Enero 2008    

 

TIM MACARTNEY SNAPE

Reportaje de Ángel Ezequiel Armesto.
Realizado en marzo de 2007 para “al borde”.

LOS PRIMEROS AÑOS

Comentanos algo sobre tu infancia y los primeros años.
Nací en Tanganyika en 1956, actualmente es Tanzania, donde mis padres tenían una granja que producía vegetales orgánicos, para ser distribuidos en la capital Dar Es Salaam, llevados por un avión DC3 dos veces a la semana. Tal lejanía de las ciudades hacen que uno se sienta más cerca de la naturaleza, y muy especialmente podía ver todos los días la impactante figura del Kilimanjaro. A la edad de doce años mi familia se mudó a Australia, donde vivo desde entonces.
¿Tus primeras escaladas?
Dí mis primeros pasos en la escalada en la época en que comencé a cursar biología en la universidad de Canberra, carrera afín a mi pasión por los animales y la naturaleza. Eran tiempos en los que la escalada ocupaba nuestros momentos de ocio, y cuando los muros de granito de Baroomba presentaban más que desafíos para todos nosotros. Durante el verano me la pasaba trabajando a lo loco como albañil, y ahorrando dinero para poder ir a escalar a Nueva Zelanda, donde entre mis amigos disfrutábamos de ascensiones de variada dificultad, siempre en estilo alpino, al principio en rutas clásicas, para luego de un par de años comenzar a internarnos en rutas de mayor dificultad y compromiso.

DUNAGIRI Y ANAPURNA II

Antes de poder pensar en ello nuestro club decidió organizar una expedición a los remotos Himlayas, oportunidad que despertó algo en mi interior. Todos esos pensamientos sobre si podría ir, financiarlo y además escalar, dominaron cada minuto de mi vida por esos días, hasta que esa salvaje voz interior respondió que debería intentarlo sin atender los muchos consejos de amigos y familiares sobre qué debía hacer. Durante meses, el nombre Dunagiri (7.066 m) fue la musa que me empujó mucho mas lejos de lo que me hubiese imaginado que podría ir.
La expedición comenzó muy lenta. Recién al final del tiempo calculado, y con sólo doscientos metros de cuerdas fijas, logré convencer a mi compañero Lincon Hall de ir a buscar voluntariamente las cuerdas para no dejar huellas de nuestro intento y de paso, si el tiempo lo permitía, proseguir los siguientes 2.500 metros del filo, hasta llegar a la cumbre. Truco un poco perverso, un poco pícaro de mi parte... Al notar que el clima era ideal decidimos seguir un poco más... y una vez en el filo cumbrero, ya no pudimos resistir la necesidad de terminar esta expedición coronando la cumbre.
A la mitad del recorrido, tuvimos que vivaquear, sin bolsas de dormir, solo las camperas de pluma y nuestra pasión nos abrigaron en aquella noche tenebrosa que amenazaba con dejarnos marcas. La sed y los -35 ºC nos desmoralizaron, pero aún así seguimos adelante, hasta que a las 11:30 del otro día, Lincoln dijo que ya tenía suficiente, así que se quedó descansando al sol, mientras yo seguí adelante por las sencillas laderas nevadas hasta la cumbre.
El descenso fue más complicado: una tormenta eléctrica nos alcanzó obligándonos a seguir adelante, manteniéndonos activos para no congelarnos, llegando recién al otro día en las primeras horas, luego de rapelar con nuestras cuerdas heladas que parecían cables, y para colmo, sin linternas. El triste saldo de esta experiencia fue el de dedos de pies y manos congelados para Lincoln, por lo que debimos evacuarlo en helicóptero desde el campo base.
¿Cuáles considerás como los mejores logros de tu vida?
Creo que nuestra ruta en la cara Sur del Anapurna II (7.960 m) en 1983, fue la mejor y más grande de todas las escaladas que hicimos. Fue una nueva vía, comenzando en bosque húmedo a 2.500 m de altitud, luego con un riesgo terrible de avalanchas... Tuvimos que  pasar una semana en una cueva de nieve a 7.000 m para luego escalar una sección muy técnica, finalizando con un vivac en una repisa donde apenas cabíamos sentados, y por si esto fuera poco una increíble y masiva tormenta de nieve en el descenso, sin comida ni combustible.

