Lejos de todo, cerca de lo único

 Texto y fotos: Omar Pedro Diaz y Eduardo Shule


Todo empezó cuando dijimos: "¿Y si damos la vuelta al Hielo Continental en invierno?"

Somos dos amigos que tenemos una pasión en común, las montañas y las actividades que se pueden desarrollar en ellas... bueno, entonces creo que serían dos.

Yo, Omar, di la vuelta al Hielo en abril de 2002, y Eduardo (de ahora en más Edu) la hizo un año más tarde.
La primer idea era dar la vuelta (al Hielo, no quiero ser repetitivo ni cansador, o sea que cuando diga "vuelta", ya saben a lo que me refiero), pero decidimos hacer otra cosa ya que los dos ya la habíamos completado con éxito (por suerte). Entonces planeamos escalar el Cerro Gorra Blanca de 2.907 m (que está a la derecha del glaciar Marconi, un poco antes del paso que lleva el mismo nombre del glaciar) para después subir al Cerro Eléctrico de 2.257 m. Si las condiciones meteorológicas nos lo permitían, estábamos pensando en ir hasta el Cordón Mariano Moreno y escalar el cerro con la misma denominación. Pero bueno, esas eran nuestras ideas, ya que la información que teníamos con respecto al clima era que en invierno es mucho más frío pero increíblemente más calmo (en lo que respecta a tormentas y viento).

Edu vive en El Chaltén, pero yo tenía que trasladarme desde Buenos Aires hasta allá. Para no ser sólo dos, él consultó a los chicos "chaltenses" si no se querían prender en nuestra "súper expedición", entonces se sumó "El Astronauta". Con todo listo, partimos al mediodía del viernes desde el pueblo hasta río Eléctrico (son 15 km). Para ahorrarnos la caminata fuimos en el Jeep 2x3 modelo 65 de Edu, que también nos serviría como depósito de alimentos para reaprovisionarnos para ascender al cerro Eléctrico. Lo estacionamos a un costado de la ruta y emprendimos el viaje. A la tarde ya estábamos en "La Playita", un campamento situado antes del glaciar Marconi y pasando Piedra del Fraile. Nos establecimos y nos fuimos a dormir, reposición de energías mediante por supuesto. A la noche, comenzó a llover, nada agradable. A la mañana estábamos inundados, el viento no paraba y la lluvia tampoco. Pero teníamos esperanzas de que mejorara porque más o menos al mediodía parecía que se iba a detener la incesante y fastidiosa lluvia. Fuimos a ver cómo estaba el acceso al glaciar, y como parecía en buenas condiciones decidimos abrir la carpa para que se secara mientras almorzábamos. La cuestión es que el recreo fue corto (como todos los recreos) y comenzó a precipitarse ese líquido compuesto por dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, más comúnmente llamado "agua". Era el destino, teníamos que volver a Piedra del Fraile a esperar por lo menos un día. La idea no nos agradaba porque sabíamos que íbamos a tener un enfrentamiento con los habitantes de ese lugar, las andinomys edax, también conocidas como ratas. Dicho y hecho. Aunque digan que entre el dicho y el hecho hay un trecho, en este caso no lo hubo. Cuando vino la noche, también lo hicieron ellas. Combatimos hasta que nos dormimos. En la mañana, aparte de contar nuestras bajas (una tableta de chocolate, un paquete de galletitas y sobres de jugos entre otras cosas) tuvimos la mala noticia de que el panorama estaba más desfavorable, climatológicamente hablando. Estaba todo más cerrado y nevando. Regresamos a El Chaltén, pero caminando. Ahora entenderán porque el Jeep es 2x3, cada 2x3 nos deja a pata. Al dejarlo el viernes le pusimos fe, pero no alcanzó. Cuando estábamos en la civilización otra vez, Max, Marcela y Pedritous (el hijo de ambos) nos ofrecieron ir a buscar a nuestro amigo el Jeep y remolcarlo otra vez para que arranque (el viernes cuando nos marchamos también nos había remolcado). Así lo recuperamos. Sacando el "problemita" de que no arranca, el Jeep es un tractor!

