PRIMER ARGENTINO EN LA CUMBRE DEL MONTE EVEREST
Reportaje a TOMMY HEINRICH, realizado por Santiago Storni Colaboraron Luis Salcedo y Marcelo Lisnovsky.
Fotos: Tommy Heinrich


COMIENZOS
¿Cómo fue que empezaste a ir a la montaña? ¿Naciste en Buenos Aires?
Sí. Empecé a los once años. Tengo primos que viven en Bolivia, y a esa edad no empecé a escalar técnicamente pero sí metiéndome en la montaña. Y después en Bariloche, a los quince años, empecé a ir en los veranos, al cerro Otto, el López, el Tronador. Después, Ernesto Bendinger muy amigo de papá, sugirió que fuera al Centro Andino Buenos Aires para conocer gente por si me interesaba. Y ahí conocí además de a Alberto Bendinger, a Peta Friederich y a Eduardo Brenner.
Al día siguiente de estar con ellos en el CABA, voy a la facultad y me encuentro a Peta y a Eduardo..!
¿En Agronomía?
En el mismo año y en la misma materia. Yo quise ir con ellos a la expedición del Fitz en el ‘84, pero no estaba muy preparado.. Fueron Alberto, Peta, Eduardo, Marcos Couch y Werner Lion. Werner se volvió al poco tiempo porque tenia que ir a la facultad.
¿Qué recuerdos tenés de Eduardo?
Creo que es una de las pocas muertes que no termino de superar. En ese momento estudiábamos muchísimo juntos, vivió en casa un par de meses cuando empezó a salir con Silvia. Escalamos bastante juntos y estaba por ir al Fitz con él cuando murió. Yo justo tenía mi último final y la presentación de la tesis; por lo que decidí no ir, y salió un trabajo en Alemania. Días después de mi partida, murió.
Yo creo que fue uno de los mejores escaladores que hubo en ese momento, lejos. Estaban él y Sebastián de la Cruz.
¿Que tan vinculado estabas al CABA?
En los últimos años no mucho. Estuve muy vinculado entre los años ’82 y ’88. Fui el último socio en ser aceptado antes de un período de siete años en los que no aceptaron más gente. Hubo un conflicto interno, Y en la misma reunión de comisión donde se decidió no tomar más gente, me incorporaron a mí.
Con Eduardo habíamos estado juntos en varios cursos de hielo entre el ‘82 y el ’88 en que falleció.

PROFESIONALISMO
Cuando fuiste al Everest, ya te habías ido a vivir a Estados Unidos. Cuando uno hace una cumbre solo, pero con la bandera argentina... ¿Cuándo una expedición es argentina o no? Cuando un argentino se suma a una expedición de extranjeros...
Por ejemplo la expedición al Shisha Pagma, yo creo que fue una de las últimas expediciones Argentinas que hubo. Y las dos anteriores al Daulaghiri y al Makalu, pero mucho más no.
¿Qué siente el montañista que hace cumbre, y acá dicen “La Argentina puso..., o llegamos o tenemos tal cumbre”, y en realidad puede pensar "Es mérito mío. La Secretaria de Deportes no me dio un peso!"
De la Secretaria de Deportes lo único que conseguí antes de ir al Everest fue que le dieran carácter de interés nacional. DESPUÉS al volver me dieron una palmada en la espalda, y pusieron mi foto en la tapa de una revista de la Secretaría de Deportes. Les pedí apoyo, y me dijeron "No tenemos plata". Volvi a pedir patrocinio un par de veces más, y me dieron u$s5.000 para una expedición. Había pedido la plata al final del ‘95, y me llegó en el ‘97, tres expediciones después.
¿A veces es más importante un buen sponsor privado? ¿Trabajar con sponsors crea mucha presión? Son imprescindibles?
Son importantes. Yo trato de cuidar mucho a los sponsors.
¿Tu profesión hoy es de guía, de fotógrafo , de montañista, de camarógrafo?
Yo soy montañista y camarógrafo. Oficialmente no he guiado demasiado, pero sí estuve con gente en expediciones a las cuales asisto. No me gusta decir “guío” porque no me interesa que una persona llegue a una montaña porque yo la llevo, sino porque yo la ayudo. En Estados Unidos lo llaman “Coach”. Yo trato de que la persona que viene, haga su propio esfuerzo por llegar a la cumbre; sino no le sirve. Guiar no es algo que a mi me interese en lo personal, o que me atraiga demasiado, lo hago por una cuestión económica, simplemente.
¿Llevar tus cámaras, te agrega una complicación en la alta montaña?
Yo no puedo ir a las montañas sin mis cámaras.
Me acuerdo que contabas que le pusiste una rosca a la piqueta, para usarla como mono-pie…
Una vez sí, después no funcionó.
¿No tenés que estar sácandote los guantes, adelantándote o retrocediendo para sacar fotos?
