Enero 2008    

 

GUARDAPARQUES
EN LA MONTAÑA

Por Diego G. Ferrer. dgf_info@yahoo.com.ar

Ubicado en el departamento de Las Heras, Mendoza, y con una extensión de 71.000 hectáreas, el Parque Provincial Aconcagua tiene como objetivos principales conservar las muestras de flora y fauna altoandina y los restos arqueológicos que allí se encuentran. Asimismo, cumple el rol fundamental de proteger las cabeceras de cuencas y los glaciares presentes en esta típica geografía de montaña. Sin embargo, son pocos los turistas que realmente conocen el fundamento de la creación de esta área protegida allá por el año 1983, ya que hoy en día su máximo potencial lo adquieren sus 6.962 desafiantes metros que lo vuelven un trofeo para montañistas de todo el mundo. Como agentes de conservación del lugar, los guardaparques realizamos diversas tareas relacionadas con la atención al visitante, el cuidado del patrimonio natural y cultural, la investigación y la educación ambiental.
Al rotar por los diferentes campamentos que posee el cerro en su ruta normal, Horcones, Confluencia y Plaza de mulas, nuestra principal actividad consiste en recibir al visitante, chequear formalmente su permiso de ascenso o trekking, y brindarles una sintética charla acerca de los deberes y obligaciones que estos tienen con el parque, además de recibir denuncias o sugerencias para un mejor desempeño.
Desarrollando esta tarea, una de las cosas que más me sorprendió fue comprobar lo poco informada que viene mucha gente a la montaña, creyendo que es simple abordar los 4.000 o 5.000 metros de altura. Esta situación me llevó a que en varias ocasiones tuviera que prevenir a los ingresantes de la falta de cosas esenciales, como ser ropa adecuada, elementos de alta montaña (calentadores, linterna, bolsa de dormir para bajas temperaturas) o de lo peligroso de ingresar con jeans y zapatillas de lona y de aprovisionarse sólo de galletitas y paté, por dar un ejemplo concreto. Este contacto con la gente nos posibilita, además, ejercer el rol de educador ambiental que tiene todo guardaparque, ya que se transmiten conceptos básicos sobre conservación y cuidado del medio ambiente, entregando a los turistas, según lo indica la normativa del parque, una bolsa numerada para arrojar la basura producida y otra de color negro para la materia fecal en altura, entre otras cosas.
El control del campamento y los senderos que conducen a éstos constituye una parte importante del trabajo diario, turnándonos para una actividad que nos puede llevar casi todo el día, teniendo en cuenta las distancias, lo complicado de la geografía y lo difícil del clima, que incluye fuertes vientos, nieve y bajas temperaturas. Se asiste a los montañistas en viaje ante cualquier malestar, que puede desembocar en un mal de altura o ante cualquier desorientación, que puede terminar en un turista perdido, ya que en más de una oportunidad hemos tenido que salir a buscar a personas extraviadas en horas de la madrugada. No quedamos exentos de los actos de vandalismo en el parque, y los graffitis pintados con aerosol o con las mismas piedras del lugar, se suman a las tareas comunes de limpieza del parque. Esto requiere de un rasqueteado que muy difícilmente deje la zona sin marcas, como ha ocurrido por ejemplo en “Piedras Conway” a 4.700 metros.
La salud de los visitantes es controlada gratuitamente por médicos que tienen su propia carpa en cada uno de los campamentos de altura. Ante un síntoma de mal de altura u otra enfermedad detectada, el profesional puede indicar la evacuación del paciente, lo que motiva una movilización importante para su traslado, muchas veces en helicóptero. Pero como me sucedió en la última temporada, no sólo se efectúa cuando hay un diagnóstico por parte del médico que lo detecta a tiempo, a veces suceden accidentes como quebraduras, ataques de asma repentinos, o pérdida del conocimiento, que, cuando ocurren en altura, agravan la situación y pueden ocasionar la muerte. En todos los mencionados casos los guardaparques debemos actuar y estar preparados ante tales situaciones, lo que muchas veces nos convierte en auténticos enfermeros o rescatistas de altura.
Más específicamente orientadas hacia los recursos naturales, las tareas incluyen la confección de informes y los monitoreos de flora y fauna típica de la región, apoyado por relevamientos y censos de aves y de vegetación, la toma de muestras de fecas para identificar la posible distribución de las distintas especies, entre ellas el Puma, el Guanaco y el Zorro Colorado. La medición diaria del caudal del río Horcones es otra importante actividad que posibilita el estudio del comportamiento del Glaciar Horcones Inferior. A esto se le suma el recorrido para su control de sendas y caminos que usualmente no están abiertos al público en general, y la asistencia a biólogos y técnicos, en sus trabajos de campo.
En este nuevo contexto configurado por un turismo que crece a paso acelerado, el papel que los guardaparques cumplimos en las áreas protegidas se vuelve imprescindible no sólo para lograr el ya mencionado control y vigilancia de los recursos, la difusión de la educación ambiental y la colaboración científica, sino también para la seguridad del visitante.


Laguna al fondo del valle. Foto Agustina Barros.


Información carpa Guardaparques. Foto Direcc Recursos Nat Renovables.


Refugio de Guardaparques en Confluencia. Foto Diego Ferrer.


Recolección de residuos.
Foto Agustina Barros.


Maniobras con el helicóptero en Plaza de Mulas. Foto Diego Ferrer.


Guardaparques seccional Leñas. Foto Agustina Barros.