Febrero 2010    

 
 
 

MONTSERRAT - CATALUÑA - ESPAÑA

LA MONTAÑA MÁGICA

Por Marco Centomo, texto y fotos.

Así es que se percibe el alma de esta montaña: sincretismo de lo instintivo y lo original, conjunción de paisajes de ficción y de los desafíos más reales y comprometidos. El ser de la montaña, prisionero en cada piedra, en cada aguja, será revelado palmo a palmo durante la escalada y una vez en la cumbre, Montserrat será majestuosamente única... Imborrable para quien la conozca, la explore y la viva...

“Un efecto visceral que se resume en esa imagen de inmensidad inexorable. La montaña acaba de entrar por la ventana del tren y nosotros estupefactos, inmóviles.  Son las 7:30 am y faltan quince minutos para llegar a Monistrol, el poblado al pié del macizo. Pidiendo permiso a cada uno de los trescientos metros del gran centinela de piedra, El Cavall Bernat, ascendemos en el tren cremallera hasta el monasterio medieval de Nuestra Señora de Montserrat, tercer ojo de la montaña. El precipicio, espejado, se proyecta sobre nuestras cabezas y bajo nuestros pies. Atemorizante e inefable, ante ella somos simples idearios de hazañas buscado su pureza. Esto es Montserrat, simbiosis de hermosura y brutalidad, de quietud y furioso abismo.”

Una escuela en la tangente
El macizo de Montserrat, “La montaña mágica” o “El monte serrado”, es una zona gris, una burbuja en el paradigma del alpinismo. Con particularidades y características únicas, resulta difícil contrastarla con otras escuelas clásicas. Tal vez puedan señalarse ciertos rasgos filosófico-técnicos comunes en distintas generaciones de escaladores: himalayistas, alpinistas, andinistas, todos tan parecidos y a su vez tan distintos. En este sentido, Montserrat forma escaladores híbridos y originales, cuya creatividad es tan sorprendente como su habilidad y resistencia física, dotes imprescindibles para transitar por este incomparable mundo vertical.
Así, los primeros escaladores que se lanzan a la conquista de estas cumbres, marcan un estilo original y heterodoxo, respondiendo a las demandas de la propia montaña y superando los problemas mas complejos. Montserrat como escuela, es una conjunción que cuaja las formas “clásicas” y “modernas” de concebir la escalada y esto se debe a su morfología, historia y sobrenaturalidad.

Ubicación, características e historia.
Ubicada en el corazón de Cataluña (España), constituye el macizo de conglomerado más extenso del mundo. Imponente, se alza como un enorme mole constituida por sedimentos de acumulación fluvial pegados mediante un durísimo cemento calcáreo. Dichos depósitos sedimentarios, que formaban parte del lecho de un golfo marino –en donde hoy se encuentra la depresión catalana- fueron depositados por los ríos que desembocaban en él y luego ascendidos durante los cataclismos geológicos, hace un millón de años (no es extraño estar escalando y encontrarse con conchillas y caracolas marinas pegadas en la roca). Luego, al quedar expuesto a los agentes erosivos (viento y lluvia) adopta las formas más caprichosas. Insólitas agujas, paredes lisas y verticales, enormes cuevas y extraplomos infranqueables, son característicos.   
Sin embargo, antes de que el hombre empezara a buscar sus propios límites en la verticalidad del mundo, estas extrañas formaciones ya producían en él una atracción indiscutible. Así, la montaña de Montserrat ha sido desde la antigüedad un centro religioso; escenario de grandes batallas y matanzas, de mitos y leyendas… Los archivos históricos, restos arqueológicos y cuentos populares nos hablan de sacrificios humanos que datan período neolítico; del genocidio de los Cátaros en manos de La Inquisición; de Nazis y la búsqueda del Santo Grial; y hasta de extraterrestres... 
Hoy, para los escaladores catalanes y del mundo, es más que un sitio para ir a escalar: representa un lugar de recogimiento, de búsqueda de una escalada pura, de líneas perfectas aunque muchas veces invisibles e impensables.

La escalada
La escalada en Montserrat podría definirse en tres palabras: aérea, atlética y psicológica.  Recuerdo la primera vez que llegué al refugio de San Benet, y charlando con la gente de allí, me dijeron una frase que siempre le repito a los que se inician en la escalada montserratina: “si no escalas con los pies, no subís”… y aunque todos sabemos que esta es una máxima para cualquier escalada, puedo asegurarles que nunca mejor aplicada. La roca presenta gran cantidad de tomas pequeñas (predominan las pinzas pequeñas, monodedos, bi-dedos y romos), lo cual implica que ante un aumento de la verticalidad de la pared, el grado se disparará sin remedio. Así mismo, la lectura de la roca se torna complicada y hay que ser asiduo o tomarse un tiempo para acostumbrarse ella. Resulta importante subir bastante los pies para cargarles la mayor cantidad de peso posible para no quemarnos los antebrazos a quince metros del suelo.  Por ello, no es raro encontrarnos a doscientos metros del pié de vía y caer en la cuenta de que hace ciento cincuenta  que venimos dándole al mano-pie.
En cuanto al factor psicológico, se podría decir que es una escuela que curte al más cobarde. Y si se me permite, otra vez voy a recurrir a una frase que me informó al iniciarme: “Para escalar en Montserrat, hay que apagarse el cerebro…”; debo decir que quedó muy comprobado en repetidas ocasiones. Escalar largos enteros de R a R sin seguros intermedios y sin posibilidad de equiparlos más que con algún cordino o micro-friend, o llegar a la cima de una aguja encontrar que tu rapel es una simpática raíz, ilustra a la perfección cuan importante es la serenidad con la que escalemos en estas paredes.
Resulta interesante leer la historia respecto de algunas primeras ascensiones. Cada una resulta una epopeya, con actores como Antonio García Picazo o Luis Estasen, verdaderos pioneros monserratinos que marcaron tendencia. Al realizar alguna vía clásica, un buen consejo es el de ponerle un tinte de color a nuestra escalada leyendo la crónica de la primera ascensión. El sin fin de artilugios y chirimbolos que utilizaron los pioneros para superar estas infranqueables paredes -como anclas de barcos o varillas auto-roscantes- son elementos poco ortodoxos que sorprenden al mas creativo y autodidacta.

