Mt VINSON
Juan Benegas: primer argentino en la cumbre
más alta de la Antártida


Fuentes: Diario “Los Andes”
y entrevista de Santiago Storni.


De pronto un día todos vimos su foto en la tapa del Clarín. Así Juan Benegas saltó a la fama y en una misma semana lo entevistaban de varios medios, programas de radio y televisión. Del mismo modo que, calladito y por su cuenta, saltó del Aconcagua al Everest, y ahora a ser el primer argentino en el Vinson. Pero vamos por partes...

ACONCAGUA
Si bien Juan Benegas no frecuenta las “tribus” montañísticas, y pasa la mayor parte del año en la oficina de una pesquera, no es un improvisado ni sus logros son por casualidad o por un golpe de suerte. Todo lo contrario. Campeón argentino de full-contact, corpulento, sabe bien lo que es entrenar duro. “Si dispuse de los días para irme al Vinson fue porque durante cuatro años casi ni me tomé vacaciones. Peleé, me endeudé... ¿Cómo explicarle a la gente el orgullo..?”
Todos los años va al Aconcagua, y no sólo en verano: en 1988 hizo cumbre en invierno con su hermano mayor Adolfo. En diciembre de 1987 habían hecho la primera filmación en video de la cumbre, con 19 y 22 años de edad. Hace 17 años Adolfo fue alcanzado con Eric Bender por una avalacha en la cara sur, y nunca fueron hallados. En el 2003 Juan con Horacio Cunietti volvieron a la cumbre en invierno a conmemorar el 15º aniversario.
Pese a lo que equivocadamente publicó un diario, Juan nunca subió ni está en sus planes subir la pared sur.

EVEREST
En el 2001 se fue por su cuenta a intentar el Everest. Primo de los hermanos gemelos Benegas, integrantes del “Team The North Face” y famosos en los Himalayas, coincidió con Willie que estaba con clientes en la montaña. “Pero ellos eran una expedicón que en la carpa tenían hasta DVD! Hay que tener esas cosas en cuenta. En el campamento base yo me pasé 50 días comiendo papas, y a las cuatro de la tarde para mí terminaba el día y me tenía que meter en mi carpa para no enfriarme. No es lo mismo subir de una forma y de otra.”
Coincidió en la ascención con el veterano español Carlos Soria, que ese año subió con 63 años de edad y que el año pasado hizo el K2 a los 67! También subió con ellos Peter Gagner, y se hizo amigo de ambos.
Juan llegó hasta la cumbre sur, a 8.700 metros (habiendo usado oxígeno complementario desde los 8.000). Se sentía bien y con fuerzas, pero su primo Willie que venía bajando de la cumbre le advirtió que le faltaba una hora, y que el tiempo estaba empeorando. Al no estar seguro del desgaste pendiente por realizar, decidió bajar. Le comentó esa misma advertencia a otro que venía subiendo, que secamente le respondió: “I’m an alpinist!”.
Al llegar al Campo 4, ve a los sherpas que iban con Soria y con Gagner, y les pregunta por ellos, a lo que le informan que Gagner había muerto al caer por una ladera, y que Soria estaba desaparecido... “and I’m tired”, agregó el sherpa. Entendiendo que Carlos Soria estaba haciendo cumbre pero que había sido abandonado por sus sherpas que debían esperarlo en el escalón Hillary con oxígeno, Juan Benegas movilizó el Campo 4 buscando ayuda, pero no la encontró entre otros montañistas. “No quería otro muerto. El campamento estaba lleno de gringos que subirían al día siguiente, pero nadie se movió”. Entonces recurrió a los u$s2.000 que guardaba en su bota y contrató en el momento dos sherpas. A las 23.00 hs, en una noche sin luna y habiéndole dejado de funcionar su linterna, salieron los tres hasta el filo a 8.300 m, desde donde los sherpas continuaron y él comprobó el encuentro con Soria que venía bajando de la cumbre, y aceptó el oxígeno que le ofrecieron. “A Carlos Soria yo no digo que le haya salvado la vida, ni sé si llegó a sentirse abandonado, pero yo no lo abandoné. Y si aceptó el oxígeno no sabemos en qué condición hubiera llegado solo al C4. A partir de ese hecho todos cambiaron su actitud conmigo. Los gringos retaban a los sherpas por haberme cobrado. Los demás españoles hasta entonces me trataban mal, por Lisi*. A partir de ese gesto todos me trataron muy bien y luego me invitaban a sus casas en España. En el Base estaba Edurne Pasabán y Silvio Niaro, y me felicitaron y fueron muy amables conmigo.” (*El salteño Gustavo Lisi abandonó en el C4 a un español que volvía de hacer cumbre con congelamentos en sus manos. Le robó las fotos de su cámara y volvió a la Argentina diciendo que él había hecho cumbre. El español sobrevivió y lo denunció. Y más recientemente Lisi abandonó a su suerte a un cliente bajando ambos de la cumbre, y al llegar al C4 no avisó hasta eldía siguiente, cuando ya era tarde. Todo esto fue publicado en “al borde” en su momento, y está en la web, secc. Montañismo).

