Canotaje...
 haciendo un poco de historia

Por Ernesto Barnetche

Con la canoa, en sus dos versiones, el kayak o la canadiense, se puede navegar en cualquier lugar donde encontremos 20 cm. de agua permitiendo la posibilidad de flotar. Entre un salto de varios metros en las aguas blancas de nuestra cordillera, a un plácido paseo por la laguna de los bosques de palermo, existen innumerables ocasiones para descubrir elementos desconocidos que nuestras ciudades nos ocultan como el agua, la selva ribereña, los animales silvestres, pudiendo encontrar aquí cerca en nuestro delta, a pocos minutos del centro, lugares espectaculares, convirtiendo esta actividad en un vicio incurable, que nos sentimos en el deber de informarselos. La canoa es un instrumento ligado a la naturaleza siendo un medio de transporte ecológico, pues su motor esta constituido por los musculos del hombre, fácil y segura, siendo sus peligros (que existen como en cualquier deporte en contacto con la naturaleza), son fácilmente previsibles y generalmente causados por la propia irresponsabilidad del palista (remero).

Para aprender los gestos, que este deporte exige, necesitaremos algún tiempo de práctica, tratando de que nos acompañe algún instructor o amigo ya experto.

Ahora con respecto a la historia de estas embarcaciones (esa era la idea de esta nota), les puedo contar que sus orígenes se remontan a épocas tan lejanas que podemos decir que casi todas las poblaciones primitivas que vivian cerca de las aguas crearon una pequeña embarcación que les permitiera navegar. De echo los principios de construcción y de manejo de una canoa son prácticamente iguales en los cinco continentes, aunque podemos diferenciar tres géneros distintos; la canoa canadiense, de uso en lagos y fluvial, la canoa polinesia, usada en el océano y el kayak esquimal, especial para las congeladas aguas de los mares del norte.


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