Agosto 2007    

 


ISABEL PODHAJECKY
“La Polaca”

Por Jorge González

¿Qué cosa humedece los ojos?
El viento, la tierra, la cebolla, los recuerdos...
Sí, los recuerdos. Ella nació en Buenos Aires, en Avellaneda, el 22 de diciembre de 1934 pero sus padres, en la antigua Checoslovaquia. El papá, Antonio, en 1887 en la Bohemia y la mamá, Elizabeta, en Praga, en el año 1900. Y mientras busca cosas repitiendo “Mi casa es un desorden...” habla contando a medida que se acuerda...

 “Mi papá leyó el libro de Mandsen sobre la Patagonia y dijo ‘Quiero ir a ese lugar!’ Tenía entonces sesenta y cinco años y corría el año 1962.Y ahí partimos. Nos fuimos en tren a San Antonio Oeste y en ómnibus a Comodoro Rivadavia. De ahí tomamos un avión a Puerto Santa Cruz y después a dedo a Piedrabuena. Dormimos en un galpón y con Jensen, que manejaba el jeep del correo, llegamos a lo de Mandsen.”

De esa coincidencia que es Patagonia, lugar de cita de los montañistas de todo el mundo, aquella circunstancia también se quedó en la historia. Era enero de 1962 y unos irlandeses lograban la primera ascensión de la Aguja Poincenot, satélite del Fitz Roy. Alcanzaban la cima el 31 de enero Frank Cochrane y Don Whillians. Los demás integrantes de la expedición fueron Francis Belce, Tony Kavanagh, George Narramore y Clive Burland (La Nación, 11 de marzo 1962). La antigua piqueta de madera de Isabel, ahora colgada en una pared, tiene enrollado un cordín de rappel que le regaló Whillians. Esa piqueta se la compró a esa expedición ya que para su incursión al glaciar ella usó una vara de lenga. En su segundo viaje a Patagonia, en el año 1965, Isabel llegó a la región de los vientos cuando una expedición del C.A.B.A. (Centro Andino Buenos Aires) estaba intentando el Marconi Norte. También en aquellos días se concretaba la primera ascensión absoluta del Fitz Roy por la ruta llamada desde entonces “Supercanaleta”. Lo lograban José Luis Fonrouge y Carlos Comesaña.
 
“Conocí a Avo (Avedis Nacachian) cuando él estaba haciendo un intento al Marconi, pero después lo fui a ver con mi papá cuando lo recibió la comunidad armenia en Ciudadela al regresar del Himalaya. Lo que me quedó grabado fueron las fotos del otoño que mostró, con los pinos y el paisaje dorado, y lo que contó sobre que se quedó una semana allá en un monasterio. También contó que cuando llegó frente al Taj Majal se quedó boquiaberto sentado mirándolo; no podía creer que alguien hubiera construido algo de tanta belleza. También ese año en la Patagonia estaban Fonrouge y Comesaña, que vino a dormir en un sdarzky a donde estábamos nosotros. Acababan de hacer el Fitz Roy y Comesaña me regaló un mosquetón de aquella escalada.”

“Una anécdota que me parece simpática de aquella época es la que vinculó a Beatriz Días y Bruno Guth. Ella era pianista y Bruno un amante de la música. Bruno iba a los conciertos y leía diarios. Jamás en su casa hubo un aparato eléctrico. El asunto es que estaban armando la expedición de Ibáñez al Himalaya y Bruno le pedía a todos los conocidos un apoyo para la expedición. Beatriz tejió unos guantes como colaboración. Estando en el Himalaya esos guantes los usaba Fernando Grajales y según cuentan un día en el campamento mirándose los guantes dijo ‘¿Quién habrá sido la niña que los tejió?’ . A su regreso del Daulaghiri, Grajales  la conoció y se terminaron casando.”

“En Tucumán conocí a Orlando Bravo, pero fui amiga de Peter Bruchausen, de Víctor Ostrowsky y por supuesto de Bruno Guth. Ostrowsky vivía en una casa colonial, cerca de Pueyrredón y Las Heras y allí nos quedábamos muchas veces. Tenia un pasillo angosto, una fuente con mayólicas  y un pequeño cuadrado de tierra donde crecía una hiedra que llegaba hasta el sexto piso del edificio de al lado. Si hacía frío me ponía un poncho mapuche sobre los hombros y siempre me decía ‘Esta es tu carta de identidad en la Patagonia’.
Estuve el día que el CABA le hizo un homenaje a Ilsie Von Rentzel, y ella bajó por las escaleras y todos los muchachos le hicieron un ‘túnel’ con las piquetas.”

Y otra vez los ojos se mojan... Qué lindo.
Qué lindo que el corazón funcione tan bien a los setenta y pico.
La alta montaña en la cordillera central y especialmente el Aconcagua fue el otro escenario en el que Isabel completa lo más importante que hizo en montaña.
“Mi primera expedición al Aconcagua  fue para intentar el después llamado Glaciar de los ingleses, donde caen los cuatro saltos de hielo en la cara Este. Estaban Ehard Gründke, Cardani, Ana Cadenazzi que ahora está en París. La segunda expedición al Aconcagua fue por el Glaciar de los Polacos.”
En el intento de enero de 1964 por el Glaciar de los Polacos, alcanzó los 6.100 metros y el grupo fue liderado por Hermann Joos (27) y lo integraron Jürgen Bocksen (27), Héctor de la Vega (21), Roberto Knipscheer (18), Norman Vaisberg (24), Héctor Vittone (21), Irene Rost (26) y la propia Isabel que entonces tenía 29 años.

Me voy a casa. Con decenas de pensamientos dándome vueltas en mi cabeza. ¡Gracias a la vida! Con la sensación de viejos abrazos y el olor de la leña a resguardo de los furiosos vientos. Bajo el paisaje otoñal de nuestras sierras, pasará su autito lleno de leña, un perro, macetas y yuyos. Tocando bocina y agitando uno de sus brazos a modo de saludo. Ahí va, “La Polaca”. Pocos saben que si habla de montaña, los ojos se le hacen chiquitos y llorosos...

 

 

 



Isabel Podhajecky - 1965



1962. Isabel (con un palo), su padre y un andinista militar, en el glaciar inferior de la aguja Poincenot. La foto fue un regalo de George Narramore, miembro de la expedición irlandesa que logró la primera ascensión a la Poincenot.

Dándole una carta a C. Fava.

1964. A la derecha Isabel en el Glaciar de los Polacos en el Aconcagua, cerca de la llamada Punta Bandera.

1965. Isabel con el fotógrafo alemán Standhardt en la cocina de la casa de Andreas Mandsen, Patagonia.