Sí, sobre todo cuando estoy contratado. En general busco las mejores formas de obtener imágenes o filmaciones. Sin la cámara no vale la pena estar, y siempre fue así. Yo ya tomo fotografías desde que tengo 8 ó 9 años, y el escalar vino después. Siempre tengo una cámara en la mano.

ESTADOS UNIDOS
Vos te fuiste a Estados Unidos por tu profesión de agrónomo...
Sí y no . En realidad estaba podrido de la Argentina. Al partir dije que no volveria.
¿En qué año?
En el ‘88.
¿Que estaba pasando, que te estaba pudriendo?
Todo. Además, siempre me quise dedicar a los deportes, siempre lo dije, siempre lo sentí. Y a deportes no convencionales. Sentía que en otros países había más oportunidades para lograrlo que acá. En un momento estaba queriendo hacer automovilismo, pero no tuve la plata.
Yo te escuché contar que tu jefe se iba a la montaña, vos lo mirabas, y un día decidiste renunciar e irte vos.
Yo trabajaba en un rancho cuidando caballos, entrenando, amansando potros, criando yeguas; ya en parte había dejado de escalar después de la muerte de Eduardo. Es como que había perdido las ganas de andar. En una ocasión vi a mi jefe cargar los esquíes en su camioneta, mientras yo me quedaba a trabajar de cinco de la mañana a once de la noche. Ahí dije “Esto no es lo que yo quiero. Está pasando el tiempo y esto no me gusta.” No me gustaba para nada la falta de libertad, a pesar de estar afuera en un rancho de 400 hectáreas, no salía mucho de ahí. Estaba como “encerrado - afuera”.
¿Y te fuiste a Yosemite?
Sí, estuve allí cinco meses, viviendo en la camioneta y en las paredes.
Y ahí te vinculaste con escaladores importantes...
Sí. Ya conocía a varias personas, con las que estaba enseñando a escalar en la Universidad de Berkeley, California. Había trabajado en ese rancho sólo tres o cuatro meses, porque necesitaba algo más de plata, ya que enseñando no ganaba suficiente. Eso fue en el ’93, entre mayo y agosto.
Uno de los instructores con los que trabajaba me invitó, escalamos un par de semanas juntos en Yosemite, y decidí quedarme ahí. No tenía trabajo, no tenía casa, con lo cual fue muy sencilla la decisión: “Aquí me quedo; esto es lo que quiero!”
¿Ya había pasado el furor de Yosemite, cuando despega el free-climbing, Jim Bridwell, y esa época?
Bridwell ya había pasado; empezaba justo Hans Florine.
¿Qué se estaba haciendo en ese momento?
Se empezaban a hacer las escaladas rápidas. Empezaron a subir las paredes en 10 ó 15 horas. Bridwell ya había hecho El Capitán en un día (21/06/75), y estaban tratando de romper ese record.
¿Y entonces fue que se te empezaron a dar más posibilidades?
En esos días me invitaron a ir al Cholatse, que está en Nepal, cerca del Everest, y mide 6.540 metros.

CHOLATSE
Y te fuiste a Nepal…
Y lo terminé escalando en solitario. Antes de partir un par de personas habían dicho que estaba loco, que es una de las montañas más difíciles en la región del Everest.
¿Por qué lo hiciste en solitario?
Me enfermé y me tuve que quedar en el campo base para recuperarme. Pasaban los días mientras el resto del grupo ascendía. El permiso se vencía y nos teníamos que ir. Al recuperarme me dije: “¡Yo no voy a volver a Estados Unidos sin llegar a la cumbre!”. Dejé un par de notas en la carpa: una liberando de toda responsabilidad a mis compañeros, diciendo que si me pasaba algo nadie tenía nada que ver. La otra diciéndoles que si no volvía en tres días, se fueran; que no me fueran a buscar.
Notas drásticas.
Realistas. Yo sentía que era a todo o nada. Y sentía que estaba escalando muy bien en esa época.
¿Qué edad tenias?
31.

EVEREST. Lograr ir.
Después volviste a Estados Unidos…
Volví a Estados Unidos, pero antes de volver, estando en Nepal comencé a averiguar por permisos y equipos que fueran al Everest. En ese momento había una lista de espera de ocho años para subirlo. Sólo entregaban un permiso por año, para un equipo, por cada ruta. Por eso al llegar a Estados Unidos comencé a buscar grupos que tuvieran el permiso ya comprado, y conseguí dos: uno para la cara norte y otro para el collado sur.
Que es el que hiciste...
Sí. A la cara norte iba a ir con Anatoly Bukreev, con quien nos hicimos amigos, y murió en el ‘97 en el Annapurna. Era una expedición comercial por lo cual no me interesaba demasiado. También me gustó más el grupo que estaba para ir por el Collado Sur, y la idea de volver a Nepal. Gasté u$s 25.000 más de los que hubiera gastado en la cara norte.
