Enero 2009    

 

ACONCAGUA
EL MAYOR RESCATE

Demasiados acontecimientos juntos. Lo que sigue es un resumen de la información publicada además de la que nos llegara por diversas fuentes, de los sucesos ocurridos en el Aconcagua, antes durante y después de la semana de Reyes, principalmente entre el 6 y el 9 de enero de 2009, recopilado y editado por Santiago Storni y Alicia Pacheco.

 

Al inicio  de la temporada se anunciaba que los guías no podrían trabajar de modo independiente sino únicamente contratados por las agencias autorizadas.
A mediados de diciembre un informe de las autoridades mendocinas revelaba que se habían detectado más de 100 guías en el parque, mayormente extranjeros, que no poseían la habilitación para guiar, y se anotaban como un visitante más.
El sábado 3 de enero un guía argentino encontraba el cuerpo de un escalador alemán, Stephan Jeramin (42), primera víctima fatal en la temporada, que había sufrido una caída en la zona conocida como Cuello de Botella, en el glaciar de los Polacos, a unos 6.000 m.

El martes 6 de enero, tarde, se tuvo noticia de que en el mismo glaciar pero a 6.700 m, estaban extraviados un grupo formado por cinco integrantes: cuatro italianos (dos mujeres) y el guía mendocino Federico Campanini (con doble nacionalidad, residente en los Estados Unidos). Una sexta integrante, Antonella Targa (50), se había vuelto antes y estaba en el refugio de altura Berlín (5.980 m). “Todos salimos hacia la cumbre desde Berlín. Habíamos tenido una noche fría pero estrellada y partíamos con un sol espléndido", recordaría luego la integrante que había decidido regresar a mitad de camino, en Portezuelo del Viento, al sentir náuseas por la altura. "Mi guía de la empresa chilena Azimut, me dijo: 'Tienes que tomar una decisión', y decidí que volvería.” En Berlín, se metió en su carpa a dormir, pero al anochecer despertó y no vio a sus compañeros. "Me extrañó no verlos porque se suponía que estarían de regreso en unas pocas horas, y fue entonces cuando recibí una comunicación del guía argentino haciéndome saber que, si bien habían hecho cumbre (a las 16.30 hs), estaban perdidos, en medio de una tormenta".  Luego explicaron que después de hacer cumbre un temporal los sorprendió y la falta de visibilidad provocó que bajaran del lado del Galciar de los Polacos.
La temperatura en el lugar era de -18ºC, y más fría durante esa noche que el grupo tuvo que pasar a la intemperie.
El oficial inspector José Luis Altamirano (39, casado, cuatro hijas), acredita 15 años en la seccional policial de montaña de Mendoza y alcanzó 24 veces la cumbre del Aconcagua, la mitad en ocasión de misiones de salvamento, y le encargaron liderar el primer grupo de la Patrulla de Rescate. Luego relataría: “Al momento del pedido de auxilio del guía me encontraba recuperando el cuerpo del alemán (Stefan Jeromin) en el Glaciar de los Polacos, y me indicaron que encabezara la búsqueda de los cinco extraviados. En altura nevaba mucho y había viento blanco. El helicóptero del parque me dejó en Nido de Cóndores (5.200 m), junto con José Remonda y otros rescatistas. Sin el helicóptero hubiéramos demorado dos días desde Puente del Inca a Nido, y así ascendimos en 20 minutos”.

