LA MAGIA DE LA MONTAÑA
Por Darío Bracali - Mayo '2005

Con este VIIº capítulo, “al borde” sigue publicando esta obra de investigación realizada por Jorge González. Esta sección está abierta a recibir comentarios y aportes de lectores que quieran sumar material, fotos, topos, relatos, observaciones, etc. enviándolos al autor, con copia al editor: georgmallo@yahoo.com c/c santiagostorni@infovia.com.ar.

El montañismo es, a mi humilde entender, uno de los más poderosos vehículos hacia la realización humana. Pero, lamentablemente, gran parte de esa magia se pierde cuando la dejamos pasar hipnotizados por las quimeras que propone la "propuesta oficial". Porque, si bien es cierto que existen tantas formas de entender el montañismo como montañistas, también lo es que emanando de Chamonix y alguna otra usina de opinión, una influyente corriente de pensamiento propone que el sentido verdadero del montañismo es la búsqueda de los extremos. Lo cual es indiscutiblemente atractivo. Pero el problema es que para la propuesta oficial este debe ser su único objetivo.
Así, todo lo que no es abrumadoramente extremo deja de ser importante. En el mundo, una repetición en un ochomil, o por ejemplo en el Cerro Torre, ni sale en las revistas. Y un seismil andino sin dificultades técnicas no es siquiera montañismo, sino trekking de altura. Porque lo relevante es tan solo el alto grado de dificultad técnica y, especialmente, la novedad. Que nadie antes lo haya hecho. Pero ¿Cómo, no era que el montañismo es el único deporte que se hace para uno mismo, sin competir contra nadie y con el mero objetivo de vencer las propias limitaciones en camino al crecimiento interno?
Sí, lo es. Y también, por otro lado, hay realizaciones indudablemente más importantes que otras para el gran público e, inclusive, para el conocimiento humano. Lo cual genera una situación necesariamente ambigua, pero que siempre ha estado equilibrada al existir muchas posibilidades de hacer cosas que llenen las expectativas de los individuos y a la vez sean relevantes para la sociedad. Pero en la actualidad, con la mayor parte de las vías mágicas, lógicas y atractivas, al menos en las cordilleras más accesibles, ya realizadas, ese equilibrio ha desaparecido.
La satisfacción, a grandes rasgos, se puede obtener "desde afuera", a través por ejemplo de la gloria o "desde adentro", a través de la armonía. Habitualmente ambas conviven, con diversos grados de importancia relativa, en cada uno de nosotros. Pero siempre quienes buscan en mayor medida hacia afuera, más agresivos, se han impuesto a quienes encuentran individualmente el equilibrio buscando hacia adentro. Así, la cultura occidental se ha impuesto por sobre la oriental.
Y así, el mensaje de la propuesta oficial nos habla solamente de gloria. Lo cual es una inmensa pena, dado que la montaña es el más maravilloso camino hacia la satisfacción a través de la armonía. Pero como valorar aquello que no está rubricado por la propuesta oficial requiere de una especial determinación, muchos montañistas la "compran" al pie de la letra. De este modo, quienes tienen la capacidad de emular a las elites dejan de ser capaces de disfrutar del hecho de estar en la montaña sin que ésta sea necesariamente extrema. Y muchos otros, simplemente, pierden el entusiasmo. Y olvidan que ir a la montaña a hacer algo a su alcance, a obtener placer a través de la concreción de desafíos que sólo importan a ellos mismos, a peregrinar a una cumbre en busca de la propia esencia es lo más maravilloso que pueden hacer con su tiempo.
El propósito, en definitiva, de estas líneas es rescatar a la montaña como potenciador de la capacidad humana de encontrar satisfacción en uno mismo. Valoremos lo que sea que podemos hacer, sintámonos plenos frente a la mera posibilidad de vivir parte del tiempo inmersos en la belleza, siendo parte de la naturaleza. Celebremos la posibilidad de ir a ver el mundo desde arriba, consustanciados con el viento y junto a nuestros amigos, sea o no extrema la vía que nos lleve hasta ahí. Hagamos, en definitiva, que el montañismo sea mucho más que una búsqueda permanente de dificultades técnicas cada vez mayores para convertirse en una experiencia trascendental de exploración, no sólo de la naturaleza sino también de uno mismo.
Finalmente, quería dedicar el último párrafo a los Andes. En los centros tradicionales de montañismo, hace tiempo que todo lo interesante ha sido hecho, y ahora la propuesta oficial lleva a los montañistas más talentosos del mundo a muertes inútiles en líneas absurdas, antinaturales y en muchos casos hasta feas, buscando la novedad mucho más allá de la línea de no retorno. La exploración de los límites de la dificultad ha reemplazado a la exploración del mundo. Aquí, en cambio, aún tenemos mucho por descubrir, menos y más extremo. No dejemos que la estrechez de la propuesta oficial nos limite y vayamos a la montaña. Estoy seguro de que cada uno encontrará algo que valga la pena Vivir.