Frey - Pampa Linda - Pto. Blest
Por Diego Cairns

Esta travesía comenzó en una playa paradisíaca en el Lago Gutiérrez sobre el arroyo Melgarejo. Fuimos un grupo de doce amigos (la mayoría de Bariloche) y decidimos hacer una travesía que arrancara en el Frey y terminara en Puerto Blest. Lo genial fue que se prendieran tantos chicos, pero la mayoría no había ido nunca a la montaña más que para esquiar en invierno, porque son instructores de esquí.

El viernes 19 de enero de 2001 partimos temprano a la mañana desde el estacionamiento del Cerro Catedral un grupo de cuatro. Si todo salía según lo planeado, nos juntábamos con ocho más en Pampa Linda el lunes al mediodía.

Fueron cuatro o cinco horas hasta el Refugio Emilio Frey por una senda que bordea el Arroyo Van Titter. Este refugio esta sobre la Laguna Toncek, donde aprovechamos para descansar un rato y comer unas poderosas barras de granola mientras observamos a un grupo escalando una de las agujas. ¡Qué ganas de hacerlo que nos dieron!

Seguimos trepando con dirección noroeste para llegar a la laguna Schmöll, que estaba rodeada de hielo y nieve. Sacamos unas cuantas fotos y almorzamos algo rápido para continuar subiendo hasta una zona plana que comúnmente es llamada la "Cancha de fútbol " porque tiene forma de estadio. Nos sacamos las remeras y nos pusimos a cantar cánticos de cancha agitándolas con euforia.

Desde el filo del cerro Catedral se puede observar el valle del Rucaco, el cerro Tronador, el Lanín y el Nahuel Huapi. Aquí, arriba de todo, nos sentíamos los reyes del mundo, y esta frase enseguida nos hizo recordar la escena de la película "Titanic " en la que los actores abren los brazos en la proa, evento inevitable para una foto al mejor estilo... en una piedra que semejaba la proa del barco. Desde aquí bajamos un pedrero muy divertido: cuando pisás bajás unos cuantos metros de golpe con un único tranco! Una vez en el valle atravezamos un pequeño mallín en dirección oeste hasta el bosque. Allí aprovechamos para armar la carpa y cocinamos los mejores fideos que jamás alguno de nosotros haya probado. ¡Qué manjar de los dioses te parecen en ese momento!

El segundo día partimos temprano a la mañana hacia el cerro Brecha Negra, que pertenece al cordón montañoso del cerro Tres Reyes. El filo estaba cubierto de nieve, lo que agregó una cuota más de aventura con una gran pendiente y debíamos encontrar nuestro camino a través de la nieve. Fue una experiencia digna de repetir. En el filo pudimos divisar el Refugio San Martín y la Laguna Jakob, nuestro próximo objetivo. Como para no perder la costumbre, nos sacamos la foto clásica de Adán frente al mundo imponente e insignificante a la misma vez! Ahí estábamos... como Dios nos trajo al mundo, sobre el filo de la montaña con los brazos levantados mirando hacia la cordillera!

El tiempo comenzaba a ponerse feo y decidimos apresurar nuestro paso hacia el refugio. A los diez minutos se largó a llover con toda la furia, pero por suerte pudimos llegar al lugar de acampe y almorzar. Por la tarde fuimos a la Laguna Los Témpanos que está a 45 minutos del refugio, encajonada por un cordón montañoso impresionante. El frío que hacía allí nos frustró las ganas de sacarnos otra foto de Adán. Por la noche disfrutamos de la buena onda de este refugio, con un grupo de gente misionera que no hacía otra cosa que bailar y cantar. También nos cruzamos con un par de israelíes que estaban perdidos y los ayudamos a ubicarse en el mapa.

El tercer día partimos bien temprano ya que teníamos como diez horas de caminata hasta el siguiente campamento. El camino comienza a partir de la Laguna Témpanos, en dirección hacia el valle del Casalata por el paso Schweitzer (topógrafo que exploró la zona). Este valle es largo y agotador, la senda que lo recorre cruza el Arroyo Casalata varias veces, y los mallines son eternos y de los peores. Este día fue el más duro de todos pero el más divertido. Yo lo había hecho hace unos cuatro años, y tenía un vago recuerdo de que era una travesía bastante húmeda. El primer cruce del arroyo había que hacerlo o metiendo la patas en el agua o encontrando un camino más agotador a través de la lenga. Decidimos tomar el camino complicado pero seco y salimos secos y victoriosos, pero, Oh! A los cinco minutos de caminata la senda nos llevó nuevamente al arroyo. Intentamos pasar por lugares alternativos, y luego de varias caídas y resbalones terminamos con nuestras botas totalmente mojadas. Si llegan a ir por el Casalata, quédense tranquilos que si no se mojan en el primer cruce del arroyo, tarde o temprano se van a mojar!!!!!

