Marzo 2009    

 

Rescate en el Aconcagua:
El efecto Cromagnon

En estos días de tanto debate acerca de los medios técnicos, el qué deberían haber hecho, el qué no deberían haber hecho, porque no usaron esto o lo otro, hemos caído nuevamente en la trampa argentina de acusar, opinar, actuar, someter  después de lo sucedido pero no reflexionar sobre porqué solo funcionamos a la luz de acontecimientos de este tipo. En la Argentina pareciera ser que el motor final y más efectivo de la organización termina siendo la tragedia. Necesitamos miles de muertos en las rutas para trabajar sobre el fondo de la cuestión, cientos de muertos en un recital para implementar políticas de seguridad, avalanchas con varios muertos para evaluar la capacidad de los guías, etc.
Mucho se podrá opinar sobre los recursos técnicos de rescate en este caso puntual. Los rescates de montaña son eventos únicos y cada uno tiene una estrategia, una logística y una ejecución que es casi imposible dar un veredicto sobre lo correcto o incorrecto. Hay tantas variables críticas en juego, clima, altitud, terreno, luz, recursos humanos y materiales, condiciones de la o las víctimas, legislación local, distancia a servicios médicos organizados, etc. que la opinión de cualquier experto puede verse opacada rápidamente para dar una solución completa a este episodio, a la vez de ser algo soberbia.
La discusión para la opinión pública no es acerca de los detalles técnicos, sino la de la mirada global sobre la forma de encarar las situaciones de emergencia. Responsabilizar a los rescatistas de la muerte de Campanini es una enorme simplificación de un problema tan complejo. Es el modo operativo Argentino.
De esta manera en este caso la víctima se victimizó y se han diluido sus responsabilidades como guía que en definitiva por la cadena de sus propios errores se llegó a esta penosa situación. No fue infortunio. No hay accidente.
Los rescatadores con las limitaciones previas (inmediatas y de años) y aquellas impuestas por la circunstancia convertidos en victimarios. Un penoso video de 2 minutos es la vil herramienta que los condena para siempre. Unas pocas imágenes donde no es posible dimensionar de ninguna manera el escenario donde transcurría el rescate, el “instantáneo” riesgo de muerte al que estaban sometidos, y que no obstante ser en ese momento rescatadores, no dejaba de producirles un tremendo temor de morir o afectar alguna función vital irreversiblemente.
¿Entonces qué es lo que hay que hacerle llegar al público que no conoce la práctica del montañismo y las técnicas de rescate?
Ni es ilustrar como es la práctica del montañismo que solo es posible adquirir practicándolo, ni dar opiniones sobre si hacía falta llevar oxigeno, camillas especiales, dexametasona u otros implementos que es una discusión técnica para expertos y en muchos casos muy difícil de evaluar retrospectivamente.
Lo que debemos presentar al público es que en la Argentina debemos dejar el efecto Cromagnon y encarar la evaluación, la capacitación, la planificación, la inversión, la publicación, la responsabilidad tanto de individuos (en este caso Campanini) como de grupos humanos (patrulla de rescate) y de las instituciones (Gobiernos) de manera concienzuda con la consigna que todos estos eventos son evitables y mitigables, solo es cuestión de creerlo y actuar ya, para que en este caso la práctica del montañismo sea un disfrute de plena libertad y no un calvario de víctimas y victimarios.
Es hora de dar vuelta la página de Cromagnon.

Dr. Marcelo Parada
Especialista en Medicina de Montaña (UIAA/IKAR)
Fundador de la Sociedad Argentina de Medicina de Montaña
San Martín de los Andes

















ACONCAGUA
REFLEXIONES

Por Alejandro Randis

Se puede reflexionar “a la luz de la muerte o a su sombra”…  A la luz de las varias muertes que han acontecido en el cerro Aconcagua esta temporada (2008-2009) invito a compartir algunas reflexiones.

