MUJERES EN LA MONTAÑA 1
SILVIA FITZPATRICK
Investigación Marcelo Lisnovsky y Silvana Natero.
Colaboración y supervisión: Rolo Garibotti.
Testimonio: Sebastián de la Cruz.
Reportaje, recopilación y edición: Santiago Storni.

Bibliografía:
Anuario C.A.B. 1992.
Enciclopedia de la Montaña Desnivel.
Cuaderno Patagónico Nº 4: “Fitz Roy”.
“Cuerdas Rebeldes”, de Arantza López Marugán.
Edit. Desnivel
“Historias de Escalada”, de Jim Bridwell. Edit. Desnivel.

Atardece en el Refugio Frey y aparece una flaca bellísima; lleva una musculosa que deja ver brazos de una fortaleza poco usual. Se notaba que venía de escalar por varias horas. Sola e indiferente a toda la gente del refugio, entra a la cocina como si estuviese en su casa y se prepara algo caliente sin hablar con nadie. Alguien me explica que es una escaladora que sale todas las mañanas a escalar por todo el día, muchas veces sola. También me explican que tiempo atrás su novio, Eduardo Brenner, otro gran escalador, había muerto al darse vuelta el bote haciendo rafting en el Río de las Vueltas en El Chaltén.



Diez años mas tarde percibo que la nueva generación de escaladores argentinos desconoce completamente a esta escaladora que fue tan importante para el desarrollo del deporte en nuestro país a fines de los años ‘80 e inicio de los ‘90. Fue por eso que decidí hacer esta nota. Intentamos contactarla en repetidas ocasiones, pero nunca obtuvimos respuesta y por lo tanto decidimos hacer este artículo basándonos en testimonios e investigaciones. Antes de publicarla, ella ya se enteró de esta nota y no la objetó.
Santiago Storni


Silvia Fitzpatrick nació el 11 de octubre de 1964 en Buenos Aires.
Desde chica tuvo pasión por los deportes, en particular la natación, pero no descubrió la montaña hasta los 20 años de edad, cuando en uno de los cursos de la carrera de Educación Física que cursaba, conoció a Alberto del Castillo. Siendo que para ella el concepto de hacer las cosas a medias jamas existió, decidió inmediatamente dedicarse a esta nueva actividad de lleno. Los años siguientes la vieron vivir en El Bolsón, descubrir al Agujas del Cerro Catedral y eventualmente la Patagonia. Cargando por la vida con una intensidad y una devoción únicas no fue sorprendente que llevando tan solo tres o cuatro años escalando se convirtiera en la segunda mujer (primera argentina) en subir al Cerro Fitz Roy, la cima del cual alcanzo en 1987 con quien en su momento fuere uno de los mas capaces y mas queridos escaladores argentinos, Eduardo Brenner. Ese mismo año los vio completar la primera ascensión invernal de la Aguja Poincenot por la via Whillans. El 1988 Eduardo y Silvia volvieron a la Patagonia, esta vez con proyectos aun mas grandes. Su intención era completar una vía nueva y original al Cerro Torre. Subieron la cara este del Cerro Adela Sur, desde el cual alcanzaron la cumbre del Adela Central, y continuaron traveseando al norte, realizando la primera ascensión del Cerro Adela Norte, desde donde tenían intención de bajar hacia el nevero que interrumpe la pared sur del Cerro Torre, para luego travesear por este hacia el este para alcanzar el espolón sudeste. Luego de varios intentos fallidos a este proyecto quijotesco decidieron buscar algo mas razonable. En las semanas siguientes, junto con Hector Cuiñas llevaron a cabo una serie de intentos a la Vía del Compresor, alcanzando las torres de hielo a apenas 200 metros de la cumbre, donde pasaron varios días a la espera de buen tiempo antes de renunciar. Poco después, cansados de tanta montaña y de tanta piedra bajaron a El Chaltén, que entonces contaba con apenas cuatro o cinco casas, y fueron seducidos a sumarse a un grupo de conocidos para hacer una bajada en gomon del Río Las Vueltas. El resultado de esta aventura fue sumamente trágico. Eduardo, junto a otras dos de las seis personas en el gomón perdió la vida en esa desafortunada aventura. Esa vida grande y hermosa que Eduardo llevaba en sus hombros desapareció para siempre bajo el agua glacial de ese río patagónico. Silvia logró salvarse agarrándose al banco de un islote que se le cruzo en el camino. Este giro trágico en su vida fue el comienzo de una serie de infortunios que la marcarían muy profundamente. Pocos meses más tarde, en una de las agujas de Frey (Cerro Catedral) moría a su lado el escalador cordobés Guillermo Urban, como resultado de un error conjunto que dos escaladores de tal calibre no deberían haber cometido. Con su intensa personalidad, de Silvia no paró para reflexionar, para preguntarse el por qué, y así fue como siguió adelante, siempre adelante, con más motivación y con más ganas que todas las personas que en esos años la rodearon. Esta serie de acontecimientos trágicos le ganaron una mala reputación, que sin ninguna duda fue bien poco merecida. Tanta tragedia a su alrededor la dejaron sumamente sola, y así fue que Silvia luchó y luchó, y cansada de luchar siguió luchando.
A fines de los ’80 no pululaban las palestras por la Argentina como hoy, y el torneo de mayor nivel de escalada deportiva se hacía en las paredes del Frey. Silvia ganó las “Rock Master Frey” en los años 1988, 1989 y 1990 en la categoría damas. En la del ‘89 y ‘90 resultó cuarta en la categoría general, o sea comparándose también con los varones. Esos años la vieron repetir las rutas más difíciles de Frey, como así también ganar varias competiciones en Brasil donde también repitió innumerables vías de muy alta dificultad.
En 1990 partió a Europa, donde como parte de un evento por la paz llamado “Ascensiones para el mundo” escaló junto a Jim Bridwell la famosa pared Norte del Eiger. En el ‘92, radicada de manera temporaria en España hace el primer 8a femenino en tierra ibérica, robándole el privilegio a las españolas. "Lolita" 8a+ (desde entonces decotada a 8a) fue la vía más dura que realizara un escalador argentino (hombre o mujer) hasta entonces. A “Lolita” le siguió "Fun Fun", también 8a, en Vermell-Ventosa, Pirineo catalán. Ese mismo año viajó a Inglaterra, donde rapelando sufrió un accidente sumamente grave que la dejó con varios huesos rotos, incluyendo la cadera rota y desplazada. Fueron muchos los meses que debió pasar en el hospital pero logró reponerse, aunque jamás recuperó íntegramente la sensibilidad en su pie derecho. Una vez más su energía y decisión fueron puestas a prueba, pero ni bien recuperada lo suficiente volvió a escalar, y a pesar de la falta de sensibilidad en el pie volvió a alcanzar otra vez el nivel altísimo que tenia antes del accidente.
Radicada ya de manera definitiva en Inglaterra se dedicó asiduamente a la competición, logrando en varias ocasiones ganar el campeonato inglés. A nivel internacional logró puestos sumamente importantes, clasificándose 10ª en la copa del mundo de Villach en 1994, 20ª en Birmingham el mismo año y 21ª al año siguiente en la misma competición; 22ª en la copa del mundo de Kranj en 1996, 28ª en Graz y 31ª en Courmayeur en 1997 que fue su última competencia a nivel internacional.
Hoy Silvia vive en Gales, una zona del Reino Unido que cuenta con innumerables escuelas de escalada lo cual le ha permitido mantener un excelente nivel, haciendo ocasionalmente hasta 7c a vista. Trabaja como profesora de castellano y francés en un colegio de la zona donde sin duda su sonrisa y su intensidad deben ser apreciadas por sus alumnos.