¿Por qué esa diferencia de precio?
Por la Cara Norte había negociado que podía asistir como guía, por eso me cobraban menos, también el costo es mucho menor por ese lado. Por el sur salía u$s 10.000 por persona el permiso, habían estafado a la expedición con lo cual la premisa era compartir un recargo de u$s 10.000 más. Tres días antes de salir me llaman para decir que no había salido mi permiso, pero que había una opción de comprar un espacio a Rob Hall, pero con un costo adicional de u$s 5.000. No dudé ya que estaba en el juego y no quería echarme atrás. Finalmente fui con el permiso de Rob Hall, pero integrando otro grupo, realmente un grupo muy bueno a nivel humano; buenísimo.
¿Americanos?
Sí. Nueve personas de Estados Unidos y yo el único de Argentina .Me endeudé por u$s50.000 dólares. Empecé a sacar plata de todos lados, conseguí apoyo de Liberty y Quilmes por u$s 5.000, promesas de otras dos o tres empresas que si llegaba a la cumbre me apoyaban; Kodak fue una. Pensé: “Si llego, puedo pagar la deuda más o menos rápido.”
¿Eso es una presión en la montaña?
Lo económico sí.
Pero, una vez que llego a la montaña me olvido de todo ese tema. Es lo mejor para mí. No pienso en cuentas ni en dinero. Cuando estoy escalando, escalo. Lo que sí me preocupa es mi familia, mantenerlos al tanto. En aquel momento sólo teníamos un teléfono satelital, que era de otra expedición. Mandábamos un fax por semana a Estados Unidos, y de ahí se enviaban a todas las demás familias de los integrantes. Era la única forma de mantenernos comunicados regularmente.
Eso ahora cambió.
Ya en el ‘96 cambió. Por eso el accidente del ‘96 tuvo tanta difusión. Ya había dos o tres teléfonos satelitales y comenzaron los primeros despachos de internet.

EL ASCENSO
Tardamos 35 días, contratamos nueve sherpas de altura. Yo en principio subía sin oxígeno mientras el grupo lo usaba. Al llegar a la montaña empecé con un edema pulmonar. Contraje una bronquitis en Estados Unidos antes de salir, que fue empeorando. Al llegar al campo base, tuve que bajar una semana a la villa Namche Bazar, que está a 3.800 m. Estuve ahí en la casa de un sherpa descansando, recuperándome. Al volver a la montaña ya el resto del equipo estaba arriba, llegando al campo dos. Entonces me moví básicamente solo. Fui al campamento 1, donde estuve solo dos noches, aclimatándome. Después fui al campamento 2 donde me encontré con otra persona, regresamos juntos al campo base y nos acoplamos al resto del grupo para el acecho final.
Normalmente lo que se hace es subir desde el campo base al C 1. Y se regresa al campo base. Al día siguiente se descansan dos días. Se vuelve a subir al C 1, y después al C 2. La gente se queda en el C 2 durante tres o cuatro noches, y regresa al base para descansar, donde se permanece desde dos o tres noches, hasta una semana a veces. Luego viene el acecho final, yendo al Campo 2 directamente en un día, Campo 3, Campo 4 y cumbre.
Al estar demorado, lo que yo hice fue pasar dos noches en el C 1, dos noches en el C 2, volví al Campo Base, pasé una noche ahí y salí con la segunda parte del equipo, ya que nos dividimos en dos subgrupos, para no ser un grupo tan grande de veinte personas. Era logísticamente más fácil llevar menos carpas al Campo 4. El primer grupo salió el día anterior. Preferí aclimatarme un poco más y subir con el segundo grupo. Conmigo quedaron dos personas que a nivel técnico eran un desastre, pero a nivel humano grandiosos. Lo que hice fue potenciar eso, apoyarme en lo humano. Yo cuando estoy bien con una persona puedo hacer lo que sea, y más que nada era para mí muy importante ayudarlos a ellos. También llegar a la cumbre yo, pero ayudarlos a ellos. En un momento dado, dos de ellos colapsaron, yendo del campamento 3 al 4, directamente no les daba el cuero, no llegaban. Tras llegar yo al Campo 4 a las dos de la tarde, comencé a escuchar llamadas de radio pidiendo auxilio. No dudé un segundo y bajé.
¿Eran ellos?
Eran ellos diciendo que no podían seguir, que se habían quedado sin oxígeno. Estaban en lo que se llama el espolón de Ginebra. Bajé en quince minutos y me llevó dos horas subir a uno hasta el C 4, que era lo más cercano, y volver a bajar. En condiciones normales subíamos en media hora al C 4 desde ahi, donde ya teníamos carpas, comida, todo.
¿Buscaste a uno y después buscaste al otro?
Sí, por suerte el tercero estaba en mejores condiciones, y subió con la asistencia de un sherpa.
¿Todos esos días te moviste solo y sin sherpas?
