo tiene 40 cm de ancho, mitad hielo y mitad nieve volada. El espacio justo para pisar, y el grampón del lado oeste no agarra bien en el hielo porque es durísimo, compactado por el viento. Ese filo se prolonga unos 150 m, y luego sube lentamente a unos 45° hasta que es ne-cesario usar piolet-tracción en un hielo que se estalla y desprende lajas de hielo transparente que caen 500 m al glaciar debajo. Se hace una travesía horizontal en doce puntas (13) de 20 m hasta la fi-sura micro del pie de vía.
Ahí hay tres clavos. (14) Se refuerzan con stoppers número 3 y 2. Y colgate, porque los gemelos te matan, porque estás en 12 puntas hace rato. Es ahí don-de decís "¿Y acá, de qué me disfrazo?" Estás colgado de la reunión, en la cual no te queda otra que confiar; tenés que traer a tus compañeros a este lugar inexistente, y tenés que empezar a escalar una fisura minúscula de dificultad 6c de 40 metros de largo. ¿Cómo te organizás? No podés ni tomar agua ni mear. ¿Dónde pongo los grampones? ¿Dónde meto las botas? ¿Las pédulas (15), cómo me las pongo? Son cien preguntas que de repente se te vienen a la cabeza mientras te patinás en el hielo, y ahí tenés que tener mente fría y hacer todo con calma. Que no se caiga nada porque es el fin de la movida. Mirás la fisura que sigue hacia arriba, y adentro tiene hielo, así que tenés que ir con una piqueta limpiando.
Colgado de un friend (16) en esa bella fisura del primer largo, si uno piensa en la situación en la que está, se siente la locura, la demencia, algo salvaje e indómito, como si uno estuviera montado a pelo sobre una bestia infernal que felizmente se halla dormida. Pero no miedo. Sí agradecimiento de poder estar ahí. No hay lugar para el miedo porque hay que estar totalmente concentrado en lo que se está haciendo.
Había momentos, como cuando me cambié las botas por las pédulas de escalada a tres metros del pie de vía, o cuando me saqué los grampones colgado del relevo, en los que me di cuenta de que si se me caía algo al abismo de 500 metros que tenia debajo, muy probablemente salir de ese lugar me iba a demandar tanto que quizás no lo lograse.
No hay lugar para apoyar el traste. El relevo de pie de vía de roca es colgado pisando con las dos puntas delanteras de los grampones en un hielo cristal azul. Fue el lugar que más fuerza me transmitió. Es terrible, y a la vez muy potente y hermoso. Un lugar que no permite errores, donde se sobrevive constantemente. Un lugar verdaderamente fantástico, en una gran montaña.
En el punto que alcanzamos esta temporada comprendí que allí no había lugar para errores, ni para dudar en cómo debe hacerse una travesía por hielo expuesto, ni para resbalarse, ni para que se salga un grampón. Cualquier inconveniente se magnifica cientos de veces.
Llegar al pie de vía de roca demanda una escalada en hielo y mixta por terreno expuestos que yo la llamaría una travesía interesante y delicada. No se puede ir lento, no se puede tirar cosas a los compañeros, uno no puede caerse, ni a uno se le puede caer nada. Hay que ir rápido, livianos, concentrados y muy seguros.
En aquél único largo de roca que pudimos hacer, me di cuenta que lo importante es la amistad, y disfrutar de ese lugar. Tener esos amigos y compartir con ellos esos metros de locura, era más importante que si podíamos hacer tres o cuatro largos más ó llegar a la cumbre. Y después tomarnos unos mates con tortas fritas sintiéndonos tan felices. Como haber entrado al infierno y volver para contarlo. A veces el infierno es muy calmo, como en esos días. Cuesta imaginarlo cuando se pone feo, y suele ponerse muy feo.
En la silla del Fitz está un gran andinista, Horacio Bresba, que hizo cumbre y volvió agotado físicamente al pie de vía. Parece que resbaló por los toboganes helados tenebrosos y azules de la cara oeste, pero quedó con vida. Su compañero solo pudo hablar con él y dejarlo ahí (17). No hay lugar para otra cosa. Es así. Por eso hay que medir cada paso con sinceridad entre toda la cordada, y no desesperarse por la cumbre. Una vez que uno se mete de lleno en la pared hay que estar al 100% siempre, y tener el resto suficiente para volver a La Brecha, incluso con pesto.
Un largo de roca 6c/A1 hicimos. Podríamos haber hecho hasta los diedros probablemente, pero fueron su-mándose cosas: primero lo de los tornillos de hielo; luego que el primer largo tardé bastante en equiparlo, casi dos horas en artificial. Es muy sostenido y hacen falta toda la misma medida de friends y stoppers. La técnica es otra, robarlo: ir con un par de friends en cada mano e ir escalando con los pies y me-tiendo los friends a modo de toma, pero bueno, eso te das cuenta después. Vas con diez mil cosas colgando, tres cuerdas, dos botas, los grampones, la cámara, todo el equipo de roca y una piqueta, la parka, los lentes, el casco...
Además la ansiedad de la noche anterior había hecho que no durmiéramos nada, así que uno de nosotros se dormía al pie de vía, y yo ya estaba cansado. El clima era bueno aunque empezaba a nublarse con nubes altas. De haber seguido no hubiéramos tenido posibilidades de cum-bre. Y si de alguna manera llegábamos, hubiera sido muy entrada la noche y listos para quedarla en algún lado. Así que evaluando todo en esa reunión del primer largo, a las 10.00 a.m. decidimos vol-vernos, obviamente un poco cabizbajos.
Desde el momento en que decidimos bajar hasta que llegamos a La Brecha pasaron tres horas mínimo. El rapel es en diagonal, así que hay que poner y retirar equipo. Luego se hace otro rapel del pie de vía en diagonal agarrándose al hielo con una piqueta para no pendular, así que no es nada sencillo. Con algo de sol y casi sin viento salir del pie de vía hasta La Brecha nos llevó hora y media larga. Queda luego un rapel más de 60 m en los largos de 4º grado descendiendo a La Brecha, una caminata, y unos seis rapeles en La Brecha misma tomándolos de cosas dudosas, hasta llegar a la rimaya (18).