Sebastián de la Cruz comentaba en un reportaje en enero de 2004:
“A Silvia la golpearon mucho acá, le dieron con un caño; la criticaron mucho. Una escaladora muy fuerte, pero en el ambiente de montaña argentino le dieron tanto que se fue. Muchas críticas, de gente muy hipócrita; porque algunos podían hablar, pero otros repetían de oídas nomás. Eso fue malo. Porque era una persona como cualquier otra, pero la gente opinaba. Tuvo un par de accidentes en una época, pero se repuso bien.
Venía al Frey y escalaba todos los días. Y bueno, tenía toda la escuela de Eduardo Brenner!”

Del libro "Bájame una estrella" por la reconocida escaladora española Miriam García:
A fines de 1988 la española Miriam García estuvo dos meses esperando una “ventana” de 35 horas de buen tiempo que le permitieran escalar el Fitz Roy desde la cueva de hielo de Paso Superior, con Jesús Buezo “Risi”, con quien llevaban siete meses escalando desde California, pasando por la Cordillera Blanca (Perú), y habiendo recalado en Patagonia llevaban ocho semanas haciendo amigos en Río Blanco, entre ellos Eduardo Brenner y Silvia Fitzpatrick, que también hacían guardia desde hacía un mes para intentar escalar el cerro Torre. Ese 8 de noviembre de 1988 finalmente el barómetro sube y nadie quiere perderse la oportunidad; escaladores italianos suben al Paso Superior para continuar la escalada al día siguiente, pero con ellos traen también la noticia de la reciente muerte de Eduardo, en un accidente en el Río de las Vueltas. Con el único día despejado, Miriam y Risi deciden bajar hasta Río Blanco para acompañar a su amiga Silvia. ¿Qué importaba ya el Fitz?
Pero Patagonia sólo te da una oportunidad y si no la aprovechás, la perdés. Al día siguiente el tiempo volvió a estropearse. Ya no siguieron esperando; y más tarde Miriam escribiría: “...Todos han subido y tú sigues abajo, y sabes que puedes, que sólo son unas horas, y la cumbre está tan lejos y tan cerca...”.
(Fuente “Cuerdas Rebeldes” Editorial Desnivel)