Sí.
Cargando con una mochila de..?
20-25 kg. Mi equipo de escalada, de filmación y algo de comida. Ya estaban equipados los campamentos, ya que esa es la función de los sherpa más que nada: ir equipando los campamentos. Creo que en estas expediciones es difícil decir que no has tenido el apoyo de los sherpas, porque de una forma u otra hacen mucho del trabajo. Fijan cuerdas, liberando a las expediciones de eso, o colocan las carpas. Hay mucha gente que dice hacer ascensos en solitario en el Everest, o sin el apoyo de los sherpas, cosa que no es real. Solitarios propiamente dichos, son los que se hacen cuando no hay nadie en la montaña. Decir que se asciende “sin apoyo de sherpas”, y utilizar la cuerda que otro fijó en la montaña, implica que ya hay apoyo, y muy importante.

CONGELAMIENTOS
Entonces estabas en el Campo 4 ...
Sí. Ahí llegué finalmente a las diez de la noche con el último de mis compañeros, y ahí fue donde sufrí congelamientos severos de los pies. Había pasado varias horas sin abrigo, sin arnés, sin crampones. Con el apuro, al salir de la carpa corriendo a ayudar, lo hice desabrigado y terminé con los congelamientos. Esa noche decidimos bajar todos al día siguiente, con el otro subgrupo que había hecho un intento de cumbre, pero decidieron bajar desde la cumbre sur. Había muchas avalanchas. Estaban subiendo junto con el grupo de Rob Hall ese día, pero muy lentos. En el C 4 nos encontramos los ocho, con seis sherpas, en dos carpas. Dormimos o tratamos de hacerlo, ocho personas en una carpa para cuatro personas.
Yo sólo pude sentarme entre la carpa y el vestíbulo (ábside).
¿Ahí hacía más frío?
Sí. Pero cuando salió uno para ir al baño logré meterme adentro, sentado con las piernas totalmente dobladas. A las siete de la mañana empezamos a salir de las carpas y bajar.
Pero ya tres de los intergantes estaban en muy malas condiciones. Nos llevó un día muy largo bajar al Campo 2, y otro día más difícil aún bajar hasta el Campo Base.
¿Hasta ahí no usaste oxígeno envasado?
No. Lo usé después en el segundo ascenso, en el otro intento, que fue cuando llegué a la cumbre.
Entonces habían bajado todos al campamento base...
Ahí en el Base estuvimos todos. Pasmos dos noches, rehidratándonos y asistiendo a los que necesitaban ser evacuados. Habíamos hecho un inventario de las cosas arriba, por lo cual solo podíamos subir nada más que seis de nosotros: Brad Bull, cuatro sherpas y yo. Los demás sherpas subirían para bajar las cosas y limpiar la montaña. Evacuamos del Campo Base a dos de los integrantes. Ambos en muy mal estado, uno estaba casi inconsciente.

SEGUNDO INTENTO
¿De vuelta a subir entonces?
Ahí decidí, por el estado en que estaban mis pies... usar oxígeno: “O uso oxígeno, o pierdo algunos dedos”.
¿Qué aspecto tenían tus pies?
Estaban totalmente azules, duros; totalmente hinchados los pulgares, los pies. Tenía ocho dedos congelados.
¿No te asustaste?
Sí, pero poco me importó. No sentía los pies, ya esa noche no sentía los dedos.
¿Y por qué no te importaba?
Pensé: “Prefiero hacer el intento a la cumbre aunque sea con oxígeno. Después veré.
En todo caso vuelvo en otra ocasión y lo hago sin oxígeno.” No me gusta usar oxígeno, pero si se trata de salvar algunos dedos... no hay duda.!
En ese caso tenía una deuda de u$s 50.000, que sin llegar a la cumbre sería muy difícil de pagar. Entonces decidí aprovechar el oxígeno que estaba arriba.
¿En qué campamento?
El cuarto. Dormí con oxígeno en muy bajo flujo, y también al día siguiente para efectuar el ascenso.
¿Y eso te descongela los pies?
Lo que hace el oxígeno es aumentar la temperatura corporal, reduce la viscosidad de la sangre que se hace muy pesada a medida que se gana altura. El problema del congelamiento no es tanto el frío sino la circulación. Al sentir frío en el cuerpo, el corazón deja de bombear, habiendo en las falanges vasos muy finitos, llega menos sangre. Al usar oxígeno, este hace que aumente la temperatura corporal, y el corazón sigue bombeando mejor, y así irriga mas eficiente los dedos.
¿Recuperaste la sensibilidad en los pies?
Estando en la cumbre no, no sentí los dedos. Volví con dos dedos negros, los pulgares, y perdí las uñas. A las pocas semanas se fueron recuperando. Lo que pensé estando en la cumbre fue: “Prefiero dejarlos congelados mientras sepa que van a seguir estando fríos”. Al llegar al Campo 4 los traté, y bajamos a la mañana siguiente.