VINSON
En el Everest tenés cuerda fija. En el Vinson tenés que arreglártelas solo. Técnicamente es una montaña fácil. Pero tenés siempre frío intenso y el viento. En el Aconcagua tenés un refugio intermedio donde guarecerte; allí estás lejos de todo.
Volvió con 14 ampollas en los pies. Las botas no ajustaron lo suficiente y el roce en el descenso le dejó ese recuerdo. El mendocino Juan Benegas (39) hizo cumbre el 3 de diciembre, a las 15.50 hs, y marcó así un hito en la historia del andinismo nacional. Salió desde Buenos Aires, donde vive actualmente, el 17 de noviembre y, al día siguiente, partió hacia Santiago de Chile para arribar a Punta Arenas, dos días después.
Allí estuvo varado tres días y una noche hasta que se calmó el temporal y pudo tomar el Ilushin 76 (Hércules) con parte del piso de acrílico para que los pasajeros puedan ver, que lo llevó hasta Patriot Hills, la base canadiense, donde aterriza la empresa Adventure Network Internacional, la única en el mundo que organiza expediciones a la Antártida.
En ese viaje transportaron a 30 personas. Entre ellas, Juan, un inglés y un canadiense; los tres que tenían como meta escalar el Vinson. Estos dos extranjeros fueron la única compañía del mendocino, que pudo concretar un sueño barajado a lo largo de tres años.
El 23, a las 10, salieron en un Twin Otter (aeronave con esquíes en lugar de ruedas) para aterrizar a la hora y media en el macizo Ellsworth. El viaje en sí fue una experiencia inolvidable.
Una vez que llegaron a la ladera de la montaña, la empresa dijo “chau” en inglés y se fue, bajo la promesa de venir a buscarlos una vez que terminaran la expedición. Estaban en el campamento base. Allí hicieron noche y al otro día estudiaron la zona.
El 25 subieron al campamento 1, dejaron los equipos y volvieron. Al otro día durmieron en esta primera parada, donde quedaron atrapados. Los cinco días siguientes estuvieron tratando de llegar al campamento 2 con temperaturas de -30º C y ráfagas de viento de 40 kilómetros por hora que hacían que, en los hechos, la sensación térmica fuera de -50º C. Hay dos maneras de enfrentar una situación de frío extremo: “meterse en la carpa lo más pronto posible o buscar un lugar seguro para refugiarse”.
“El cuerpo va sufriendo un deterioro y vas perdiendo sensibilidad. A la noche la ropa se congela y cuesta mucho generar calor”, describió. Las 24 horas de sol atentaban contra el reloj biológico. Lo único que marcaba el límite entre el día y la noche era que la temperatura bajaba cerca de 10 grados.
Pero lo más duro fue la sensación de desprotección. “Estás aislado absolutamente de todo y aunque es algo que asumís una vez que tomás la decisión, no deja de ser difícil”. En esos momentos, como cuando estuvo 55 días en el Everest esperando que amainara el temporal para poder seguir, invocaba el recuerdo de su hermano Adolfo, quien falleció en 1990 en el Aconcagua.
“Es mucho el frío y muchas cosas te dan vuelta por la cabeza. Pensaba en el pasado. Pensaba en mi hermano e inmediatamente sentía un rejuvenecimiento. Tenía la plena convicción de lo que quería hacer”, relató.
El 2 de diciembre, ni bien aclaró un poco el cielo, subieron al campamento 2. La idea era quedarse allí un día completo. Pero como no le podían regalar ni un sólo día bueno a la Antártida, al otro día subieron. Y de hecho lo lograron. Llegaron Juan y el inglés y, a los pocos minutos, el canadiense, además del guía también inglés (Niel). En la montaña también había otras tres expediciones de americanos por su cuenta.
“Mirás al horizonte y ves picos montañosos, e inmediatamente tenés la sensación de estar viendo nubes, pero en realidad es el hielo de la Antártida. Y el horizonte te produce una sensación de ahogo por el blanco que ves en todos lados”. Ese día bajaron al campamento 2 y el otro día lo invirtieron en bajar directamente al campamento base. Más tarde, el Twin Otter los buscó para llevarlos nuevamente a Patriot Hills, y de allí volaron a Punta Arenas.

“En Cancillería me decían que no podía ir, porque se permiten sólo viajes científicos. Allá ví que menos Argentina, todos los demás países van también con fines deportivos. Mi sueño era ir un grupo, una expedición argentina. Hablé con militares del Comando Antártico, con funcionarios. Ahí hay un gran negocio llevando gente, y los chilenos han hecho un arreglo con los ingleses.”
La firma de calefactores Eskabe lo ayudó en parte con los u$s 25.000 que hay que disponer. “Yo golpeé la puerta a más de cien empresas. Un domingo a la tade estaba entrenando en el gimnasio, y se me acerca uno y me dice que me veía muy comprometido con mi proyecto, que le presente una carpeta para proponerlo en la empresa de su padre; y días después me dijo que el directorio lo había aprobado.” Le dieron u$s 3.000. “El resto lo puse yo, y me endeudé por los próximos ocho años. Quizás mi casa tendría un ambiente más... pero no hubiera hecho el Vinson!”


En la cumbre del Vinson. En sus manos la bandera argentina, y la foto con su hermano en el Aconcagua.


En la aproximación se lleva la carga en una pulka hasta que empieza la pendiente.


Inicio de la ascención con la carga en la espalda.


En su casa con su mujer. Detrás la foto del Everest.