El montañismo es un juego de alto riesgo, como la profesión de guía de montaña, y exigen responsabilidad* a quien libremente elige estas actividades. (*responsabilidad: obligación y capacidad de respuesta).
Siempre que se producen daños múltiples (como muertes múltiples) las causas son sistémicas y los comportamientos humanos los principales actores. Digo daños y no accidentes porque accidente es por definición: “suceso imprevisto que produce daño”. ¿Imprevisto para quién? es la pregunta. Los daños se pueden producir también por impericia, negligencia, ignorancia, imprudencia consciente y básicamente por “factor humano” (esto es la intrínseca falibilidad del Ser humano que nos lleva a errores de percepción, errores de razonamiento, errores motrices, errores en las tomas de decisiones, etc.).  Es por la permanente incidencia de ese “factor humano” en las actividades peligrosas que se debe gestionar sistemas de seguridad pasiva y activa, para que cuando se cometa un error, cualquiera sea, exista un sistema redundante que mitigue las consecuencias. ¿Hasta dónde? El riesgo cero no existe. Sí creo que debemos procurar permanentemente reducir las “muertes por causas evitables”, investigando, informando, formando y educando, enfocados en la prevención y en la gestión del riesgo.
Las actividades riesgosas voluntarias, sean deportivas, lúdicas, laborales o de otro tipo, contienen una de las tantas paradojas del Ser Humano. La exploración de lo desconocido es una motivación básica (aunque implique exponerse a peligros) y es una motivación básica también y simultáneamente: la búsqueda de seguridad. Gracias a esta paradoja pudimos bajarnos de los árboles hace miles de años y hoy el Hombre puede andar por el  mundo haciendo. Para bien y… para mal, pero es así.  Un proyecto de comunidad que pretenda seres humanos mejores, debe permitir y estimular las actividades que incluyan la exploración y el conocimiento (del entorno, de nuestros semejantes y de uno mismo).
Respecto al Aconcagua, específicamente, opino que NO hay que prohibir ni controlar tanto. Si debe el Estado, a través de la Dirección de Recursos Naturales Renovables, exigir a los visitantes que asuman su propios riesgos y sus consecuencias. La DRNR debe obligar a los visitantes a informarse de todos los peligros mortales y de desaparición que amenazan la ascensión y además sincerar la imposibilidad real de auxilio en muchísimos casos. Esto se debe hacer mediante un centro de interpretación muy didáctico, instalado donde sea funcional al visitante. Además por escrito mediante un instructivo de ingreso que sea una explicitación de riesgos que los visitantes deberán firmar conformes. La DRNR debe explicitar claramente todos los riesgos (por más que puedan asustar) y exigir la responsabilidad de cada individuo para asumirlos voluntariamente. De esta forma las consecuencias y sus costos materiales y/o intangibles, no deberán ser costeadas por la comunidad mendocina (este procedimiento ya se emplea en muchos países que tienen ciudadanos maduros y funcionarios de igual calidad y no se les ocurre prohibir para evitarse problemas, ni pretender sobreproteger allí donde debe ser el mismo individuo el responsable primario.  Actualmente el Estado se ve en la obligación de afrontar los costos por ofrecer (vía DRNR) un control, una cobertura  y una responsabilidad que muchas, pero muchas veces, no puede sostener en tiempo y forma real. Esto es: más allá de intenciones y promesas de ocupantes de despachos grandes y chicos.
- Es un despropósito pretender prohibir, súper-controlar, o restringir que se siga practicando esta actividad en el Aconcagua (cosa que han hecho, o querido hacer múltiples burócratas). Considerando que millones de argentinos están bajo la línea de pobreza y de indigencia, poder generar riqueza y no hacerlo es una canallada. Y el Aconcagua es un gran generador de riqueza para la comunidad mendocina, más allá de la caja chica que dejan los visitantes en carácter de permisos de ingresos (caja chica que encandila a muchos funcionarios que pretenden incrementarla cada año subiendo el precio sin ver que están matando poco a poco la “gallina de los huevos de oro”). La riqueza más importante que genera el Aconcagua es tangible en los muchos dólares que dejan los visitantes en forma de pago de servicios (arriba y en la ciudad). E intangible al hacer conocer Mendoza en otras partes del mundo. Los pesos de permisos de ingreso son auto-fagocitados por la misma burocracia del Parque. Es verdad que representa trabajo para un gran número de guardaparques y esto es bueno en la medida que estos funcionarios logren ser capaces de agregar valor al Parque.
Numerosos conocedores del Parque opinan que, dentro de su dinámica actual, se debe re-asignar recursos (ya existentes pero mal  gastados). Son necesarias mejoras* como el equipamiento de los grupos de Rescate ya que el Parque no tienen ni una camilla tipo Mariner, ni un teléfono satelital. Los rescatistas trabajan arrastrando un gran bidón de plástico partido al medio como transporte de heridos o muertos. La Patrulla de la Policía se empeña mucho más allá de su paga y costea sus equipos personales. ¡He visto personalmente a políticos prometerles en medio dela montaña, al ver sus austeros equipos, mejorar sus condiciones! Y por supuesto… adivinaron: nunca cumplieron. (*Las mejoras de gestión del Parque pueden ser motivo de una nota).
En más de treinta y cinco años en la montaña he participado desde  diferentes posiciones en emergencias. Muchas veces como voluntario y una vez en 1.999 desde el peor lado, cuando uno de mis clientes tropezó y cayó en la canaleta a 6.500 m. Entonces muchos nos prestaron auxilio: guías, asistentes, guardaparques, personal de la Patrulla de Rescate de la Policía y voluntarios varios. Esa noche reinó buen tiempo y todo salió lo mejor que podía resultar (más allá de las graves lesiones de nuestro herido).  Pero imagino a los muchachos cargando a Federico Campanini  a casi 7000 metros, metidos en la tormenta, horas y horas de esfuerzo…Congelándose las manos, los pies, la cara, los pulmones…  Los conozco y seguro dieron todo lo que tenían que dar. No hay que olvidar que la finalidad de un grupo de rescate es  SALVAGUARDAR VIDAS, INCLUYENDO LAS DE LOS RESCATISTAS. Estoy seguro que debemos seguir investigando, formando y educando para la prevención. Para seguir  haciendo de esta actividad de riesgo una fuente de ingreso de divisas para la provincia (en un marco autosustentable, gestionado por privados y  funcionarios competentes) y también para que el montañismo siga siendo generador de mejores Personas.

 

Alejandro Randis: Ex guía de alta montaña y Co-Fundador de la Escuela de guías de alta montaña de Mendoza. Autor de los libros: “Aconcagua el centinela de piedra”; “Sistemas de seguridad en montaña para profesionales” y “Liderazgo en ambientes agrestes”