Volvimos a embarcar y esta vez con viento de costado nos dirigimos hacia la otra costa. Para orientarnos tomamos como referencia una arboleda. Muchos tramallos de gran longitud cruzaban la laguna atrapando hasta el último pez. 

Un bagre muerto flotando me llamó la atención. Aparentemente no hay contaminación, entonces por qué mueren los peces ? Los tramallos fueron la respuesta. Los pescadores furtivos revisan las redes una vez por mes; los peces mueren ahogados. Llegamos esta vez a una pequeña bahía con playa de arena, rodeada de un bosque semihundido y seco. Si bien el agua había bajado 4 metros en los últimos años aún seguía fuera de su nivel normal. Un intento de nadar fracasó, el agua estaba demasiada fría. A las 14:45 hs estuvimos de vuelta en el campamento. Más tarde cuando el viento había calmado y la laguna se planchó Oscar y Gerardo salieron con sus botes a probar suerte con sus cañas. Por mi lado quise aprovechar la quietud y atando mi bote con una soga a un viejo pilote me dejé llevar por la suave brisa para disfrutar del silencio.

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COSTA ACANTILADA

No hubo pique pero a la noche nos deleitamos con una picada de queso, salame, huevos de codorniz y pimientos en aceite con azúcar. Por supuesto ún buen vino no podía faltar. Mientras tanto Oscar preparaba un delicioso cabrito traído de Córdoba. Entre risas y chistes contados por Carlos y Oscar a la madrugada nos fuimos a dormir.

Al día siguiente propuse hacer la travesía desde el camping hasta Miramar, el conocido balneario de Mar Chiquita, unos 35 km hacia el este. El día había amanecido muy ventoso por lo que dudamos en hacer un tramo tan largo. No teníamos brújula ni mapas, solo espíritu de aventura. Zarpamos alrededor de las 10 hs. Tomamos rumbo hacia lo que parecía ser el estrecho que comunica la laguna La Plata con la de Mar Chiquita.

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DESEMBARCO

Todo era tan inmenso y lejano que nos confundía.
El viento de costado era desagradable y cruzado, peor; las olas hacían difícil maniobrar el bote. Estas alcanzaban el metro o más y cada tanto nos acosaban aún más grandes salpicandonos y haciendo hundír las proas en las salitrosas aguas que al secarse hacían aflorar manchas blancas. Me era difícil sacar fotos, se me humedecía el lente y la cámara no era estanca.
De los cuatro botes el único que no tenía timón era el mío, por lo que se me hacía difícil mantener el rumbo. Para corregirlo recurría a la pala quedandome por momentos rezagado.

Hicimos una primera parada en una costa azotada por el viento y llena de espuma. Debatimos si seguir o no. No teníamos referencias y no sabíamos cuanto faltaba. Estábamos a tiempo de volver. Hasta que finalmente nos convencimos que habíamos venido a cumplir un objetivo, llegar a Miramar.

Las ramas y troncos secos nos complicaron la salida. El viento nos empujaba nuevamente hacia la costa, con lo que nos trababamos con las ramas corriendo el riesgo de volcar. Remamos con fuerza y una constante sensación de vuelco nos fastidiaba. Las aves se espantaban a nuestro paso y nosotros nos alejábamos cada vez más de tierra firme. Navegábamos en aguas abiertas como en el océano, soportando el embate de las olas y el viento. A veces nos agrupábamos, nos contábamos algo y nos dispersábamos.Cada uno buscaba su ritmo y su rumbo.

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EL GRUPO

 Gerardo el más experimentado se daba el lujo de remar en sentido contrario como queriendo volver. A el no le hacían mella las olas ni el viento.Donde quedaba Mar Chiquita ? Si bien se veía la ribera opuesta no distinguíamos al pueblo. Hicimos otro alto en una costa llena de escombros y barro. Desembarcamos allí y al caminar un trecho vimos con satisfacción una hermosa playa de arena y ruinas de un antiguo hotel. Muchos árboles se veían a la distancia hundidos y llenos de sal. Un tronco seco y torcido de una palmera nos llamó la atención. Gerardo trajo los demás botes a remolque. Allí encontramos gente, que nos dijo que era Playa Grande, y que también nos orientó para poder llegar. Partimos y después de remar duramente, las siluetas de las casas fueron tomando forma. Los últimos kilómetros fueron los más duros. Llegamos a las 15:30 hs. Nadie nos esperaba y tampoco fuimos los héroes del día. Pero una inmensa felicidad nos embriagaba por la misión cumplida.

Datos de la Laguna Mar Chiquita

La laguna es alimentada al norte por el río Dulce que trae agua fresca de lluvia y de deshielo proveniente del Aconquija, pero al atravesar los suelos salitrosos de Santiago del Estero y Córdoba se vuelve sumamente salada. Es una cuenca cerrada y se encuentra a 70 metros sobre el nivel del mar. Por el sur desembocan los ríos Primero y Segundo o Plujunta. Evidentemente Mar Chiquita es un gran lago salado que llegó a tener una densidad de 1 kg de sal por litro de agua. En 1958 sufrió la laguna una gran crecida debido a fuertes lluvias en Tucumán. Sucesivas inundaciones hicieron aumentar la superficie de 2000 km² a 10.000 km². La costanera del balneario de Mar Chiquita quedó bajo agua. Lentamente fue bajando el nivel por condensación en los años sucesivos hasta llegar a niveles aceptables. Pero en 1979 nuevas lluvias hicieron crecer el agua a niveles no imaginables tapando las cuatro manzanas cerca de la costa. De esta manera el pueblo de los años 50 ha perdido su encanto.
Algunos también atribuían la crecida al terremoto de Caucete en 1977. Se creía que el lecho de la laguna sufrió una fisura y por eso el agua no retrocedió lo suficiente y es hasta el día de hoy que la costanera no se ha recuperado. La salinidad también ha bajado considerablemente, 250 gr. por litro. Su superficie actual se calcula en 6000 km².


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