A Silvia le escribió esta carta tan sentida que incluye en su libro "Bájame una estrella":
"Querida Silvia:
Me dices que no quieres ver a nadie, que tus amigos te molestan y que sólo en las montañas eres feliz. ¿Sabes Sylvia? Las personas somos pequeñas, débiles, defectuosas... y muchas más cosas lindas. Las montañas son mi fuerza y donde mejor estoy, pero lo que me hace sentir viva es la gente que quiero, ellos son el aire que respiro y necesito para andar...
Eduardo no está, pero tú sí, y yo también, y las montañas serán tu compañía, tu ilusión, tu fuerza... pero ellas no dan calor. Yo he decidido regresar, necesito el calor de ellos, de los que me esperan.
Decir que he sido feliz en este viaje no sería exacto, ha habido buenos ratos y otros muy duros y, la persona que caminaba, era la misma en Estados Unidos, Perú, o Pamplona. Simplemente, durante siete meses he tenido la satisfacción de elegir mis pasos, de vivir como quiero vivir, que me interesa mucho más que ser feliz. Pero hoy dejo los viajes y las paredes y regreso a su lado.
Deja de llorar Silvia, las cumbres se entristecen y también lloran, y si llueve no podré volver a Patagonia.
Que nunca falte una montaña en tus sueños.
Nos vemos... Miriam

(Dos años después de este viaje Miriam García desaparecía bajo una avalancha junto con Risi y Miguel Lausín en el Meru Norte, 6.450 m, Garhwal, Himalayas Indios.)

Del libro “Historias de Escalada” por Jim Bridwell.
En su libro Bridwell dedica un capítulo entero a la ascensión de la cara norte del Eiger en 1991 para la cual, desatendiendo las recomendaciones de Ed Drummond que la acusaba de temeraria, elije como compañera de cordada a “la belleza argentina”, o “el bello animal” como después apodaría a Silvia. Para ello primero la puso a prueba:
“Inmediatamente quiso ir en cabeza del primer largo, lo que le permití. Me quedé agradable e instantáneamente sorprendido. No hubo temeridad alguna; Silvia era cauta, incluso conservadora. (…) Ella habla buen inglés y aunque yo hablaba americano ella me entendía y era una buena escaladora.” Durante la ascensión... “Ella despachaba sus largos eficazmente, cruzando la histórica Travesía Hinterstoisser como si la tuviera ensayada. Escalábamos simultáneamente, a un largo de distancia entre ambos, y de vez en cuando la veía desaparecer aquí y allá. La oía cantar mientras escalaba: una deliciosa experiencia nueva para mí, escalar con una compañera cantora.
No me detuve a poner tornillos, sólo pensaba en alcanzar la protección de la banda rocosa. Silvia tuvo que empezar a subir antes que yo llegara a un buen puesto de reunión, tal y como yo tuve que hacer la vez anterior cuando ella escaló de primera. Impresionado por su destreza sobre el hielo no me preocupaba en absoluto escalar al mismo tiempo que ella.”
Después del tercer nevé... “Hice trampa empalmando dos largos seguidos, obligando a Silvia a escalar al mismo tiempo que yo. Se enojó. Yo había hecho dos largos buenos. Cuando le prometí no volver a hacerlo, me perdonó y mostró su contagiosa sonrisa.
Las piedras zumbaban e iban a parar justo donde nos hallábamos. De pronto Silvia gritó y se tapó la cara con las manos. ¡Dios mío, qué pasó! Pensé. Vi sangre entre sus manos y comprendí que la había alcanzado una piedra. La punta de su nariz estaba maltrecha, tal vez rota. Recogí nieve de la pared e hice que se la apretara contra la herida. Con todo el derecho del mundo podría haber llorado, pero sólo preguntó si estaba muy mal. Le mentí naturalmente, diciéndole que no era nada importante y que no desfiguraría su belleza original. Después había un tramo andando pero ella lo contó como largo y me aseguró que no tenía ninguna intención de ceder el largo difícil hacia La Travesía de los Dioses. Tuve que acceder. Era dura de verdad. Más tarde en el vivac, mientras bebíamos té caliente, aún se las arreglaba para sonreír con su nariz maltratada y su rostro lleno de sangre, incluso se rió aunque le dolía. Toda una mujer. Por un momento lamenté no tener veinte años menos.”
Hecha la cumbre... “Tres días más tarde, después de ascender la Arista Mittelegi en una hora y cuarenta minutos, Silvia bailaba sobre las mesas en la fiesta de celebración en el hotel. No había más remedio que quererla.”

 

 

 



Silvia Fitzpatrick en las
Blue Mountains Australia.
Foto: Simon Carter