CUMBRE
Llegamos muy temprano a la cumbre, a las 07:45 hs.
¿Con quién más?
Con Apa Sherpa (en el ‘95 llegó por 7ª vez, en ‘2005 lo hizo por 15ª vez), con Brad Bull, Arita Sherpa, hermano de Apa y Nima Rita Sherpa, vecino de la villa de Thame. El 15 de mayo de 1995.
¿Buen tiempo?
En ese momento sí. Después, a la hora y media se pudrió todo. Ya en el descenso nos agarró una tormenta; llegamos al Campo 4 con la cumbre cubierta. Llegamos a ese campamento en tres horas desde la cumbre, bajamos muy rápido. El ascenso fue grandioso! Ya nos conocíamos bastante bien entre Brad y los sherpa. Había habido muy mal tiempo en los días previos, había mucha nieve fresca que superaba nuestras rodillas. Lo que hacíamos era, y sin discutirlo demasiado previamente, mantener una distancia pareja entre uno y otro, el primero abriendo huella; al cansarse se echaba a un costado, y el segundo seguía abriendo huella. De esta manera solo paramos dos veces, una en el balcón y otra en la cumbre sur. Tomamos té caliente, un poco de agua pero las dos veces paramos solo durante quince minutos.
¿Y en la cumbre, sensaciones? Uno llega destruido en cierta forma...
Sí. Bueno, no habíamos dormido nada. Yo fui a dormir a las cuatro de la tarde y a las nueve de la noche nos estábamos levantando.
Te digo que realmente los momentos previos era como si no acabara más. Los primeros quince minutos nos costaron muchísimo. Estaba muy frío, los pies entumecidos, no me había podido dormir en toda la noche, y me costó mucho arrancar.
¿Y en la cumbre cómo te sentíste?
Aliviado en gran parte. Sigue siendo difícil describirlo exactamente, porque uno puede sentir la meta lograda, pero la meta es relativa porque tenés que volver a casa. La meta está en el Campo Base.
Estuvimos cuarenta y cinco minutos en la cumbre. Me quería quedar más pero se venia el mal clima. Veíamos como se venían las nubes debajo nuestro.
En la cumbre al principio bien, tomando fotos, filmando. Brad tomó la radio y empezamos a hablar al Campamento Base. El momento que nunca voy a olvidar es cuando, primero nos juntamos Brad y yo. Yo venía filmando, entonces fui el ante-último en llegar a la cumbre, y lo veo a Brad con la radio en la mano. Pensé: “Éste ya les avisó”. Pero no lo había hecho; estaba esperando a que llegáramos todos. Al llegar lo miro, tiro la mochila en la cumbre, y nos dimos un gran abrazo. Juntos pegamos un grito, sin haber pensado qué decir, por la radio: “¡We are on the fucking summit!” Y ahí bueno, un griterio! Por la radio se escuchó un verdadero griterío de todos lados. Había varios que estaban en una villa a 10 km con los evacuados, que escucharon la conversación.
Y ustedes en la cumbre...
Si, y ahí, en un momento Brad, que estaba con su padre...
¿Cómo que estaba con su padre?
El padre de Brad estaba en el equipo. Sherm Bull y Brad Bull son padre e hijo: en el ‘93 intentaron hacer cumbre por primera vez, no llegaron. En el ‘95 Brad y yo llegamos a la cumbre, y después llegaron ellos dos en el ‘2001, junto con Eric Weihenmeier, el ciego. La mayoría de los compañeros del ciego eran integrantes del grupo mío del ‘95.
En ese momento que estábamos en la cumbre Brad agarra y le dice por la radio al padre: “l love you, Dad!” y se largó a llorar. Ahí empezamos a desahogarnos todos. Los sherpas incluso.
Con Brad, con la mayoría del grupo y con los sherpas seguimos en contacto aún hoy. Paré en casa de Apa en el ‘2002. También en la casa Bemba Nurbu, otro sherpa que estuvo con nosotros en la cumbre. Son como hermanos para mí.

VOLVER A LOS HIMALAYAS
¿Cuántas veces volviste?
Volví dos veces más al Everest, en el ‘98, donde filmé a Tom Whittaker, un tipo Gales al que le falta un pie, contratado por la CBS para hacer un documental de una hora.
¿Y llegaste a la cumbre?
No, llegamos a la cumbre sur; a la semana siguiente llegué a la cumbre del Lhotse. Se publicó un artículo...
Sí, que había mucha gente para subir a la cumbre del Everest...
Sí, un despelote de gente. Cincuenta y siete personas subiendo.
¿Esto fue cuando tuviste la caída importante?
Sí.
Y que habías ido con un encargue de la mujer de un fallecido...
De Scott Fisher. Eso fue al bajar del intento de cumbre del Everest.
