PISSIS
Primer encadenamiento de
las cinco cumbres

Texto y fotos: Ángel Ezequiel Armesto
Marzo 2007

Es un día tranquilo, como la mayoría en la localidad de Fiambalá, Provincia de Catamarca, otro remoto paraje en el increíble noroeste argentino. Las calles polvorientas y la gente amable atrapan al visitante de manera indescriptible y obligan a bajar el ritmo.
En la residencia de Beto, algo alejado del centro, nos sentimos como en casa, así que este día de descanso, nos dejamos llevar un poco por la imaginación mientras tomamoos algo y nos preparamos para ir a las termas.

Amanecer de un vivac agitado

Las 03:30 a.m; 6.250 m: Abro los ojos para comenzar a calentar el agua. El terrible frío de la noche me dejó los dedos de pies y manos con un dolor agudo, corriendo peor suerte las piernas. A eso sumamos el cansancio propio no haber dormido durante dos días ni una hora por miedo a congelarme, y el resultado es un patético amanecer con un plan de más de quince horas de marcha forzada por día. Intento sin éxito calentar algo para paliar el dolor, pero ni siquiera alcanzo a encender el calentador, al tiempo que despierto a mis compañeros Juan Pablo "Pinky" Scarpa, y "Nico" Sotelo, quienes han padecido los mismos embates del frío, más alguna náusea. Gonzalo"Gonzo" dell Agnola esta vivaqueando más abajo, a 5.800 m, ya que vino menos aclimatado, y no quería forzar desde tan alto.

¡Qué frío! Tomo como animal taza tras taza un té que guardé en el termo desde anoche. Tengo los dedos mal, y la sensación es terrible, empeorado porque no estamos bien hidratados ni comimos razonablemente por tres días. Fuerzo unas galletitas y las acompaño con dos aspirinas y dos pastillas de un multivinamínico con minerales, como para estar más electrolítico en este día tan especial. Siento malestar. Tuve que esperar unos tres minutos hasta que dejé de transpirar frío, pero ya estaba listo.

Salimos los tres, esperando que Gonzalo se nos uniera más arriba. Pinky y Nico están decididos a ascender la cumbre principal solamente, por lo que van livianos. En mi caso, como pienso en lo que voy a hacer, y debo considerar la posibilidad de vivaquear, me llevo todo, o sea, lo que tengo puesto, más la bolsa de dormir, aislante, cámara de fotos, filmadora, radio VHF, GPS para relevar las cumbres, y unas cinco barras de cereal.

Marco un paso firme desde el primer momento, dejando atrás a mis compañeros, y siguiendo otra línea de ascenso, apuntando a la cumbre Gendarmería Nacional, más baja entre las cinco, con 6.686 m según mi GPS Garmin E Map, alcanzándola luego de ascender por una línea de bloques gigantes y un pequeño corredor de nieve de unos 45º que me ayudó a cortar camino, evitando una barrera de bloques sueltos que no me parecían muy estables.

Desciendo unos pocos metros, casi una travesía, hasta el portezuelo que une esta cumbre con la principal, y recorro la travesía que rodea por el noroeste hasta una línea de ascenso franca, que no tiene nada que ver con la normal, pero que sirve a los efectos que busco. Forzando un poco entre los bloques de rocas que se mezclan con el acarreo suelto, alcanzo la plataforma somital para ver a los pocos metros una cruz de aluminio y sentir al mismo tiempo que el viento comienza a disminuir la temperatura. El reloj marca las 12:55 hs y eso me pone un poco inquieto. Llamo por radio a mis compañeros para darles la noticia de que seguía adelante, y recibo de ellos el mejor aliento.

Rumbo a la tercera cumbre llamada Cardenal Samoré, debo recorrer un filo cubierto de nieve, con algunos saltos entre bloques. Me obligo con dificultad a mantener el forzado ritmo que impongo a estas cansadas piernas después de una temporada con un Aconcagua invernal, dos expediciones a Nepal, cuatro expediciones guiadas al Aconcagua, dos al Plata, y un Mercedario casi sin descanso. Por suerte, la nieve ayuda un poco, aunque como no estoy usando los crampones debo maximizar la cautela. Llegando al punto más bajo de la travesía, aproximadamente unos doscientos metros mas abajo, alcanzo a divisar otras cumbres alejadas del conjunto del filo que me atraen sobremanera por sus delicadas e interesantes siluetas de pequeños volcancitos. Me detengo solo un par de minutos para filmarlos y sacar alguna foto. No puedo retrasar la marcha, hay que aprovechar cada minuto de luz del día. Rodeo una serie de boulders medio anaranjados de formas psicodélicas, hasta el lado opuesto de un promontorio, y ascendiendo otros 150 m. Alcanzo la tercera cumbre del conjunto ascendida por primera vez por el Ejército Argentino en el año 1999, encontrando el testimonio de una gente de Buenos Aires.

