Febrero 2010    

 
 
 

PSICOBLOC

Los hermanos Pou en Prado, Colombia

Fotos y texto: Camilo Rozo/Red Bull Photofiles

Desde el instante mismo en el que el Big Bang dio inicio a todo lo que hoy vemos y tocamos, a todo esto que finalmente somos y sentimos, la belleza, las riquezas y su ubicación en el universo han sido cuestión de suerte nada más. El lugar exacto de una mina en el planeta ha sido tan casual como el tamaño y forma de una montaña o el arriba y abajo de los polos. Sucedió con todo: los paisajes, los colores del agua, la vida que en cada rincón del mundo floreció. Decir también que ser pescador o escalador está escrito desde aquella gran explosión, no es tal vez tan desquiciado como parece.
En un rincón de Colombia llamado Prado, a menos de cuatro horas de Bogotá, la naturaleza, con ayuda del hombre, ha esculpido un paisaje hermoso en una represa hidroeléctrica en la que los deportes acuáticos han sido la constante. Hasta allí, un día de septiembre de 2010, un grupo de escaladores llegaría a enfrentar lo desconocido. Dos invitados especiales liderarían la aventura. El evento, bautizado como Red Bull Psicobloc, exploraría la valentía de los atletas y las condiciones de una roca joven en un escenario único y especial.

El pueblo de Prado, Tolima, fue descubierto en 1545 y oficialmente fundado en 1781. Inicialmente fue un caserío entre dos ríos cercanos: el Negro y el Cunday, en el cual habitaron los indígenas Poicos hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI. Años después, el 1 de marzo de 1959, se iniciaron las obras para la construcción de una represa de 4.500 hectáreas que, trece años mas tarde, se conocería como Hidroprado y que la gente llamaría simplemente “mar interior de Colombia”.
Adentro de ese mar el punto elegido por los escaladores sería un trozo de tierra favorecido por la creación. La laguna encantada, como la conocen los locales, es un manantial gigante quince metros mas arriba del nivel promedio del embalse; es el patio trasero de la casa de un pescador que comparte su espacio con monos, pequeños cocodrilos, aves, y todos los insectos de ese, su paraíso. “Es un paisaje que ha estado allí desde mucho antes de que la represa existiera. Ha estado desde siempre”, asegura don Julio que conoce cada rincón de su selva, de sus aguas. Él, que ha pasado su vida entera allí, se sigue asombrando con la grandeza de una pared de roca de más de ochenta metros, que se sur a norte se levanta en su laguna. “Le dicen ‘encantada’ porque sencillamente tanta belleza a uno lo encanta”, dice él. También cree que puede ser porque cambia de color a veces o porque se agita cuando alguien la perturba. En esa pared gigante que todos admiran, don Julio sólo ha visto anidar los loros. Jamás pensó que alguien tuviera algo más que hacer allí.

Escalar montañas es tan antiguo como el hombre. Por la razón que sea siempre hemos querido o necesitado conquistarlas. La religión nos ha empujado a construir templos sobre monolitos gigantes como los de Meteora. La ciencia ha querido saber qué le sucede a nuestros organismos entre mas alto, y la adrenalina es el combustible que mueve a los deportistas que han hecho del peligro una forma de placer silenciosa. Cuatrocientos años antes de Cristo acuarelas en China muestran a hombres colgados de rocas cercanas a su aldea. En el siglo XXI dos de los mejores exponentes de la escalada en el mundo visitarían Prado para asombrarse y asombrar. Sería una nueva conquista.
Iker y Eneko Pou, hermanos, escaladores, vascos, destinados para esto, no recuerdan la fecha exacta en la que tuvieron su primer contacto con la montaña. Dicen que su padre fue el responsable de ello. Recuerdan también que a los quince años ya sabían que subir, y nada más que subir, sería la mayor parte de sus vidas. Desde entonces solo han vivido la exigencia y el éxito en su deporte. Durante los últimos doce años todos sus proyectos, por ambiciosos que hayan sido, los han culminado con solidez y gran habilidad. “Siete paredes, siete continentes”, “Expedición Antártica”, “Orbayu, el big wall mas duro del planeta”, son algunos de los nombres de esas victorias que hoy acumulan.

El psicobloc, como disciplina de la escalada deportiva, no supera los treinta años. Las costas inglesas, y en especial las de la isla de Mallorca, fueron los primeros escenarios en los que algunos encontraron la manera de hacer un “free solo” de hasta veinte metros con el agua como colchón. Un verdadero trabajo para la cabeza antes que para el músculo de aquel que lo intenta. Iker y Eneko son considerados notables en este espacio también.
La descripción geológica de la pared de la Laguna Encantada dice que es un bloque de roca sedimentaria. No es precisamente la formación ideal para escalar pero tampoco una que haga la labor imposible. Es lo que la naturaleza nos ha dado. Victor, Jairo, Jorge, Richi y Toño son los escaladores colombianos encargados de dominarla y encontrar la manera de hacerla escalable. Muchas cuerdas, dos taladros, cientos de kilos de equipo, y hasta 12 horas diarias de trabajo bajo un asombroso clima tropical, fue lo que tomó prepararla y dejarla óptima para el psicobloc. “Es un terreno inestable”, concuerdan en decir los ruteros, cinco días después de un gran trabajo en el que abrieron las cinco vías de hasta veinte metros que los hermanos Pou y los escaladores colombianos, invitados por Red Bull, se atreverían a desafiar por primera vez en sus vidas.

Un día antes de la competencia Iker y Eneko tienen una tarde a solas con la roca. Les asombra el lugar y lo diferente de esa escalada. Predicen que todos se van a divertir. Al día siguiente son ellos quienes introducen el psicobloc a los veinte participantes, antes de tomar su lugar como jurados de la competencia. Cada uno hace dos rutas que inspiran a los primerizos. La faltante es la final. “Es un psicobloc complicado el de este lugar –afirma Iker–. Usualmente lo hacemos en roca extraplomada, aquí tienes una placa. Es mejor no jugar al héroe si no sabes lo que haces”. “Además no hay recompensa –bromea Eneko–. Llegas al top y no hay nada que hacer, tienes que caer”.
Los participantes hacen sus intentos. Iker y Eneko motivan con sus gritos a todos sin excepción. Pareciera que los inspiran a seguir y querer encadenar la totalidad de esa pared. Don Julio no cree lo que ve. Los atletas no creen lo que viven. Después de nueve horas el evento termina. Es justo decir que todos estuvieron por encima de su propio nivel, el día y a la hora que debían. La roca se comportó. Además de buena escalada también se vio lo mejor y mas fresco en caídas. La experiencia fue sobrenatural. Así lo han descrito todos. El Red Bull Psicobloc dejó dos ganadores. Un hombre y una mujer en cada categoría.  Luego, viene un feliz  regreso a casa.

Trece mil setecientos millones de años han pasado desde aquel gran Big Bang, cinco mil millones desde que la tierra es un planeta. Día a día las galaxias se distancian unas de otras, las rocas se compactan a velocidad de paciencia infinita y los hombres han buscado sin remedio ser lo que su era les exige. Los cien millones de años que han visto formar la cordillera de los Andes son poco para la dureza de la roca que hoy desafiamos. Tal vez hagan falta otros tantos cientos de millones para hacerla perfecta. Por ahora no sería pretencioso afirmar que un grupo de colombianos y dos amigos españoles lograron, sin duda alguna, estar bien adelantados a su tiempo y a la historia.