¿Y el encargue, cuál era?
Buscar la alianza, un saco que tenia Scott con cosas en el cuello, el reloj, una pulsera que tenia con oraciones budistas. No pude rescatar el reloj porque estaba el brazo debajo de su cuerpo. Saqué sí la pulsera y otras cosas más.
¿Y después tuviste la caída?
Al dejar el cuerpo tuve la caída. ¡Casi 150 metros!
¿Estabas solo?
En ese momento sí. Había más gente alrededor, que al caer casi los llevo puestos. Y fueron los que me contrataron para filmar el año siguiente.
¿Cómo?
Al caer pasé volando al lado de dos personas que se tuvieron que correr para que yo no los golpeara. Estaba rodando directamente por el hielo, pegando mi frente y mi espalda una y otra vez. Al principio traté de frenar con la piqueta, que se me clavó en la muñeca y me perforó un tendón. Traté de frenar con los pies, y ahí empecé a caer de espaldas, tratando de tomar una posición para protegerme de los golpes, tratando de ver a dónde iba, pero sin poder detenerme, pegando constantemente contra el hielo.
¿Tenias casco?
No. Ahí perdí los anteojos, que cortaron toda mi frente, se me rompió la nariz, y una costilla. El traje de plumas estaba deshecho, perdí la mochila, la filmadora, la cámara.
¿Las perdiste definitivamente?
No, encontré casi todo. Lo que no encontré fueron la piqueta, los anteojos y un par de cosas más.
¿Por qué te caíste?
Scott está apoyado en una pequeña terraza de roca. Estuve como una hora hurgando el cuerpo, sacando las cosas. Al dejar el cuerpo tenía que bajar de esta terraza, contra la que se había acumulado hielo. Lo que hice, fue tantear con un pie si el hielo estaba duro y resistía. En el momento en que cargué el peso de todo mi cuerpo, mi pie se metió en el hielo, perdí el equilibrio y empecé a rodar. Tenía casi un metro de diferencia entre la pendiente y la terraza. Ahí me fui para abajo.
Los sherpas lo atribuyen...
A que fui empujado por los dioses que protegían el cuerpo sin vida. Ahí tuve problemas con los sherpa. No querían escalar conmigo. Creían que los dioses me iban a matar, y aquellos que estuvieran cerca mío.
Esa noche dormí en otra carpa, con un inglés de otra expedicion.
¿Vos estabas con la costilla rota?
Sí. Bajé hasta el Campo 2. Después, descendí hasta la villa de Namche para ser bendecido o purificado por un lama, a pedido de los sherpa. Para evitar conflictos, decidí abrirme de este grupo. Justo Brad Bull estaba en la montaña, y otro amigo de Colorado. Yo ya tenía el permiso para ascender el Lhotse, y fuimos juntos los tres. Hicimos cumbre el 27 de mayo del ‘98, a las 09.30 de la mañana. El ascenso lo hicimos los tres solos, sin cuerda.
¿Por qué?
Estábamos metidos en una canaleta que tendría 400 m, Al subir con cuerda hubiéramos ido muy despacio. Teníamos que fijar cuerda, la nieve no estaba bien consolidada; muy floja, no era hielo, no era nieve, mucha roca suelta. Por todo esto era más seguro avanzar rápido, y era un poco como cuando ascendí al Cholatse: todo o nada. O sea, con la filosofia de que al hacer algo, hay que dar todo de uno, sino es preferible no hacerlo. Y en eso coincidimos los tres.
El ascenso lo hicimos muy bien, muy rápido, el descenso fue muy empinado, muy expuesto. La cara del Lhotse tiene un ángulo de 60, 70, a veces 80 grados.
¿Tampoco se encordaron?
No. Yo me había caído una semana antes en una pendiente menos inclinada, por lo cual el descenso fue tenso, muy tenso, pero bien: lo hicimos en una hora y media hasta el Campo 4. Ahí desmontamos todo, la carpa...
¿Es el mismo Campo 4 del Everest?
No. Un par de horas antes de llegar al Campo 4 del Everest te desviás. Comparten un 60% de la ruta, hasta los 7.800 m. Se sube al Everest por la cara del Lhotse y después se sigue por el espolón de Ginebra.
¿Y tu tercer visita?
Año 1999, fui con dos suecos que me contrataron para filmarlos a ellos y Babu Chiri, que quería pasar 21 horas en la cumbre sin oxígeno, y lo logró.
No congeniamos con los suecos, por lo que decidí partir mientras el resto del grupo siguió con su ascenso hasta la cumbre. Nada fácil de hacer, pero en ese momento me pareció lo correcto.
¿Esos fueron tus tres viajes al Himalaya?
Al Everest. A Nepal fui otras tres veces más. Al Dhaulagiri en el ‘2002, filmando. Ahí llegamos a cincuenta metros de la cumbre. Eso fue el 24 de mayo de 2002.