El miércoles 7 a las 05.30 hs se pusieron en marcha dos patrullas apoyados por guardaparques, pero a las 15.15 hs decidieron suspender la ascensión debido a la intensa tormenta. "El tiempo se descompuso, con -20ºC. Nos enterrábamos 50 cm en la nieve, no sentíamos los pies, nos congelábamos y decidimos volver al refugio Berlín" dijo luego Altamirano. El guía había logrado informar que uno de sus clientes había fallecido (luego se supo que era la italiana Helena Senín), mientras que otro cliente tenía una fractura y un edema pulmonar, y el resto sufría una severa hipotermia y deshidratación, que los tenía al borde del congelamiento, y se hacía imperioso un rescate; pero un fuerte temporal impedía la misión.
A las ocho de la mañana el piloto Horacio Freschi (35) desde helicóptero AS-350 B-3 Esquilo, los ubicó: "Los veo en el filo, a 6.700 metros, uno hace señas!" Y obtuvo una foto crucial para que la patrulla los contactara al día siguiente. Estaban a unos 300 m por debajo de la cumbre, en la cara opuesta a la normal, pero era imposible acercarse a ellos, debido a la intensa nevada y el fuerte viento.
El cónsul de Italia, Pietro Tombacini, se hizo presente en el parque para seguir los acontecimientos en persona. Luego daría los nombres de los italianos: Mirko Afasio (39), Marina Attanazio (38), Mateo Refrigeratto (35) y Helena Senin (38) que falleció. Antonella Targa (50) fue quien dio la vuelta antes, sin seguir hasta la cumbre. Todos tenían experiencia previa en montaña, incluso algunos ya habían hecho otras cumbres de +6.000 m.
Según Armando Párraga, a cargo de la patrulla de rescate de la policía, el guía no se había reportado como tal en el Parque Aconcagua, sino sólo como un miembro más de la expedición.

Pero se sabe que el guía Federico Campanini (31), mendocino oriundo de Las Heras, estaba lejos de ser un inexperto. Había alcanzado antes dos veces la cumbre del Aconcagua, una de ellas acompañando hace algunos años al ex gobernador de Mendoza, Arturo Lafalla, y la segunda, comandando un grupo de noruegos. Además de haber escalado el monte McKinley (6.194 m) en la cordillera de Alaska, el más alto de América del Norte. Siempre fue un amante del deporte. Se recibió como Guía de Alta Montaña en la Escuela Valentín Ugarte, tras pasar por el profesorado de Educación Física. En el último año de esa carrera, un profesor lo invitó a subir el cerro Aconcagua y a su regreso decidió que quería dedicar su vida al andinismo. Allí trabajó los primeros dos años luego de recibirse. Vivió un tiempo en la Patagonia, donde hizo varias guiadas en el Hielo Continental y otras. En el 2006 decidió establecerse en los Estados Unidos y comenzó a trabajar en agencias internacionales. En “al borde” hemos publicado una expedición que realizara a la Quebrada de la Jaula junto con otro guía, Gabriel Barral, en septiembre de 2004: http://www.alborde.com.ar/montania1/montanismo105b.htm.