Son las 15:00 hs y la altura marcada por el GPS es de 6.707 m. Descanso unos breves momentos, trago de mala manera una barra de cereal, y bebo algo de jugo que llevo dentro de la chaqueta de duvet a medio congelar. Respiro hondo y me asomo en dirección a la cuarta cumbre. Me separan unos tres cientos cincuenta metros de desnivel y un pedrero. Al encender el handy logro comunicarme con Gonzalo, que en esos momentos me confirma que está descendiendo y me da aliento para seguir adelante. Es un poco tarde pero sigo a buen ritmo; apresuro todo lo que puedo en el descenso limitado por la verticalidad y las rocas semicubiertas de nieve, que podrían transformarse en una trampa si perdiese el equilibrio. Esta sección es sin dudas lo más difícil de la travesía y prefiero tomar todos los recaudos para no equivocarme. Sigo apretando los dientes, las horas pasan lento y el aire no se espesa.

Sin más remedio que seguir adelante

Por momentos los pensamientos se arremolinan en un par de ideas. ¿Podré terminar antes de la noche? ¿Llegaré a completar las cinco cumbres en forma segura?
Giro la cabeza para ver la posición del sol, y vienen a mí los recuerdos de todas esas hermosas escaladas en solitario en Bolivia, Perú, y en mi Argentina natal. Mi pecho siente la presión de los pulmones exageradamente inflados, el latido del corazón suena fuerte adentro. Miro hacia delante, estoy en sintonía con el entorno; sé que lo conseguiré!

Una vez que se baja hacia la cumbre UPAME no hay demasiado lugar para descender, así que mejor hacerlo de una vez y sin titubear. Llegando al col que une las cumbres Cardenal Samoré y UPAME, tercera y cuarta respectivamente, me tiro a descansar por unos diez minutos. Hace demasiadas horas que salí. No habían pasado diez minutos desde que me acosté, de los cuales dormí unos tres o cuatro, y me desperté apresurado, con una sensación de estar helándome que me vuelve a la realidad. Me incorporo, devoro otra barrita de cereal, y sigo adelante.
Miro hacia arriba e imagino lo que sigue, a la vez que recorro mentalmente el mapa de la situación: me muero de frío, me duelen las piernas, además estoy probando un nuevo modelo de bota que todavía es un prototipo. Pienso que mas arriba estaré a merced de los vientos del oeste con toda su furia, y eso no me deja tranquilo. Evalúo la situación minuciosamente y recuerdo las palabras de Borge Oulsand: "Toda gran empresa comienza y termina con un paso". Así que un paso tras otro, voy acercándome al final de esta aventura.
Las piernas no me dan más, el viento me está matando. Hablo con Marcelo Brandan en el campo base, que responde inmediatamente con un "¡Meta, chango, dale nomás que vas bien!"
Estoy hecho percha, y la cumbre UPAME se encargó de empeorarme. Son las 17:30 hs y no tengo más comida que una barrita de cereal y un alfajor. Las largas horas de esfuerzo me quitaron el apetito, así que cierro los ojos, focalizo mi atención en lo que debo, elimino todo pensamiento negativo, respiro hondo dos veces y sigo adelante.

Lo que normalmente debería haber llevado una hora y media, demoró casi tres. El sol ya había cambiado a un encendido anaranjado lleno de pinceladas de nubes. Por mirarlo el viento frío del oeste me golpea como una oleada de alfileres obligándome a enderezar la vista hacia mi objetivo y cerrar más la capucha de la chaqueta de plumas.
Llego a las 19:35 hs a la cumbre Ejército Argentino, desde donde llamo a los chicos en el campo base avisando que estaba, aunque agotadísimo, bien. Ya no quedaban reservas de energía ni tiempo suficiente para la emoción. Me dejo caer al lado de la cajita de testimonio de cumbre. Sin decir nada filmo algo, saco dos o tres fotos, y aviso que comienzo el regreso.

Epílogo

Pasada la medianoche me reúno con mis compañeros. En el descenso fui arrastrado por el viento unas cincuenta veces, y para colmo mi ojo izquierdo se lesiona con la arena arremolinada, dejándome con la visión nublada por varios días.
Al llegar al campamento me arrodillo y doy gracias a Apu Quillahuasy (Pissis) por haberme dejado regresar sano y salvo. Casi no hablo con nadie, estoy mas allá de los limites del agotamiento. Los chicos no esperan que lo haga; sólo preguntan un breve "¿Cómo te sentís?". Me dan un abrazo y me felicitan.Las experiencias así generan mensajes que van mucho mas allá de las palabras.

Angel Ezequiel Armesto, Juan Pablo Scarpa, Nicolás Sotelo, y Gonzalo Dell Agnola, regresaron a Fiambalá donde descansaron dos días, para luego regresar a la región en la camioneta, magistralmente piloteada por Marcelo Brandan hasta el campo base del Ojos del Salado por el lado Argentino, ascendiéndolo en un día desde la base. Pero eso merece una nota aparte.

 

 



Panoramica de las cinco cumbres
del Pissis



Ascendiendo el glaciar del Pissis



Estableciendo el vivac en
el campo 1



Cumbre Gendarmería Nacional. 10:50 hs



En la cumbre Principal. 12:55 hs



En la cumbre UPAME con la cumbre Cardenal Samoré atrás. 17:30 hs