¿Filmando para quiénes?
Para una expedición de Estados Unidos. Robert Link.
¿Después fuiste otras dos veces?
Sí. Estuve en el K2 y el Broad Peak, en el año ’99, después de mi regreso temprano del Everest. Ahí me integré a un grupo italiano para el K2, para la ruta de los Abruzos, donde falleció uno de los integrantes, entre el campo base y el campo uno. Se canceló el ascenso del K-2 y yo fui al Broad Peak donde escalé con Piotr Pustelnik, un polaco con el que habia intentado los dos Gasherbrum en el ‘97.
¿Y hasta dónde subieron?
Ahí llegamos hasta el Campo 4 del Broad Peak, salimos para hacer cumbre, pero el mal clima y las tormentas lo impidieron. Entonces regresamos.
Sebastián de la Cruz estuvo en el K2 en el ‘94.
Por la cara norte.

LLEGAR A VIEJO
¿Y ahora la familia te cambia la vida?
Sí. Pero no quiero dejar de escalar. No puedo, te juro que no puedo.
Habías dicho que después del accidente bajaste un poco los decibeles...
Lo que siento es que el accidente, la caída, fue muy positiva. Me estaba yendo muy bien a nivel montaña. Me arriesgaba, como en el Cholatse y en el Lhotse, y salían bien las cosas. Y
hay momentos en que se siente que podés hacerlo sin problemas. Al pegarme semejante palazo... estuve demasiado cerca de matarme, estuve realmente cerca. “¡Acá me mato!” Varias veces lo pensé al no poder frenar. Las cosas pasan en un segundo, y cualquiera puede morir por un descuido, por mínimo que sea. De hecho en cinco años murieron catorce personas con las que escalé: Alex Lowe, Anatoly Bukreev, Scott Fisher, Rob Hall... (N. de E: en el Everest, el 10 de mayo 1996, guiaba a un grupo hasta la cumbre, se quedó acompañando un cliente rezagado. Bajando los sorprende una tormenta. El cliente muere, y él ya no podía bajar por sus propios medios. El 11 fracasa un intento de rescate, y ese día muere).
Entonces es como que se sumaron las cosas. Donde más me “pegó” fue después del K2, con la muerte de esta persona, y nuevamente en el Broad Peak, donde habíamos estado hablando con un coreano, que a los pocos minutos cayó mil metros. Ahí tomé un año libre, sabático, sintiendo que era posible que yo fuera el siguiente. Demasiados amigos habían muerto, muy buenos escaladores, de muy buen nivel.
Al regresar a las montañas, si voy a escalar lo tengo que hacer bien, muy bien, arriesgando pero con mucho cuidado; pues mi interés es llegar a viejo.
Mi filosofía es que la cumbre no está en el punto más alto, sino en casa, y eso lo tengo muy claro. Tal vez por eso no llegué a la cumbre del Dhaulagiri, o del Everest la segunda vez.
Estuve también en el Garshembrun II en el ‘97...
¿Trabajando?
No, escalando solo. Ahí fui solo y me encontré con otras expediciones, el Garshembrum I lo intenté solo. Llegué al campamento 3 donde tras una tormenta, el riesgo de avalanchas era muy alto.
Bajé al Campo 1 y me acoplé con dos italianos (con los que después fui al K2). Antes de salir del Campo Base caí en una grieta, justo donde días antes había puesto mi carpa. Era la primera vez que me encordaba en la montaña, y lo hice con un cordín de 5 mm!
¿Te encordaste para salir de la grieta?
No. Decidimos encordarnos los tres para ir hacia la cumbre del Garshembrun II.
¿Con un cordín de 5 mm?
Sí, era muy bueno. Nuestra idea era movernos liviano y rápido. Pero que irónico, estamos saliendo del Campo Base, paso por donde había dormido varios dias... y caigo en una grieta, tremenda grieta... No se veía el fondo!
¿Te detuvo el cordín?
Sí, quedé colgando con los pies hacia arriba, sin crampones, que los tenia en la mochila, y sali con la asistencia de mis compañeros en pocos minutos.
¿Era una grieta tapada?
Sí.
¡Venías teniendo suerte!
Se sentía como la ruleta rusa de a ratos.

UN LUGAR EN EL MUNDO
¿Te vas a seguir quedando en Argentina? ¿Tu lugar de residencia cuál es?
En los últimos dos años (2004 y 2005) Buenos Aires, pero no sé cuánto más dure. No puedo, no me siento bien. Necesito estar en la montaña, necesito seguir escalando.
¿Con qué te identificás a esta altura de tu carrera? ¿Dónde te ubicás, y qué le dirías a los montañistas argentinos?