El jueves 8, al no poder sacarlos en helicóptero la estrategia de los rescatistas era subir hasta la cumbre para desde allí tratar de verlos y bajarlos por la ruta normal. “A las 06.30 hs partimos a la cumbre con los oficiales José Luis Ramonda, Diego D'Angelo, Carlos Montaña, Oscar Fernández y Matías Tieppo", relató luego Altamirano. Para entonces, los guardaparques Lucas González Mosso (29), Flavio Costarelli (38), Omar Darío Navas (32) y Ariel Ghilardi (38) coordinaban la subida simultánea de otra patrulla de ocho hombres, además de varios guías, porteadores y demás montañistas voluntarios.
Al mediodía el grupo de Altamirano llega a la cumbre. "Eran las 12.30 y no paramos ni para tomar algo caliente, era una carrera contra el tiempo. Si pasaban una noche más, se morían. Bajamos por un filo del glaciar (Polacos), con mucha nieve, y con los datos del aviador más los que llegaban por radio, nos orientamos", señaló luego Altamirano. “Llegar hasta los andinistas fue muy difícil y complicado. Para entonces ya se nos habían sumado unas 35 personas civiles, que espontáneamente se unieron a la búsqueda. Llegaron de todos los campamentos del cerro. Hasta el cocinero de Plaza Argentina llegó a la cima, sin pensarlo. Esa gente actuó con una solidaridad fuera de serie.
Cerca de las 14.00 hs vieron cuatro figuras desdibujadas entre la nubosidad, a 6.700 m. “Empezamos a bajar desde la cima (del lado de Polacos) y de improviso, sobre una banda rocosa, observamos a cuatro personas sentadas contra unas piedras. Antes habíamos encontrado una piqueta, antiparras, bastones...indicios inequívocos de una situación anormal, de una caída. Estaban muy quietos, con mínimas reacciones. Eran Campanini, y los tres italianos, dos varones y una chica”. Habían tenido que pasar una segunda noche a la intemperie con -25ºC. “Nos acercamos y se sorprendieron al vernos. Apenas balbuceaban sin poder articular palabras, casi congelados, como entregados.” Los cuatro se hallaban en grave estado. Tenían hipotermia, deshidratación, miembros congelados y uno con cuadro de edema pulmonar. "Tenían buen abrigo, eso les permitió resistir las bajas temperaturas bajo cero durante dos noches". Los atendieron durante más de una hora. "Los medicamos, les dimos sorbos de té, café y jugos calientes" relató luego Altamirano. “Los hidratamos y empezamos a tratarlos según instrucciones de la médica de Plaza de Mulas”. Eran 17 rescatistas: cuatro por cada italiano y cinco con el guía argentino. “Resolvimos aplicar el procedimiento de selección de las personas por su gravedad. El más delicado era Federico (el guía). Sólo un italiano hablaba. El temporal se nos venía encima, nos urgía sacarlos de ahí, un lugar escarpado, de roca podrida. Con una cuerda fija se empezó a extraer la gente”.
Antes de las 16.00 hs empezaron a subir penosamente hacia la cumbre para pasar al otro lado y bajar por la ruta normal. “El guía era el más grave, estaba adormecido; sólo después de hidratarlo, balbuceó ‘Se rompió una placa (de hielo), se rompió una placa y se cayó la chica…’ (haciendo mención a la desaparición de Helena Senín). Encontramos muchas pisadas en el glaciar que nos hace pensar que el guía trató de salvar a la gente. Ahí quemó mucha energía y además debe haber tenido una caída. Entonces se quedaron con el guía el auxiliar Diego D’Angelo, dos guías y yo. El resto se dividió. Cada escalador era tomado por cuatro rescatistas. Nosotros hicimos el ascenso con Campanini. Fue durísimo. Empleamos unas siete horas para hacer 200 metros, en medio de un feroz temporal. Los chicos que me acompañaban no aflojaron, pero estaban sufriendo síntomas de congelamiento. Federico Campanini no caminaba, se notaba que hacía esfuerzos para sobrevivir, pero estaba muy débil. D’Angelo lo cargaba de a ratos, y si no iba en una improvisada camilla de cuerdas. Hubo, inclusive, un momento dramático en que Federico, sin reacción, casi cae a un acantilado, arrastrando a mi compañero. Poco después ya no pudimos hacer nada, y alrededor de las 20.00 hs comprobamos que había fallecido. A 200 m de la cima notamos que no tenía signos vitales; intentamos reanimarlo, pero había muerto", lamentó Altamirano. Lo dejaron y siguieron. Estaban exhaustos. “Fue muy triste, y tuvimos que dejarlo porque el vendaval que se había desatado nos iba a llevar a nosotros también”.
Los italianos podían caminar tambaleantes tomados de los rescatistas, en medio de una tempestad insoportable. Dos equipos más de rescatistas subieron a ayudar. El operativo ya era uno de los más grandes que se recuerde en el Aconcagua, según informaba el jefe de guardaparques, Pablo Perelló. A Mirko Afassio y Marina Attanasio los descendieron hasta Nido de Cóndores a ritmo muy lento, con la ayuda de dos socorristas en cuyos hombros se apoyaban y de un tercero que sostenía una cuerda atada a su cintura. "En un bidón de plástico cortado por la mitad improvisamos un patín para llevar a Refrigerato. Así lo desplazamos hasta el refugio Independencia. Toda la noche la pasamos abrazados a él para darle calor", explicó Altamirano. En esa última noche, lo notó recuperado y contento. Le dijo: "Esto te va a costar el asado más caro del mundo". Y el italiano respondió con una sonrisa: "Grazie, amici".

