CARA OESTE DEL TORRE: primer ascensión argentina.
(Fuente y fotos: diario Río Negro)

Ramiro Calvo, Gabriel y Luciano Fiorenza, Walter Rossini y Max Odell subieron en companía del francés Bruno Sourzac y observaron la Patagonia desde los 3.128 metros de altura.
El 30 de noviembre ('2005), pasadas las 18 horas, en el marco de una tarde idílica, cinco jóvenes oriundos de Bariloche se abrazaron en la cima del Cerro Torre, en Santa Cruz, considerada una de las montañas más difíciles del mundo. "Estábamos eufóricos y disfrutamos a pleno de uno de los momentos más felices que le toca vivir a cada escalador", señalaron en diálogo telefónico desde El Chaltén. Los cinco son guías de montaña; Calvo, Rossini, Odell y Gabriel Fiorenza pertenecen a la primer camada de Guías UIAGM argentinos.
"Fue un momento de muchísima emoción y alguna que otra lágrima; nos abrazamos felices por la cumbre pero, sobre todo, por compartir semejante aventura entre seis amigos", aseguró Gabriel, conocido como "El Bicho", el mayor de los Fiorenza. Es la primera vez que dos hermanos ascienden juntos esta cumbre Patagónica.
El grupo partió de El Chaltén y ascendió al Paso Marconi por el valle del río Eléctrico, donde pernoctaron en un refugio instalado por el gobierno chileno. Desde allí, con esquíes de travesía, cada uno tiró de su trineo en el cual transportaban alrededor de 30 kg de equipo y víveres. Cruzaron el Campo de Hielo Patagónico Sur hacia el "Circo de los Altares", hasta el pie del cerro Torre. "En esta etapa nos tocó mal tiempo: lluvia, nieve y mucho viento, pero no aflojamos hasta poder llegar al lugar donde cavamos la primera cueva de hielo", explicó Fiorenza.
Después de soportar una larga semana de mal tiempo, y al observar que la presión comenzaba a subir en el barómetro, decidieron escalar hasta el collado de La Esperanza, al pie de la monolítica pared Oeste del Torre. Allí cavaron otra cueva de hielo, donde pasaron la noche.
"La presión continuó en ascenso y el cielo se estrelló. Ninguno pudo dormir de la adrenalina que teníamos", recordaron. "Hacia las 05, con la primera claridad, comenzamos a escalar en dos grupos, totalmente independientes: Calvo, Suorzac y Gabriel Fiorenza formaron la primer cordada y Luciano, Max y Walter, la segunda. Cada grupo llevaba una cámara filmadora digital, ya que la ascensión incluía la producción de una película".
La parte alta de la montaña presentaba un verdadero "casco helado" con amenazantes paredes verticales y extraplomadas de escarcha inconsistente. En algunos tramos los escaladores subieron por verdaderos "túneles" en el hielo, "cuyos efectos termodinámicos no hacían para nada agradable la escalada en su interior", explicó Fiorenza.
"El último largo, en el hongo somital, no presentaba ninguna posibilidad de escalada fácil ni segura. Un semi-tubo, abierto y vertical, de nieve y escarcha inconsistente era la única opción. Entre Ramiro y Bruno se turnaron para trabajar el largo, con esfuerzo y sangre fría, intentando clavar las piquetas en algo sólido para ascender", explicaron. Finalmente, después de 14 horas de escalada, superando 11 largos de cuerda, los 6 se abrazaron en la cima.