Epílogo
Uno de los últimos días cuando ya habíamos bajado con todo de Paso Superior y jugábamos nuestra ultima carta al matar o morir en la Saint Exupèry llegó a Río Blanco (19) un italiano muy simpático, de unos 60 años. Nosotros estábamos algo contrariados por el "fracaso", discutiendo qué habíamos errado, qué hubiésemos podido hacer mejor, cómo plantearíamos futuras Patagonias, y ciertas cuestiones entre nosotros. Él quería sacarse una foto con "los escaladores", y estaba convencido de que habíamos hecho cumbre. No entendía mucho, pero sonreía y estaba feliz. Tenía pasta de montañista, y había escalado cosas allá, en las Dolomitas dijo. Tenía una mirada llena de montañas, y yo creo que ocultaba cosas interesantes, más de las que nos contó. Se acomodaba entre nosotros para la foto con su felicidad y su simpleza, y nosotros nos miramos como tontos en nuestras cavilaciones y nuestros reproches... Y nos dimos cuenta que nos faltaba sonreír, reírnos de todo y disfrutar de lo que se nos regalaba.
Tuvimos la suerte de tener a este gran cerro solo para nosotros; eso fue genial, hermoso y revelador. Una suerte en una ruta tan concurida. Vimos por toda la fisura las estacas que seguramente puso Magnone en 1952; increíble con lo que esos franceses escalaban. Estuvimos solos con la montaña, mano a mano, en-tendiéndola y entendiéndonos nosotros mismos. Viendo en qué mejorar, en qué le erramos, quiénes somos y hasta dón-de podemos soñar; mirar a-dentro nuestro y ver, y aprender. El Chaltén es algo salvaje, indomable, serio y comprometido, pero a la vez hermoso y magnífico; el sueño de cualquier escalador alpino.
El granito combinado con el hielo es simplemente bello. Lo importante es es-calar, meterse en la roca, limpiar fisuras con la piqueta, poner un friend y admirar a aquellos que hace cincuenta años no lo tenían y andaban con una masa enorme y estacas de madera, pero soñaban con lo mismo: con escalar, con darlo todo, y ver el mundo desde arriba, con descubrir lugares que nadie ha visto jamás, lugares que para el resto de los mortales están vedados. Por todo eso sé que volvería siempre a escalar esas pa-redes de granito y hielo, porque son realmente hermosas.

Referencias
(1) Daniel Pizarro hizo con su hermano la tercer ascención invernal por la Súpercanaleta. Ver "Los sueños realizados" en www.alborde.com.ar/monta/monta74.htm
(2)Subir por la cuerda que instaló el compañero, tomándose con un puño de ascensión comunmente llamado Jumar.
(3)La "reunión" es el punto de encuentro entre escaladores de una misma cordada, y se arma poniendo varios seguros en la pared, que si no son removibles quedan puestos.
(4) La Silla francesa, se llama así al asociar su forma a una silla de montar.
(5) El factor 2 explica por una fórmula matemática cuándo la caída de un escalador tiene mayor impacto en el compañero que asegura.
(6) Porta-piquetas en la cintura.
(7) De menor dificultad.
(8) El correcto armado de un relevo o reunión supone dos puntos fijos en la pared y uno móvil, conformando una "V" que descompone las fuerzas, pero a veces en la práctica no puede hacerse con la prolijidad con que se lo enseña.
(9) Está demostrado que los accidentes se producen no por uno sino por una sucesión de errores encadenados, que si uno de ellos se evitara el accidente no se produciría.
(10) Se refiere a producir una avalancha por deslizamiento de la placa de nieve.
(11) Caminar con crampones por la roca le va dejando las puntas romas y conviene volver a afilarlas.
(12) Trasladarse horizontalmente por la pared, de hielo en este caso.
(13) Piolet-tracción y doce puntas es la técnica de escalada en hielo vertical. Para caminar por un glaciar alcanzarían crampones de diez puntas, pero en vertical deben tener dos puntas más hacia adelante, que son las que se clavan en el hielo y sostienen mientras las otras quedan prácticamente en el aire, y trabajan los músculos gemelos de las piernas.
(14) A los clavos que encuentran puestos antes por otros escaladores les agregan empotradores en la fisura de la roca para mayor seguridad.
(15) Zapatillas de escalada en roca.
(16) Empotrador regulable para fisura.
(17) El relato en "Charlando al pie del muro" en www.alborde.com.ar/monta/monta40.htm
(18) Grieta importante entre el hielo y la roca.
(19) Campamento base de los escaladores hasta el que llegan los trekkers.

 


Ultimo largo de la brecha


En la Silla


Primer Relevo


Llegando al pie de via


Llegando al pie de via


Vivac en la brecha


Foto tomada desde la brecha de los italianos. De izquierda a derecha: Adelas, Co.Torre, Torre Egger, El Mocho debajo del Adela Norte, Aguja Desmochada en primer plano. Bien a la derecha, saliendo de la foto, filo sur de la aguja de la silla.
A la derecha de la Ag. Desmochada y al fondo, Ag. Bífida con su cumbre dual y detrás cerro Mariano Moreno en los hielos continentales


Primer largo de la francoargentina


Equipando el primer largo


Topo Martín Lascano.