Historia del Montañismo
Por Jorge González

Conocer la historia del montañismo en la Argentina permite lograr una valoración de lo hecho en cada época y redescubrir zonas y montañas de interés deportivo, científico o paisajístico que quizá ignoramos. Vamos a transitar por las épocas en las que, las exploraciones y conquistas, adquieren el valor adicional que les da un momento en el que no se tenían los medios, mapas y equipos que existen hoy en día. La revisión permite destacar las figuras pioneras y los aportes que han hecho quienes en el orden deportivo, de la fabricación de equipo e indumentaria o la documentación de lo sucedido, ocupan un lugar que obliga a un merecido homenaje. En la cronología de los logros deportivos consideramos las primeras ascensiones absolutas o por nuevas rutas. Los sucesos de índole social o institucional, en la medida que el montañismo fue creciendo, fueron adquiriendo más notoriedad y es importante su mención. Por último, existe una bibliografía que con fines documentales, geográficos, de relatos de expediciones, de carácter histórico o técnico, conforman una fuente de consulta que es interesante anexar como referencia.

“Los precursores desde la colonia hasta el año 1900"
Por Evelio Echevarría (Revista Anti Suyu, nº 4, enero 1988)-resumen

Durante los años de la colonia y los primeros decenios de la república no hubo montañismo. Fue en esos siglos cuando se gestaron los toponimios de origen castellano, el folklore propio de las montañas y una cartografía incipiente. Quizás pudo haber existido una cierta clase de montañistas: los huaqueros, violadores de santuarios incásicos. El siglo XX vió la expansión de la frontera, desde las ciudades de la costa hacia el interior de la pampa. Se llegó después al piedemonte y luego a las montañas mismas. La primera ascensión andina que se tenga registro fue la de un explorador militar, M. Olascoaga quién, con algunos soldados, ascendió la cima del Volcán Domuyo (4660), en 1882. Un año después, apareció el primer deportista propiamente dicho. El alpinista alemán Paul Gussfeldt ascendió al Volcán Maipo (5290) e intentó el Aconcagua alcanzando los 6560 metros. Se alternaron entonces alpinistas y exploradores. Las comisiones de límites de Argentina y de Chile cartografiaron la cordillera fronteriza y ascendieron ciertas cumbres de la Puna. Los alpinistas, como era costumbre, también debían ser científicos y realizaban estudios y levantamientos cartográficos y geológicos, a la par que las actividades deportivas. La más famosa expedición de esta clase fue la de Fitz Gerald en 1897. Sus componentes ascendieron las cumbres del Aconcagua, Tupungato y Catedral. Fitz Gerald publicó su obra "The highest Andes" (1899), uno de los libros "reliquia" del deporte de montaña sudamericano. En 1901, un grupo sueco bajo el mando de De Rosen ascendió el Nevado del Chañi (6060) inaugurando el "andinismo arqueológico" al encontrar en la cima objetos y construcciones Incas. Pero la figura descollante, es la del Dr. Federico Reichert. Alemán, nacido en 1878, llegó a la Argentina contratado por el gobier-no como químico, geólogo y explorador. Escaló las cumbres del Socompa (6031), Chañi, Juncal (6110), Nevado del Plomo (6050), Polleras (5947) y Tupungato. Reichert cesó sus andanzas en los años 40 y falleció en 1953, a los 75 años de edad. Después de Reichert, sobresale Rudolph Hauthal con sus primeras ascensiones a cumbres como la mayor del Aconquija (5550), del Rincón (5610) y de los volcanes sureños: Planchón, Peteroa y Lanín. La primera guerra mun-dial obstaculizó el vigoroso andinismo alemán en Argentina y Chile. Quien logró realizar repetidas expediciones australes entre 1915 y 1942, fue el fraile italiano Alberto De Agostini que dio a conocer las cumbres de aquellas tierras. Exploró y fotografió metódicamente los Andes australes desde el cerro San Lorenzo (3701) hasta el monte Sarmiento (2134) y logró las primeras ascensiones de ambas cumbres.

