Septiembre 2007    

 


PICO POLACO
El Pequeño K2  
Un clásico de los Andes Centrales

Por Gabriel Fava

“Es la primer montaña que nos presenta el Valle del Colorado; un increíble escenario que siempre deja una montaña en el tintero, una línea entre los sueños.”

 El Pico Polaco, o Pico “N”, se encuentra en el sector sur de la Provincia de San Juan, en el cordón de la Ramada, imponente sector de los Andes Centrales donde se sitúan cinco montañas de más de 6.000 m. Todas ellas pueden ser subidas desde el mismo campamento base, además de otras de más de 5.000 m, tratándose del valle glaciar más importante de San Juan, y donde aún quedan muchas rutas por descubrir.
Después de caminar varias tardes con Wenizaté Sánchez, conseguimos gracias a Garmont, Dante Montes Viajes, Fonzalida Equipamientos y la municipalidad de Calingasta, la colaboración necesaria para este nuevo proyecto, que salió en un apretado octubre, con la idea de subir el Mercedario por el majestuoso Glaciar del Caballito, pero que terminó desviando nuestros pasos hacia un inesperado “Pico N”, como lo llamaron los primeros exploradores, los polacos los años ’30. Hoy se lo conoce como Pico Polaco, pero al que apodan “Mini K2” (asimilándolo con la segunda montaña más alta de los Himalayas).

Aproximamos durante dos días, unas cinco horas cada jornada, topándonos con muy poca gente. Unos guanacos relinchan cuesta arriba, uno chinchillón salta entre las rocas, pero la gran bienvenida al valle la da el Pico Polaco. Se eleva majestuoso, unido por el Filo del Peine a la increíble pared sur del Cerro Mercedario, con sus más de 1.500 m de desnivel, y con líneas por descubrir entre los salvajes glaciares Ostrowsky y Karpinsky.
“Pirca Polaco” es el campamento base; ubicado a 3.600 m nos recibe con mucho viento entre sus grandes piedras. A poco de llegar se desata una tormenta y no amaina durante un par de días. Finalmente parece que calma, y nos vamos acercando. El salto Frío, cascada que se desprende del glaciar del mismo nombre y que conduce a la cara este, se ve casi helada por completo. Mas allá el glaciar nos lleva directamente al campamento, que ubicamos al pie de la cara este, entre increíbles glaciares y en un gran plateau al pie de la ruta elegida, conocida como “la del serac”, abierta por Arellano-Domínguez hace ya varios años.

El segundo intento de cumbre empieza bien temprano. En el primero desistimos por las pequeñas avalanchas de nieve polvo que caían continuamente. A las 04.00 hs el calentador empieza a hacer su trabajo para a las 05.30 estar caminando, hacia la entrada que conviene pasar bien temprano en la mañana antes de que el sol empiece a dar en el serac. Cruzamos rápido las rimayas, para desencordarnos y empezar a sortear las pequeñas islas de rocas, siempre por nieve con 35 a 40 grados de inclinación. La pendiente aumenta progresivamente hasta la trepada al serac, donde alcanza unos 60 grados con nieve muy blanda. Hacemos algunos largos con una cuerda de 30 metros y nos desencordamos arriba del serac, para un descanso que nos deje respirar, comer algo y seguir por el filo, con algunos pasajes fáciles de roca y nieve, hasta unas dos horas mas allá, donde la cumbre nos espera solitaria y muy fría.

La vista desde la cumbre es increíble: el Mercedario justo en frente con su gran pared sur, y
la oeste que tiene sólo un ascenso hasta el momento. Hacia el sur el cerro La Mesa se muestra bien cargado de nieve y abrazado siempre a sus enormes glaciares. Mas allá el Alma Negra y La Ramada, que domina el paisaje al sudeste.
Un buen rato en la cumbre, pero todavía queda la bajada siguiendo la misma ruta de ascenso. Esto es algo que hace un poco especial a esta gran montaña y que quizás explica los pocos ascensos que presenta, ya que todas las rutas desde el valle son por canaletas, espolones, y canales mixtos, con grandes cascadas de hielo esperando. Muchas líneas  de ascención no resueltas hasta el momento.

Por los días que nos habíamos demorado por la tormenta cuando llegamos, ahora nos vemos obligados a bajar el mismo día de cumbre hasta Pirca Polaco, para al día siguiente seguir derecho hasta Santana, donde nos esperan para llevarnos a Barreal.

Y así, con la vista del imponente Aconcagua, el Cordón de La Ramada, los siete picos del cordón Ansilta, y más al norte la Totora y Olivares, le ponemos el punto final a esta expedición, que termina donde nadie sabe, en destinos que el andar irá definiendo, como un vuelo de cóndor desde los Andes al Himalaya.