Trekking y Orientación en Mendoza

Fotos y edición: Santiago Storni


Desde el desierto de las "Pampas del Diamante" hasta el "Cañón del Atuel".

Antes, quien quería iniciarse en actividades de montaña, solía hacerlo casi naturalmente en salidas a caminar por los cerros, a veces por alguna institución que organizara campamentos (colegio, club, parroquia, etc.) o en un viaje de vacaciones con amigos mochileros. Así a muchos jóvenes se les despertó el amor por la montaña fueron convirtiéndose en los actuales andinistas, y luego cada uno lo desarrolló y profundizó según el camino elegido.
Ahora en cambio, la gran cantidad de cursos y muros de escalada que fueron apareciendo han sustituído en gran medida el modo de aproximación de los jóvenes a la montaña, dándose cada vez más casos de principiantes con muchas horas de palestra y algunas salidas a escalar en paredes naturales, pero con poca experiencia real de montaña.

Más recientes que los cursos de escalada surgen ahora los cursos integrales de montañismo y también los cursos de orientación, materia que suele faltar en algunos andinistas y en muchos corredores de carreras de aventura (ocasionándoles demoras, sobreesfuerzos y hasta descalificaciones). Estos cursos y prácticas se convierten hoy en una muy interesante alternativa de introducción al montañismo. Cuando salen de la clase teórica o del parque más cercano y van al terreno natural, la experiencia empieza a ser realmente interesante.
En la experiencia que sigue, dejados en un punto con sus elementos de navegación terrestre, los aprendices debimos recorrer un itinerario portando sus mochilas con los elementos y equipos necesarios para alimentarse y pernoctar durante dos días en este caso, sin perderse en la medida de lo posible y aprendiendo a usar el propio criterio.
Por primera vez entonces me sumé a una salida de estas características, e incluí entre mis cosas una buena brújula, lápiz, la carta topográfica y la imagen satelital que nos dieron, junto con las instrucciones y pautas en las que se explicaba el punto de inicio, lugares de acampe y puntos intermedios. Después la cosa era encontrarlos.

Primer día. Curiosamente la práctica de orientación comienza antes de bajar del ómnibus; nosotros mismos debimos indicarle al chofer dónde parar. El punto de inicio al borde de la ruta resultó ser en medio de un desierto.
Habíamos formado cuatro equipos, complementándonos los que tenían más conocimientos con los que no. Mi grupo, Sandra, Caro, Germán y yo.
Empezamos la caminata siguiendo una vieja vía de tren hasta un punto donde había que encontrar un papel y anotar la hora.
Luego seguimos el cauce de un arroyo seco que a medida que avanzaba iba formando cañadones, cada vez más encajonados por paredes de roca conglomerada. Empezó a aparecer agua corriendo en el cauce del cañón haciendo la caminata cada vez más interesante.
En un punto había que hacer un descenso en rappel, con arneses hechos con cuerdas (y con asistencia para quienes lo hacían por primera vez).
Con el caer de la noche acampamos bajo un espectacular cielo de estrellas y satélites artificiales. Algunos durmieron en carpa y otros al sereno.

Segundo día, se mantuvo el buen tiempo. Recorrimos un profundo cañón con grandes piedras. Pero esto no es una carrera, entonces en la mañana cada grupo podía hacer el recorrido que quisiera, pudiendo ir a un mirador en la cumbre de una elevación, o ir a conocer una vieja mina abandonada. Los más cansados podían ir directamente al punto de encuentro con los instructores.
Así fuimos avanzando, sorteando algunos pasos complicados donde debíamos quitarnos las mochilas y pasarlas de mano en mano. Unas veces por abruptas laderas de pastizal, otras veces trepando por rocas empinadas, o aferrándonos a bordes y salientes para no terminar en algún piletón de aguas cristalinas.Caminando siempre entre altas paredes rocosas, en un ensanche del río de pronto nos encontramos con las canoas. Ahí las habían dejado para cuando llegáramos.  Algunos las cargan y se suben de a tres o cuatro y empiezan a remar. Otros primero consultan la carta y los elementos de orientación para ubicar el punto donde nos encontramos y hacia dónde hay que ir. Remando, el cañón empieza a abrirse y aparecen otros brazos (por eso era importante fijarse antes para dónde ir). Así aparecemos en el enorme lago del embalse Valle Grande.Siguiendo los puntos pautados remamos hasta una pequeña bahía y desde allí una larga remada hasta el islote rocoso que por su extraña forma se llama "El Submarino". Desembarco, encuentro, algunas fotos y vuelta a las canoas hasta el punto final de la travesía: el muelle junto al bar, para terminar picando algo con una cerveza bien fría, y la satisfacción de la experiencia realizada.

Un tercer día nos quedó para hacer cada uno la actividad que prefiriese: rafting en el río Atuel, escalada, o recorrer algún cerro caminando, a caballo o en bicicleta de montaña.
La organización, logística e instrucción estuvo coordinada por Pablo Bravo y su staff, de AZIMUTREK. Expediciones y Actividades de Montaña.


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