Vías Clásicas
Mas de mil líneas de escalada evidentes y otras no tanto forman parte del patrimonio inagotable de esta montaña, siendo el minimalismo -en cuanto al material- denominador común en la mayoría de ellas (filosofía muy catalana). Cabe aclarar que hay muchas vías clásicas de grado de dificultad moderado (entre 4º y 6º grado) todavía conservan gran parte de su material original (tacos de madera, clavos, spits), si no es que están des-equipadas, por lo cual un grado modesto no implica que la escalada no sea comprometida.  No obstante, hay muchas vías clásicas re-equipadas con parabolts en las que se puede progresar en libre tranquilamente sin tener que asegurarla con material móvil. También hay gran cantidad de información actualizada en las guías y webs acerca del estado de las vías, el material requerido, etc.

Vías Artificiales.
La escalada artificial jugó un papel fundamental en la escena montserratina. La mayoría de las vías clásicas fueron abiertas utilizando técnicas de “artifo” y esto resulta muy lógico tomando en cuenta la montaña en cuestión.  Montserrat ofrece un sin fin de posibilidades para aquellos escaladores meticulosos y pacientes que arrastran al petate como un compañero mas. Vías escalofriantemente “interesantes” han sido trazadas con grados a los que pocos se enfrentan. Vale aclarar que muchas de las vías clásicas con pasos artificiales hay sido re-equipadas como para poder superarlos con estribos o forzando en libre.  En este caso, la escalada resulta muy motivadora ya que podemos estar a varios cientos de metros de altura, sin quemarnos los sesos, en dificultades que rara vez bajan del séptimo grado. 
 
Vías Deportivas.
Las vías deportivas comienzan a equiparse de forma mas generalizada a principios de la década del 80 y desde entonces los equipadores no se han tomado respiro. Así, encontramos en cada vertiente monserratina vías deportivas por doquier. De hecho, es tal la cantidad de vías que existen que hay guías específicas de cada sector de la montaña.  La mayoría de las vías tienen parabolts y químicos, y en el peor de los casos buriles bastante confiables. La innumerable cantidad de vías con dificultades de hasta 8c (dicen que hay algún que otro proyecto de 9a) se encuentran en su mayoría reseñadas en guías y sitios de Internet.

Diego Marsella se estableció en España y está en este enero de 2010 visitando Monserrat. Aprovechamos para preguntarle su opinión sobre el sitio-escuela.
“Estoy en mi primera semana de escalada en Monserrat y no he recorrido aún los sectores, que son muchos y no me alcanzaría la vida para conocerlos todos. Estuve solamente en dos sectores: uno es la Agulla del Senglar, con vías increíbles como ’Somni Diabolic’  8a, ‘Viatge Imaginari’ 7c, ‘Sprint Final’ 8a+;  también en el sector de la Agulla está la famosa ’Lourdes’ con sus casi 60 m, y al lado ‘Poco loco’ 8b, equipada por el alemán Alexander Huber que cuenta con unos doce seguros para los 60 m de vía: hay cinco seguros repartidos en los primeros 12 m y el resto hasta el descuelgue... a volar !!!
El otro sector con vías muy buenas es el Can Jorba; una de las primeras vías que también le da nombre al sector es ‘Odio Africano’ 7a, equipada aún con spits y partes reequipadas con parabolts, que son interesantes escalarlas  porque muestra la forma  de cómo  se equipaba y se veían las líneas en ese momento.
Mis actuales planes para Montserrat son ir haciendo las vías más recomendadas,  que merecen dedicarles los puntos rojos, e ir mechando los días de escalada en roca, que son pocos, como para ir haciendo lo mas que se pueda ‘a vista’, y lo que no se pueda a darle pegues.
Es muy agradable el sitio porque hay muy buena calidad de vías y de todos los niveles. Es como estar en un ambiente de montaña pero con la facilidad de hacer deportiva y elegir los sectores. Al lado se encuentra Sant Llotent de Munt,  e infinitas escuelas quizás más chicas, pero que también valen la pena. Hay mucho y para todos los gustos”.