EVEREST
Contanos sobre la expedición donde abrieron la ruta australiana en la cara norte del Everest, y cómo funcionaron los auspicios y el gobierno en la organización del viaje.
Yo tenía sólo 28 años cuando viajamos en el ’84. La idea surgió por casualidad en una conversación con un japonés que había estado cuatro años antes por esos lugares, escalando el Hornbein. Él mismo me habló de lo directa que era la cara norte, y lo verificamos con las fotos de un libro chino que compré en el Tibet en 1981.
Entonces me enteré de que había una vacante para el ’84; nos decidimos e hicimos un depósito para tener la reserva del permiso de ascenso, en los tiempos que las transferencias bancarias eran cosa seria, sin Internet ni couriers. Cien mil dólares era una suma considerable, así que se transformó en el mayor obstáculo, y eso era el costo para sólo cinco escaladores, y sin oxigeno!
China era un destino muy caro, pero al mismo tiempo nos daba la oportunidad de hacer una nueva ruta en el gran couloir central. Tuvimos que perseverar mucho para no desmoralizarnos, pero gracias al éxito en el Anapurna y aprovechando la racha, logramos convencer a la televisión de patrocinarnos a cambio de la filiación del documental. El arreglo fue que en la altura deberíamos filmar nosotros mismos, pero para el campo base habría un equipo de expertos con los que contaríamos para asesoría técnica, entrenamiento, etc. hasta que fuésemos a la altura.
Llegando a la base y analizando la pared, encontramos una línea de ascenso elegante, pero que presentaba un riesgo de avalanchas bastante grande en el tercio inferior, por lo que optamos por fijar cuerdas en esa sección, ayudados porque encontramos algo de cuerdas dejadas por Yannick Signeur dos años antes.
Desde una cueva como a 7.000 m salimos en estilo alpino, abriendo huella hasta donde decidimos vivaquear, a unos 7.400 m. El pesado terreno dio a lugar a un suelo más firme hasta los 8.100 m, donde establecimos el campo 2, en una terracita que tallamos para nuestra carpa de dos personas, en la que esa noche dormimos cuatro... Muy cómoda!
El día siguiente, aunque muy frio, se transformó en el día de cumbre.
Teniendo en cuenta la experiencia con Lincoln años antes, mi obsesión por el frío obligó a volcarme por el lado soleado del filo, y así evitar congelamientos, transitando por encima de la banda de rocas amarillas, que nos condujeron hasta una zona de rocas sueltas, continuando hasta alcanzar la cumbre. La mayoría de las descripciones indican que fuimos por la salida Messner, pero en realidad salimos bien por encima de las rocas.
El resultado al finalizar aquel glorioso día fue que sólo Greg Mortimer y yo llegamos hasta el techo del mundo. Lincoln se quedó en el campo base sufriendo las secuelas de los congelamientos de años anteriores. Andy Henderson nos siguió como a 40 minutos y vió como justo antes del atardecer nos posamos sobre la cumbre.
El descenso fue muy, muy lento. Sólo yo tenía  linterna, cuestión que complicaba aún más la situación, pero por suerte eso fue suficiente para llevarnos de regreso al campamento a las 03.00 AM, muertos de cansancio. Sólo a Andy le tocó pagar caro el descuido de olvidar los mitones: todos sus dedos sufrieron congelaciones, pero por suerte alcanzó el campo base en buenas condiciones.
Sobre la expedición en la que alcanzaste la cumbre del Everest caminando sin apoyo desde el Golfo de Bengala, (“Sea To Summit Expedition”), cómo te preparaste para enfrentar las inclemencias de cruzar junglas, bosques de humedales, y luego un ambiente tan hostil como el Sagarmatha?
La marcha de aproximación fue mucho más que buen entrenamiento, considerando que estuve más de dos meses caminando cada día.

ARGENTINA. Mt. SARMIENTO.