Ya era domingo. ¿Y, qué hacemos Edu? Ya que El Astronauta debía quedarse en el pueblo, nosotros dos decidimos partir al día siguiente hacia el glaciar Torre. A las 18.30 hs del lunes comenzamos la caminata, resignándonos a otra batalla con los mamíferos antes mencionados. El trayecto fue nocturno y como teníamos luna fuimos sin usar las linternas. Habrá sido porque llegamos de noche o porque no cocinamos, o capaz que todas estaban en Fraile pero las ratas no nos molestaron. Esa noche fue congelante, lo que nos hizo suponer que íbamos a tener, al fin, buen tiempo. Amaneció totalmente despejado; nosotros felices y contentos. La idea era ir al valle del glaciar Torre y acampar en Los Polacos o Noruegos. La travesía glaciaria hasta el destino final fue sin problemas. Acampamos y cocinamos, esperando buen clima para los próximos días, para poder así explorar los alrededores y escalar un poco.
El valle es increíble. Estar acampando sobre el glaciar entre el Torre y el Fitz Roy (sin olvidarnos de las otras agujas y cerros por supuesto!) con el Filo del Hombre Sentado al fondo es impresionante. A la noche cuando la luna ilumina este magnífico escenario, el glaciar refleja esa luz sobre las paredes creando un ambiente mágico.
Pero (siempre hay un pero)... ¿qué aconteció? Síii !! Zeus y sus amigos decidieron no dejarnos tranquilos y comenzó a llover otra vez (si, lluvia, no nieve; y en invierno!!), obviamente acompañado de viento. Esta tormentita duró toooda la noche y gran parte del día siguiente. El glaciar estaba totalmente lavado, había avalanchas húmedas en las laderas vecinas y la nieve sobre la cual estábamos ya se ponía especialmente blanda. Sumado a todo esto, no le dábamos mucha vida a la carpa por los fuertes vientos. ¿Qué hacemos? ¿Nos volvemos? No podíamos porque ya era demasiado tarde para bajar todo el glaciar. Entonces busquemos otro refugio. Fue cuando Edu encontró una excelente piedra tamaño extra large para excavar una perfecta cueva de nieve bajo ella. El resultado fue hall de entrada, sala de estar, dormitorio, cocina con sillas, mesada, estantes y un depósito. Con la nieve que sacamos hicimos las paredes. La tormenta siguió pero ahí no nos enteramos de nada. A la noche el agua cedió pero había mucho viento.

El cielo quería despejarse. Si a la mañana siguiente las condiciones no mejoraban, volveríamos al pueblo. Dicho y hecho, y sin trecho otra vez. Amaneció con mucho viento y ventisca. Preparamos todo y emprendimos el regreso. El glaciar seguía totalmente sin nieve, por lo que nos cambió el punto de vista. Todo lo que habíamos visto de una manera ahora estaba de otra, todas las grietas que habíamos pasado por encima ahora las teníamos que rodear. Pero llegamos a destino sin problemas.
Eso es lo que hace interesante a la montaña, la "impredectibilidad" de las condiciones que nos rodean y las decisiones que debemos tomar para solucionar lo inesperado. El sacrificio que se realiza para llegar a lugares como los descriptos se ve recompensado con varias cosas: la soledad de la montaña, las vistas, los sonidos que se generan, la insignificancia que uno siente ante las fuerzas naturales o ante la majestuosidad de un cerro... Son muchas cosas. Creo que no hay palabras para definirlo.
Para finalizar el viaje, cuando ya estábamos en El Chaltén (yo regresando a la caótica Buenos Aires) vimos las nubes lenticulares que se formaban y nos dimos cuenta de que nos fuimos a tiempo, porque esa noche se rompieron ventanas y se cortaron cables luz por el viento. No quiero imaginarme como estaba la situación allá arriba.

Lo único que nos queda por decirles es... disfruten de la naturaleza !!!

donde3.JPG (27169 bytes)


ir a TREKKING Volver al HOME