A medida que seguimos bajando aparecieron unos mallines bastante profundos y en un momento nos hundimos hasta el muslo, y varias veces hasta la rodilla. Fue realmente muy divertido ya que este mallín era peor que arenas movedizas. También encontramos dos bloques de hielo muy impresionantes; muy grndes y muy lindos para sacarse un par de fotos debajo, pero muy rápido porque los hielos goteaban y no daban la impresión de aguantar mucho tiempo más congelados!

Este valle termina en el lago Mascardi donde hay que caminar en dirección al Arroyo Claro, que viene de un valle vecino. Llegamos a un lugar de acampe donde armamos la carpa y nos encontramos con los mismos israelíes de antes. Por la noche nos quedamos charlando con ellos un buen rato. Nos contaron las cosas que aprendieron en la escuela militar de allá, que es obligatoria y dura tres años !!!! Por ejemplo cómo ubicarse por las estrellas sin un GPS en el desierto. Nos fuimos a dormir porque al día siguiente nos teníamos que encontrar con unos amigos de Bariloche en Pampa Linda.

El cuarto día cruzamos el Río Manso por el puente colgante pasando cerca del hotel Tronador y de la casa del Guardaparque. El camino hasta Pampa Linda desde aquí es por una ruta de ripio por la que circulan automóviles. Teníamos que encontrarnos con estos amigos al mediodía, y teníamos como doce kilómetros hasta Pampa Linda, la base del cerro Tronador. Por suerte nos tomamos un colectivo para llegar más rápido y allí venían, de casualidad, algunos de ellos. No pudimos esconder el aroma que ya nos acompañaba y la alegría que nos daba encontrarlos, porque como el tiempo no estaba muy bueno habíamos dudado que viniesen. En Pampa Linda nos encontramos con los demás, y para nuestra sorpresa se agregaron varios con quienes ni siquiera contábamos. Al grupo se sumaron cinco chicos, de los cuales tres vinieron con sus novias, formando un grupo de doce personas. Antes de emprender nuestra caminata ese día nos anotamos en la casa del Guardaparque para control, por si alguien se pierde, y partimos hacia el cerro más lindo, imponente y alto del Parque Nacional Nahuel Huapi: el cerro Tronador. Arrancamos hacia el Refugio Otto Meiling (Guía de alta montaña y socio fundador del Club Andino Bariloche, falleció en 1989) refugio ubicado entre los glaciares Castaño Overo y Alerce a 2.005 metros sobre el nivel del mar. En unas cuatro horas llegamos al refugio con un buen ritmo del grupo. Lamentablemente el clima no era bueno; llovía constantemente y las nubes eran tan bajas que por momentos la visibilidad era casi nula, y la cima del Tronador no se podía ver.

Una vez en el refugio tomamos algo caliente. Los lugares para poner las carpas no eran muy buenos y el clima no ayudaba. Bajamos hasta un plano a una hora y media del refugio. En el descenso atravesamos unos manchones enormes de nieve donde aprovechamos para "esquiar", algunos sentados sobre las mochilas y otros directamente con las botas. De repente, apareció una grieta bastante grande en el medio de nuestra "pista", y no quedó otra que saltarla. A ninguno le hizo mucha gracia el tema de saltarla.

En el lugar de acampe no teníamos ninguna fuente de agua cerca y tuvimos que cargar todas nuestras cantimploras y un par de botellas que gentilmente nos prestaron en el refugio. Por la noche se armó un desafío de canto entre las tres carpas. Fue muy divertido y terminó con jodas bastante duras pero divertidas. Lo mejor sin embargo, fue escuchar los desprendimientos de hielo de los glaciares del Tronador por la noche. Es algo impresionante; uno de esos recuerdos para guardar en lo más profundo de uno.