¿Cuántas veces has estado en la Patagonia, y en Argentina y qué has hecho en esas expediciones?
Bueno, vos sabés bien cuantas veces estuve en Argentina: La primera vez cuando fuimos a escalar el Mt. Sarmiento, y después cuatro veces, guiando australianos en Aconcagua, tres de esas veces teniendo que soportarte cantar como un loro en Plaza Argentina mientras cocinábamos juntos, con Pip, en la misma carpa! 
Ahora canto un poco peor! Volviendo al tema de Patagonia, quiénes integraban el equipo, y cómo resolvieron la aproximación al Monte Sarmiento?
El equipo del Sarmiento estaba conformado por un grupo selecto de varios paises compuesto por Stephen Benables de Gran Bretaña, John Roskelley y Jim Wickwire de los Estados Unidos, Charlie Porter de Chile y yo. Nos encontramos con Charlie en Ushuaia, y de ahí navegamos en un velero entre los fiordos hasta el Sarmiento. Establecimos un campo base en el bosque, cerca de una morena muy vieja, justo al lado de la playa; un lugar paradisiaco. Era otoño, así que nos volvimos creyentes, rezando porque el tiempo se mantuviera estable, pero me parece que le escapamos un poco, o que la prédica no llegó a destino porque ni vimos la montaña por días y días, para luego sólo poder espiarla por un rato y sacar unas pocas fotos.
El clima para peor fue increiblemente húmedo durante toda la marcha. Por donde mirábamos estaba todo empapado: la ropa, la comida, las carpas goteaban sin parar, cosa que nos ponía muy incómodos, y nos hacia perder calor de manera incontrolable.
Establecimos un campo de altura por encima de la cota de nieves eternas, más o menos a 1.000 m de altitud, pero algunas veces nos sorprendió la lluvia de manera nada agradable, y nos obligaba a descender al campo base, para encontrarnos que la playa estaba cubierta de nieve! Clima patagónico al 100 %!
En un intento de reconocer la ruta Charlie y Jim se lesionaron al ser alcanzados por una ráfaga de viento que literalmente los levantó del lugar. Charlie la tuvo bien complicada porque se dislocó un hombro, y no pudimos reacomodarlo, aunque lo intentamos: final de la expedición para él; no quedó otra opción que evacuarlos, a ambos. Fueron trasladados en el  bote a Punta Arenas desde donde nos prometieron enviar un pesquero para buscarnos a los pocos días, y así darnos a John y mí la oportunidad de hacer cumbre.
Acampamos en la base del comienzo de la pared sur, justo en la línea correcta de ascenso para llegar a la cumbre oeste, y gracias a Dios el clima mejoró de manera repentina, como suele suceder en estas latitudes, así que fuimos por ella sin dudar.
Una ascensión fantástica, con perfecto hielo poroso, inclinación de hasta 85º  y un tiempo de maravilla, que no nos dejó lugar a dudas de que alcanzaríamos la cumbre, situación en la que nos vimos juntos a las 04.00 hs en punto, con un cielo límpido y la panorámica de 360º de un cielo perfectamente azul.
Diez rapeles más abajo,  y justo cuando estaba empezando a oscurecer, nos alcanzó una “locomotora” con un cargamento de viento helado dejándonos ciegos por la nieve que arrastraba y nos lastimaba la cara. El viento blanco era tal que no podíamos ver nada mas allá de la distancia de nuestras manos. Intentamos en vano encontrar la línea de descenso todo ese día, y el día siguiente para poder luego de casi dos días de escalada intensa, alcanzar el campo base.
¿Pensás volver a la Patagonia? Qué te gustaría escalar?
Quisiera escalar, el Fitz Roy (Chaltén), la Aguja Saint Exupery, ya que es uno de mis clientes favoritos, y la Torre central del Paine. También me gustaría escalar una línea que tengo vista en la cara sur de la cumbre central del Sarmiento.

SER GUÍA

¿A qué te dedicás ahora? ¿Te imaginás trabajando de guía o tenés otro tipo de proyectos?
Actualmente solo guío trekkings exploratorios en los Himalayas una vez al año. Llevo gente fuera totalmente de los senderos comerciales; solemos hacer primeras ascensiones de picos de baja dificultad. De este modo todavía me interesa guiar, ya que no me gusta guiar siempre en el mismo lugar porque eso me parece monótono. Guiar es actualmente un hobby para mí ya que mi principal fuente de ingresos son las conferencias y la marca de indumentaria y accesorios de montaña que he desarrollado, a la que llamé “Sea to Summit”, en honor y utilizando la difusión que logré cuando terminé aquel proyecto.
¿Cuál crees que es el secreto para llegar a ser un buen guia y alcanzar reputación internacional?
La actitud de crecimiento y búsqueda personal son factores comunes a cualquier actividad. En la profesion de guía el sentido común, y la percepción objetiva del entorno externo e interno también juegan un papel fundamental, ya que determinan el lugar que debe ocupar cada uno en cada momento. Un buen guía sabe cuándo debe ser firme y cuándo dejar las cosas fluir suavemente, siempre manteniendo el control de su equipo, ordenadamente y con estrategia, como en un juego de ajedrez.

 


Tim Macartney Snape.


Tim y un amigo en Tanganyka en 1962.


Tim en Morning Thunder Rock 5.11.


J. Roskelley en el Mt. Sarmiento, cumbre oeste, cara sur.


Mt. Sarmiento, cumbre oeste, cara sur.

Mt. Sarmiento: John Roskelley y Stephen Benables en la cumbre oeste.