El viernes 9 de enero trasladaron a los tres sobrevivientes en helicóptero desde el campamento Nido de Cóndores a Horcones, en la entrada del Parque, donde una ambulancia los llevó al Hospital Italiano en la ciudad de Mendoza, con principio de congelamiento en manos y pies, pero a salvo.
Antonella Targa, la mujer que se volvió antes, luego declaraba: "Tengo que decir que toda la gente ayudó, que fueron una segunda madre para nosotros, porque el rescate fue verdaderamente increíble. Lo único que puedo decir es gracias, gracias, gracias".
Ese mismo viernes 9 ocurre otra muerte: en la cumbre un inglés,  Michael Fleeman (42) sufrió un paro cardiorrespiratorio. Llegó a la cima pasadas las 16.00 hs y se sentó a descansar. Veinte minutos más tarde el guía se acercó a él para avisarle que comenzarían el descenso y descubrió que estaba muerto. Su cuerpo quedó para ser bajado por la patrulla de montaña junto con el del guía Fedrico Campanini.
En tanto, desde Estados Unidos Amber Christensen (32), que desde hacía tres años estaba casada con el guía, emprendía el viaje a Argentina para velar a su marido. Profesora de idiomas, se habían conocido en Plaza de Mulas estando en dos expediciones distintas.

El lunes 12 los pacientes son pasados a sala común y relatan su experiencia a la fiscal Claudia Ríos, quien tiene a su cargo la causa judicial.
Distintas empresas, asociaciones y un numeroso grupo de montañistas deciden conformar un equipo que sirva de apoyo ante nuevas emergencias, y firman en Plaza de Mulas un acta de compromiso que da origen a una Comisión de Socorro del Aconcagua.
“El operativo lo cumplimos un puñado de policías, con el apoyo de un gran número de civiles, entre guías, porteadores y campamenteros. Sin ellos no sé cómo nos hubiera ido”, dijo luego Altamirano.

El martes 13 el director de Recursos Naturales Renovables, el paceño Guido Loza, adelanta que se cupificarán los ingresos al Parque en la temporada 2009-2010. 
El viernes 16 un estadounidense, Arthur D'Lisle (51), cerca de las 14.00 hs sufrió una caída en las cercanías de Nido de Cóndores, y se golpeó contra una piedra en su costado derecho, lo que le provocó una herida interna y la fractura de varias costillas, que le provocaron un neumotórax hipertensivo, como constató luego el médico en Plaza de Mulas. Una patrulla del Ejército Argentino que se encontraba realizando un rastrillaje de rutina lo bajó en camilla pero alrededor de las 15.10 hs el andinista falleció, cuando habían arribado a la zona denominada "El Semáforo", localizada a unos 4.700 metros de altura, convirtiéndose en la quinta víctima fatal de la temporada. Desde diciembre, además de los cinco muertos, ya había 132 evacuados.

El domingo 18 de enero, habiendo transcurrido algo más de una semana desde su rescate, los italianos dan una conferencia de prensa en el hospital, sin la presencia de Mariana Attanazio que se excusó.
"Nunca pensamos en morir, y eso se lo debemos en gran parte a Federico (Campanini)", dijeron con las manos aún vendadas por las congelaciones. "Una vez que pasó el temporal que encontramos de repente después de hacer cumbre, la única manera de sobrevivir era estar bien pegados unos a otros, caminar para mover los músculos, comer lo poco que nos quedaba (fruta seca y barras de cereal) y tomar nuestra propia orina, rebajada con nieve. Eso y saber que nos habíamos podido comunicar con la patrulla y que estaban en camino, fue lo que nos mantuvo esperanzados". Según el relato de los italianos, el guía Federico Campanini fue el que siempre los alentó a no bajar los brazos y luchar a cada minuto por sus vidas. "Primero me salvó la vida cuando una porción del terreno cedió y luego de caer terminé al borde de una cornisa. Fue él quien con una cuerda me sacó de ese lugar. Después de eso perdí mis guantes y él me entregó unos suyos, no caben dudas de que estamos vivos gracias a Federico", manifestó conmovido Mirko Affasio. Por su parte, Mateo Refrigeratto contó que al saber que Helena Senin había fallecido, Campanini fue el encargado de sacar al grupo del pozo emocional en el que se encontraban, con una frase que siempre quedará grabada en sus mentes: “Vamos, salgamos de acá; si no, nos morimos todos”. ”A pesar de que llevo muchos años escalando, nunca conocí a un profesional así", ratificó Refrigeratto. Sólo permanecieron cinco minutos en la cima para tomar fotos porque los apremiaba el temporal de nieve que ya estaba sobre sus cabezas. "El tiempo y la visibilidad eran muy adversos, no hubo un error humano, definitivamente fue una fatalidad. Esa mañana había amanecido con el cielo despejado y de un momento a otro las condiciones se complicaron mucho", dijeron.
Ese mismo domingo 18 se da a conocer la intención desde Italia de los familiares de Helena Senín, de costear los gastos de la construcción de un refugio como homenaje.