Al día siguiente, quinto día de travesía, pudimos contemplar cinco cóndores planeando justo sobre nuestro campamento, y ver un zorrito rojo que ya habíamos visto el día anterior. Levantamos campamento y descendimos hasta un cruce que está muy cerca del Río Castaño Overo, que nos lleva al Paso de las Nubes. Tomamos una senda que bordea el Río Alerce con dirección norte. Paramos a almorzar en una playita junto al río muy linda, donde aprovechamos para comer una suculenta picada de salamín y queso. Luego caminamos hasta un lugar que encontramos sobre el río, una especie de piletón increíble que tentaba muchísimo y donde un par decidieron darse un chapuzón de agua bien fría. Continuamos hasta que llegamos a una zona de acampe al pie del Paso de las Nubes, que estaba como su nombre lo dice, todo tapado de nubes. Esa noche tuvimos la oportunidad de realizar un pequeño fuego, ya que estaba permitido por Parques Nacionales, dándole a la cena una onda de chistes, cuentos de terror de la zona y risas de los días pasados. Por suerte por la noche pudimos ver las estrellas porque se despejó todo el cielo.

El sexto día estuvo totalmente despejado, y como nos habíamos acostado más o menos tarde, arrancamos al mediodía, muy tranquilos porque teníamos que subir bastante. Partimos atravesando un mallín bastante extenso pero no tan duro como los del valle del Casalata. Igualmente ninguno se salvó de mojarse. Después algunos pudieron cambiarse el calzado y comenzamos a subir por una senda que bordeaba el Río Alerce que nos llevó hasta el paso donde teníamos una vista espectacular del Cerro Constitución, el Cerro Mar de Piedras y el Glaciar Frías del cerro Tronador. Desde el Paso de las Nubes podíamos ver hacia el norte la Laguna Frías, nuestro objetivo del día de siguiente. Descendimos por un bosque de cohiues hasta el valle del Río Frías donde acampamos al pie del imponente Glaciar Frías. No quiero recordar la cantidad tábanos que había en este lugar porque no vuelvo más! En esta zona de acampe nos encontramos con muchas personas y como es buena costumbre en la montaña todos tenían muy buena onda. Por la tarde, escuchábamos los pedazos de hielo que se desprendían por el avance del glaciar, y por la noche tuvimos la oportunidad de ver las estrellas y de charlar con las carpas vecinas.

El día 7 comenzamos temprano por la mañana. Teníamos que seguir en dirección norte hasta la Laguna Frías. Por suerte tuvimos la oportunidad de ver otro grupo de cóndores; llegamos a contar como diez . Fue una experiencia inolvidable. Este era el último día de la travesía y teníamos que tomar un catamarán que nos cruzaba la laguna Frías y otro que nos llevaba de Puerto Blest (en el fondo del brazo Blest del lago Nahuel Huapi) hasta Puerto Pañuelo, cerca del hotel Llao - Llao. El primer catamarán salía a la una de la tarde y otro a las tres. Tratando de llegar al de la una partimos bien temprano hacia la Laguna Frías por un camino que bordea el río por la margen derecha por un bosque alto, húmedo y exuberante, donde debimos sortear varios árboles caídos. Caminamos como cuatro horas hasta que llegamos a un árbol caído que se usa como puente para cruzar el Río Frías, pero estaba casi bajo el agua, y por el deshielo se estaba tapando cada vez más. Por suerte pudimos pasar sin problemas llegando a Puerto Frías justo a la una. El catamarán estaba demorado y nos dio tiempo para bañarnos en el lago y realizar saltos mortales desde el muelle.

Con el catamarán llegamos hasta la otra punta de la laguna donde tomamos un colectivo que está incluido dentro del precio del pasaje hasta Pto. Blest. En Blest aprovechamos para almorzar otra gran picada de queso y salamín e hicimos tiempo hasta que la otra lancha nos llevara a Bariloche. Pero la de las tres venía completa así que tuvimos que tomar la de las siete y media. Esto nos dio tiempo para visitar el museo de Blest y también nos pusimos a "otorgar" premios al mejor estilo "Robinson". Una vez en la lancha nos encontramos con varios extranjeros, y disfrutamos del paisaje que se puede ver a lo largo del brazo Blest.

En Puerto Pañuelo, frente al hotel Llao-Llao, terminó nuestro viaje, y se grabaron en mi recuerdo cada uno de los momento vividos en esta travesía.


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