ALPES SUIZOS - MONTE ROSA
Reportaje a Eric Frei por Santiago Storni

Eric Bernard Frei nació en Suiza en 1936, y vino a la Argentina en 1960. Aquí inculcó el esquí de travesía en varios montañistas de entonces. Concretó la primer ascensión invernal con esquíes al Pico Argentino del Cerro Tronador en 1977, resumida en esta nota, y la cara este del Lanín en 1993. Desde 1985 vive medio año en el invierno suizo y medio año en el invierno argentino.

Un suizo en Argentina
Desde muy joven practiqué el esquí de montaña con mis padres. Después de la segunda guerra mundial no estaban los medios modernos de elevación, y esquiar era un modo de estar conectado con la naturaleza todo el año.
Empecé a dar cursos en la Escuela Ginebrina de Esquí mientras estudiaba en Suiza.
Allá existe una institución que se llama Sociedad Federal Gimnástica. Hay una en cada pueblito y toda la juventud va a hacer gimnasia. En 1951, quienes obtuvimos los mejores resultados accedimos a un sorteo para integrar un grupo de dos cientos esquiadores suizos y franceses. El jefe de instrucción era Hoffstetter, quien había intentado el Everest dos veces antes que Hillary, abriendo el espolón de los ginebrinos. Entonces se desempeñaba como director de la escuela de esquí de Ginebra, y al final del curso me invitó a participar como profesor el año siguiente en la escuela.
Cuando terminé mis estudios de ingeniería, hice los cuatro meses obligatorios en el ejército.
Siendo ingeniero electrotécnico, trabajaba desde 1958 en América Latina con la empresa de estudios geofísicos Schlumberger en la industria petrolera. Fue así que llegué en el 1960 a Tierra de Fuego del lado chileno, donde se iniciaba la búsqueda de petróleo en el estrecho de Magallanes.
En las vacaciones me iba a Suiza y en 1961 hice allá los cursos de instructores, pero por mi trabajo con el petróleo nunca ejercí como profesor. Me casé en Chile con una suiza. En 1962 estuve viviendo en Caleta Olivia y luego en Comodoro Rivadavia, donde nació mi hijo, y en 1963 nace mi hija en Colombia. Dejé de ir a la montaña por unos ocho años. En 1968 dejé ese trabajo muy sacrificado, y me quedé viviendo en Suiza.

Pero en 1974 volví a la Argentina con mis hijos. Y buscando información sobre el Aconcagua me conecté con el Centro Andino Buenos Aires. Allí charlando con los directivos de entonces, terminé dando cursos de esquí durante tres años, enfocados sobre el esquí de montaña, llamado hoy de travesía. También di cursos a los alumnos del Liceo Francés, y a sus padres y amigos, en Bariloche.

Ascensiones con esquíes en Argentina
En el primer curso de esquí del CABA fue en 1975, y al terminarlo nos fuimos con los mejores al Tronador, por el Refugio Meiling en septiembre, e hicimos la primer ascensión con esquíes del pico Argentino en invierno. Éramos cinco: Héctor Cuiñas, su mujer, Alfredo Rosasco, Jorge Viton y yo. Nos tocaron tres días espléndidos, que no es algo muy frecuente.
Al año siguiente quisimos repetirlo. Fuimos ocho personas y nos tocó un viento espantoso durante toda la semana. Al cabo de ocho días se no habían acabado los víveres sin haber podido subir más allá que el Filo de la Vieja.
Desde entonces empecé a recorrer varios cerros en invierno. En Bariloche el cerro Blanco (por el Ñireco) y el Challhuaco.
En Neuquén el volcán Copahue y varios cerros cercanos, como el Cerro Negro. Desde San Martín de los Andes, donde se había radicado Carlos Lorenzani que había sido alumno de los cursos, hicimos varias travesías y cumbres invernales con esquíes, como el Lanín por la cara este, el Chapelco Grande, y el Villarrica en Chile.
En Mendoza fuimos al Portezuelo Argentino en el valle de Manantiales (Arenales, Tunuyán), también en Chile al volcán Chillán y en las cercanías del cerro Plomo desde Valle Nevado, cuando ese centro recién empezaba. Y en Las Leñas fuimos al Cerro Torrecillas, que está muy bueno pero hay que tener cuidado porque un vientos blanco te pueden venir encima en cualquier momento, y estando entre tres y cuatro mil metros de altura y en invierno, puede llegar a ser peligroso.

En septiembre de 1988 en Bariloche, cansados de hacer el Tronador por el refugio Meiling que involucra un marcha larga en el bosque, lo probamos desde el Paso Pérez Rosales; interesante pero lleno de cañas, y finalmente lo hicimos desde el Ventisquero Negro, saliendo del mirador. Nos metimos sobre el ventisquero y subimos una ladera oeste muy empinada, iniciándola cuando el sol se había escondido, dejando que la nieve se congelara para no tener riesgo de avalancha. Nos agarró la noche subiendo, pero cuando salió la luna llena, nos pusimos los crampones y terminamos el couloir para hacer vivac en el primer lomo, sobre el espolón que separa el ventisquero de la cascada del camping. Al día siguiente nos tocó cruzar el glaciar, muy agrietado, tanto que nos tomó el día entero, pero llegamos al pie del Filo de la Vieja donde hicimos un segundo vivac. Al otro día tomamos el camino habitual pasando por la Depresión, cambiamos los esquíes por crampones, llegamos a la cumbre del pico Argentino al atardecer, y volvimos esquiando un desnivel de unos mil metros hasta el refugio Meiling.  