 

Fuentes: Principalmente el diario Los Andes, y otros Comcel diario Uno de Mendoza, Clarín, La Nación, el testimonio y fotos del piloto Horacio Freschi, comentarios en el foro “Andinautas”  y nuestros propios archivos.

 

Testimonio del piloto Horacio “Duro” Freschi a “al borde”
Yo trabajaba en Gendarmería Nacional, y me fuí de retiro a principio de 2006. Trabajo ahora en la empresa de servicios aéreos "Helicopters", con sede en Mendoza, que ganó la licitación pública del servicio aéreo para el parque.
El avistaje de los italianos lo hicimos nosotros. Los encontré el 7 de enero. Uno de ellos hacía señas, dos más estaban parados y uno recostado, a 22.000 pies (aprox. 6.700 metros). Es imposible realizar una operación aérea en ese lugar con nuestra aeronave por como está configurada (peso), además de que las condiciones meteorológicas no eran buenas tampoco (viento fuerte). Luego los volví a ver a las 10.30 y a las 13.45 hs.
Al otro día iniciamos 06.15 hs con los vuelos. Hicimos traslados a Nido de cóndores (5.500 m) de los "Misiles" (guías de alta montaña que se ofrecieron voluntarios) así llamados por el Jefe del Parque, Guardaparque Ariel Ghilardi, debido a la rapidez de sus desplazamientos: en 04.50 hs hcieron cumbre desde Nido, regulando fuerzas para poder socorrer a esa gente.
En uno de esos vuelos me acerqué al lugar donde vi a los accidentados con el guía Gonzalo dell Agnola, y a pesar de mi pesimismo (pensá que era su segunda noche en el lugar y sin bolsas de dormir ni carpas) los volvimos a ver: uno hacías señas a duras penas, y otro sostenía un paño azul a modo de bandera. Grité por frecuencia lo que veíamos y fue una inyección de optimismo para todos los participantes en la operación de rescate, según me dijeron más tarde.
Hay que tener en cuenta que en toda la temporada (15/11 al 31/03) hacemos un promedio de 15 a 20 vuelos al campamento de altura Nido de Cóndores; y sólo en los tres días que duró esta movida superamos ese número.
Destacables:
* La actitud del Jefe de Zona de Alta Montaña, Guardaparque Pablo Perelló, que no dudó en montar todo el operativo a pesar de que el criterio decía que la gente no tenía esperanzas.
* El manejo de la situación del Jefe del Parque desde Plaza de Mulas.
* El empeño puesto de manifiesto por todos los integrantes del cuerpo de guardaparques del parque, implicados directa o indirectamente, como así también de los responsables de los operativos del rescate, la patrulla de rescate de la policía de Mendoza.
* Y los que me dejaron sin palabras fueron los guías, porteadores y campamenteros que voluntariamente se ofrecieron. Sin ninguna duda sin su desinteresada colaboración no se hubiera podido alcanzar el logro del objetivo propuesto: sacarlos vivos.