"Veinte años de alpinismo-andinismo en el Club Andino Bariloche"
Por Rodolfo D. Venzano y Andrés Lamuniére (Anuario Club Andino Bariloche , nº 20, año 1952)-resumen

"...la mayor parte de nuestras montañas conservan intacta su belleza natural, vale decir que sus flancos inferiores permanecen recubiertos de espesa vegetación sin ninguna clase de sendas para escalarlas.
...es muy corriente el caso de tener que andar muchos kilómetros a pie o a caballo a lo largo de valles, siguiendo senderos más o menos dudosos, en cuyo transcurso debe vadearse un río o torrente varias veces o bien cruzar extensos mallines casi siempre pantanosos o cenagosos. Se adelanta siempre de manera indiscutiblemente lenta...
Llegar hasta la base del cerro puede insumir en estos casos, hasta diez y quince días (según el estado del tiempo), debiéndose acampar, trasladar víveres y equipos a pie y, en ocasiones, abriéndose paso a machete.
La Cordillera de Patagonia tiene 100 kilómetros de ancho, y a excepción de una estrecha faja de 20 kilómetros del lado oriental, que tiene bosques aislados, todas sus laderas y valles se hallan completamente recubiertas de un gran manto de bosques y formaciones arbustivas...Esta vegetación generalmente muy densa, está arraigada a las rocas y tierras del faldeo y si éste tiene más de 30 grados de inclinación, crea una cantidad de obstáculos al andinista empeñado en subir. Las cartas topográficas detalladas han brillado siempre por su ausencia...
Por lo general, los macizos montañosos más interesantes se ubican a muchos kilómetros de las hosterías, estancias u otras casas de campo. El trepador de montaña debe resolver el transporte de sus víveres, abrigos y campamento, ya sea a caballo o más comúnmente a pie, debido a la completa falta de carreteras."

EN EL MUNDO
"El nacimiento del alpinismo"
Por Jorge González

Entre los visitantes que llegaban a Chamonix en el siglo XVIII apareció un jóven de apenas 20 años proveniente de Ginebra, dueño de cierta fortuna e inclinado al estudio de las ciencias naturales: Horace Benedict de Saussure. Corría el año 1760 y el joven quedó visiblemente impresionado por la mole del Monte Blanco, que elevaba sus cumbre a 4807 metros de altura. Sintió un deseo irresistible por escalarlo y llegó a ofrecer una recompensa importante a quien se convirtiera en el primero en lograrlo. Los glaciares, grietas, campos de nieve, bruscas tormentas y la ignorancia de sobre si el ser humano podía soportar aquél frío y aquella altura, hicieron que el Mont Blanc mantuviera ale-jada a la gente del valle hasta 1775, año en el que cuatro fornidos guías decidieron aceptar el reto de Saussure. En el punto que después se llamó Valle de la Nieve, se vieron invadidos por una sensación de gran agotamiento, conocida como "lasitud glaciar", una sensación producida por las "bolsas" de aire estancado y saturado de humedad que se forman por la intensa reverberación solar de la nieve. Regresaron y lo ocurrido contribuyó a la creencia de que aquella montaña era imposible de escalar. El desafío que había puesto en marcha Saussure lo retomó un nuevo personaje que entró en escena: Michel Gabriel Páccard. Había nacido en el mismo valle de Chamonix y estudió medicina en Turín y París. A principios de agosto de 1786, Páccard contrató a un guía joven de nombre Jacques Balmat, que se ganaba la vida cazando gamuzas y recogiendo cristal de roca. Ambos partieron cargados de comida, mantas y los instrumentos de medición de Páccard. Al segundo día, tras escalar empinadas laderas, alcanzaron a las 3 de la tarde la parte más alta del Valle de la Nieve, ahora denominada Grand Plateau, donde no había estado ningún ser humano hasta ese momento. Habían escalado 11 horas y todavía faltaban 1000 m para la cima. A las 5 de la tarde estaban en la cresta nordeste y a unos 300 m de la cúspide, separados de ella por unas fáciles y suaves laderas de nieve. El fuerte y helado viento y el tremendo cansancio los hacía detener con frecuencia para buscar respiro, pero finalmente, a las 6 y media de la tarde, alcanzaron la cumbre. Era el 8 de agosto de 1786. El alpinismo acababa de nacer.



Expedición al Hielo Continental


Fischer


Otto Meiling


Chimenea de Escobar