Otras actividades
En el ’84 no hubo nieve para la temporada. Para esa época vendía ropa de esquí. Como el comercio no era rentable comencé a confeccionar camperas por mi cuenta. También bolsas de dormir. Diseñé una bolsa doble: una bolsa interior y otra exterior, que en conjunto pesan 2 kg ambas. También hago pantalones, pero por encargo. Siendo ingeniero no me cuesta nada hacer yo mismo el diseño y el molde.
También me metí en temas náuticos. Con mis hijos navegué mucho en Suiza, en veleros con orza, sin quilla. Aquí no había los  470 ni los 505, y yo había participado en la Copa del Mundo en esas clases.

Hay una clase internacional que se llama Fireball, que es como el 470 pero con la particularidad de que se puede fabricar de manera amateur. Entonces conocí al señor Prota que era comodoro del C.U.B.A. y presidente de la F.A.Y. y le propuse hacer una construcción amateur con los chicos del club, y yo les enseñaba a fabricar su propio barco y a navegarlo. En 1982 se juntaron varios factores: fue la guerra de Malvinas (los barcos eran un diseño inglés y se bloquearon las licencias), hubo una tormenta al club que nos destrozó dos o tres barcos, empezamos a tener peleas con los padres, y además a mi hijo que ya tenía 19 años y terminaba la escuela le tocaba hacer la colimba, pero sacó número bajo y se fue a Suiza. Así que abandoné todo eso y empecé a viajar a Suiza, y desde 1985 voy y vengo, del invierno de allá al invierno de acá.

Los Alpes
Mis hijos se radicaron en Suiza. Allí practico esquí bajo todas la formas, y vuelvo a la Argentina al terminar la temporada. Cada año hago unas veinte salidas por los Alpes. Viviendo en Ginebra todo es muy cerca: Chamonix está a 80 km, Val d' Izere a 160 km y Zermatt a unos 220 km.
En todo el arco de los Alpes los clubes son numerosos, así como los refugios. Debido al auge de los deportes invernales algunos se van transformando casi en hoteles, con 150 plazas o más, y si no hacés reservas varios meses antes corrés el riesgo de dormir en el piso del comedor, y no es ni cómodo ni silencioso.
También aumentó el uso de los helicópteros para transporte de esquiadores, pero eso depende de cada país. En Francia está prohibido; en Suiza solamente en unos veinte lugares lo permiten, mientras que en Italia te pueden dejar en donde quieras.
El esquí de travesía tiene un auge actual inmenso, estimulado por el “esquí-alpinismo” como disciplina de carreras de aventura. Pero hay que tener cuidado, porque en las competencias tenés un apoyo y una logística importantes que te ofrecen una seguridad, pero al practicar esquí de montaña por tu cuenta, no los tenés, y hay que ser muy conocedor de las condiciones meteorológicas, de nevología y de qué pasó en los días anteriores, para no correr el riesgo de terminar sepultado vivo por una avalancha, o extraviado donde ni el GPS ni el celular te van a servir de mucho.

Tramos de la Chamonix - Zermatt
Por suerte existen miles de lugares donde puedes recorrer “a la antigua” los Alpes en invierno. Fue así que hace poco hicimos una extensión de la mítica travesía “Chamonix-Zermatt”, en cuatro días con tres vivacs sin carpas, entre los 2.600 y los 4.500 m de altura. 
Generalmente esta travesía se inicia en Chamonix y dura de cinco a siete días para los no expertos. Los tramos no son muy difíciles pero conviene ir acompañado por un guía de montaña de Chamonix, pero sale bastante caro. La vuelta de Zermatt a Chamonix cuesta un mínimo de 300 euros la kombi. Cada noche en un refugios cuesta un promedio de u$s 50.- c/u, y hay que agregar algunos medios de elevación y el guía.
Nosotros hicimos varios de los tramos pero de otro modo, que en mi opinión es mejor: con variantes por arriba, sin bajar a los pueblos, con mejores pendientes y mejor nieve. Por ejemplo, la gente normalmente sube a la estación de esquí en Verbier y toma los medios de elevación, etc. mientras que nosotros vamos directamente por arriba, de manera que en un día hacemos tres descensos por nieve-polvo. Es extraordinario.
Empezamos por el lado italiano del Cervino o Matterhorn (Matter-horn = cuerno del valle Matter), pues desde Ginebra en auto es más fácil cruzar el túnel del Monte Blanco y en dos horas y cuarto llegás a Cerviña (a 2.000 m), que tiene la ventaja de estar 400 m más arriba que Zermatt. Tomás los medios hasta llegar al Klein Matterhorn (Pequeño Matterhorn) de 3.800 m. Ahí ya sentís la altura en la respiración, bajás esquiando unos doscientos metros, dejás la mochilla y trepás al Breithorn (Cuerno ancho) a 4.100 m. Luego bajás del lado italiano, buscás la mochilla y vas buscando un paso que da sobre la ladera suiza, y bajás hasta el ventisquero del Goerner que proviene del Monte Rosa. Allí hicimos el primer vivac a 2.400 m.
De ahí nos dirigirnos hacia el Monte Rosa, aún con condiciones invernales en mayo, y luego al Liskam (4.500 m) y otras pequeñas cumbres entre 4.200 y 4.600 m. Como había mucho viento en altura hicimos un segundo vivac a 3.600 m antes de hacer el Parrots (4.400 m) y volver cerca de nuestro primer vivac, antes de trepar de vuelta hacia el paso del Theodul, por el cual cruzamos hacia el lado italiano, donde volvimos al auto que habíamos dejado estacionado al comienzo.