Eso es lo difícil de volver a Argentina. Estando afuera logré profesionalizar mi pasión, pude vivir de la montaña y para la montaña. Desde que volví a Argentina, muchas cosas han cambiado. Las montañas están demasiado lejos. Yo creo que en Argentina con el Aconcagua y la Patagonia tenemos montañas de nivel internacional; el tema es que no me quiero quedar acá para eso solamente. Me apasionan las montañas del Himalaya, más aún que estar en Yosemite.
¿No pensás ir a vivir allá?
No lo sé. Es algo que no decido yo solo ahora. Lo que hago hoy es estar basado en Argentina pero viajando algunos meses al año. Lo que me atrae de Buenos Aires es mi familia, mis amigos, es acá donde tengo las raíces, pero las satisfacciones a nivel personal y profesional están afuera, están en las montañas del Himalaya, están en la gente del Himalaya también.
Un comentario acerca de los Sherpas.
Desde mi primer viaje en el ‘93 al ‘98 ha habido un abismo en lo que es Namche Bazar y la región del Everest. En el ‘93 no había luz, no había agua corriente, usábamos las letrinas. Ahora hay baños adentro. Algunos lugares incluso ofrecen camas con sábanas. Antes era simplemente bolsa de dormir, y dormías en la casa misma de un sherpa; acomodaban sus casas para que los turistas vivieran ahí. Pero a nivel humano siguen siendo grandiosos.

OCHOMILES
El Everest, y otras montañas del Himalaya, al estar tan visitadas y con cuerdas de abajo hasta arriba, ahora hay montañistas que prefieren ir a una montaña un poco más baja pero menos concurrida. ¿Hay algo de eso?
Sí, me pasa un poco. Yo llegué a la cumbre del Everest en el ‘95 y fui la persona Nº 600 en alcanzarla. Éramos sólo 80 personas en toda la montaña. Al año siguiente sucedió el accidente (11 de mayo de 1996: ocho muertos en una misma tormenta), se popularizó muchísimo la comercializacion de las expediciones. En el ‘98 éramos 350 personas subiendo. El año pasado (2003) ya había 1.200 que habían hecho cumbre. Es decir, en seis años llegaron seiscientas personas, cuando desde 1921 a 1995 habíamos sido seiscientas. Ahí esta el contraste, por ejemplo. En el momento que yo llegué a la cumbre era importante hacerlo, hoy ya no.
¿Por qué el objetivo del Everest en ese momento?
El Everest para mí tenía varias cosas: una era que me atrapó siempre, era algo importante para en lo personal. Al escuchar que no había argentinos en la cumbre, lo quería hacer como argentino además, una forma de aportar ese grano de arena. A Argentina, a pesar de haber dicho en el ‘88 que no volvería más, mientras viví en el exterior la valoré cada vez más. Valoro mi familia, la calidez de la gente; es mi hogar, es nuestro hogar, el tuyo también. Mi madre es sueca y ella no volvería a Suecia. También tengo varios parientes extranjeros en la familia, que no volverían a sus países de origen.
Entonces si el Everest deja de ser una meta deportiva...
Para mí el Everest fue otra cosa: era un trampolín para poder seguir escalando otras montañas. Mi objetivo fue y sigue siendo, escalar los catorce ocho miles. No me concentré en las siete cumbres más altas (de cada continente) pero pensé en hacerlas. Ya tengo el Everest, el Lhotse, e intenté otros seis: Garshembrum I y II, K2, Broad Peak, Dhaulagiri...
¿Entonces tenés el proyecto de intentar las otras doce?
Sí, sí. El Dhaulagiri fue una expedición que disfruté muchísimo, ya que no había otras expediciones en la montaña. Fue una expedición comercial, pero mantuvimos el espíritu de aventura. Mientras que hoy en el Everest se sirve todo en bandeja, y como en el Aconcagua, hay demasiada gente. Otra cosa que me gustaría muchísimo es ir a la Antártida. Estoy buscando un proyecto que sea diferente; que no se haya hecho antes, cosas inexploradas.

LA FAMILIA
Ahora con un hijo vas a escalar distinto aunque no quieras.
A mí ya me cambio la vida Victoria.
¿Es escaladora?
No. Hace tres años que estamos juntos.
Pero los montañistas dicen que les cambia la cabeza...
Lo he hablado con varios amigos, y sí. Pero tengo otros, Alex Lowe por ejemplo, que tenía tres hijos. Yo siento que no soy feliz acá sin ir a las montañas. En la montaña estoy bien, soy yo mismo, soy quien sé que soy. Necesito darle eso a mi mujer y a mi hijo. No puedo estar con mala cara y amargado todo el tiempo al no hacer lo que me gusta y necesito hacer. No me serviría ni a mí ni a ellos. Por eso siento que tengo que seguir escalando. Si ella me quiere acompañar, fenómeno; y si no lo seguiré haciendo solo. Iré y volveré; porque la idea, era antes y más aún hoy, volver. O sea, mi cumbre no está en la parte más alta de la montaña, sino en la vuelta al hogar, con mi niño y mi mujer.